|
¿Presagió el poeta dominicano
Moreno Jimenes a Hugo Chávez en 1941?
Manuel Mora Serrano
La
literatura en la República Dominicana, especialmente la poesía,
tiene raíces profundas que se hunden en las oscuras parcelas
coloniales cuando el gran dramaturgo Tirso de Molina escribió en
Santo Domingo la Historia de la Orden de la Merced y declaró a
propósito de un concurso poético, donde él ganó varios premios,
que había muchísimos poetas. De esos no hay constancias, pero
aún cuando aquella ciudad fuera llamada Atenas del Nuevo Mundo,
las noticias de sus escritores, salvo excepciones notables,
Manuel de Jesús Galván, el autor de Enriquillo; el gran maestro
de América Pedro Henríquez Ureña, el cuentista y Juan Bosch y el
poeta Manuel del Cabral, poco es lo que se sabe de sus avatares.
No ha sido tradición en R. D. que los poetas hayan sido
considerados profetas o visionarios. Aunque tenemos tradiciones
y creencias que heredamos de los aborígenes y de los antiguos
esclavos africanos como los demás pueblos del continente, hasta
ahora no hay muchos ejemplos, como el que señalaremos, de
vaticinios a largo plazo que por extrañas coincidencias de la
historia se pudieran señalar como visiones proféticas.
Curiosamente, un poeta que lo fue a plenitud, que se convirtió
en primer vanguardista por su deseo y necesidad de lo nuevo y
diferente y a quien nunca se le relacionó con ceremonias ocultas
o fanático del espiritismo, aunque sí del Espíritu y la
Estética, haya escrito en fecha tan lejana como 1941 un poema
que presagia la aparición de Hugo Chávez y precisamente en
Venezuela, señalando casi todo lo ocurrido desde 1999 a 2007,
desde el mes preciso de las elecciones hasta el final
sorprendente al que ha llegado el líder actual del gran país
sudamericano.
Existió en R. D. un poeta singular cuya obra no ha tenido la
repercusión suficiente en Latinoamérica. He aquí sus datos
personales. Se trata de Domingo Moreno Jimenes (nació y murió en
Santo Domingo, 7 de enero de 1894 y 21 de septiembre de 1986),
el libertador del verso en su país y creador junto a otros
poetas del primer hito de vanguardia, El Postumismo (proclamado
el 18 de marzo de 1921). Más tarde, junto al chileno Alberto
Baeza Flores y Mariano Lebrón Saviñón, crearían “Los Triálogos”
o diálogos de tres (1943), que dio origen al movimiento más
trascendental de la historia literaria del país, La Poesía
Sorprendida, que surgió ese año con la revista del mismo nombre,
de la que formó parte en sus inicios y que transformó la poesía
insular en español poniendo en hora los relojes poéticos según
el ritmo de los tiempos en plena dictadura de Rafael Trujillo y
de la Segunda Guerra Mundial (la isla Española, como sabemos,
está dividida en dos repúblicas. En Haití hay una importante
literatura en francés y creole).
En la evolución del movimiento, que en principio era bastante
criollista en sus premisas, rompía totalmente con el modernismo
hispanoamericano y sus parafernalias olímpicas, usando el
lenguaje del pueblo, porque para ellos “no había palabras bellas
o poéticas”. Contrario al “Modernismo brasileiro” con aquella
famosa Semana de Arte Moderno de Sao Paulo encabezada por Mario
y Oswald Andrade, que lo cambió todo y que puso al Brasil a la
altura de lo que hacían en ese momento las vanguardias europeas,
las hispánicas, según los modernos tratadistas de los años
veinte, no siguieron la trayectoria europea ni la del
creacionismo de Vicente Huidobro sino que al rebelarse contra
el modernismo de Darío (llamémosle así para diferenciarlo),
intentaron romper con el exotismo y la influencia europea en una
especie de nueva independencia, especialmente contra la
francesa decimonónica que había sido la fuente principal de la
rebeldía dariana, mezclando parnasianismo con simbolismo.
