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LA CORTEZA EMBRUJADA
LA CORTEZA EMBRUJADA II
EN EL VALLE DE UR, entre los depósitos
de los velos y de las victorias,
el Hombre Claroscuro de la Noche, duerme.
Consanguíneo perfecto, ¡cómo pudo tu cuerpo
ser mi vestido y mi vocación
en este inmenso cementerio de huellas!
Yo no diré tu nombre ni tus signos.
Te miraré la muerte, te miraré la savia que moría en ti,
a cada movimiento, pudriéndose
como la danza de la desesperación
sobre el tronco del primer Mártir.
¿Qué oscuras deidades oscilaron
sobre tu gran atardecer enarbolado de interrogantes bestias?
De noche, en los banquetes funerarios, miro
tus mudas monedas de barro, devueltas por el Tiempo
al frío basurero de la luna.
En la Carroza Inmóvil, encerrado en perpetuo cristal,
descansas condensando la inmensa flor de sílex
que te ocultaba de las bestias.
Yo te recibo cada tarde
con el corazón del hombre arrodillado sobre su mortaja
para el suplicio de recomenzar.
Proyectaste en el polvo ‑como yo‑ la túnica del Arpa.
Y fue disuelta por las hilanderas.
Oh predestinado para el furor
y el deshielo de los Siglos,
¡duerme
tu larga felicidad de haber perdido lo externo!
Tu gran ataúd poblado de bebidas de pórfido,
bajo las breves fiestas de los Monos.
¡COMO ESPEJOS EN AÑICOS, las Hormigas Guerreras
transportan tu Estandarte!
¡Oh amigo!
¿Quién escuchó el llanto de la Gran Despedida
de las Nieves, desde su cruda tienda de bisonte?
¿Quién ordeñó a las yeguas esa leche de luna antes de las
batallas?
¿Quién sepultó en el monte la rueda de su carro
como una rosa destinada al éxtasis?
Oh, Amigo.
¡El Tiempo es un abismo de plumajes!
CORREO DE FUEGO QUE NOS SOBREPASA
¡Paredes recién sopladas, éste es mi Cuerpo!
La casa se llena de sal, poco a poco.
Yo soy también Tú Mismo, oh Terror.
Irás de piedra en piedra, hasta que ya no irás
de calavera en calavera.
Ese es tu salario.
La esperma decidirá la estatua, la vivienda
y los demás gastos.
Mis testigos ‑dentro‑
muelen maíz antes de que este día caiga.
Y la mano de obra obstruye todas las desembocaduras.
Están fríos ya los metales de la cena.
Ayunemos juntos, gavilán, serpiente, gran bacteria.
Ayunemos, Gorila y Señor.
Ahora subimos.
Toda la noche, Es. Los señores de la Rueda Botánica
cuelan su merienda en el otoño.
Sólo la noches Es.
Botones de la acción asquerosa,
el kerosene muere de lengua como un gato.
Y el Sistema Solar sube por nuestros anti‑cuerpos.
Sólo el Amor, Es.
Amo a los que devoran sus ataduras antes del amanecer.
Pensamiento tejido en el césped,
a distancias iguales,
con música, ternura y ajedrez.
Puñado de hierba, puñado de cada persona,
se ve ya el estallido del Reino de los Cielos
bajo el párpado del demente.
Los muebles serán varón o hembra,
según la soledad del carpintero ante los bosques.
CADA PALPITACIÓN RESUME
las más imperceptibles torceduras del Salto Mortal.
Por el laberinto de paredes serosas,
el antecesor de los relojes,
gallo solitario, incrustado de rubíes sobre la sábana sepulcral.
Tracción a sangre dentro de los recintos del jaspe,
a costa de heridas simultáneas
colgadas de los dientes del compás; el ojo
completa su vértigo en un círculo actual: cópula y cosmos.
Espacios desvinculados, metales y bestias
sobrantes de otros universos,
centellean en los infiernos sagrados del Dios opuesto.
Lo oscuro abrillanta cegadoramente
las elípticas de la música y la guerra.
¿Cómo entender el centro de aquel que se abre
a nada en sí como Él,
dejando salvaciones
que añaden sólo colgaduras de Opera?
