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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Fernando González

Collage, Floriano Martins

 

La creatividad, frontera común de la política y el arte
Entrevista a Fernando González

Wilson Javier Cardozo

Finalizaba setiembre cuando nos encontramos, en dos oportunidades, con Fernando González, en su despacho de la Junta Departamental de Montevideo, para dialogar sobre variados temas. A priori era difícil suponer hacia qué tópicos derivaría una conversación con un escritor de literatura infantil que apuesta a la creatividad en una materia tan cotidiana como la política municipal. Esta es una apretada síntesis de aquellas charlas.

Encontrarse con Fernando González promete una versión completamente distorsionada de las posibilidades de ascenso -para los jóvenes- en los ámbitos de dirección política de la izquierda uruguaya, cuyo máximo dirigente es prácticamente un sexagenario. Se incorporó al Partido Socialista, como dirigente departamental, emergiendo desde el ámbito sindical de la Salud Privada, en la década del 80. Se mantuvo en calidad de tal hasta 1999. En la actualidad, ocupa por tercera vez un cargo en el Comité Central, con responsabilidad específica en la Secretaría de Formación. Estuvo como suplente del edil Melgarejo durante la segunda administración frenteamplista de la ciudad de Montevideo. Desde febrero de este año, primero sustituyendo al titular y luego por haber sido electo titular, ocupa el cargo de edil.

En setiembre, acababa de regresar de su primer viaje a Venezuela. A principio de año me presenté a un concurso de poesía para niños, en el estado de Carabobo; en mayo, cinco días antes de las elecciones municipales, me entero que había ganado ese premio. Invertí el dinero del premio en ese viaje, porque me pareció una buena oportunidad para ver un poco más de ese país y conocerlo no sólo desde el punto de vista literario -escritores, editoriales, etc.- sino también en lo que refiere a su actualidad política, algo que a nosotros nos cuesta comprender y que nos tiene bastante intrigados.

Con 38 años, un hijo adolescente, varios premios literarios y casi una decena de libros publicados a partir de 1992, podría ser el ícono de una campaña publicitaria que apueste a detener la emigración permanente de nuestra juventud.

La palabra trabajo parece definirlo. La usa sin reparos tanto para su labor política como para la literaria. Trabajo, permanentemente, desde hace cinco años, en la Comisión de Cultura y, además, presido la actual Comisión de Nomenclatura. La Junta Departamental (nos comenta) tiene trece Comisiones Permanentes y una Comisión Especial (la de Asentamientos) que se creó para todo el período. Nosotros, por formar parte de la bancada de ediles más numerosa, integramos menos Comisiones. Por otra parte, te cuento que el sistema de trabajo en la Junta Departamental procura que los suplentes trabajen. Así, todos nuestros suplentes trabajan, cuando menos en una Comisión. Yo, por ejemplo, figuro en cinco Comisiones, pero ocupo dos en forma permanente y tres de mis suplentes integran las demás.

Tu caso es un tanto especial, porque además de integrar la Comisión de Cultura, eres trabajador de la cultura.

