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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Mario Camelo

Collage, Floriano Martins

 

La poesía de Mario Camelo

Helena Araújo Albrecht

En Latinoamérica, la poesía se compromete con la historia sobre todo a partir del siglo XX. En Colombia, surgen en las primeras décadas movimientos literarios terrígenas e intelectuales. Así, la preocupación por un lenguaje que alcanze a asir la realidad va derrotando poco a poco la imagen como imagen, embebiendo el poema en nuevos significados. Más tarde, la segunda post-guerra protagonizará una fallida revolución burguesa, cristalizándose en un grupo de poetas con incentivos en el enfoque existencial. Adversa a cualquier versión deformada del surrealismo, la siguiente generación hallará en el compromiso político y social una incentiva más experimental - y a veces más testimonial. A ella pertenece Mario Camelo.

Inspirada en textos orientales y códices pre-hispánicos, la poesía de Mario Camelo prolonga hasta tiempos actuales la dialéctica de la tiranía y el vasallaje, el conquistador y el conquistado, con remansos de lirismo en cuanto surge el tema amoroso. Como ha dicho el poeta Peruano Américo Ferrari," lo musical en esta poesía reside en el ritmo libre y modulado que combina la métrica con la versificación y con el fraseo de una prosa íntimamente melódica, lo que da a las composiciones un movimieto, una cadencia donde el verso se funde con el fraseo armonioso de la prosa poética" (1). Esta musicalidad se manifiesta sobre todo cuando irrumpe la presencia femenina. Entonces, las crónicas de depredación y de despojo viran hacia una mitología secretamente religiosa, venida de muy atrás. Se trata así de festejar, en figuras teñidas de alabanza, a una mujer " nacida de noches verdes y alhelíes". Mujer que es " líquen nuevo, provincia donde Dioses y hombres crean un pacto lento y precario". Estos quiebres en lo que podría llamarse una semiótica de la desolación sin embargo dan paso a textos en que el lenguaje va adensándose de exhortaciones y denuncias. Al describir y al describirse, el poeta se inspira en la tradición oral arcaica, cuya poesía, como experiencia de lo sagrado, se emparenta al panteísmo y al animismo. Heredero del discurso primitivo, alterna la imprecación con el conjuro, conmemorando la vida colectiva con sus oficios, guerras y derrotas. Si partiendo de un proceso inconsciente, los contenidos metafóricos del texto desvían aquí la descripción hacia un pasado mítico, es para hacer del verso paulatinamente una práctica de revelación. Puede haber etapas, no obstante, en que la eclosión de voces alterne con la de un hablante involucrado en el vivir social. Habitante de una tierra en que ha errado siempre, éste se reconoce en una humanidad " sin recuerdos / con la sola muerte metida en el cuerpo/como un manojo de ausencia." En un desierto de cultos y devociones," Dios, el momificado, el tullido"/ Brilla sólo en la blancura de la cal viva/ Que cubre el libro de piedra de los ancestros."

Con la temática de la errancia, hay en la poesía de Mario Camelo una urgencia de identificación y también de testimonio. Al instaurar la palabra originaria a partir de las circunstancias que la inspiran, el texto se expresa en cada signo y cada símbolo, propiciando contrastes y resonancias inusitadas. Constantemenete surge, sin embargo, "un espacio que pretende articular la fragmentada relación del poeta con su historicidad" (2). En ese espacio, seguramente, la denuncia y la profecía involucran el dato en la metáfora, intelectualizándolo, sin apartarlo de la realidad concreta. De ahí que Américo Ferrari señale" percepciones de órbitas semánticas heterogéneas" y "asociaciones insólitas e impactantes". El lenguaje de un imaginario que abarca" el siglo de los pasos perdidos", identificándose con quien busca un país que le "conoce y palpa", no puede configurarse sin desgarramiento…

De ascendencia sefardita, Mario Camelo asume el éxodo de un pueblo diezmado y perseguido. También Colombiano, evoca la violencia social y política que le rodeó en su infancia y juventud. En sus versos, un vaivén de significados buscan armonía en procesos que llevan a presentir la poesía como un lazo del hombre con el mundo.

