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LEOPOLDO MARIA PANERO: ARQUEOLOGÍA DE UNA PESADILLA
Stella Alvarado
Catalogado
en muchas oportunidades como enfant terrible o,
simplemente, loco, Leopoldo María Panero (Madrid, 1948) es autor
de la obra poética más radical y singular de la poesía española
de los últimos tiempos.
Hijo del poeta Leopoldo Panero y hermano de José Moisés “Michi”,
músico, y de Juan Luis, también poeta, mostró desde muy pequeño
su interés por la poesía. A los dieciséis años, fascinado por la
izquierda radical, ingresó al entonces prohibido Partido
Comunista, cuya militancia le valió su primera estancia en
prisión.
Inició su carrera como poeta de la mano del poeta catalán Pere
Gimferrer, autor de una importante obra y considerado uno de los
poetas más importantes de España.
Incluidos ambos con posterioridad en la hoy legendaria antología
de José María Castellet
"Nueve
novísimos poetas españoles", lo que para
Gimferrer era sorpresa, fascinación ante la belleza, para Panero
era desesperación ante la irremediable pérdida de la infancia.
Leopoldo María sigue siendo el único -el último- tabú de su
generación, un autor condenado a la marginalidad y al escándalo,
recluido voluntariamente en la actualidad en el sanatorio
psiquiátrico insular de Las Palmas, Canarias, (anteriormente en
Mondragón)
donde mantiene vivo su interés por la literatura.
El poema más temprano de Panero -que aquí reproducimos- fue
recogido por su madre, Felicidad Blanc, el 4 de diciembre de
1952. Leopoldo María contaba cuatro años y medio de edad.
Las estrellas
el mar
una voz honda
una voz clara.
Todo había amanecido
los trenes, las casas
una cabeza misteriosa
la mano misteriosa
que aparecía
por todos los jardines.
Por todas partes apareció
eso misterioso.
Entonces dije yo
es mi padre
dejadme y la gente pasaba
y los borrachos pasaban
yo me hallaba en la tumba
echado con las piedras,
yo decía
sacadme de la tumba pero
allí me dejaron con los habitantes
de las cosas destruidas
que no eran ya más que
cuatro mil esqueletos.
Y mi corazón temblaba
pero era un sueño
que mi corazón soñaba
y fueron muriendo muchos soldados
de la guardia del Rey
pero mi corazón estaba temblando.
Bataille dividió a la sociedad en dos clases que siguen dos
regimenes opuestos: el régimen de apropiación (el burgués, el
intelectual, el erudito, que continuamente se apropian de lo
muerto: ya sea éste la cosa muerta que para Marx era el
dinero, ya sea el cadáver de un escritor: el nombre del autor,
su biografía y su bibliografía) y el régimen de excreción: el
proletariado, el esquizofrénico que el capitalismo produce como
residuo o excremento; el niño, ese otro esclavo del hombre, al
que el hombre castiga por jugar con sus excrementos…..
En mis manos acojo los excrementos
formando con ellos poemas
cerca estoy ya de donde sopla el viento
Mi ano es todo lo profundo
solo construye un mundo
un niño baila en el dibujo
como la rosa de lo inmundo.
LMP rinde su homenaje a la sustancia de la escritura poética,
ocupando una posición parcialmente similar a la de Artaud. (“los
locos y las putas, son la cloaca de la sociedad”) y no
vacila al afirmar que “el hombre es solo el cadáver de un
niño”.
LMP es la trasgresión absoluta de todos los códigos.
En su praxis literaria reivindica la estética de lo impuro, no
solo como una excelsa elevación del alma, sino también como la
más baja de las necesidades humanas. Sus recursos poéticos son
un tratado de perversiones e impurezas humanas, donde
la trasgresión temática, formal y técnica resulta, no solo una
inversión de los modos literarios habituales, sino
en una experiencia tensa de la crueldad que nos aproxima a las
zonas del asco: al feroz espectáculo de la descomposición
social.
Necrofilia
El acto del amor es lo más parecido
a un asesinato.
En la cama, en su terror gozoso, se trata de borrar
el alma del que está,
hombre o mujer,
debajo.
Por eso no miramos.
Eyacular es ensuciar el cuerpo
y penetrar es humillar con la
verga la
erección de otro yo.
Borrar o ser borrados, tanto da, pero
en un instante, irse
dejarlo
una vez más
entre sus labios.
Acerca de su libro El ultimo hombre, dice Panero, “es
una leyenda alquímica representativa de la primera fase de la
obra, también llamada nigredo (oscurecimiento) o Putrefactio. De
alguna manera la obra poética es semejante a la empresa
alquímica: una destilación del espíritu”.
