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Entrevista a Alexis Gómez-Rosa

Carlos X. Ardavín Trabanco

CXAT - Alexis, te propongo rememorar tus orígenes como escritor: qué libros y autores nacionales y extranjeros configuraron tu vocación literaria. Y, sobre todo, cómo fue tu descubrimiento de la poesía, oficio al que has consagrado tus mayores esfuerzos creativos.

AGR - Soy un hijo de la guerra, la guerra patria de 1965. Este acontecimiento bélico constituye la salida brusca e inesperada de mis asombros callejeros en ese Santo Domingo posterior a la muerte de Rafael Leonidas Trujillo. Me sentía un contemplador privilegiado de las luchas sociales que condujera Rafelito Bueno en la persecución de los calieses y en el asalto a las grandes mansiones de los testaferros del antiguo régimen. Atrás quedaron los juguetes, los juegos de indios y vaqueros. Con apenas 11 años y en compañía de amigos del barrio me iba día tras día al despertar del pueblo en las plazas. Calle arriba, calle abajo, fui descubriendo un país amordazado en su inocencia e indefensión; tan niño, como el niño que articula en la sorpresa sus primeras emociones: la masacre de la cuestecita Espaillat, la quema de Radio Caribe, el Golpe de Estado contra Bosch, la guerrilla del 63 y la muerte de Manolo Tavárez, para terminar en la Guerra de Abril con el vademécum de pequeñas historias que procuraban crear las condiciones para esta democracia de cartón de piedra.

Así aprendí a enmudecer descubriendo escalofríos; temeroso, en diálogo permanente conmigo, comencé a dejar en un cuaderno mis temblores y angustias que mis vecinos aclamaron como poesía. Corría el año de 1965 y estaba cursando el tercero del bachillerato (Colegio San Francisco de Asís) donde hice mis pininos literarios celebratorios de la poesía épica y en épica tesitura el país se encontraba. De manera que mis gustos se orientaron hacia la poesía cívica, patriótica y, en consecuencia, mis autores de inicio fueron Salomé Ureña, Gastón Deligne, Federico Bermúdez, Fabio Fiallo, Joaquín Balaguer, entre otros. Del extranjero rápidamente formé un altar integrado por Rubén Darío, Santos Chocano y Amado Nervo. A esos nombres (sin concluir el bachillerato) sumé otras voces que vendrían a tener verdadera significación en mi vida literaria: Domingo Moreno Jimenes, Héctor Incháustegui Cabral, Tomás Hernández Franco, Robert Frost, Carl Sandburg y Charles Baudelaire

CXAT - Sigamos con el recuerdo. Me gustaría saber qué te llevó a publicar en 1973 y a los veintitrés años, tu primer poemario, Oficio de post-muerte. ¿Cómo fue su recepción por parte de la crítica y de los lectores del momento?

AGR - Había llegado a Nueva York el 22 de diciembre de 1972 con mi cuadernito poético y mis primeros muertos de mi calle. Dos días después de la trágica muerte de René del Risco y Bermúdez viajé al exterior por decisión de mis padres que no veían un futuro promisorio ni seguro para mí. La noche de mi despedida se convirtió en un recordatorio de René; noche que en cierta medida Franklin Mieses Burgos enlodó al descalificar a René como poeta por haber muerto estrellándose contra un camión de habichuelas”. Con ese peso emocional transcurrieron mis primeros meses en Nueva York hasta que hice contactos con Rafael Núñez Cedeño y Edgar Paiewonsky Conde, con quienes compartí la experiencia política de trabajar en el Comité Pro-Defensa de los Derechos Humanos en Republica Dominicana, durante y contra el gobierno de los doce años de Balaguer. Te puedo decir entonces que Oficio de post-muerte es el resultado de aquellos años duros de represión, cárceles, sangre y muerte. Eso sí, con la preocupación poética y la conciencia de lenguaje que pusieron un punto y aparte a la cháchara escritural y a la vocinglería doctrinaria. Permíteme dejarte a guisa de ilustración el siguiente poema.

 

Procesamiento de un dato sin recurso electrónico

 

Si con detenimiento se observa

                           el lento caminar de un transeúnte,

se apreciará entre otras cosas

que el vértice de la oreja calle abajo despierta,

                          gelatinoso,

                          prismático, seguido de,

los ojos absortos, la nariz sangrante,

muriéndose entre dos pómulos heroicos

                           delante de,

el fabuloso oído de cuchillos infernales

imperfecto en su pegarse de aceite.

 

Excepto la boca aún delira intacta

en su recodo facial,

                           minúscula, caribe,

al borde de su sistema doliente !Ay!

                          decididamente exclama. 

