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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Harold Alvarado Tenorio

Collage, Floriano Martins

 

La poesía de Harold Alvarado Tenorio: un acto de tatuaje verbal

James J. Alstrum

Los modelos principales de la poesía de Harold Alvarado Tenorio (1945) son la obra poética de Jorge Luis Borges, sobre quien Alvarado Tenorio escribió su tesis doctoral en la Universidad Complutense de Madrid, y la poesía del griego nacido en Alejandría, Konstandino Kavafis. Alvarado Tenorio ha traducido al español los versos del poeta griego. Del narrador y poeta argentino, Alvarado Tenorio aprendió la técnica de la alusión y la confluencia de lo ficticio e histórico en versos concisos y diáfanos con enfoque cosmopolita. Igual que Borges, al poeta colombiano le acongoja el paso inexorable del tiempo y se preocupa por el gozo del momento efímero y la perdurabilidad del recuerdo mediante la palabra. A Kavafis se debe su interés en el cuerpo, percibido como espacio placentero y frustrante al mismo tiempo. Pero el cuerpo constituye además un texto sobre el cual escribe de sus inquietudes y desengaños. De ahí surge también su talento para retratar entes y lugares ficticios famosos o anónimos. También debido a la presencia de ambos paradigmas, sus versos captan los vaivenes y absurdos de la vida cotidiana en el momento actual y a lo largo de los siglos en escenarios nacionales y exóticos.

Entre todos los poetas de su generación, a la cual él mismo ha dado el nombre de "desencantados", Alvarado Tenorio es el que más ha viajado con la imaginación y en la vida real. Así, conoce bien los rincones más apartados de Colombia y ha recorrido España y el resto de Europa, los países árabes y el Oriente. Durante muchos años estableció residencia en Nueva York, la urbe metropolitana por antonomasia. En el trasfondo de la lírica de este viajero infatigable e inquieto permanece una búsqueda incesante y un encuentro desilusionante con lo que Antonio Machado llamaba "caravanas de tristeza". La poesía de Alvarado Tenorio se ancla en la tierra firme de la experiencia vital y se vincula al mundo de las letras universales evocando personajes y creadores literarios de todas partes. El cuerpo textual de sus versos evoca lo carnal a la vez que incluye reminiscencias y fantasías personales con las cuales emprende vuelo una imaginación de corte libresca.

Desde su comienzo, los versos de Alvarado Tenorio han llamado la atención de la crítica nacional. El joven vallecaucano supo aprovechar de un ardid –la inclusión de un prólogo apócrifo atribuido a su mentor Borges y nunca repudiado por el argentino- con el fin de que los intelectuales colombianos le prestaran la debida atención a su primer libro titulado Pensamientos de un hombre llegado el invierno (1972). En este libro juvenil se destaca ya el juego conceptual con la palabra por el estilo borgeano y se establece de aquí en adelante un tono meditativo, serio y amargado, el cual, marcará todas sus obras posteriores. Los primeros versos de Alvarado Tenorio son brevísimos y claros. Contienen observaciones basadas en reflexiones filosóficas ante monumentos e hitos exóticos o emanan de las lecturas del autor. En ellos, se observa un doble enfoque erótico y literario orientado hacia el cuerpo sensual y el texto verbal.

Luego vendría otro libro llamado sencillamente Poemas (1973). Este texto se presenta desde una perspectiva distanciada y el narrador poético asume la postura de un hombre geográfica y espiritualmente marginado y arrinconado, un forastero desplazado de su centro y sus lares aun cuando sigue residiendo en su país. Tal postura de un extrañado se va a acentuar cada vez más como si temiese, igual que Tomás Wolfe, no poder regresar jamás al hogar de sus antepasados. El tedio de la vida cotidiana encuentra su única recompensa y un alivio en el gozo desbordante celebrado con un ánimo templado por recelos sobre la eficacia de la palabra y el valor perdurable del acto carnal. Al cumplir los treinta años, su voz lírica declara que ha gozado por igual de la delicia de la carne y de la palabra pero está consciente de que le queda demasiado por conocer dentro del plazo limitado de tiempo que su condición mortal le permitirá experimentar.

Al regresar a la tierra natal y evocar tal experiencia en términos reflexivos y universales En el valle del mundo (1977), su poesía se convierte más en ejercicio epistemológico y profundo autoconocimiento realizado por medio de la comunión con personas de todo tipo y con lugares remotos y cercanos conocidos en un recorrido inquieto por los recovecos de la vida.

Recuerda cuerpo (1983), su obra más lograda, representa la culminación de un largo proceso penoso de viajes incesantes durante los cuales se alternan momentos efímeros de gozo carnal y lecturas reflexivas. El libro puede caracterizarse como una suerte de summa vital y literaria con la cual el verbo destila y refleja la tensión (re)sentida por el poeta entre el dolor y el placer o ante la palabra leída y la experiencia vivida en carne propia. Ahora, los versos del poeta se revelan como búsqueda en pos de un significado más trascendente al someter el cuerpo sensual (eros) y el texto (logos) a los rigores y las torturas de una escritura que procure dejar huellas indelebles que son inscripciones puestas en materiales condenados de antemano a perecer y descomponerse (ie. Los libros y la carne).

El breve poemario Libro del extrañado (1985), resume y evoca las experiencias del poeta colombiano en Nueva York en donde se maravilla y se desengaña al sentirse de nuevo desalojado de sus raíces vitales. Sufre un choque cultural. Añora y pone en tela de juicio el significado de su propia existencia y el abandono de la patria que anhela redescubrir en la lengua nativa percibida ahora como el centro vital de su identidad cultural y personal. Alejado en el tiempo y el espacio de Colombia, el poeta reconstruye la patria con la imaginación y el recuerdo. Sus versos ofrecen reflexiones acerca de la capital nacional, las costumbres e instituciones colombianas, y las clases sociales. Compadece además la situación de extrañamiento que pudo haber sufrido otro escritor como Franz Kafka al llegar a Nueva York.

Al regreso a Colombia para asumir el cargo de Profesor de Literatura en la Universidad Nacional de Bogotá, Alvarado Tenorio reúne sus poemas (sin agregar muchos nuevos) en dos libros intitulados respectivamente El ultraje de los años (Bogotá: Colcultura, 1986) y Espejo de máscaras (Bogotá: Universidad Nacional, 1987). En Bogotá, hasta ahora, sigue ejerciendo su profesión de catedrático universitario y poeta. Se ha destacado además como crítico literario, traductor y periodista. Está muy consciente de los logros líricos de sus coetáneos y ha recopilado su poesía en una importante antología llamada Una generación desencantada (1985). No cabe la menor duda que su obra poética, no obstante su carácter único, es bastante representativo de los rumbos seguidos por sus contemporáneos en Colombia y el resto de América Latina.

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