Leopoldo María Panero, poeta
condenado a permanecer en la oscuridad del autoexilio, lúcido en
medio de la vorágine humana, de la confusión emocional, de la
desesperación y del horror, construye un espacio propio, el de
la escritura contra las estructuras del drama burgués, el
cuestionamiento de la familia como espacio de sociabilidad.
Escritura que es reflejo del caos, de la salvaje farsa, del
desgarrador circuito vital de una sociedad alienada, que solo la
justicia poética de Panero, con mirada impiadosa, es capaz de
conjurar.
El loco
He vivido entre los arrabales, pareciendo
un mono, he vivido en la alcantarilla
transportando las heces,
he vivido dos años en el Pueblo de las Moscas
y aprendido a nutrirme de lo que suelto.
Fui una culebra deslizándose
por la ruina del hombre, gritando
aforismos en pie sobre los muertos,
atravesando mares de carne desconocida
con mis logaritmos.
Y sólo pude pensar que de niño me secuestraron para una
alucinante batalla
y que mis padres me sedujeron para
ejecutar el sacrilegio, entre ancianos y muertos.
He enseñado a moverse a las larvas
sobre los cuerpos, y a las mujeres a oír
cómo cantan los árboles al crepúsculo, y lloran.
Y los hombres manchaban mi cara con cieno, al hablar,
y decían con los ojos «fuera de la vida», o bien «no hay nada
que pueda
ser menos todavía que tu alma», o bien «cómo te llamas»
y «qué oscuro es tu nombre».
He vivido los blancos de la vida,
sus equivocaciones, sus olvidos, su
torpeza incesante y recuerdo su
misterio brutal, y el tentáculo
suyo acariciarme el vientre y las nalgas y los pies
frenéticos de huida.
He vivido su tentación, y he vivido el pecado
del que nadie cabe nunca nos absuelva.
Relata Joaquín Ruano Céspedes: “estamos en una mañana de
invierno de 1982 ante la puerta del Hospital Psiquiátrico
Nacional de Santa Isabel, en Leganés, Madrid; allí había
ingresado el poeta español Leopoldo María Panero el 14 de
0ctubre del año anterior. (….) su madre, Felicidad Blanc, lo
espera sentada en el asiento trasero de un taxi situado frente a
las puertas del manicomio. El poeta sube al automóvil; este
arranca y se dirige con sus viajeros en dirección a la Puerta
del Sol, donde LMP. va a participar en las “conversaciones sobre
Poesía Joven” que han sido organizadas por y en el Ateneo de la
capital española (….) Panero comienza a recitar poemas, todos
aún inéditos. Uno de ellos está dedicado a su madre: se trata de
cuarenta y seis versos alejandrinos blancos que van
articulándose en la narración de una agresiva y brutal pulsión
de odio, una pulsión donde sexo, tortura y muerte danzan de la
mano. Se desarrolla el poema, y éste se va creando por el efecto
de un ritmo, un ritmo que marca un crescendo sexual imparable,
un ritmo creado a fuerza de un estribillo, una cantinela, que le
sirve de esqueleto, de sostén al texto. ….el poema se titula
Proyecto de un beso……
Proyecto de un beso
Te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra
te mataré mañana poco antes del alba
cuando estés en el lecho, perdida entre los sueños
y será como cópula o semen en los labios
como beso o abrazo, o como acción de gracias
te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra
y en el pico me traiga la orden de tu muerte
que será como beso o como acción de gracias
o como una oración porque el día no salga
te mataré mañana cuando la luna salga
y ladre el tercer perro en la hora novena
en el décimo árbol sin hojas ya ni savia
que nadie sabe ya por qué está en pie en la tierra
te mataré mañana cuando caiga la hoja
decimotercera al suelo de miseria
y serás tú una hoja o algún tordo pálido
que vuelve en el secreto remoto de la tarde
te mataré mañana, y pedirás perdón
por esa carne obscena, por ese sexo oscuro
que va a tener por falo el brillo de este hierro
que va a tener por beso el sepulcro, el olvido
te mataré mañana cuando la luna salga
y verás cómo eres de bella cuando muerta
toda llena de flores, y los brazos cruzados
y los labios cerrados como cuando rezabas
o cuando me implorabas otra vez la palabra
te mataré mañana cuando la luna salga,
y así desde aquel cielo que dicen las leyendas
pedirás ya mañana por mí y mi salvación
te mataré mañana cuando la luna salga
cuando veas a un ángel armado de una daga
desnudo y en silencio frente a tu cama pálida
te mataré mañana y verás que eyaculas
cuando pase aquel frío por entre tus dos piernas
te mataré mañana cuando la luna salga
te mataré mañana y amaré tu fantasma
y correré a tu tumba las noches en que ardan
de nuevo en ese falo tembloroso que tengo
los ensueños del sexo, los misterios del semen
y será así tu lápida para mí el primer lecho
para soñar con dioses, y árboles, y madres
para jugar también con los dados de noche
te mataré mañana cuando la luna salga
y el primer somormujo me diga su palabra.