Moreno Jimenes, contrario a la gran mayoría de escritores
hispanos que cultivan varios géneros, no escribió más prosas que
las poéticas y algunos prólogos, charlas y comentarios que hizo
de su vida o de otros poetas, pero no fue novelista ni cuentista
ni ensayista. Fue únicamente poeta toda su larga vida. Sus
primeras obras se publicaron en 1916, cuando tenía 22 años,
influido del modernismo dariano, pero a partir del 1918 ese tono
decadente fue modificado al imponer el verso libre
escandalizando el medio literario de aquel Santo Domingo que era
realmente una gran aldea de unos veinte mil habitantes
(parodiando el título de Lucio López a su Buenos Aires de fines
del 19), al utilizar expresiones del lenguaje popular.
Por razones económicas (su abuelo, Juan Isidro Jimenes Pereyra,
dos veces presidente, dimitió en 1916 ante la invasión
norteamericana, y él y su familia tuvieron que abandonar la zona
colonial), encontrando a Rafael Augusto Zorrilla (1892-1937) que
tenía una panadería cerca de su casa, fuera de las murallas,
uniéndoseles más tarde Andrés Avelino (1899-1972), un joven y
audaz estudiante. De sus encuentros y sus lecturas surgió el
movimiento llamado Postumismo, cuyo nombre fue acuñado por
Avelino para bautizar esa modalidad de Moreno, que según
confesión de ellos, tuvo influencias de los ismos boricuas de
Luis Lloréns Torres, el panedismo (todo es verso) y el
pancalismo (todo es bello), porque consideraron que sus versos
no serían admitidos en vida sino después de muertos.
Sin embargo, ningún nombre, sobre todo el de un movimiento
literario, es inocente. Moreno y Zorrilla se resistieron, pero
al fin, primero uno y luego el otro, lo aceptaron.
Inmediatamente fue asociado a cierto misticismo. A Moreno lo
llamaron los periodistas el Sumo Pontífice del movimiento y
comenzaron a utilizar, tanto ellos como los como los demás de
la época, expresiones que lo vinculaban a lo religioso, como “en
el campo de la evangelización nuestra”, “posteriormente
comulgaron con nuestro credo”, “el primero en recibir las aguas
de la inciación”, “los sagrados evangelios de Moreno Jimenes”,
etc., y llamaron al promontorio donde se fundó el movimiento, el
barrio de Villa Francisca fuera de los muros coloniales de Santo
Domingo, “La Colina Sacra”. Incluso, cada vez que Moreno se
mudaba a otros pueblos donde había jóvenes literatos como San
Pedro de Macorís, Santiago y El Seybo, fundaba “colinas sacras”
o sociedades literarias. Hombre sobrio, solitario, anduvo el
país vendiendo sus libros como aquel Vachel Lindsay
norteamericano que hacía “odas para cambiar por pan”, hablando
únicamente de poesía. Llegó a editar plaquettes totalmente en
negro y la revista más importante (hubo otras dos), llevó el
nombre de Día Estético. No es de extrañar que más tarde Moreno
proclamara que el arte debía ser la religión de América.
Los fundadores del postumismo, como dijimos, fueron además de
Moreno, Rafael Augusto Zorrilla, modesto comerciante que había
sido hombre de armas en las revueltas civiles del país, con
afición a la literatura y a la filosofía, quien, a pesar de su
modestia, fue el primer mecenas del movimiento y Andrés
Avelino, el más joven, fue el gran rebelde, el verdadero
vanguardista. Hijo de uno de los caciques de las revueltas y
autor del Manifiesto, que se dedicó de lleno a la filosofía.
Zorrilla murió en el 37 y Avelino se dedicó a la docencia y a la
investigación científica, aunque no dejó de escribir y publicar
poemas. Moreno quedó como encarnación del movimiento hasta su
muerte. Todo lo que hacía se convertía automáticamente en
postumismo y siempre que se le citaba se decía “el postumista
Moreno Jimenes”.
El hecho de que se hubiera ausentado al interior y radicándose
en Santiago y hablando con viejos y jóvenes defendiendo sus
ideas, hubo un cisma en Santo Domingo cuando le reclamaron que
regresara a hacerse cargo de su pontificado y como no lo
hiciera, le dieron “un golpe de Estado” democrático eligiendo a
Zorrilla Sumo Pontífice en 1934. Eso provocó que los seguidores
suyos que permanecieron fieles, lo siguieran. Naturalmente, el
poeta de más prestigio del movimiento, era él y por eso su hacer
se convirtió en el postumismo verdadero porque lo vieron como
una víctima de sus enemigos. Lo habían crucificado. De ahí que
lo que dijera o inventara se convertía automáticamente en parte
del movimiento.
