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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Roberto Mascaró

Roberto Mascaró nace en Montevideo, Uruguay. Ha residido también en Suecia y Chile. Funda y dirige en 1980 la revista Saltomortal y la editorial Siesta. Colaborador de la revista Posdata (Uruguay) y del diario sueco Sydsvenska Dagbladet. Actual director de la revista internacional de literatura encuentro (Malmö). Organizador del anual Encuentro de Poesía en Malmö desde 1998. Licenciado en Ciencias de la Literatura (Universidad de Estocolmo) y Estética (Universidad de Upsala). Poeta, artista multimedial, traductor. Desde 1986 ha trabajado también en el área de multimedia en diferentes videos y performances en torno al texto poético. Ha publicado varios volúmenes de versiones castellanas de poesía nórdica. Ha recibido premios y becas de diferentes instituciones: Ciudad de Estocolmo, SODRE (Radio y Televisión Oficial de Uruguay), Instituto Sueco, ASDI, Fondo de escritores de Suecia, Norwegian Litterature Abroad, Intendencia Municipal de Montevideo, Sociedad de Escritores de Suecia, Sociedad de Escritores de Escania.

LIBROS PUBLICADOS
Estacionario (poemas), Nordan, Estocolmo, 1983.
Chatarra/ Campos (poemas), Siesta, Estocolmo, 1984.
Asombros de la nieve (poemas), Siesta, Estocolmo, 1984.
Fält (Campos) (poemas en versión sueca de Hans Bergqvist), Fripress, Estocolmo, 1986.
Mar, escobas (poemas, Ediciones de Uno, Montevideo, 1987).
Södra Korset/ Cruz del Sur (poesía, bilingüe), Siesta , Estocolmo, 1987.
Gueto (poemas), Vintén Editor, Montevideo, 1991.
Öppet fält / Campo abierto, Siesta, Malmö, 1998.
Amores impares (varios autores) Aymara, Montevideo, 1998.
Campo de fuego, Aymara, Montevideo, 2000-10-09 / Coleção Resto do Mundo. Edições da Agulha/eBooksBrasil. Fortaleza/São Paulo, 2001.

Collage, Floriano Martins

 

Em defesa da poesia

1. Quais as tuas afinidades estéticas com outros poetas hispano-americanos?

Mencionaré algunas instancias de la poesía hispanoamericana que han influido fuertemente sobre mi escritura: la obra del maestro y príncipe de nuestra poesía, Rubén Darío; los Cantos de Maldoror de Lautréamont; la culminación del movimiento concretista en Brasil (con livro de ensayos galaxias, de Haroldo de Campos); la obra del cubano José Lezama Lima; la escritura "tachada" del chileno Juan Luis Martínez; el kitsch o "mal gusto" en su versión latinoamericana. Instancias todas en que la "vanguardia" se desarticula para dar paso a expresiones poéticas maduras, singulares, únicas. Menciono estas instancias o zonas de influencia; pero hay muchas otras afinidades estéticas, dentro y fuera del ámbito de la poesía.

2. Quais contribuições essenciais existem na poesia que se faz em teu país que deveriam ter repercussão e reconhecimento internacionais?

La obra del modernista Julio herrera y Reissig, probablemente imposible de verter a otras lenguas...

3. O que impede a existência de relações mais estreitas entre os diversos países que conformam a América Hispânica?

Un rumor que afirma esas líneas imaginarias llamadas fronteras.

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Collage, Floriano Martins

 

Poemas

Árbol

A

Me encontré frente a un árbol. Ese árbol no me dejaba ver el bosque. Les dije: pero hay un bosque, humus, musgo. Un bosque creciente, un bosque decreciente. Se rieron diciéndome: son cinco árboles, aunque tú ves sólo uno. Deberías ver el bosque que no es tal. Les dije: es otoño, les dije: el árbol, como brazos desnudos que clamasen al cielo, árbol es lo que veo. Sin querer, como jugando me he cortado la muñeca con vidrio y el olor de la sangre bajo la lluvia no me hace gracia. Y ya no veo el bosque, jacarandá, dije, húmedas brillan las araucarias, su seno nos cobija para nuestros juegos de amor, decía. El bosque no es tal, ja ja, dijeron entre risas feas. Yo vengo del desierto, dije con labios secos. Para mí es bosque eso que no veo, pero que por allí está, y es suma de árbol.