(….) Aún resuenan los últimos versos, las últimas palabras, los
últimos sonidos de Proyecto de un beso. Las caras del público se
yerguen inexpresivas como rostros de cera en la penumbra. Por un
instante, sólo y nada menos que por un instante se ha rozado la
imposibilidad y 0rfeo ha vislumbrado en el umbral del Hades el
rostro de su Eurídice. La trasgresión, el oscuro ritmo del
ritornello, se ha realizado, consumado, mediante una cadena
de explosiones, un infierno cada vez mayor que el anterior. Los
valores sociales, morales, se han tambaleado durante el tiempo
en que los oyentes han devenido poema. (….) La imposibilidad se
ha hecho posible, lo indecible ha sido dicho. Tras la
trasgresión, tras el poema, el silencio…..”
Años más tarde, durante el entierro de
Felicidad Blanc, en el velatorio,
Leopoldo
María se acercó al cadáver de su madre y le dio
un beso en la boca, con la razón de que
“quiero conseguir que se
despierte, como
Cenicienta“.
Panero es el arquetipo de un malditismo cultivado tanto
como repudiado, pero ese malditismo no le ha impedido ser
el primer miembro de su generación en incorporarse a la nómina
de clásicos de la editorial Cátedra, contar con una espléndida
biografía de J. Benito Fernández (El contorno del
abismo, Tusquets,
1999)
e insertarse en la historia literaria, las antologías y los
programas académicos.
Es por ello que sus constantes
reclusiones no le impiden desarrollar una copiosa bibliografía
no sólo como poeta, sino también como traductor, ensayista e
incluso narrador.
Conciente de su de marginalidad, en su poesía vibra la mas
irremediable soledad. La voz del desarraigo. Y el suicidio. El
suicidio como fiesta del reencuentro. Y la locura, que en
LMP. es una fascinación literaria más. La locura como denuncia
de aquello que soslaya la hipocresía social. “temas que el
mundo actual ha maldecido/ bajo el rótulo cruel de la locura”.
“Nadie podría jamás sospechar que conservas esa
belleza demente de la infancia, ese furor contra lo útil de tu
cuerpo,
y esa mudez en los ojos, esa belleza
solo vendible al cielo del
suicidio”
porque “solo ella (la muerte) es sagrada”.
A quienes lo definen como escritor maldito y a su poesía
como autobiográfica, el poeta opone: “que no usen mi torpe
biografía para juzgarme. Es lo que hay. Wilde compuso en su día
una obra de arte. Pero yo no. Ninguna”. Y agrega:
“Todas esas opiniones acerca de mí como maldito me hacen
reír. Yo no escribo poemas como Ginsberg o todos esos.
Mallarmé escribía científicamente.
Yo escribo poemas como Baudelaire, muy cuidadosos y muy técnicos
basados en la autonomía de la poesía con la vida. El tema del
malditismo no me interesa. Malditismo: no soy nada de eso. Lo
del mito ha sido desastroso no estoy para nada de acuerdo con
ese encasillamiento de poeta maldito. Lo mío es peor que una
maldición.
Es que como expresara Gian Luca Picconi, “para Panero la
poesía no es un contenedor que contenga la autobiografía, sino
que la poesía es la autobiografía, en la medida en que se
propone como sustituto de la “vida invivible”, o de la no-vida.
La poesía sustituye a la vida que no se quiere o no se puede
vivir. La literatura es la ciencia de la realidad
devenida insoportable”.
El guión de la película-documental El desencanto,
dirigida por Jaime Chávarri en
1976, ha ofrecido diversas
intervenciones del poeta. Es perturbadora la puesta de relieve
del factor transformador y revolucionario de Panero y su
cuestionamiento hacia todos los órdenes establecidos por la
sociedad. “Dado que el lenguaje no existe, debe
servirse como….,debe instalarse como una religión, ¿no?, y, por
tanto, necesita de una casta sacerdotal, que son los
intelectuales, que sacrifique su vida al comercio con este
lenguaje. Y de ahí que detesten la vida y que me detesten a mí
mismo, que la represento por excelencia. La vida….Me refiero a
la vida invivible”.
“Opongo vida y literatura: Creo que el vacío del que nace la
literatura no es existencial, no es una carencia de algo. Es una
carencia de todo. (….) Creo que en la literatura hay una
negatividad creadora, una negatividad de la existencia. (….) La
literatura de alguna manera contradice a la existencia. No es
que se ubique lejos de ella. Se ubica en su mismo lugar, pero
contradiciéndola.
“El verdadero poema no es fiel a otra realidad lingüística que
la rotura del lenguaje por la metáfora y la metonimia, la
sinécdoque, la aliteración y la rima. La poesía es una
destrucción del lenguaje, una negación de la gramática”.
