poemas
MUERTE LITERARIA
Yo
no existo en la página. La muerte es una mirada en blanco
las
líneas recorren de polvo los dedos que leen / avanzan / despliegan /
intuyen
mientras muere el día
la
tinta que mancha la página no es sangre ni recado / osa
pensamientos en la posible existencia / la negada / la oculta en el
folio
y
discute de voces no pronunciadas un acento que el escriba somete
mi
cuerpo inexistente en la tinta que evapora
desde mi cuerpo
ese
hombre dista de noches y soplos en el recodo
en
la esquina el hombre es una página detenida / la pausa
entre libros extranjeros mi lenguaje
el
dedo que no asoma / su sombra de muerte bajo la uña / el portal
su
falange es el detenimiento blanco / la debilidad errada / el índice
único
el
libro que se cierra y se empequeñece
la
línea que se tuerce en párrafo y el fonema que se deshace en
murmullo
el
ojo que renuncia a ver
y
un párpado que se despliega noche.
Yo
no existo en el contorno. Las voces emergen sólitas del posible
viento
en
medio las líneas se agolpan
y
crecen / y murmuran / y esconden códigos alternos
sospechan de mí en su confabulación
narran las historias que me saben
y
me cercan
solapa y pesada desnudez / texto en medio / órganos
de
un cuerpo legado para mayores épicas / historia de los otros que
visitan mi delirio
sugieren de mi caos permanencia
y
vuelo literario en la carne sometida.
En
el contorno mi piel es extranjera / en las páginas alineadas
yo
no existo en el folio ni en el número
las
hojas avanzan sin la presencia de mis ojos o el recorrido de mi
mente
la
entrelínea que mi gesto observa
es
el poniente de una larga experiencia de pasos y prudencia / titubeo
en
la lengua que la página codifica al describirme
no
existo / en el contorno la huella es hueca / carece de imagen esta
muerte súbita
en
la página he muerto de vacío / de prosodia y de silencio
de
palabras mudas y de gritos en blanco
detrás de mis cuencas se percibe el destino / el libro muere
las
palabras huyen / el avance y las imágenes fluyen / el rostro se ve
en el endecasílabo
y
su cesura es el quiebre del unísono final.
No
existo en las márgenes
Más
allá del contorno mi existencia es fábula
y
dentro / el hemistiquio de cada voz que dialoga / ningún non de
página cerrada / fábula
de
estridencia mínima / ningún par de mí
en
el pequeño límite de sílaba o sonido
la
cadencia del texto es una existencia aparte
en
este paraíso nadie declina ni persuade / el espacio es el que ve
las
miradas recorren desde dentro una blanca cinta de posibilidades
el
libro devora entre sus páginas / separador
y
la distancia de lo narrado / y el escrutinio del verso sutil
y
mi huella humana es su desastre
el
libro voltea sus ojos y mueve sus manos / la página
me
reclama páginas de piel en la carne olvidada / el libro
ve
en mí su extraña oscuridad y su desorden imposible / mira
de
dos en dos el avance de mis retruécanos / se contrae ante mi asco de
pausas
melodías y metalepsias
no
hay distancia suficiente entre su reflejo y el mío / ambos
dependemos tanto de la letra
y
nuestro punto y coma es parte de mi historia de borrones / de
sílabas y sinécdoques
crecen mis huesos desde el suelo / la única página corregida
interpreta el pálpito de nuestra voz y la sombra
es
menos densa en su lectura que en la mía.