 

Pues bien, el conjunto de los poemas responde a ese tratamiento, a esa visión del matrimonio político-literario. Siempre quise trabajar la poesía en el hueso, en la masmédula, tratando de superar lo gratuito y episódico; dejando fuera de programa lo accesorio y contingente y convirtiendo en poéticos muchos de los poemas que dan cuenta de mis preferencias y obsesiones escriturales.

 

Plenitud del ocio

 

De los amigos que este oficio depara,

llevo el imperativo de T. S. Eliot mayor que:

Tomás Hernández Franco;

                                                    imperceptible,

Dante Alighieri; suma y siguen...

corporales sombras elegíacas;

                                                          la misión

volcánica que albergan los sueños;

tabla de contenido:

                                           una niña precoz

de insondable miseria;

                                               el nivel de fuego

de una biblioteca;

                                        la Revolución

Cultural China y el apacible don

del Yang-Tse;

                                  digo: la cerradura larga  

llevo de la muerte,

cenizas de cuerpos ejemplares.

 

El público (más que los lectores) se identificó mucho con el libro y yo le tengo especial cariño porque al pasar balance encuentro decencia en su escritura. Son numerosos los comentarios críticos; pero más largo aún es el eco de los recitales. Recuerdo ensayos de Miguel Aníbal Perdomo, Tony Raful, Pedro Peix, Héctor Amarante, Ana Sierra y Josefina de la Cruz. Algunos de estos ensayos los recojo en mi página web. 

CXAT - Tu labor poética no se ha limitado a la mera publicación de tus libros; la misma te ha llevado a ser uno de los miembros fundadores del grupo literario La Antorcha y a establecer la colección de poesía Luna Cabeza Caliente. Podrías hablarnos de estas dos empresas, de su importancia o significación, sobre todo dentro del contexto literario dominicano.

AGR - Sí, La Antorcha. Nuestro grupo fue la respuesta imberbe de un grupo de muchachos que buscaba llevar la cultura a la margen oriental del rio Ozama”; respuesta a esa presencia vigorosa de grupos como El Puño, La Isla y La Máscara, formados por escritores con largos años de ejercicio literario y/o artístico. Fue una saludable osadía que ha demostrado talento, consistencia y una vocación a carta cabal que nos mantiene en el vórtice de la tormenta. Basta con mencionar algunos nombres: Mateo Morrison, Fernando Vargas, Soledad Álvarez y Alexis Gómez Rosa. No peco de exagerado si te afirmo que de los grupos anteriormente mencionados los únicos apegados al ideal literario son los miembros de La Antorcha. Los demás: una rumba de leguleyos y burócratas que arrastraran de por vida su condición de poetas. ¡¡¡Oh, cuanto rédito produce la poesía!!! 

La Antorcha no fue una escuela que sistematizara el conocimiento y encauzara la escritura, pero sí el aula por donde pasaron los nombres emblemáticos de la poesía en el siglo XX y, con ellos, la interacción con artistas de otras disciplinas: cine, jazz, artes plásticas, que nos hicieron sentir hombres del mundo y al día. Acerca de estas últimas actividades tendríamos que hablar de una Antorcha extendida. Con el pintor Geo Ripley y Fernando Vargas nos reuníamos con frecuencia a escuchar música (Jazz, Los Beattles, Los Rolling Stone, Led Zepellin) y a participar de los cine forum de la época en el Santomé, Rialto y Olimpia. Era una orgía de la imaginación en la cultura. Creo que la savia cultural que nutrió aquellos días de gloria en el torbellino me hizo conjugar elementos diversos que enriquecieron mi visión poética. Ahí esta (estuvo) el punto y aparte, la diferencia, en relación con los demás compañeros de generación.

La colección de poesía Luna Cabeza Caliente y el Laboratorio (M)artes de la poesía llegaron años después para dar por cerrada mi labor de gestor cultural. Como el nombre te lo indica, con la colección poética quise unir y (con)fundir magia y militancia; poesía y catecismo político sin desprestigiar lo primero: la magia en la poesía (Huidobro). Con mucho esfuerzo y astucia pude publicar varios libros como los de Rafael Catalá, Iván Silén, José Kozer, Vicente Echerry, Jorge Oliva y Alexis Gómez Rosa. Notarás que la presencia dominicana es pobre como de pobreza está lleno el espíritu de buena parte de los nuestros. Siempre he dicho que los principales enemigos de la literatura dominicana son los escritores dominicanos: apáticos, haraganes y mezquinos. Claro, con sus excepciones a la regla como José Mármol en poesía y Diógenes Céspedes en la crítica. Del Laboratorio poético (M)artes de la poesía qué decirte: un novedoso y lucido experimento donde pusimos a circular una sensibilidad de nuevo tipo y practicamos modelos de escritura totalmente desconocidos. Comenzó con un grupito de poetas y terminó con decenas de  interesados en la poesía. El lugar: Casa de Teatro. Siempre a las 7 de la noche y en la ruta del escalofrío.

