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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Roberto Raschella

Collage, Floriano Martins

 

Sobre Tímida hierba de agosto, de Roberto Raschella

Liliana Guaragno

Aunque para la crítica esté en desuso la palabra belleza- quizás debería hablar de oscura iluminación- me parece la más certera cuando se leen los poemas de Tímida hierba de agosto (Alción Editora, Córdoba, noviembre de 2001), de Roberto Raschella. Esa es la sensación, la de belleza, algo que tiene que ver con las encrucijadas de los poemas, y los entrecruzamientos que con fuerza liberan sutiles hilos que van atravesando, y densificando una escritura de la vida en la que los objetos, las atmósferas, los acontecimientos, las lecturas son asumidos, flexionados en la poesía por el yo de la experiencia -experiencia literaria, experiencia vital que la lengua anuda en los anclajes de la mixtura, allí donde la lengua materna: "el cálabro orgullo" da entrada y envuelve en escorzo la otra lengua: "yo me españaba": "matercombada", "fortezas", "testarda confesión".

Hundirse en el deseo, en el asombro del mundo, en la búsqueda de conocimiento que compromete al cuerpo contraría la demasiada poesía de hoy que temerosa tal vez de la transmisión del sentimiento oculta el sujeto en el despliegue de una fútil y elegante mascarada y deniega lo que Tímida hierba de agosto afirma: el dolor, el "agudo grito" desde el calor de la sangre. Ese dolor esencial fuera de toda utilidad, servilismo o pose.

Libro de un tiempo del escribir (comienza "Y ahora que hasta aquí/ he llegado, ahora recuerdo:") hace el libro del tiempo y se teje en la urdimbre de lo escrito (la poesía de Malditos los gallos , Poemas del exterminio; o las novelas Diálogos de los patios rojos, Si hubiéramos vivido aquí, donde la narración trama también la poética del sentimiento, y la creación de una lengua otra), pero inscribe el límite: esa muerte propia que advendrá, y que dio y da el ritmo del latir sentido de la vida. Pasado y futuridad se entrevierten de trovar clus y el fraseo directo en un tono bajo porque la palabra es fuerte, viene de la boca, de la respiración, habla desde lo más silencioso. Golpea desde adentro y sucede en la austeridad, la sencillez de lo complejo: golpes suaves y a la vez fuerza de la frase perfecta: "Pero su corazón se agrió./ Un grito le cerró la boca./ Tapé. Sólo sus ojos". Porque la mirada y el oído ‘destapan’ lo que siempre está e insiste desde "La vida era una fiebre" hasta "Busco un poco de paz, antes de que llegue la noche,/" .

Se van inscribiendo las encrucijadas del amor de madre,"los huesos de padre levantados", el entramado de la sensualidad de los olores, los sabores, los rojos y negros de la sangre y la muerte, el choque de lo primigenio del dolor de origen que arranca a través del azul y el verde hacia el arribo del acontecimiento de la otra tierra ( "Cuál es mi tierra, mi verdadera tierra"), y la densidad entrevé la ira de Pasolini, el realismo de Svevo, la poesía narrativa o la conversada y dolorosa narración de Pavese, el lenguaje del cine, el asombro y el sufrimiento de amor, hasta el quiebre en las preguntas, las reflexiones del pensamiento que sufren -gozan- la atenta inteligencia del atento mirar y oír.

Si vivir el tiempo que nos toca nos hace testigos, en los poemas las transformaciones del tiempo, de la historia son gemidos en la "grosera realidad". Aquello que la fraseología popular llama " las ironías del destino" despliega los quiebres del yo, las heridas, las dudas, las equivocaciones, pero hay la sabiduría del tiempo, el odio se ha vuelto piedad.

Inteligencia, sentimiento, cierto realismo del detalle y el fragmento, y música son los cuatro elementos conjugados por la palabra, por el verso, cayendo de uno a otro, reiterando en la palabra que sigue sonando o en la que hiende por lo fuerte. Los poemas de Tímida hierba de agosto de Roberto Raschella nos tocan por lo que dicen y dicen más, duelen en la forma de conjugarse el decir. Hay el poema de la violencia que ilumina como dura verdad, o lo real, y también el que se tiende en la suavidad ("El mar, el mar.../(...)/¿Has pensado qué débil suena/ el eco de dios en él"). Pero siempre en la sintaxis certera y aguda, la escritura fortalece vibraciones y el poema sigue flotando en la mente y hundiéndose en el cuerpo.

 

Tres poemas

 

[Acaso fue mucho tiempo]

Acaso fue mucho tiempo.
Se escuchaba el serio contar razonado
de marinaros, de capraros, de cafones
que tenían el olor de maderas tundidas,
de cueros, de quesos, de paños gruesos
y escarnecidos. Se alzaban victoriosos
los pisadores, las mujeres recogían olivos
en los cestos- fue mucho tiempo acaso.
Nadie buscaba, nadie encontraba.
Matercombada asistía la casa
gritando sbalashu, sbalashu -
desgracia, desgracia.
Se encendían los rojos pañuelos,
las rojas visiones de techos
que aspiraban negro, porque el mundo
era negro,
de cárceles en el sur y borradas leyendas.
El siroco mudaba el agua
en las terrazas, disparados rebaños
todavía calientes se dolían,
tan pungente la alarma
como la mujer que sufría
serenatas fósiles y espera de dos guerras.
Apenas sabíamos las velas lúgubres
entre torsos de príncipes, apenas sabíamos
los insolentes mástiles de las naciones
sobre la tierra y el mar, apenas sabíamos
tantas cosas, tantas infamias,
tantos errores: el poder, el poder...
Ese mundo acabó:
de algunos era gloria.

 

[El silencio era cuatro muchachos]

El silencio era cuatro muchachos que pasaban.
Había un pozo de creta delante de la iglesia.
La madre decía el pesar sobre la sangre
del hijo herido o el animal callado,
después arrojaba la desnuda madeja a la cama
que ya estaba excavada.
Temía los signos del perro de cobre puro,
el perro entre martillos de verano y hambres,
el perro que surgía de sus ojos vivo.
"¿De dónde ha llegado esa nube?".
"Ha llegado de otro mar: pasó
por la ventana y arrancó el lunario".
"Llórame, madre, entonces. Llórame
en vida, llórame".
"No. Hago votos por ti,
con toda el alma.
Pero no bailes.
Te dará vuelta la cabeza.

.......................................

Oh, amargo hijo:
tú que no tienes sufrimiento
todavía, tú que heredas mi mal,
tú que has nacido con los pies de fuego...
Búscate una mujer.
Búscate un hermano, te pido.
Búscate otra tierra".
Ella era la forma mía,
la terrible pared.

 

[Mucho tiempo fue]

Mucho tiempo fue.
Las mujeres se comían
las lenguas en los velatorios.
El azúcar olía sobre las brasas.
Sonaban los musicantes,
sonaba cierto carnaval
de lazos finos. Un joven dios
aguardaba el invierno
con el pecho abierto.
Era dulce el rencor de los viejos,
dulce, tremante como aquel sol.
Un minuto virginal golpeaba
desgraciada esperanza.
Nada más para mí, me dije entonces.

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