Sí, trato de trabajar en cultura. Escribir, escribo desde siempre. Sucede que durante mucho tiempo no me animé a mostrar lo que escribía, hasta que -en 1992- a raíz de un concurso organizado por una revista del gremio de la Salud, un cuento breve con el que participé obtuvo el segundo premio. Me estimuló tanto que me presenté a los concursos de la Intendencia, en la categoría de literatura infantil, y recibí otro segundo premio. Demás está decir que, en ese momento, no era edil (se ríe) y que -por supuesto- a partir de mi ingreso a la Junta Departamental, como representante, no participé más en los concursos de la Intendencia. Este segundo premio fue verdaderamente importante para mí, porque el primero lo ganó Julián Murguía y, el tercero, nada menos que Obaldía. Ellos eran los escritores que yo leía cuando niño. Desde entonces, siempre dentro de la literatura infantil, he publicado a un promedio de un libro por año. Dos fueron ediciones de autor, los otros estuvieron en manos de diferentes editoriales de plaza. Intento atender lo mejor que puedo todas las cosas que hago: el trabajo con el que me gano la vida (en la Salud privada), el trabajo de militancia política, que hoy me tiene en la responsabilidad de edil y, lo que siento como mi profesión, que es escribir. Escribir e ilustrar, porque también me encargo de las ilustraciones de mis libros. Dejando de lado el trabajo en la Salud, que es lo que me sostiene económicamente, las otras dos tareas -aunque puedan verse como muy disímiles- las vivo como complementarias. Porque, tanto una como otra, exigen que uno sea muy creativo. No se puede encarar la política sin creatividad. Como tampoco se puede producir literatura sin ella. Cualquiera de esas actividades exige una cuota importante de creatividad. Sobre todo la política. Sin creatividad, la política se ve condenada a cumplir un papel diferente al que debe asignarle una fuerza de izquierda, que debe plantearse la renovación permanente. La política de izquierda debe ser continuamente renovadora; de lo contrario, pierde su razón de ser. No puede anquilosarse, dejaría de ser tal. Y, en el plano de la cultura, es evidente que la cultura siempre debe ser anticultura, encararse como oposición a lo establecido. Lo establecido es la tendencia más fácil; uno empieza escribir y a ser publicado y tiende a caer dentro de los estándares. La idea es tratar de zafar, estar probándose permanentemente a uno mismo. La cultura siempre debe estar en contra, aunque a veces no sepa el por qué; como razón de ser. Aplicado a la política, diría que (incluso siendo parte de un gobierno de izquierda) nosotros debemos tener una vision crítica con respecto a nuestras propias obras. Por eso, entiendo que ambas actividades -con sus particularidades: una, más individual, la creación literaria; otra, más colectiva, la política- tienen una frontera común, la creatividad.

Un compromiso histórico de la izquierda -para consigo misma- es el de ampliar las fronteras de la democracia, apenas accediera a algunas cuotas de poder. Hace más de diez años que tiene el control administrativo de la Intendencia y, en verdad, en cosas concretas, esa ampliación de la democracia parece no haber encontrado formas prácticas de evidenciarse, de que socialmente se comprenda que se ampliaron las posibilidades tanto de discutir los temas que se resuelven como de incidir en la resolución política de los mismos.

