P R O J E T O   E D I T O R I A L   B A N D A   H I S P Â N I C A

 

 

J O R N A L   D E   P O E S I A   |   F O R T A L E Z A l C E A R Á l B R A S I L
COORDENAÇÃO EDITORIAL   |   FLORIANO MARTINS
2001 - 2010
 

 

 

MEMÓRIA RADIANTE | DOSSIÊS ESPECIAIS

 

María Clemencia Sánchez

El poeta de vidrio, de Armando Romero | María Clemencia Sánchez | Colombia

El poeta de vidrio  (Fundarte. 1979. Caracas, Venezuela) primer libro de poemas de Armando Romero – señala el inicio de una escritura que, insaciable, ha explorado por igual la novela, el cuento y la crítica. La poesía, no obstante, sido para Romero más que un golpe de dados. Ha sido, diría, a riesgo de incurrir en una sentencia, su camino, su gran destino. Ese azar que guía el inconsciente o el rumbo de los sueños como lo querían los surrealistas del primer manifiesto en 1924, ha sido la brújula de un lenguaje que Romero explora desafiando las verdades de la razón. De la inquietante e increíblemente desconocida obra poética de Armando Romero, Poeta de vidrio (1979) merece una especial atención toda vez que se publica por fuera de Colombia y en un momento en el que los riesgos y las experimentaciones con el lenguaje parecen tardías extravagancias en los estertores del nadaísmo y en el umbral de lo que llama la crítica “la generación desencantada”.  El desencanto de la generación que sucede al nadaísmo y que se deslinda de su vocación poética abiertamente desafiante de lo puro, se abre a otra búsqueda con el lenguaje que sin ser heredera directa de un linaje hispanizante, entra a contener los excesos que algunos le increpan al nadaísmo y que otros, sin embargo, aun hoy le elogian. Poeta de vidrio ve la luz de la publicación en el exilio y en medio de una tensión en lo doméstico, valga decir Colombia, entre los hartazgos que dejó la experiencia pública (que no poética) nadaísta y la confirmación de un desencanto ante la nada que obligó a otra generación de poetas, no obstante, a otra forma de lenguaje menos frontal, digamos, contraria a la que caracterizó a los nadaístas.

A todas estas, Armando Romero se ha jugado su suerte personal en el exilio y su rumbo poético en la patria de la casi siempre desprestigiada heráldica nadaísta. A todas estas, Poeta de vidrio nace de ese doble exilio y nos hechiza desde ese primer verso con que abre el libro: “Extrañas mañanas ha repartido el lechero”. El verso, que se repite cada tanto y que cierra de paso el poema, nos deja como lectores con un manojo de luz, de claridad que no sabemos de dónde ni cómo viene. “La noche regresó a mi bolsillo” es el poema en el que el lechero viene a dejarnos una extraña mañana. Romero va juntado lo disperso con el hilo de una intuición que le viene de su infancia, o de una infancia que en él no termina. Veamos. ¿Es posible un poeta de vidrio? ¿Es posible un lechero repartiendo extrañas mañanas? El material de que está hecha la poesía, parece decirnos Romero, es aquel que transparenta y deja ver, que no oculta, que no cierra al ojo. Poesía-luz, poesía-inocencia, juego y palabra. Pasamos casi imperceptiblemente de la noche atrapada en un bolsillo a una extraña mañana traída a nuestra puerta por la mano blanca del lechero. Todo se ilumina. No sin una alta cuota de inocencia podríamos acercarnos a este libro.

Esa “navegación por lo desconocido” que es la aventura surrealista, como lo sugirió Aldo Pellegrini, está dada en Poeta de vidrio como una suma de palabras que se hilan hasta perderse en un castillo de imágenes libres, desafiantemente libres:

Te crecerán dientes en vez de pelos

y aparecerán agujas por tus poros

Cortarán de un solo tajo tus entrañas

y coserán tu vientre con ametralladoras

Te lanzarán como piedra al abismo

y te caerán abismos en la cabeza.

El carácter de lo ilativo, recuerdo las palabras de Óscar Hahn, supone la existencia de dos términos que entran en algún tipo de vínculo. En estos versos de Romero, la ilación es puramente lúdica, de allí que el vínculo que une los términos dispersos no sea más que el juego puro de las palabras, el placer de decir, el perverso placer infantil de negar la razón. “Parto en la factura de mis poemas o cuentos poéticos de un punto oscuro. No parto de un tema preconcebido”, le decía Armando Romero al poeta brasileño Floriano Martins en una entrevista personal pronta a publicarse. Ese punto oscuro que nos recuerda  la zone morne de Malraux donde el lenguaje confunde las fronteras de la vida y la obra, permite que se filtren las lógicas del sueño y del juego para que emerja un interregno que no es verdad pero que tampoco es mentira. Son las aporías del misterio como el propio Romero lo indica en la misma entrevista a Martins. Es esa sinsalida en la que el lenguaje de la ilación lúdica encierra y sofoca las verdades de la razón y enfrenta la violencia de un país que no tuvo para ofrecerle a Romero y su generación más que ríos llenos de muertos y la desesperanza de la vida pueril de ciudades de obreros y hombres obedientes. No podemos perder de vista el hecho de que la segunda mitad del siglo pasado en Colombia se inicia y se da a conocer con el oscuro nombre de la época de la violencia. Ese contexto social en el que Armando Romero entra en contacto con el nadaísmo, señala un espacio propicio, no para el buen sentido y los buenos modales, sino para el absurdo casi.  Más de doscientos mil muertos a menos de cinco años de iniciada la época de la violencia, cifran la suerte de una generación que no estaba para cantar al viento de la patria en la bandera, ni para decir que en la frente de una muchacha llamada Teresa el cielo empieza. La búsqueda de una salida desde el lenguaje ante el acorralamiento de un país que se abría paso a machetazo limpio, no podía ser de otra manera que respondiendo con violencia. Por lo menos así lo pensaban los nadaístas. Romero, al referirse al asunto, dice que “fue un movimiento que trató de combatir la violencia colombiana con la violencia de la palabra y la poesía”.

