poemas
JUGAR SERIO
Contigo es agradable jugar sucio…
Me
sentenciás y decorás mi cárcel
con
la belleza de tu cuerpo.
Creés ser amante y carcelera
y te
enredaste entre mis cadenas.
Te
sombreás indiferente y creés menguar,
pero
lamés los eslabones que te acercan a mí.
Ignorabás que cuando el fuego renace,
la
tierra se obscurece y se funde
y la
brisa se atiza de aliento humano.
Te
complació jugar sucio…
Y
mirá cómo te ensuciaste,
que
ya no te descubro tan hermosa.
CONFESIÓN
Cuántas noches caí en ebriedad,
esperando que las manos del mundo
empuñen la justicia del mundo.
Y no
se escuchó alarido
para
expresarte mi dolor,
y no
mortificó hambre
que
sea rival para mi anhelo.
No
hay forma, ni rostro ni mirada
para
señalarte el espacio
donde se proyecta el claro de mi fe.
No
cabe en el mundo
sabio que lea lo que contemplo.
Cuántos pasos andariegos
levantaron polvo en mi razón
y
cuántos caminos sin pueblo
difundieron la verdad de mi alma.
No
hay tiempo que sea cascarón
de
la nuez que es mi vivir.
No
hay ataques de golpes
que
describan mi herida.
No
fue escrita religión
que
te arrime a mi espíritu
y no
fue inventada herramienta
que
te invoque mi arte.
Cuántas noches dormí con frío
y
abrazado a una decepción,
y
esperando que el celo del mundo
se
olvide de ser mundo.
No
hay pasos prevalecientes
que
abran caminos en la libertad.
VOZ
QUE BUSCA EL SONIDO
Flauta de caña quebrada por mi propio aliento es lo que soy;
alguien de esta sinfonía que admite ser un mal músico.
Flautas rotas abandonadas a un lado del viento es todo lo que he
visto.
Cuánto frío y nada de música;
siento mi voz apagada y la palabra distante.
Pero
no sólo eso soy; también una fuente de inspiración que pone trémula
su agua
y se
convierte en tempestad derramada de una fuente.
Tanto lamento ser hombre rodeado de crítica y condena,
cercado por la censura de la absurda reacción humana.
En
nuestra superficie actuamos como mandan las circunstancias
exteriores;
si
hay tormenta, nosotros seremos las peligrosas olas que levanta la
tormenta.
Cada
uno de nosotros puede ser como agua serena de represa,
que
una vez emancipada se vuelve poderosa, incontrolable y mortal.
Somos enormidad de agua estancada,
porque actuamos falsamente y no nos dejamos fluir.
Tanto me aflige ser hombre rodeado de ficción y artilugios,
de
orgullo, de cobardía e ironía.
Melodía sagrada saturada por mi propio lamento es lo que soy.
Quisiera ser canto y sólo soy alguien que abre la boca
y
silencioso contempla el cielo con el corazón mareado y afligido,
mientras al alma le da lo mismo,
pues
entona tanto con la alegría como con la tristeza.
Tanto me apena ser hombre aturdido por protestas y exigencias.
Cuánto hemos contaminado el espacio con la chatarra sonora
de
la rudimentaria fábrica de nuestras mentes.
Que
si el tiempo desgasta y que si la semilla no crece.
Voz
mensajera distorsionada por mi propio auxilio es lo que soy;
alguien entre los incultos que admite ser un desconcertado
ignorante,
alguien de esta elegía que reconoce ser un pésimo poeta.
Soy
voz amarga y mirada dulce;
soy
voz que busca el sonido de la alegría
y
soy mirada que anhela la sinceridad de la tristeza. |