NOTAS
(1) Américo Ferrari. Prólogo al poemario LUNA DE IGUANAS, próximo a publicarse.
(2) Helena Araújo. Prólogo al poemario CRONNICA DEL REINO, Libros de la Frontera, Colección del poesía El Bardo.Barcelona, España, l997.

 

ENTREVISTA

HA - En el prefacio de su libro LUNA DE LAS IGUANAS, AméricoFerrari dice que su poesía es un canto errante como el de Darío, "busca y esperanza de conquista de ese otro lugar para que el hombre y su palabra, por fin, estén". Se refiere acaso a un exilio interior? A la depreciación de un lenguaje adscrito a una condición enajenante?

MC - Desde sus orígenes la poesía no ha ocupado sino un instante en el campo de memoria del hombre. Cuya característica es la de tratarse de un instante significativo, un summum lentamente recopilado y sintetizado en ese breve espacio verbal que es el poema. Toda la poesía del mundo es reescrita por cada generación de poetas.

La Biblia es el resultado de generaciones de escribas, como ocurrió igualmente con casi toda la poesía religiosa antigua, la Voluspa en Islandia, por ejemplo, los cantos de Gigalmesh, etc.

Ese reactualizar constante es el flujo de vida en textos que escaparon al yugo momificador de la piedra y el papel. Hoy no reescribimos más esos textos, cierto, pero cabe pretender que toda literatura, toda filosofía, continúa una reflexión comenzada hace varios miles de años.

Lo que más me sorprendió en las primeras lecturas de aquellos textos, fue la imposibilidad de cambiar una palabra, su precisión e importancia en el conjunto, como si un sello mágico velara sobre ellas. Lo otro, el destino y la sustancia del hombre : su tiempo un hecho de fragilidad y misterio, el esfuerzo y exigencias por alcanzar la condición humana, dado que hombre no se nace, se deviene.

Al leer la Voluspa, hallamos que la armonía universal depende de poca cosa, del acuerdo bienhechor de cada quien, y bastó el asesinato de Walder, dios del equilibrio, de la naturaleza, de la justicia, asesinato incitado por Loky, uno de los dioses, para provocar no sólo el fin del mundo, sino igualmente de todos los dioses. En este sentido, Oscar (personaje de G.Grass: El tambor de hojalata) no lo reactualiza?

La lectura de la llamada "literatura del poder" latinoamericana (El otoño del patriarca, de G.García Márquez, por ejemplo), no nos invita a ver, en negativo, aquello que el hombre debe ser? En otras palabras, no nos reenvía a los textos primigenios de la humanidad? Textos cuya voz esencial explicita que el hombre, no puede devenir tal, sino a través del otro, del distinto, cuyo silencio inmanente de ser, debe ser salvado para las fiestas de lo cumplido.

Con lo anterior busco entroncar el esfuerzo de escritura.

Pero cuál es el lugar de la palabra? Habría que preguntarse primeramente cuál es el lugar del hombre, en una civilización que tiende a anegar la palabra y el hombre en la disolución del vacío. Uno y otro han devenido sinónimos de celaje y depredación. Y todo tiende a ahondar la barbarie : el cine, la televisión, la radio, los comics, los juegos electrónicos, etc, alguien quiere asegurarse que el hombre se pierda para siempre en el dédalo de los signos contrarios, de los signos vacuos.

Qué papel juega entonces la literatura? Tal vez, colmo de paradoja, una de las últimas recámaras escondidas donde refugiarse la realidad, en la casa que se viene abajo.

Pero hay que velar al sentido de las proporciones: por quién es leída la poesía? Por la reducidísima élite que aún sabe leer, sus lectores se hallan en relación inversamente proporcional a la miseria que gana el mundo.