Y LO MECÁNICO, eternamente juvenil,
girasoles oyentes de sí mismos, a león por peldaño,
ascienden a terrazas ya enfocadas.
Lo Mecánico sin fin, impide el foco verdadero,
materia radiante del vidrio, revelada por el primer disparo.
DIAS DE LA GRAN RECEPCIÓN sin palabras.
Espíritu de la melancolía con su toro enjaulado en esmeralda.
Volcanes destripados en lo más alto de los cirrus.
Muchachas con un sello de lacre en las mollejas
escuchaban el sacudimiento de los montes debajo de la piel.
Y el alma revelándose desde la plombagina de los sótanos
atestados de aperos de labranza.
CON EL ROSTRO HUNDIDO aún en el trueno, cantaron,
moviendo lo que por fuera es lluvia. Pequeños árboles
en el confín del párpado entregado; y al despertar,
la casa recorría las venas de los nidos, y todo el tejado
afuera, sobre el camino,
resbalando sobre el pelo imaginario.
SOLO UN SENTIDO CONTABA EN ESOS DIAS
que atraviesan aún el Cuerpo Primitivo.
... salir de la saliva
... reponer objetos cristalinos en los huecos movibles del
cerebro.
. ..pensar granos de sal sobre la frente oscura
... estirar las esferas palmoteando
y descubrir, de pronto, balas de pensamiento en las pacas de
lana.
Aquel Sentido penetraba en los juegos
y acaecía siempre
si obrábamos con él en las revueltas,
decidiéndonos fuera de nosotros, por distracciones.
CLAROSCURO DE PATIOS Y ZAGUANES y tiempo de rectángulo.
Un trompo misterioso bailó sin movimiento;
bajo su púa vuelan los collares pintados de la plaza
hacia un continuo surco de silencio.
Todo está embrujado de uniones
dentro de la gran calavera cósmica del Buey.
Días de rayos longitudinales, los altiplanos con la gloria a
pico.
El orbe se ara y se abre en la mitad del mundo.
Seres del Episodio: truenos, glóbulos. Otros de otros. Todos.
Saludo al árbol de los electrones.
El movimiento de la nadadora se desmorona en ombligos sobre el
agua.
(...sobre las llanuras del Sur ecuatoriano, mientras los potros
galopaban bajo
nubes de uñas curvadas por las Quimeras; potros de narices
livianas,
ensanchadas
por vapores turquesa y rocíos mucosos... Tú perseguías
aprehender Lo Inmóvil,
como
a ese ojo del nivel de agua usado por los albañiles sobre los
capiteles; y
conducirlo
a través de los días, las sacudidas, las velocidades, como el
botón de pálido
vidrio de las Custodias.
Era el Yo, en hierba aún, picoteándote el pecho con su candil de
barro...).
VIEJO LODO DEL SUR ECUATORIANO, rechinas en la lluvia.
Estoy tejido en la hierba de los pueblos.
La telaraña es la envoltura del Océano.
Yo era antes de toda semejanza.
Era igual.
Solo y sin nada como el campo del vaso.
Los nidos de las orejas del Confesor
recibieron el vómito de los divinos embudos. Y olvidaron.
¡Santo Espíritu de talones agudos, libre como una vara!
Sus testículos erizados de estambres de sol.
Las caravanas del tejado conservan la Escritura.
Flotante ahogado, Padre.
Tu corona de alcohol golpea las orillas.
La Cordillera escarba el mar como una perra.
Detuviste la sombra con una llave de cáñamo
y apaciguaste el Mal con el café elástico del rayo del poniente.
Su pelo vertiginoso penetra en el bronce,
en tanto que toda la lluvia de los Andes croaba
alrededor de sus botas.
La batalla penetró en su casaca como la sombra
del mediodía en el árbol.
Y tú, Gran Madre, cazada con elipses.
Los lebreles husmean la leche de tus lámparas.
Vehemente lejanía del disco y de los remolinos.
‑Sí. Lejos nos encontramos de piedra acostados en el caos.
Tu dedo gordo, Alfarero, sobre la semilla de oro.