R

El árbol está frente a mí casi quieto, extenso como monte que se estira y entra en los pensamientos como un ejército que se desliza cauteloso lento en la noche sin estrellas y en la que flota leve llovizna. Pasan unas hilachas de mariposa o de nube, o tal vez telas de araña desgarrándose con estruendo. Flamean las ajorcas rojizas de los murciélagos, pendientes. Luego, el árbol, sin sacudirse, viaja hacia mí y me abraza, tapándome la visión, de manera que yo ya no los veo a ellos, que hablan algo en voz baja en el trasfondo o patio. Es eucaliptus, dije besando el tronco, que era duro y brilloso, viejo, seco, eucaliptus con zarzaparrilla. Este es bobo, dijeron, debería trabajar levantándose a las 5 de la mañana escarchada y resbalarse sobre el pasto blanqueado y respirar fuerte y también rendirle culto al patrón, al jefecito: eso dijeron. Como un coro, para que su pensamiento le salga impecable, insistieron.

B

Dije sí. Dije no. Aparté el pensamiento con la mano. Miré el árbol. Olí el árbol. Y el bosque iba desapareciendo tras una capa de exquisitos tilos y coníferas combinadas, yo jamás había visto un conjunto de árboles o bosque tan grande como aquel sobre un césped tan pero tan delicioso. Ya anclaba yo en el árbol y conocía por sospechas su interior, por caprichosas pero insistentes cosas mías. Me bastaba con ese solo árbol para decir mi felicidad indecible, para saciar mi sed insaciable de savia, del olor reconocible de aquel sabio oasis que ellos pretendían en todo momento poner fuera de mi alcance.

O

Respiré hondo.Las luces de la ciudad se encendieron como si algo o alguien en el traspatio cambiase la escenografía,con un poco de cosa conspicua. Estábamos ya en otro tiempo-espacio. Ahora, tú ya entraste, estas bajo la misma copa amada. Un humo negro negro, a lo lejos. Respiré respiré. El tiempo no pasaba, yo pasaba junto a las cosas y frente a ellos. La cruel araucaria nos cobijaba empero. La ciudad se iba cayendo por sus cuatro costados. Nosotros la levantábamos con los ojos. Con nuestra mirada desgarrábamos los carteles de publicidad, poníamos bigote a las señoritas, cubríamos de rouge los labios de los caballeros. Así todo se volvía más lindo, más típico, más nuestro. Lo que era nuestro, era lo único real. Delicias reales. Yendo de uno hacia dos, y de dos hacia cuatro, y de cuatro hacia ocho, y de ocho a dieciséis abriéndose y abriéndose, desde el cielo a la umbría, de la sombra hacia el bosque sombreado, asombrado, con su sombrero de volcán plantado.

L

En el centro de la Ciudad, como todos lo saben, hay una plaza de césped impecable y de baldosas traicioneras. Es la Plaza Irreal. Allí, el pasto piensa y es de vidrio. Hay al fondo: un piano de carbón que se derrumba sobre un campo desnudo de frutillas. Allí hay cuatro árboles, de los cuales yo me quedo con uno, uno. Uno que tapa el bosque entero y no nos deja ver otra cosa que el Árbol Real, fibroso, fresco de copa y por el viento navegando sonoro. Porque ahora sí está soplando la brisa bendita de primavera. Éste es el monte, la profundidad exacta, la fronda tutelar. Ésa quiero yo sí, aunque, adheridos al piso, en el patio se rían con obvia resonancia. Yo toqué ese tronco nudoso y fui cubierto por sus ramas ramas que me acariciaron voluptuosa, prolongada y ardorosamente.

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