El poeta es como el animalillo que en lo alto de la duna abre grande la boca bebiendo del alba la poca humedad que avanza desde el mar, sueña quizá un día más clemente, que mañana es posible. Empecinadamente la historia demuestra lo contrario, entonces queda la fe, la esperanza en el ser, pese a la humareda del siglo, a la pestilencia devenida banal, como el etnocidio, la guerra, la hambruna, la abundancia descabellada y el despilfarro orgíaco. Pero esa fe, esa esperanza, es la del animalillo en lo alto de la duna, no debe olvidarse, pese a lo aromático de su plática, a los relieves de inciación e incienso de sus gestos.

La temática de la errancia entonces, es también y esencialmente, la del encuentro. Ingeborg Bachmannn nos recordaba cómo " Le Je se manifeste tôt et il devient de plus en plus grandiose, de plus en plus fascinant dans la literatura de dernières décenies", en Europa, lo que que contrasta con la literatura latinoamericana, donde el Yo se disuelve cada vez más para explayarse en un Yo colectivo, lo que corresponde más a la realidad, allí. Nuestra historia es una historia de encuentros y sincretismos (lo que incluye desencuentros con lo europeo), la errancia entonces es una serie de visitaciones donde la epifanía de la respuesta por adquirir puede ser representada como una pila bautismal cercada de relámpagos nocturnos… es la fiesta generatriz en lo americano. Pero la errancia no se da en una sola dirección, es también lo urticante y pedegroso del esfuerzo, agotamiento y violencia en el cuello al que imponemos " un regard" simultáneo sobre los cuatro puntos cardinales de la historia y el paisaje.

José Lezama Lima anota: "…el hecho americano, (destino que) está más hecho de ausencias posibles que de ausencias imposibles. La tradición de las ausencias posibles ha sido la gran tradición americana y donde se sitúa el hecho histórico que se ha logrado." Ese quehacer de completud, entre fulguraciones secas alguien no lo aprecia, exige el exilio o peor aún, lo que gravita sobre cada escritor latinoamericano como una maldición estéril y caprichosa.

Cuando al errar americano se suma el exilio, nuevas incorporaciones son convidadas a la cita de los encuentros, el espacio gnóstico se amplía, pese a la voluntad de fatiga y exterminio por parte del escondido.

Ocupémonos entonces, de lo que el poeta escribe, no de lo que dice, que en general es irrelevante.

HA - Traductor de poetas italianos y francófonos, usted prefiere, entre otros a Ungaretti. También a Suizos incluídos en la antología que elaboró hace un tiempo con Norberto Gimelfarb para una editorial española. Allí se encuentran Pierre Voélin, Anne Perrier, Philippe Jaccottet, Alexandre Voissard, entre otros : qué tan próximos los halla a su identidad exiliado, qué tan afines a su presencia de testigo?

MC - Son varias las obras contemporáneas en poesía des escritores Suizos que me impresionan, Haldas, Dupuis, Tappy, Godel, Chappuis, Jaccottet… De Anne Perrier me ha interesado esa búsqueda del punto más transparente de la palabra a lo largo de toda su escritura (he traducido su obra al castellano, aún inédita, como la de Pierre Voélin y Alexandre Voisard. Es difícil publicar poesía, hoy, sin ayuda oficial, en no importa qué parte del mundo. La Antología de la poesía Suiza-Francesa Contemporánea - l997, España, Libros de la Frontera- pudo realizarse gracias al generoso apoyo de Pro Helvetia). En Pierre Voélin la extrema economía, donde el duelo por lo humano, la reflexión ética dota a sus textos de una fascinante intensidad, haciendo desbordar la palabra hacia aquel lugar donde sólo la intuición de conocimiento y los ojos del cangrejo habitan. De Alexandre Voisard, el riesgo tomado en cada libro, único, distinto, contradictorio, es una verdadera lección de estética, de fe en la escritura. Pero cada poeta nos brinda una maravilla, invita a una lección y una escucha.