Es parte del gallo la bola del sol matutino.
Animal de semen redondo.
Mientras las invenciones crecen en las ramas de la Máquina,
mis venas reverberan en el cetro de la muerte
y sobre la pared soplan los pelos más profundos.
Olas, esmaltes de los sótanos, Yo
estaré lejos de vuestras comidas abismales.
Abejas ebrias cocinadas sobre el fuego excrementicio del Astro.
Nos echarás, otra vez,
visitador de las habitaciones alquiladas. Nos echarás. Con fuego.
Los llaveros de limón sollozante,
de árbol en árbol, misterioso pasamanos del Desierto!
¡Ebrias casas de aquel país, yo os devolveré a Él!
La misa dorada y negra y sus colinas de brocado y cera,
salpicadas de cagarrutas de oveja.
Maíz de la montaña enroscado en la custodia
como un gusano de Cristo.
¡Yo os devolveré a Él!
Pero aquel Tiempo moviéndose con cuanto existía en torno
y la gloria del muro arrugado de misterios
por el cosmético veloz del albañil vestido de medusa.
Solo y equidistante.
En la mancha reabierta del ojo giratorio.
Soñoliento cataclismo de tesoros, Nubes
adheridas a la eternidad del día
por la redondez del esclarecimiento durante el puro desafío.
Huíais de los cofres de la Fiesta
en un orden de navíos mil veces más alto que el abismo.
Yo, simplemente, estoy
en donde todo ha cesado de ocurrir. El brillo infinito
se sostiene fuera de sí.
El cielo se destruye perpetuamente por el Centro,
sin alterar el ruedo de las mansiones enyesadas.
Y el Amor permanece.
Tierra propuesta como blancura a lo insondable
en la sonrisa del disco aligerado por la llama.
El organismo asciende a la crisis veloz de la burbuja
y el presente es absorbido por el arco soluble del paladar.
Caracol del aliento a un siglo de la caída de una sola hoja.
El Bosque fermenta
en la oscuridad de la retina. Replegándose en el Arpa.
Solas, al extremo del amanecer, las líneas del heno
entran en ebullición del reloj.
Torna a desencantarnos la manquedad abstracta del huevo
en el centro de la mesa.
Óyese el desenfreno de los ciclos nevados
en el fondo de las cajas que guardan papel de música.
Algo nos pulimenta las sienes
en presencia de la hélice invisible.
Ligera es la mañana,
pero el demonio
pulula en la fatiga del Espacio
y, a su adivinación,
el alma se vuelve porosa.
¡Sin embargo, nadie nos alcanzará en la Alegría
o en la tristeza de las briznas averiguadas
por la meditación instantánea
del gato entregado al Ocio!
DI UNA SOLA PALABRA, Hombre nuevo,
Tú,
que limas el cielo
como una piedra sujeta a tu mesa por asas viscerales.
Es necesario defender la vivacidad de la materia
antes de que oscurezca la catedral rodeada de orugas
(voluntarios de la orina bronceada).
Los cinceles que deja el océano
después de rodar desnudo sobre los banquetes
están ansiosos de picotear la sal arcaica.
POSIBILIDAD DE EXISTIR en redomas y cántaros
posibilidad de andar sobre el tumbado
como la mosca que mira bajar la lluvia a su barba
y andar a sus espaldas los cuadrúpedos del salón.
Posibilidad
de ser filtrado a través del Espacio, oyendo
la blasfemia y la alabanza de las perreras.
EL ESPIRITU SE abotona personalmente las mangas
a lo largo de las raíces.
Todas las distinciones conducen a la Bola de Lodo
y nadie es dueño de su cuerpo.
Un velero sonámbulo da vueltas en la córnea.
PERRO Y CABALLO
se alimentan del camino más corto entre dos puntos.
El pájaro que toma agua
mira de rato en rato pasar el sorbo
por el reino de los muertos, y la Divina Faz
estampada
en el paño de la mujer que saca del sueño los muebles.
... PORQUE LOS SUEÑOS defienden lo Real.
Si terminaran, la Tierra sería devuelta al hombre,
abierta ‑a la vez‑ por todos lados.
