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LA CÁRCEL DEL SILENCIO, DE SEBASTIÁN RIVERO

Alfredo Fressia

Este libro de Sebastián Rivero (Colonia, 1978) presenta dos poemarios, a saber, “La cárcel del silencio” y “La viajera (epopeya lírica)”, que apuntan sin embargo a una especie de secreto elegíaco en común. La primera parte aborda el tema de la palabra, esa preocupación fundadora de los poetas, que aquí no se convierte, como ocurre a veces, en mero amaneramiento conceptual. Rivero toma de los simbolistas la idea del “laberinto” textual y la “galería de espejos” donde le hombre crea y es creado por la palabra, y elige “lo oculto, lo entrevisto”, “lo obvio, no”.

Esa podría ser la consigna general de la poesía de Rivero: la negación de “lo obvio” y la construcción de un tenso tejido lírico alrededor del secreto. Porque aquí hay siempre un relato implícito, pero que es sistemáticamente escamoteado al lector, como si toda revelación condujera a la prosa. La obra de Heredoto, la heroicidad de Ayax, el laberinto, he ahí algunos de los lugares frecuentados por el discurso, siempre evasivo, pero también sugestivo, de la primera parte. El poema que incluye a Herodoto figura entre los mejores de la serie, y no es casual la presencia del historiador en esta reflexión sobre la palabra en el caos del mundo: “cesa la guerra cerca del Nilo,/ para que cruce su barca./ los soldados al presentir/ el polvo/ tienden sus lanzas/ al contador de historias.” (p. 13).

El poeta Rivero, que además es justamente profesor de Historia, prefiere el juego de alusiones y elusiones a la narración, tanto en la historia personal (explícitamente silenciada en esta poesía lírica donde el yo elige el sobreentendido) como en la Historia a secas. Porque, en efecto, la segunda parte del libro comparece como una “Epopeya lírica”, es decir un relato (la fundación de Colonia del Sacramento en 1680 por Manuel Lobo, gobernador de Río de Janeiro, bajo el príncipe regente de Portugal, Don Pedro), pero menos como informe obediente a las leyes narrativas de la Historia y más como su contracara lírica. Sin duda, quedan sobreentendidos el relato de una fundación, un sitio, las fiebres del fundador, su sustitución por Manuel Galvão, la destrucción de la ciudad y el monólogo, interior, femenino de Joana, que recupera el recuerdo. Son elementos implícitos como materia histórica, pero trabajados como materia lírica de una gran frescura.

Rivero trata la página como la tela de un cuadro, donde los versos no se “acumulan” meramente sino que con frecuencia se disponen tipográficamente como para hacer respirar al texto, esa “palabra” que aquí es objeto de reflexión. El poemario puede mezclar la disposición del lenguaje directamente en prosa, el poema octosilábico, propicio a la “épica”, o el verso blanco y libre, como este comienzo del “diálogo del Río y Buenos Aires”: “el sol// era un ojo verde// su grito era plegaria// herida por estrellas// hundiéndose en el mar// en piedra su grito convirtió// el anuncio de la noche// en la noche sigilosos// desembarcaron/ nuevos ladrones/ ¿no alcanza con la muerte?” (p. 30).

Sebastián Rivero Scirgalea es profesor y periodista. Publica artículos de historia y comentarios de arte y literatura en las revistas “Estampas Colonienses”, “González” y “Vértice”. En 1998 fue cofundador de la publicación de cultura regional “Revista U”. Artículos suyos han aparecido en medios de prensa de Uruguay y del exterior. Publicó los libros: Antología (sintética) de la poesía coloniense del siglo XVIII a la actualidad, 2002, y Cuerpo y sombra de la voz, poesía, 2003. La cárcel del silencio (Artefato. Montevideo, 2005. 47 págs.) está dedicado a la memoria del profesor Humberto Benítez Casco. 

 

 

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