Traducir es una incontable derrota, una batalla perdida tras cada palabra, cada verso, al final el poema es una guerra perdida de antemano, resta para el traductor la salud que procura el esfuerzo, el renovado asombro ante cada lengua, sus voluptuosidades secretas… Queda de esa cita una conversación más intensa, y una mirada que gana distancia sobre los dos idiomas, también la empatía, acrecentada, pero ello es indefinible conceptualmente. Creo que estamos condenados a nunca saber por qué tal texto nos emociona tanto, entabla un diálogo en aquel espacio de despertaciones y cercanías, irradiante, formalizando algo que ocultadamente sabíamos.

Collage, Floriano Martins

 

Poemas

1

Procedo de siglos de errancia,
Hambrunas y derrotas guerreando en los confines.
Delante de mí un gran rumor de aguas subterráneas
Atravesadas por un solo pensamiento,
Como un vasto fluir de limo que en su peregrinación
Llena de voces la memoria de los sacrificados.

Entro al mar, un linaje sin edad me obliga,
Avanzo toda luz extinta como un navío corsario
En silencio las campanas y los pitos,
Sordo a mis largas acomodaciones.
Debo portar mi parcela de tiempo al Señor de los sueños
Sin agravar el peso invisible de mi frente,
Sin usurpar mi espacio entre los vivos.

2

Desato las sandalias sobre la arena
Y me libro al mar : exigen que olvide,
Que abandone mis iras delictuosas,
La cuenta macisa de mis muertos.
Debo gritar ?
Vestirme con las alhajas de la locura
Como un leproso coronado de perlas ?

Una mujer fértil
Presta a todos los trances y revelaciones
Me observa desde su rosa náutica,
Y temo que su sombra profética se pierda
En la noche si trasgredo los lindes.

3

Ebrio sobre la arena olorosa describo los círculos del destierro :
La danza es sosiego lejos de cautelas y guarnecidas miradas.

Mi mano golpea contra el tiempo y sólo la muerte aparece a la puerta
Su sustancia ardiente poblando y despoblando mi boca:
Hallazgos y voluptuosidades de la conversación no invitada.
A lo lejos la pleamar monta y alcanza el oído.

Las dos charlas son un laberinto
Que se confunde en una casa que no debe ser visitada.

4

Yo soy ayer
Yo soy hoy
De generaciones innombrables.

Libro de los muertos del antiguo Egipto. Cap XLII.

I

La sal en los labios como perentorio recuerdo de mi raza
Y una mujer, también, rumoreando danzas bárbaras
A la altura de mi nuca... Es la hora.

La hora en que la arena se levanta
Para combatir la bruma que avanza desde el mar
Cual emisario cargado de amenazas y paganas escrituras.
Un jardín de cascabeles y vihuelas en los bordes del sueño
Y en las dunas altas la danza consumada de las fieras hambrientas.
Paciente camino sobre piedras que no conocen en su olvido
Sino el ruido de mi peso y el de ciertos lagartos escarlata
Que salen a enamorarse frente a las noches de invierno.

Aquí no vive nadie.

II

Aquí no vive nadie,
Como un último aliento del mundo,
Nadie me ofrecerá su equinoxio
Y un alcohol de caña conversado de guerras lejanas.

Hasta la presencia de lo Divino es incierta,
Apenas algunos caballos
Derrumbados sobre la arena como tema de olvido
Los ojos abiertos a una sed intensa.

Nada se ha perdido en tanta soledad:
Aquí he fundado otra infancia.

A la memoria de Ceci, suave hermana

5

He intentado romper el círculo de la danza,
Poner mi cuerpo a soñar un agua que no ocupa
Adormeciéndome en la extensión de ciertas cántigas
Donde sigilosas vertientes informan sobre mi orígen,
La desmadejada errancia de donde provengo.

De la multitud de voces que habitan mi cuerpo,
De la multitud de sangres
Con que está hecha mi sangre
No viene ni ayuda nada: mi libertad y yo
Libramos escaramuzas y amenazas de terrificadores
El corazón a campo raso profanando el Nombre y los pactos,
Cada quien hambriento del otro,
Y sobre cada estirpe el peso de la espada,
El hambre, la peste.
El botín soy yo. El feroz botín.

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