Romero elige sin duda, no el camino de Piedra y Cielo, sino el de la violencia de la palabra y la poesía. ¿De qué manera, no obstante, esta violencia elegida insiste en ser un juego diáfano, una apuesta por los juguetes de la infancia? “El poema debe ser extraviado totalmente/ en el centro del juego, como/ la convulsión de una caza/ en el fondo de una víscera”, nos dice el poeta ecuatoriano Cesar Dávila Andrade y allí encuentro una frontera justa para El poeta de vidrio. Los poemas que conforman este libro parten de ese extravío, se hacen en el centro del juego y hallan lo inesperado en lo terrible, como un dolor que se redime solo mientras duele. De su poema “El árbol digital” oímos:

         Era un hombre al que le habían enterrado su mano derecha

         […]

         Desde ese entonces

El hombre como un poeta

Siente un dolor terrible

Agudo

En un sitio del cuerpo que no puede determinar

“Me siento en las antípodas de Borges- dice Romero - ya que su laberinto textual y emocional funciona con la exactitud de un reloj y el mío con la arbitrariedad de alguien que mira hacia el cielo para ver qué hora es”.  La arbitrariedad que rige su laberinto textual y emocional es la de un niño, no la de un adulto preso de las nostalgias del pasado. Romero está en el centro de su niñez cuando escribe, mira al cielo, se extravía y allí encuentra el poema. En su libro Las combinaciones debidas (Argentina, 1989), el epígrafe tomado de Henri Michaux que abre el libro nos dice:

Amenazado de mil nuevas amenazas posibles, el Tiempo, lentamente, se deslizaba, semejante a una interminable infancia.

He aquí la interminable infancia que sostiene su disposición ante el poema y ante la vida. La infancia, lo sabemos desde antes del primer manifiesto surrealista, es una patria sagrada, una tierra soberana donde solo la lucidez del extravío reina. Breton al dirigirse al “hombre que ha perdido la fe a fuerza de vivir la precaria vida de las rutinas”, le advierte que “si le queda un poco de lucidez, no tiene más remedio que dirigir la vista hacia atrás, hacia su infancia que siempre le parecerá maravillosa, por mucho que los cuidados de sus educadores la hayan destrozado”.

El poeta de vidrio emerge como un mundo autónomo donde las licencias para decir son dictadas justamente por ese empeño de una infancia interminable, preservada de la mano avara de la escuela, la iglesia y la policía. 

         Colibrí

Las horas del sueño son todas

         Y tú estás despierto.

Si con el primer poema y su entrañable verso de “extrañas mañanas…”, nos sentimos de repente atrapados en un fluir luminoso, en estos versos de su poema “Colibrí, una flor y dos alas”, sentimos lo bello y lo leve unidos por una imagen exacta que abre un vuelo ante nosotros sus lectores. Romero nos conecta con esa voz lejana de Aimé Césaire en su Cahier d’un retour au pays natal : «Voix pleine, voix large, tu seras notre bien, notre pointe en avant.» Esa voz plena, ancha que ha de ser nuestro bien, no es otra que la voz del niño, indómito y feliz. Una voz capaz de dialogar con un colibrí mientras nos recuerda que la libertad vive en la vigilia mientras todos estamos dormidos. La poesía de Armando Romero no tiene domicilio fijo aunque lo etiquetemos como nadaísta. La suya es una poesía que resiste y ha resistido las clasificaciones y las modas de toda vanguardia. Es, como escribió Álvaro Mutis, una poesía sin “antecedente en ninguna escuela o grupo conocidos”. Así se deja ver en este libro que desde su título nos permite entrar e indagar. Tal es el juego y su misterio. Al leer El poeta de vidrio entendí porque Armando Romero a la pregunta grandilocuente de un novel poeta que le inquiría por esa fauna que habita sus cuentos y sus poemas, él respondió con majestuosa simpleza: “son juguetes de la infancia.”

 

María Clemencia Sánchez (Colombia, 1970). Magister en Literatura Hispanoamericana, Universidad de Cincinnati. Ha Publicado dos libros de poemas: El velorio de la amanuense (1999) y Antes de la consumación (2008). Contacto: amanuense70@hotmail.com.

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Seminario: Corrientes de vanguardia en América Latina
Professor: Armando Romero. 
Visiting Taft Research Professor: Floriano Martins.
Department of Romance Language and Literature, University of Cincinnati.
Ohio, Estados Unidos. January-March, 2010.

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La serie Memória Radiante se destina a la difusión concentrada de documentos históricos y estudios críticos acerca de autores y temas destacados en la literatura de lengua española. Su registro en el Proyecto Editorial Banda Hispánica puede ser tanto en forma de dossier como de documentales a ser contratados de acuerdo con la disponibilidad de producción y relevancia del ambiente histórico propuesto.

Informaciones, sugestiones y propuestas deben ser encaminadas a la coordinación general: bandahispanica@gmail.com, para la evaluación de costos y cronograma de producción.

Acompañamiento general de traducción y revisión a cargo de Gladys Mendía y Floriano Martins.

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