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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Laura Estrin

Collage, Floriano Martins

 

Sobre Álbum, de Laura Estrin: el estilo como ética

Liliana Guaragno

La primera lectura de Álbum (BCZ editores, Colección El estaño, Buenos Aires, 2001), de Laura Estrin, dio lugar al título que lleva esta nota: un efecto inicial que las lecturas subsiguientes corroboraron en su justeza. Se trata- diría Blok- de la temeraria sinceridad de un estilo, esa "aguja de la escritura" que trama la forma del poema apostando a la vida-obra.

Por eso Álbum tiene que ver con un tono-el tono de la que escribe, una voz- con la frase que dice y no dice, con la que se quiebra o contrapone, con la digresión y los blancos que escanden la confluencia de versos en su combinatoria. Tiene que ver con cierto léxico referencial – quiero decir con el peso del ‘objeto’, que se enuncia en "Ahora escribo versos/ en la inmortalidad del objeto"-. Pero ese ‘objeto’ es un mundo. A veces yuxtapuesto a otros, crea en un ritmo rápido la lentitud de un paisaje al mismo tiempo que la alusión a una literatura como en "Cielo, Pasto, Chapa", o en "Poesía de provincia/ cangilones, ataditos y asaditos". Palabras que apuntan a lo real que aparece en la inserción y el corte; y si el ‘objeto’ se hace sutil como "Pajaritos de la lluvia"’ o "Pajaritos del agua", no por eso pierde la materialidad. El peso de la letra y la forma del poema son el peso y el alivio... de los vaivenes de la escritura /vida.

El tono es la música de ciertos lenguajes que atraen disonancias y silencios: cartas, diarios, notas, versos recordados o copiados -presentes en un álbum-otro, hecho de versos y blancos-, el discurso interior y el de la charla ( de café) coinciden como géneros que concitan la fragmentación, conllevan lo íntimo y lo ‘extimo’, el entorno y el sujeto - los hilos de la trama-.

El tono como frente de escritura instaura una ética, una red ligada a lecturas de poetas rusos y alemanes con sus cartas y escritos, donde "ellos", los escritores de la exterioridad enfrentada en la cotidianeidad de la autora ‘se interiorizan’, entran en la red. El Álbum acerca, reúne o contrasta: los escritores de allá, los escritores del aquí y ahora, los porteños y los del interior del país "estañados"en la mesa de un café (referencia a ‘El Estaño’, bar de la calle Corrientes) ante los que esta escritura "gris lluvia"- quiere tomar posición, salirse del "aspaviento".

En los hilos de la trama, la ascendencia, como interior del cuerpo, es dolor que insiste en Mandelstan, en Paul Celan ("Ancel") – en la gris Rusia de los antepasados, esa muerte antigua vuelve en "Piedras flores del cementerio"del rito judío, y en la Rusia blanca de las tristes pulseras de Marina Tsvietáieva cuyos textos atraviesan los poemas de Laura Estrin y tocan con Álbum vespertino de 1910 , el título elegido para este Álbum del 2001. Los escritores leídos por Laura son absorbidos para marcar a Rusia como adjetivo, atributo de la poesía como verdad de existencia: "Álbum de...la noche, mejor, de la tarde Rusia".

La escritura se agudiza por el verso que es re/unión: presencia de lo ausente, la cercanía de lo lejano, lo común de lo propio, así "un escritor/ que camina acá-cerca/ en los jardines de Palestina en 1930", y otro "un poeta que cruza Corrientes/ pero recuerda el grito-gurí./ Flores y el centro, entre ríos"- instauran una poética de mezcla y selección: los orígenes judíos, la procedencia entrerriana que hace de Entre Ríos un sustantivo común a la autora y al escritor aludido ( Ricardo Zelarayán), los estudios y lecturas, las teorías de la escritora, los lugares (sujeto y entorno) apuntan a la ruptura de la linealidad, a la simultaneidad de tiempos y significaciones, al dolor y a lo abierto. Álbum apuesta por ciertos estilos y discursos cuyos versos, son "anclas", partes de un sujeto de escritura que se irradian y encuentran en el frente; de lo interior a lo exterior, coloquio de lo que no deja de insistir y resiste.

Una ética golpea lo "podrido" de todo grupo, eso que del conjunto de escritores no anda bien anilla un desafío análogo al grupo de Jena , arma el lío de la red. Pero para el grupo de Jena se cita a Lukács que utiliza el adjetivo "infame". Y no está acaso infame, el adjetivo ‘infame’ ligado a la filosofía, al mal, y a la historia, mientras ‘podrido’ suena a carne, a frutos que van a perderse (de/para la escritura-vida) si se pudren, cansan, ¿aburren? Podrido suena a un presente que no es justamente lo infame (lo infame requiere otro tiempo), como si lo que se vive con los otros - escritores- en la coetaneidad no pudiera llegar a la altura del mal porque el mal se deniega y, entonces, se hace necesaria la ironía: "Si el pelo te acompaña,/ hay literatura". Desde ya desde el frente de estos poemas, se cuela una crítica y una poética ( una lírica crítica, diría Héctor Libertella, aunque el poema precisa "combustión nunca lírica/ poema como diario/ como caen las arrugas del pantalón de un hombre"), aquí se prefiere "ninguna vanguardia/ ninguna vivisección".

Los tonos redoblan en la repetición, en la acumulación de sustantivos, en los diminutivos, en los indicios que abren otras lecturas y entrelazan o hacen chocar sentidos, y aún más por las elipsis (propias de la oralidad, de las notas o diarios) la vivencia de lo real. Las relaciones desde los blancos del texto hacen pesar los versos, sostienen vacíos, implican efectos en el que lee ( sus límites y posibilidades), de lectura-vida. Los versos- in/versos- que se escapan de lo congelado son ‘piedra-palabra’ de un frente, con "casa y mar y ojo /y tumba y árbol y (nuevamente) piedra", mundo redoblado en el que la mano esparce la absolución de la tierra: la/s cultura/s que recorren el cuerpo (escrito y escritor) imponen un gesto de remisión y recorrido. Un tiempo del fluir que carga instantes al futuro (el viaje, las historias truncas de Álbum).

Álbum entrecruza re-unión y soledad, la soledad del instante, de la escritura, del momento en que la palabra o la frase toman compulsivamente el cuaderno y escriben el álbum. En tanto visión es punto sesgado del ver que impone lo visto, pero también transforma el término ‘álbum’ (en su concepto como sustantivo común al pasar a sustantivo propio, nombre de libro), ya que no sólo de lo visto se hace objeto el verso, sino también de lo visto por leído y por lo leído o dicho de los otros que llega al oído en la conversación (palabras de lo oral, sus tonos), y en el intercambio cotidiano, aun en el movimiento de esa mujer-poeta en la casa, "mujer- Lezama que no corre", que lee "un día puntuado. Por un cambio de ropa,/ ordenar la comida/...".

El Álbum es también el del olor y de la tierra, de lluvia y viento y sol, álbum irreverente que exhibe la frase surgida bajo la parra y el mate, las frases de los otros, registra citas, juega las alusiones y el retaceo. El álbum se inviste de paradoja, entre lo que estaba y lo que está : lo infame, lo podrido, y lo que salva, se elige en un ‘irse escribiendo’ el trabajo de extender la vereda –los límites del lenguaje- con un cuerpo de carne y hueso y del deseo de "decir": "Estiro la vereda,/ para llegar./ Tengo algo que decir,/.."

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