Esto incitó su rebeldía y siguiendo con su “apostolado”, en 1936
y sin la anuencia de sus dos fundadores, proclamó por radio en
San Pedro de Macorís y luego en La Colina de Asomante en el
Seybo, en un acto solemne, su nuevo credo artístico: que el
arte o la poesía debían ser la religión americana, proclamando
al mismo tiempo que el arte y la ciencia eran la misma cosa.
Luego en su viaje a Puerto Rico en 1941, él, su acompañante,
Franklin Mieses Burgos y Luis Hernández Aquino, y los suyos,
proclamaron el “Integralismo” de las Antillas hispanas.
Moreno era de ascendencia venezolana por su padre, que era hijo
de Antonio Moreno Urdaneta y cubana por su bisabuelo paterno,
segundo presidente del país, Manuel Jimenes. Ese vínculo lo
llevaría a su ideal americanista, el sueño bolivariano de la
unidad del continente. ¿Eso explica que uniera las patrias de
sus ascendientes en el final del poema que comentaremos? Dejamos
por ahora esta pregunta en el aire.
Viviendo en Santiago de los Caballeros, en la Colina Sacra de
Santiago, publicó varios libros, entre ellos uno con el título
de “La Religión de América” (Editorial El Diario, 1941).
Cuando apareció ese libro, sorprendía el primer poema, diferente
a todo lo que Moreno hubiera escrito hasta entonces y que no
tiene igual en la literatura del país. Parecía algo disparatado
y sin sentido posible. Llevaba el extraño título de “Unidad”.
Se podía pensar que se refería a la unidad de los pueblos al Sur
del río Bravo, por aquello del americanismo y el título del
volumen, pero grande fue la sorpresa de las gentes que vivían
bajo la dictadura de Trujillo, cuando en Venezuela, que ese año
había tenido un traspaso democrático de poder cuando Eleazar
López Contreras entregaba la banda presidencial a Isaías Medina
Angarita, hecho ocurrido en julio y el poema se refiere a
diciembre, a un lucero rojo, a la resurrección de Bolívar y al
extraño final, puras galimatías o ‘caprichos” de un poeta
ripioso.
Hugo Chávez nace en Sabaneta del Estado Barinas en 1954, es
decir, 13 años después de publicado el poema. 13 años después
de la muerte de Moreno, en 1999, ocurre la primera toma de
posesión del presidente venezolano.
Hay otra coincidencia con su lugar de nacimiento. Sabaneta no es
un nombre tan común. La madre de Moreno, María Josefa, había
nacido en Sabaneta de la provincia de Monte Cristi, en el
noroeste del país y Moreno había vivido allí y su esposa y sus
hijos eran naturales de ese lugar.
Hecho este preámbulo, pasamos a ofrecer el poema y al final
haremos los comentarios.
UNIDAD
Domingo Moreno Jimenes
Era diciembre.
Se construía la casa;
traían las herramientas.
Era diciembre.
En los alrededores había frío.
Las gente moza volvía en cada alborada con sus sueños…
De improviso apareció un lucero rojo.
¿Estábamos en presencia de la misma naturaleza?
¿Cuándo un hombre es un pueblo?
¿Cuándo toma un pueblo cariacontecido los perfiles de un
hombre?
Bolívar no era ya una cosa pasada.
Sus arterias no se habían roto.
Su verbo no se había extinguido;
sus miradas no se habían apagado.
Una risa sardónica inflaba los cauces.
El suelo no parecía estar en pie.
La calma tremaba.
La alegría bufeaba.
El ente se extorsionaba de júbilo.
Las nubes en el cielo lucían una mueca.
Los ríos en la tierra espumajeaban.
La sangre tenía trazos de desequilibrarse.
Por las mejillas surcaban vetas de sudor congelado.
De pronto aquel ilusionado no habló más.
Calló con él el viento;
trinó la noche;
fosforeció la selva;
tuvo el crepúsculo muchas estrías tibias;
surcaron el alba resplandores siniestros.
¿Qué había acontecido en el mundo?
(¡Venezuela no se parecía a Suiza
sino a Cuba!).