(*) (Por muchas razones,
“El desencanto” se ha convertido en uno de los
clásicos del cine español, un film que marcó una época de
incertidumbre y esperanza en la que nadie sabía que iba a
ocurrir a ciencia cierta en el futuro).
De sus años jóvenes
datan sus primeras experiencias con las drogas. Desde el alcohol
hasta la heroína, a la que dedicaría una impresionante colección
de poemas en 1992, ninguna le es ajena. Según comenta él mismo
en la película El desencanto, fue uno de los primeros
consumidores de ácido lisérgico que hubo en Madrid. No obstante,
se engañan quienes piensan que sus viajes a los paraísos
artificiales son los que le llevaron al manicomio. El
resquebrajamiento de un paraíso tan verdadero como la infancia
y, sobre todo, la observación del sistema social deshumanizado,
Panero se refiere una vez más a la locura como el lugar del
misterio y la exclusión, el lugar en el que el ser humano tiende
a esconder todo lo que de sí mismo desea ocultar a la mirada
pública, un lugar, por otra parte, en el que surge una voz
apenas perceptible: “porque es preciso pegar el oído muy
suavemente para conocer el secreto y la voz de la locura”.
El
loco al que llaman rey
Bufón soy y mimo al hombre en esta escalera cerrada
con peces muertos en sus peldaños
y una sirena ahogada en mi mano que enseño
mudo a los viandantes pidiendo
como el poeta limosna
mano de la asfixia que acaricia tu mano
en el umbral que me une al hombre
que pasa a la distancia de un corcel
y cándido sella el pacto
sin saber que naufraga en la página virgen
en el vértice de la línea, en la nada
cruel de la rosa demacrada donde
no estoy yo ni está el hombre.
Ah, belleza del miedo
que en vano invoca al silencio,
y escribo el poema
como un viejo que acariciase a una mujer.
Ah la verdad obscena del poema
ingenuo sapo que vas a morir en el poema
verdad del asco y verdad de la vida.
yo que todo lo prostituí, aún puedo
prostituir mi muerte y hacer
de mi cadáver el último poema.
Primer amor
Esta sonrisa que me llega como el poniente
que se aplasta contra mi carne que hasta entonces sentía
sólo calor o frío
esta música quemada o mariposa débil como el aire que
quisiera tan sólo un alfiler para evitar su caída
ahora
cuando el reloj avanza sin horizonte o luna sin viento sin
bandera
esta tristeza o frío
no llames a mi puerta deja que el viento se lleve tus
labios
este cadáver que todavía guarda el calor de nuestros
besos
dejadme contemplar el mundo en una lágrima
Ven despacio hacia mí luna de dientes caídos
Dejadme entrar en la cueva submarina
atrás quedan las formas que se suceden sin dejar huella
todo lo que pasa y se deshace dejando tan sólo un humo
blanco
atrás quedan los sueños que hoy son sólo hielo o piedra
agua dulce como un beso desde el otro lado del horizonte
Pájaros pálidos en jaulas de oro.
Panero dixit
“Poco o nada de mi
experiencia te interesa: quieres saber tan sólo de esa ficción
que se creó por intermedio de otro, esa entidad, llamada "autor"
que te sirve para digerirme, esa imaginación pobre que ahora
devoran unos perros. Digamos que ese golem nació hace unos años,
con motivo de una ficción más amplia aún y más burda, que
llamóse "generación", ficción esta última a la que dio pie José
María Castellet con su antología de presuntos infames, llamada
novísimos.
“Nada mejor que no ser oído. Nada mejor
que, en esa exhibición, no ser visto. Que esa
persona
que de sí misma reniega, que este texto para celebrar su muerte
establezco, que todo esto te ahorque por fin a un lugar que no
existe”.
(…)
“Los libros caían sobre mi máscara (y donde había un rictus de
viejo moribundo), y las palabras me azotaban y un remolino de
gente gritaba contra los libros, así que los eché todos a la
hoguera para que el fuego deshiciera las palabras...
“Y salió un humo azul diciendo adiós a los libros y a mi mano
que escribe: "Rumpete libros, en rumpant anima vestra": que
ardan, pues, los libros en los jardines y en los albañales y que
se quemen mis versos sin salir de mis labios: el único emperador
es el emperador del helado, con su sonrisa tosca, que imita a la
naturaleza y su olor a queso podrido y vinagre. Sus labios no
hablan y ante esa mudez de asombro, caigo estático de rodillas,
ante el cadáver de la poesía”.
Decía Dostoievski: Lo horrible de la belleza es que no
solamente es aterradora, sino también misteriosa.
Creo que esta expresión puede aplicarse con total justicia a la
obra de LMP.
Indudablemente, la poesía en Panero es ese lugar donde
tinieblas y realidad dejan de combatirse. |