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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Francisco Morales Santos

Collage, Floriano Martins

 

Al pie de la letra, de Francisco Morales Santos

Eduardo Gargurevich

Una lectura inicial de Al pie de la letra (Editorial Cultura: Guatemala, 1987), poemario con el que Francisco Morales Santos rompe once años de silencio editorial, recupera dos impresiones básicas de distinto orden. En primer término, la conciencia de la edad que la presencia ineludible del tiempo sentencia. En segundo lugar, un equilibrio poéticamente muy bien medido entre imagen y coyuntura.

El volumen, integrado por 34 textos organizados en tres secciones (Imágenes, Presencias y Permanencias), lleva una cita de Gabriel Celaya, en la que el poeta español entrega una concepción de la labor poética como resultado del esfuerzo condicionado por las circunstancias y descubre la genialidad como una ilusión. El creador de la voz poética de Al pie de la letra, cuya producción cuenta ocho poemarios publicados con anterioridad al que ahora nos ocupa, hace suya esta propuesta y apela al lector a que considere su recorrido bajo tal premisa: los poemas que siguen no son obra del genio sino trabajo constante bajo específicas condiciones de existencia.

Las tres secciones ya nombradas cumplen diversas funciones: van presentándonos los elementos que a la vez que condicionar al yo poético son reconfigurados en el nuevo producto que es el poema, constituyen las propuestas parciales del poemario total y, en el caso de la primera, introducirá el sistema métrico de versos cortos con mínima puntuación intraversal en una construcción que, constante en el volumen, apunta hacia la interdependencia de imágenes al mismo tiempo que logra otorgarles valor intrínseco.

Imágenes, compuesta de cinco poemas, se nos ocurre como la tematización de los estímulos de diversa procedencia que llevan al yo poético a pronunciarse: la naturaleza, el arte, los mitos, las impresiones producidas por los productos culturales y, antes que todos los demás, en Mandrágora, poema inicial de esta sección y del libro entero, la pasión misma por el fenómeno poético: "Tu nombre entra en los tímpanos/ como un sonar rotundo/ de cálida moneda/ y dispersa con el viento/ una música de hojas/ de otoños muy remotos".

Presencias, sección central y de mayor número de textos del poemario, es la presentación más personal en cuanto íntima (pero no intimista) de la voz poética, sus sentimientos, sus pasiones y su relación con el mundo. También esta sección se inaugura con un poema de tipo poetológico (reflexión, en la realización misma, acerca de la poesía): Poema, pero en este caso se procede a una ampliación que tematiza, al mismo tiempo, la inexorabilidad de transcurrir del tiempo en la existencia. Si en Mandrágora la reflexión poética alcanzaba solo al creador, con Poema se apunta al reconocimiento de un todo género expuesto, con él al devenir.

La presencia del tiempo inexorable de Poema encuentra al yo poético de Resistencia proclamando su decisión de permanencia en los frutos del futuro y en Hombre con años o en Referencias de un mal aire, con el anuncio de la labor aún por desplegar. En otra esfera de reflexión, el amor informa los versos de Más que soñada, viva, que constituye una celebración a la presencia constante de la amada y, sobre todo, a su ser aliento, estímulo y motor: "tu huella inconfundible/ la que florece al repasar las cosas/ y se tiñe de sangre, o savia o barro,/ la que pone en su trazo un exabrupto/ volcánico y humano,/ tu huella es y no se cambia/ por nada de otro mundo". En relación con el sentimiento de la amistad es de destacar el poema Al filo de una conversación, cuyos tres versos finales otorgan a la sonrisa una capacidad creadora comparable a la de la poesía.

De entre los textos de Presencias que tematizan el compromiso de poeta y poesía con los hombres y sus circunstancias de existencia, sobresale el poema Del silencio. Consideramos que el mérito de este texto radica en ser una doble tematización: por un lado de la relación entre silencio, compromiso y escritura y por otro, del silencio en su doble aceptación de represión íntima y represión política. La capacidad significativa de sus versos finales hacen de Del silencio, para nuestro gusto, una de las mejores entregas del poemario: "El silencio con toda su grandeza/ no habrá de pasar nunca/ donde no lo permita/ nuestro pulso/ y la profesión de los leños/ perennes, crepitantes./ Si pasa es porque ha dado/ en ser cómplice del fuego".

Permanencias, última sección de Al pie de la letra, está integrada por tres poemas que constituyen un homenaje del yo poético a tres figuras latino-universales del arte: César Vallejo, Pablo Picasso y Pablo Casals. En el homenaje al autor de Trilce y Poemas Humanos, nuevamente aparece lo poético encabezando el repertorio.

Al pie de letra constituye un poemario orgánico, coherente, en el cual las secciones y los poemas que lo integran obedecen a una verdadera concepción de libro de poesía y no son, como sucede con tanta frecuencia, un grupo de poemas encerrados entre dos tapas de cartón. La misma voluntad de coherencia, sin embargo, cae por momentos en el exceso: hay poemas cuyos versos finales parecen ser, más que un dictado del auténtico impulso poético, una urgencia por redondear la idea, con lo cual, lamentablemente, la ambigüedad sostenida se quiebra y se vanaliza. Pero aún esta crítica podría encontrar en el yo poético de Morales Santos su justificación como un intento de resistirse a la desintegración del tiempo, de ir Al pie de la letra sirviendo a la realidad y al servicio de la Poesía.

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