El
libro detenido es equivalente al hombre que mira / inexistente
en
la siguiente página
o
su borde blanco
El
libro no duda en arrancar mis páginas y desordenarlas a buen
criterio
en
el torbellino de mis partes libres
no
hay un solo ser que soporte la existencia literaria sin la muerte
y
la vida / produce / mientras se muere / distintas formas de lectura
en la piel
los
números de su folio han desaparecido de sus palmas
el
hombre inexistente no se lee en hojas libres / desparramadas de su
duermevela
o
en su vigilia de pasos de sonámbulo
el
hombre que existente lee / es leído por nosotros
el
libro
no
permite cerrarse / el hombre muerto
no
es de papel legible / sus páginas arrojan avance y retroceso / duda
el
libro miente al aire su lectura de hojas sueltas
siempre equívoco y dedo firme para dudar
el
libro / el libro / el cuerpo dentro del libro
la
carne traspapelada en los párrafos de una huella vacía
la
voz enmudecida en el espacio donde ambos dejamos el libro a medias
una
voz / esa sola
que
me dicta / en el más largo periodo de la enunciación / páginas
arrugadas
en
el centro más inmóvil de la letra / yo
no
existo en el último grafema
en
el viraje más sutil del punto final
he
dejado de mentar la muerte en capítulos
y
la muerte / en mi cuerpo / ha cerrado con dejadez permanente /
en
el estertor de mi aliento final /
su
última imagen humana.
MUERTE ZOOLÓGICA
La muerte es un animal de huellas largas y blanda estatura.
Huelga en su camino sinuoso abrazos y lamidas sobre la piel
encanecida.
Nace de los huevos humanos / de las brasas del centro del cuerpo
distorsiona así el espacio de su nacimiento en el hueco de su muerte.
La fosa del oculto dios es caverna amable del animal oscuro.
Nido del pájaro ínclito en el ocaso / nudo de gusanos antropomorfos
este ombligo
desde donde la piel de la muerte produce noche y grito
en el espasmo de la hora.
Digeridos así / en el fondo del animal / sus entrañas de pozo
el
vaho liminar del acercamiento de nuestro cuerpo a ser el cuerpo de
otro
aprenderá a gestar alimañas
en
nuestra piel / en el nido írrito de nuestros poros, ahí
destacarán las nuevas profundidades su brillantez nítida
de
muertes que se arrastran, se muerden, se repelen en cuatro
patas
y
colas que entreveran sus aguijones y su pelaje venenoso.
Estamos aún en medio del círculo
y
no podemos gritarle a la noche su nombre. Tú
y
mi resumen personal
estamos en el vértice en el que nuestras dos pieles se entrelazan.
Tú
/ mi animal dormido / mi vitalidad latente
estás logrado para otras peleas humanas / dóciles
y
pueriles;
crecer en la hora de los hombres es romper el círculo y permitir
que
la jauría avance sus colmillos
y
su cola arqueada hacia nuestras existencias precoces.
Y
precoces límites de existencia en la margen del respiro.
Un
colmillo rojo / hundido en la carne dócil y jugosa del hombre
extranjero
es
la muerte intacta / corrompida de naturaleza;
la
sangre succionada vorazmente por el murciélago vampiro
y
su rabia coadyuvante
es
la muerte fluida, repentina como un río en el mar
repetidamente sorpresiva como un delta que fluye / de dos aguas
conocidas
que
abrazan muerte y vida en círculo;
en
derredor, los animales de esa noche discontinua:
el
canino, el ojo pardo, la punta venenosa, la pata agrietando la
tierra,
los
zumbidos adecuados
nosotros estamos en medio
de
la noche de nuestro cuerpo aparentemente diurno
nacen las larvas que la muerte expande sobre los animales
parcialmente reconocidos en el círculo
y
uno a uno retiran
su
canino brioso en la espesura,
su
ojo pardo parpadea y vase;
la
punta de venenos voltea la cola y la pata en garra presiona la
tierra
en
retirada.
Los
animales de lo oscuro saben del palpitar del círculo
la
muerte es zoológica / el círculo de la noche espera
al
pálpito detenido rompen el círculo vital
los
gusanos nacidos del hombre abrazan otro círculo más estrecho /
tan
estrecho como el hombre visto erecto y circular desde las largas
alturas
de
la muerte;
las
larvas producen la estampida súbita del resto zoológico
que
esperaba atento el arribo
del
animal atinado
del
agazapado dentro. |