Es menester despertar de los ojos,
de las sienes, de la boca; despertar
de los calambres tejidos como una cesta.
BAZARES A LOS QUE una sola milla de tela
convierte en el lecho de un antiguo torrente.
Espinas del sombrero de copa
hincadas en la cabeza solar de los espejos,
las células del laurel son tan hermosas como las hojas
que atraviesan la frente de Cristo,
panal de alambre y rayo
de la esgrima.
POESIA DE AMOR Y DE MATERIA, poesía sola
de la mente, de ladrillo, madera y persona. Permaneces
pura
hasta cuando te inclinas
sobre tu plato de azafrán de las posadas.
Ella es Tú eres
como ese grillo:
canta con todo lo que le ha sido dado
en una sola noche
y estalla al amanecer
con la última cuerda de su vientre en la boca.
VALLEJO PREPARA SU MUERTE
Preparando tu pómulo la estera de yeso, el ataúd
amado y lateral como un perro; y
preparando en piedra, lentamente, la aridez
necesaria a la ternura, el óxido en que el indio apoya el
cristo;
preparando tus uñas, verticales con relación al tigre
y obtusas con relación al pan; venías,
sin saberlo, preparando la muerte de los sabios
cadáveres del alma y de los días de andinos cáñamos.
Feroz mampostería de los pobres!
Cada mañana, el salto de la cama a la llovizna
de pelo de lobo en la solapa
y en la mejilla con pimienta de honra y orín de crucifijo;
cada mañana, a cerrar la mano, aldabando
el pulgar al pulgarcito y a otros niños de cañuto, tristes;
cada mañana a recibir
la tumba que, rebotando, cae desde los Andes a la polvareda.
El nacimiento de la Muerte es duro, es lento; tienes
que preparar con el Forense
el vermes pulmonar, estirarlo en la quena,
para que hile tu sangre hasta ser música!
A preparar la Muerte en el ovoide mismo en que fuimos,
de súbito, reventados a pura catapulta
de padre en nuestra madre; desde allí mismo,
a preparar el huevo subterráneo de la Muerte.
Y, después, todo el tiempo que nos sobra de célula
y de lóbulo rascado mentalmente.
Este edificar cuesta la vida de agua y la de albúmina
metafísica
en la que Dios es un polluelo crudo de diamante,
y es la espina de su Madre, mujer de albañil y de geómetra!
Pero, cuesta también todo el cuerpo de cristo, su hijo
pobre, crecido de viruta a carpintero!
Desde el Zapato macho en que anda el solo,
el pensativo de su cada día,
como una cruz que salta en una pata,
y golpea catorce veces siete, la casa enjabonada
de Pilatos; desde ese pie que estira la madera
para agarrar el gólgota por su asa
de escudilla agujereada y calavera; así,
en sólo un pie y en una esquina,
a preparar tu viernes cada día,
y tu gusano, anillo por anillo!
Habiendo atravesado todo tu organismo de ayuno
y tu sepulcro tantas veces visto
sentado entre amigos; habiendo atravesado así,
sales cada mañana solo, de ti mismo,
a convencerte a fuerza de cortezas,
de que la Tierra es un gran pan
quemado en cada puerta, un horno frío
cerrado en su Domingo de Ceniza!
Así, en Paris de setecientos panes, tu Viernes ácimo
te robó hasta el hostia, el panecillo último,
desayuno tristísimo del alma
que no ha comido nunca con el cuerpo,
como se debe,
entre una Madre y su Hijo!
Y, bien:
Abajo, es siempre viernes, cuando partes; arriba,
es siempre víspera infinita
y el dios terrible de los infelices
se lava a cuatro manos las espumas,
los infusorios hijos, la Burbuja
y el hoyo funeral que la explica!
PARADERO
¿A dónde irá ella,
cuando en la casa,
sólo sombras quedan?
¿Irá, tal vez, hacia sí misma?
O
¿Irá hacia la sima de su vida?
NO
Ella, no está sola
cuando va hacia Nadie.
Si sola sale hoy,
mañana retornará
más sola, pero seguramente
desolada. |