COMENTARIO DEL POEMA
Lo primero que advertimos es el poema comienza en pasado: “Era
diciembre”. El poeta está contando algo que pasó en un
diciembre, pero esperamos que sea algo festivo, navideño, pero
no. Nada de esto ocurre en este diciembre mientras se construía
“la casa (¿se trata del gobierno?). Traían las herramientas y
había frío. Es como si contara un sueño difuso, porque hay
secuencia de la gente joven que volvía “en cada alborada con sus
sueños” (¿cada consulta electoral?) y de improviso apareció un
lucero rojo. Si leyéramos a Daniel o a Ezequiel o a otros de
esos varones de la Biblia, estaríamos fascinados por la
“sacralizad” de hechos que sucedieron hace cientos o miles de
años. En este caso se trata de cosas que aún no habían sucedido.
Simplemente el poeta intuye que el “lucero rojo” anuncia algo
tremendo, que lo hace dudar si acaso está en presencia de la
misma naturaleza. Y se hace dos preguntas más acerca de un
hombre extraordinariamente popular que va a convertirse en el
pueblo “cariacontecido”, es decir, triste, frustrado, en el
perfil del mismo.
A renglón seguido se actualiza a Bolívar vivo y activo, con su
verbo, su sangre y sus miradas, mas no su espada.
La sensación onírica se manifiesta más claramente en la
descripción de una serie de fenómenos como las burlas, el
terremoto, el miedo en la calma, la falsa alegría o la alegría
burlona de una clase social contra otra, las burlas de lo alto
“las nubes en el cielo lucían una mueca” ¿acaso Busch? Los ríos
y la sangre y el deslumbramiento de un sudor congelado. Luego el
iluminado, porque a todo esto el poeta no ha abandonado a su
hombre-pueblo, a quien ahora llama “iluminado”, y éste calla.
Pero tras su silencio, tan grande que hasta calla al viento, la
noche canta, la selva se ilumina y el fin de ese día de
diciembre cuando se construye la casa tiene estrías tibias y
surcan al alba resplandores siniestros ¿de los enemigos?, y
entonces sucede el final sorprendente.
La sensación que da el extraño poema es que fuera escrito el 6
de diciembre del 1998 cuando la primera elección ganada por
Chávez, o las que le siguieron, hasta la última de 2006, que fue
el 3 de diciembre.
Sólo en la música o en el cine superponiendo imágenes
correspondientes, se podía hacer esto. Esta dramatización se
refiere a hechos tan tremendos como los saqueos, las protestas,
los grandes temblores de tierras, aquellos derrumbes y riadas
tremendas, las afirmaciones, las amenazas del imperio, las
expectativas. Sin embargo, viene el final estremecedor (el final
patético que los postumistas postulaban como parte de su credo),
cuando en 1941, como si estuviéramos en el 2007, el poeta
pregunta y se contesta: “¿Qué había acontecido en el mundo? //
(¡Venezuela no se parecía a Suiza/ sino a Cuba!).
Esto es lo que realmente deja perplejos a quienes leyeron
entonces el poema y hoy buscan el libro original (Pág. 227 de
Obras Poéticas de D. Moreno Jimenes, editora Taller, 1975) ¿Por
qué Moreno tenía que hacer estas comparaciones que parecían tan
disparatadas, de que no se parecía a Suiza sino a Cuba, a una
Cuba que en ese momento estaba gobernada por Fulgencio Batista y
Zaldívar y muy lejos del socialismo que ha proclamado ahora
Chávez en la República sureña? Nadie. Ni él mismo que viviera lo
podría decir.
No hay manera alguna de “comprender” un fenómeno poético como
este que hemos presentado. Moreno muere en 1986, cuando Chávez
no estaba cerca del poder todavía ni había un renacer
bolivariano.
¿Estamos ante una visión profética de Moreno Jimenes? ¿Habrá en
su poesía otras premoniciones tan precisas o solo fue una simple
coincidencia? Siendo el postumismo, como hemos visto, un
movimiento que tenía vinculaciones o coincidencias religiosas
(La religión de América, es el título del libro y “unidad” el
extraño título del poema) ¿acaso está vaticinando que en un
futuro quizás no lejano, habrá “unidad” de criterios y de
ideologías en el continente y lograremos la unión siendo
socialistas bolivarianos como preconiza el tocayo del Che,
Ernesto Chávez? |