Creo que todo el sistema descentralizado, de alguna manera, llega solamente a un pequeño sector de la población. No las ventajas del sistema descentralizado, sino la concepción de que uno (cualquier vecino) puede ser parte de las decisiones de la Intendencia. Hemos llegado a un número importante de personas, te diría varias decenas de miles que están involucrados en eso, pero no es suficiente. Nosotros no estamos conformes. Creemos que la descentralización, esa capacidad y esa visualización de cada uno tomando parte de las decisiones, debería llegar al porcentaje más elevado posible. Todo integrante de la sociedad debería sentirse parte de ella, en el plano de las decisiones. Observado desde ese punto de vista, estamos lejos aún. Claro, diez años es mucho tiempo, pero es poco en una transformación de la mentalidad de la gente. Estamos pasando de un Estado en el que se resolvían todas las cosas desde arriba y la gente (cada cinco años) podía tratar de incidir en quien tomaba las decisiones a una visión que convierte en cotidiana la toma de decisiones. Esto acarrea dos problemas: todos debemos cambiar nuestra mentalidad, los vecinos y los gobernantes; la otra, la carencia de experiencia previa en este tema, quienes gobernamos tenemos que hacerla sobre la marcha. Y hemos cometido errores. Y hemos tratado de solucionarlos. Pero, desde ese punto de vista, nos falta mucho. Esto es muy saludable, porque una característica de una fuerza que se diga realmente de izquierda, progresista, comprometida con los cambios, es el inconformismo, incluso con sus propias acciones. Desde otro punto de vista, si lo miramos en comparación con lo que hay en el país, tenemos dos ejemplos: los debates del presupuesto nacional y del presupuesto municipal. Allí la diferencia es notoria. El presupuesto nacional se discute entre cuatro paredes, el gobierno nacional procura que no se socialice la discusión, excluyendo a la gente para que no se entere de las barbaridades reales que están involucradas en este presupuesto, del fiscalazo atroz disfrazado a través de una serie de cláusulas, del aumento de la carga impositiva. Contrastando con esa actitud, el gobierno municipal discute (entre decenas de miles -es verdad- pero llega a decenas de miles). Ahora estamos ante un nuevo período de gobierno, ante nuevos desafíos, ante una situación que por primera vez se nos presenta desde que somos gobierno, que es una situación donde hay un déficit importante, que no se ha generado en pagar deuda externa ni se ha ido a los bolsillos de corruptos ni nada por el estilo, generado -en buena medida- porque se han hecho obras, tapado agujeros que el Estado deja en políticas sociales. Además, desde el bolsillo de los montevideanos, el gobierno nacional ha sacado dineros para cubrir, precisamente, deuda externa y demás. El tema de que Montevideo sigue excluído como gobierno y pagando cosas que a ningún otro gobierno departamental se le cobra y sin apoyo de ningún tipo sigue tan vigente como hace diez años. Es más, hay promesas del Presidente Jorge Batlle de incluir en el mensaje presupuestal alguna cláusula para bajar los aportes de la Intendencia al BPS y eso no aparece hasta ahora. Y sabemos que lo que se vota es lo que está escrito; las intenciones no están a consideración. Así, en los hechos, se sigue condenando a Montevideo, que no al gobierno frenteamplista. Porque es comprensible que el Partido Colorado, a la fuerza política que le está disputando el gobierno nacional, intente coartarle al máximo sus posibilidades. Pero, aquí se condena a los montevideanos de todos los sectores. Todos deben pagar por igual y subsidiar al gobierno nacional cuando, en todo el mundo, es exactamente al revés. Uno sale y habla con gente vinculada a los gobiernos departamentales de las capitales, en el Mer.Co.Sur mismo, y todas tienen subsidio del gobierno nacional. Porque se entiende que el peso que tiene la capital del país necesita aportes, más si es cierto que queremos convertir a Montevideo en la capital del Mer.Co.Sur. ¿Cómo vamos a lograrlo si no sólo no le aportamos dineros del resto del país sino que, además, se los quitamos? Un déficit, entonces, importante pero manejable, que tiene su justificación y de la que no hay que avergonzarse. También esto lo vamos a administrar con la gente, porque desde el 27 de este mes el Intendente de Montevideo y todo su equipo comenzaron a recorrer los barrios de Montevideo para hablar del presupuesto y del plan quinquenal con los vecinos. Si bien hay muchísimo en cuanto a democratizar lo que es la política, creo que hemos avanzado con respecto a lo que fueron prácticamente cien años de tradición de hacer política, un estilo político, empezando a darle la posibilidad de resolver a la gente. Pero, sin dudas estamos lejos de lo que pretendemos, que es involucrar a un porcentaje altísimo de la sociedad en esa toma de decisiones. Lo bueno es que sabemos que hemos avanzado, pero admitimos que nos falta mucho.

Decías que el dinero no se ha dilapidado en acciones corruptas, en sostener actos corruptos. El Frente Amplio -y el Partido Socialista, más que nada- logró dar un mensaje bastante claro (en el primer gobierno de izquierda de Montevideo) de que la ética era uno de los pilares del accionar político del gobierno montevideano. Eso, ¿sigue siendo así? Si mañana nos percatamos de que alguno (o algunos) de los ediles de la izquierda, sean o no del Partido Socialista, han cometido dolo, ¿está previsto que sean sancionados?

No sólo está previsto sino que, ante la duda, se ha actuado siempre.

Esto fue evidente en el primer gobierno, quedó claro como mensaje. Después, en el siguiente período, parece que todo funcionaba perfecto... Y uno tiene la sospecha que donde sucede un acto corrupto sólo estamos accediendo a la punta de un iceberg.

Este tema siempre debe encontrarnos alertas, porque en definitiva ninguna fuerza política está libre de caer en este tipo de cosas. Lo que diferencia a una fuerza política de otra es si tiene mecanismos para corregirlo y para expulsar de su seno a quienes incurran en actitudes de este tipo. El Frente Amplio tiene mecanismos disciplinarios y ámbitos donde se controlan este tipo de denuncias u otro tipo de conductas que pudieran haber y que, en distintos momentos, han actuado. De hecho, te diría que es verdad que durante el gobierno de Tabaré se fue muy claro, pero también en el período pasado, con Mariano conduciendo la Intendencia, cuando ha habido dudas en alguna cuestión relacionada con la administración de los dineros de la gente, se ha pasado todo a la Justicia y ella ha sido la que, en definitiva, ha resuelto. Y, hasta el momento, ningún jerarca municipal ha sido condenado por la Justicia. Es más, te diría que ha actuado con más severidad la fuerza política, preceptivamente, antes que la Justicia se expidiera, que la Justicia misma que no ha corroborado ninguna de las denuncias hechas principalmente por la oposición. Lo que me parece claro es que nadie está libre. Lo que tiene que haber, pues, son mecanismos claros para corregirlo.

