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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Alfredo Fressia

Collage, Floriano Martins

 

Frontera móvil, de Alfredo Fressia: historias de dos ciudades

Rosario Peyrou

En 1989 Alfredo Fressia publicó Cuarenta poemas, un volumen que reunía buena parte de su obra poética y demostraba el sostenido nivel de calidad de su trabajo con el lenguaje. Fressia había emigrado a Brasil en 1976 con un solo libro a sus espaldas (Un esqueleto azul y otra agonía, 1973) que obtuviera el Primer Premio Municipal en el último Concurso previo a la dictadura. En San Pablo, su ciudad de adopción, donde se desempeña como profesor de Lengua y Literatura Francesa, continuaría escribiendo una obra que incluyó Clave final y Noticias extranjeras publicadas ambas en Montevideo en 1982 y 1984 respectivamente.

Desde entonces Alfredo Fressia es hombre de dos ciudades. Vive en San Pablo, pero dos veces al año se instala en el café Sorocabana desde donde observa transcurrir la vida de su ciudad natal, a la que ama y odia sin nostalgias. Allá en San Pablo se convirtió también en escritor de dos idiomas. Su libro en prosa Destino: Rua Aurora se conoció en 1986 en portugués. Ahora, Fressia lo publica traducido al español, en una versión más extensa y con algunas modificaciones, porque como él mismo dice "no se cambia de idioma impunemente". En su versión castellana "Rua Aurora" cambia también por el entorno: en contacto con otros textos escritos originalmente en español pasa a integrar Frontera Móvil (Editorial Arequita. Montevideo, 1997), un libro que desde el título refiere a esa condición doble de Fressia: hombre de dos países, de dos lenguas, de identidad siempre problemática. Si "Destino: Rua Aurora" está centrado en la experiencia paulista, otros como "Montevideo, la Coquette", "Solís o la flecha" y "Tres mesas del Sorocabana" tienen sus referentes de este lado de la frontera, así como también uno puede imaginar como irremediablemente montevideanos a los matemáticos de su "Homenaje a Pitágoras". Como pasaje entre uno y otro mundo, como frontera móvil, se ubica una sección que discurre sobre ese no-lugar, ese pasaje sin identidad y sin memoria que son los "Aeropuertos".

Escrito en una prosa a medio camino entre la crónica, la narración y la poesía, "Destino: Rua Aurora" está armado como una partitura musical, alternando variaciones de tonalidades diversas, descripciones de lugares, breves narraciones autónomas, fragmentos fuertemente subjetivos, reflexiones en torno a su propia escritura.

Uno de los encantos del libro es su poder de persuasión, su impresión de "verdad", una sensación que no es ajena a la perspectiva encontrada por el escritor. Todo el libro juega perversamente con lo autobiográfico, en tanto la voz que habla en primera persona (y que se incluye como personaje de algunas historias) se llama Alfredo y coincide con muchos rasgos del autor, quien se mira escribir como en un sutil juego de espejos. Es un texto fascinante y envolvente que funciona también como un arte poética, y que discurre a través de las calles de una Sao Paulo nocturna y escondida. Es la Sao Paulo secreta y amada por ese Alfredo que vive en un apartamento de la Rua Aurora y escribe porque es "soltero, suelto en el mundo, montero", porque es "levemente insomne", porque es "un privilegiado y un solitario" y porque es "profesor de Francés, cosa que tiene aroma de rosa seca, de señorita de edad, algo de dama un poco loca que usa guantes blancos para cuidar sus manos delicadamente arrugadas". Y sobre todo, porque escribir es "llevar todo esto a una cierta tensión de crueldad" que termine por poner en riesgo al escritor mismo, y también, baudelairianamente, a su lector. Allí está tal vez el centro de esa condición fronteriza y fuertemente provocativa de la escritura de Fressia. Porque desde el inicio toma partido y lo hace en contra de sí mismo: "yo no escribo para ser leído por quien me leerá, los informados, los bien comidos, los que tienen tiempo para leer a uruguayos emigrados -como yo soy informado, bien comido y con tiempo para escribir. No, yo escribo para la mala conciencia de quien me leerá." Desde esa postura, la dominante de la escritura de Fressia será la ironía, la autoironía, la crítica hecha desde un lugar marginal, el lugar de los que están -o se eligen, como él mismo- fuera del juego.

Fressia tiene una sensibilidad afinada para ver detrás de las cosas de todos los días, de descubrir -como sólo puede hacerlo la poesía- afinidades y rechazos, secretas relaciones entre los lugares, los objetos y los seres. Su ojo es filoso como una navaja en el bolsillo de uno de sus marginales. De ahí que su fuerte sean esas frases breves, esas sentencias que definen y desnudan las cosas para mostrarlas con una luz desconocida.

Dueño de una prosa satinada y precisa, Fressia tiene un dominio técnico impecable. El episodio de la Ciganinha es un prodigio en el manejo de las perspectivas y los tiempos. La ilusión de realidad que es capaz de crear no se contradice sin embargo con la lúcida conciencia de que todo es escritura. Porque Alfredo también ironiza sobre su propio trabajo. Su texto se teje y se destruye a sí mismo, porque sabe que "decir no es hablar, decir no existe. Nadie dice nada. Dios dijo".

Contaminada irónicamente de alusiones bíblicas, Destino: Rua Aurora es casi una nouvelle, con sus personajes: Ignoto, asesinado por el muchacho sergipano que pasó con él la noche, el taxi boy de la avenida Ipiranga, Olga del Córdoba travesti convertido en monje, José el intelectual de izquierda, María de Ceará, la Ciganinha. Y esa irónica Trinidad que forman el estudiante Henrique Montes, su Padre y el amante del muchacho, el profesor a quien el autor llama el Espíritu Santo. Pero tal vez el verdadero personaje sea Sao Paulo, con sus avenidas, sus plazas, sus iglesias y sus terreiros. Porque estas historias se nutren de lo fortuito, de lo que pasa en la calle, y de esa manera construyen un mundo urbano contradictorio y febril, laten con el ardor sudoroso de la ciudad.

En abierto contraste con el abigarrado mundo paulista, la zona montevideana de Frontera móvil, juega con una visión sonámbula de Montevideo sin hacer concesiones a los lugares comunes de la sentimentalidad. "Montevideo, la Coquette" planea sobre la calidad irreal de la ciudad y tiene la sutileza de la mejor poesía de Fressia: "Todos los montevideanos sabemos lo que es caminar por General Flores de madrugada. Por eso nadie lo hace. Es un saber revelado y sin testimonio porque si alguien lo testimoniase no tendría nada para contar". Si en "Homenaje a Pitágoras", campea un humor irónico, y en "Tres mesas del Sorocabana" flota la muerte como una "mosca azul", "Solís o la flecha" -armada sobre la simbología del Tarot y entretejida de alusiones a Zorrilla, Herrera o Rimbaud- es un alarde de habilidad rítmica y musical.

Con sus voces diversas, sus tonos contrastados, los textos de Frontera Móvil conforman una estructura sólida, y tienen su denominador común en el rigor de un escritor dueño y señor de su instrumento. Es un libro que no debería pasar inadvertido.

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