El PS, ¿está trabajando sobre mecanismos de apertura, de profundización de la democracia? Pienso en cosas concretas, es bien claro que una forma de evitar que haya quienes se perpetúen en la Secretaría General de un Partido, es establecer que no pueda ser reelecto en sus Estatutos, o que no pueda ser reelecto por más de dos períodos seguidos. Ese tipo de cosas. ¿Se está trabajando sobre mecanismos concretos que habiliten a una apertura real?

Comencemos por esto último, porque me parece importante. Creo que los estatutos ordenan la vida de los partidos, pero no aseguran la democracia. Y que, además, ese tipo de cláusulas, evitando la reelección de tal o cual compañero para este o aquel cargo no aseguran tampoco la democracia. Entiendo que lo que debe existir es una autorregulación, más allá de los estatutos, en la vida interna de los partidos políticos, que permita no caer en este tipo de situaciones que podrían catalogarse de no democráticas. La propia vida del partido político, en particular del PS, ha ido marcando cuáles son los momentos. Ahora (no podemos obviarlo) estamos procesando un cambio importante, el cambio de la Secretaría General del Partido. Y lo más importante de este cambio es cómo se está procesando. Hace pocos años no era comprensible ni visualizable que un partido de izquierda, siendo el más importante, pudiera cambiar la Secretaría General sin rispideces, sin quiebres, sin conflictos internos. Están, por otra parte, historias cercanas para cotejar. Nosotros lo estamos procesando bien. Pero no es un tema de democracia sí o no. Es un proceso que pasa por asegurar canales de información correctos, por abrir espacios de participación a nuevas formas de militancia, que no sean sólo las tradicionales, sin negarlas porque es claro que sin el militante difícilmente se puedan producir los cambios. Debemos reconocer que hay más de una forma de militar, abrir un amplio espectro de posibilidades para que, compañeros que tienen la capacidad de aporte o de distinta forma de hacerlo, se sientan (y efectivamente estén) decidiendo en la vida interna del Partido. Que quizás es lo más difícil. Considero que, en consonancia absoluta con lo planteado por Tabaré Vázquez, no sólo en el plano de la democracia interna, sino en el plano de la elaboración ideológica, está comenzando un proceso interesantísimo, porque es cierto que la izquierda uruguaya, complicada con otras urgencias, ha tenido un atraso en lo que es la elaboración ideológica. Creemos que estamos obligados a realizar un aporte sustantivo, en estos planos, para la izquierda como tal. Esta discusión debe ser permanente en los partidos; no se arregla con estatutos, con cláusulas especiales que, en algún momento, en alguna situación, destraben tal o cual cosa. En ocasiones, la información tiende a concentrarse en algunos ámbitos de los partidos, no a correr libremente. Quizás nos ayude a comprender mejor estos fenómenos el hecho de que la información actualmente está más estudiada y tenida en cuenta que antes, con sus pro y sus contras. Hoy día se ha dado incluso un desequilibrio entre la información y la formación (que deben complementarse) privilegiando a la información en desmedro de la formación. Pero de nada sirve a la vida de los partidos estar informados si no se sabe decodificar los mensajes. La forma de transmitir los mensajes ha cambiado brutalmente en los últimos veinte años. Y estoy convencido que este es el atraso más grande que tiene la izquierda: no ha formado a sus militantes para la decodificación de esos mensajes, entonces los medios abruman con la información y a veces nos cuesta saber qué es lo sustancial y qué lo accesorio. Nosotros, desde la Secretaría de Formación, estamos intentando encarar este tema. Aparte de hacer correr la información con fluidez y reforzar los mecanismos democráticos, hay que darles elementos a los compañeros para que entiendan lo que están recibiendo a través de los medios, para que puedan decodificarlo. Creo que la izquierda no ha abordado este tema en el Uruguay, más allá de que haya prestigiosos pensadores (caso de Noam Chomsky, por ejemplo) que, a nivel internacional, lo hayan hecho.

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