CXAT - Por varios años residiste en los EE.UU., específicamente en Nueva York, primero como estudiante de licenciatura y maestría, y luego como profesor de literatura y lengua españolas. ¿Cómo recuerdas estos años de estudio y aprendizaje, qué aportaron a tu quehacer literario, y cuál es en tu opinión la situación de los escritores dominicanos radicados en suelo norteamericano?

AGR - Salí de República Dominicana procurando la formación académica que me negó la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Después del vendaval político-cultural que desató la guerra civil, del viento frío indolente y acomodaticio, traté de hacerme de una carrera universitaria que no incluía la ingeniería entre las opciones posibles. Decepción familiar. Mi fracaso (escasez de visión del primogénito) era el fracaso del proyecto familiar que terminaría por arrastrar al mismo nicho a mis cinco hermanas. (Palabras del padre que por suerte no se hicieron realidad).

A pesar de los pronósticos decidí matricularme en la Escuela de Letras, de la cual me retiré poco después por la insuficiencia del cuerpo profesoral. Ante mi espíritu intranquilo y sed de conocimientos (el arsenal de los años 60), tan sólo encontré las veleidades literarias de abogados trasnochados que mal orientaban a sus discípulos. Ese cuadro, unido a la descomposición política nacional me puso, por obra de mis padres, en la escalinata de un avión rumbo a Nueva York.

En la primera etapa de mi experiencia neoyorquina deambulé por los cuatro costados de la ciudad maravillándome a cada paso. Supe de paso inmediato que allí me acomodaría. Nueva York se convirtió en una prueba constante, de resistencia. Quizás el primer atractivo estuvo en sobrevivir: estudiante de inglés durante la mañana; obrero de múltiples oficios en horas de la noche. Hoy le daba la pela a la familia, mañana a un amigo. Así transcurrió el primer año y medio hasta que UMass/Boston me aceptó para dar paso, dos años después, a Dino Pacio Linder quien se convirtió en guía y mentor en la Universidad del Estado de Nueva York, en Saratoga/Springs, donde saqué mi licenciatura en Estudios Culturales. Gracias a Dino inicié mi vida profesoral en el Sistema de Educación Superior de la ciudad (Board Education), desempeñándome como profesor de literatura, lengua española e historia en la George Washington High School. El resultado: catastrófico. Igual de catastrófico lo fue en otros niveles del sistema. Aún así, mientras trataba de enseñar aprendí muchísimo. Esas largas horas en trenes y guaguas me permitieron ahondar en el conocimiento de la literatura norteamericana, familiarizándome con una sensibilidad y una prosodia que dio mucha riqueza y plasticidad a ese verso emergente de aquellos años. Contra la pluma la espuma y En tránsito de pie quebrado encierran los mecanismos de aprendizaje de aquellas andanzas en las que me veía retado mientras enderezaba esquinas por la ciudad.

En cuanto a los escritores dominicanos en New York, bien, gracias. Fieles exponentes de la vida en ghetto de Washington Heights, los escritores dominicanos son felices comiendo arroz con habichuelas en su ghetto de Washington Heights.

CXAT - En el 2000 la editorial Huerga y Fierro publicó en España tu poemario Self Service Poems. Como sabes, hasta hace poco la poesía y la literatura dominicanas contemporáneas eran poco menos que desconocidas fuera de la isla. Esta situación ha venido mejorando con la publicación de autores dominicanos por parte de editoriales españolas. ¿Qué significó para ti personalmente como escritor esta publicación en España? ¿Crees que con ella abriste puertas en la patria de Quevedo?

AGR - Chepazo histórico. Publicar en Madrid no ha significado nada superior a una suculenta fabada, con la desventaja (para el libro) de que hallo siempre en la fabada el placer en serie de la costumbre. En España se me cayeron muchos santos y altares. Había creído siempre que la editorial (en idílico estado de pureza) aceptaba tus originales para ser evaluados por el comité de lectores, quienes finalmente leían  y recomendaban. Nada más falso. Quizás fue así en el pasado, muy en el pasado. Hoy en día tú llegas a la editorial como se llega a todas partes con posibilidades de éxito,  con sólidos e influyentes padrinos. De no ser así traspasarás el umbral de la editora con una política de intercambio o por el mandato siempre beneficioso de un premio literario. Para un escritor dominicano será difícil conseguir patrocinio o apoyo porque no tenemos nombres o tradición que legitimen  la propuesta. Decir: soy argentino, es decir vengo de la tierra de Borges, Macedonio, Bioy Casares, Oliverio Girondo. Eso no pasa con nosotros porque los nombres mayores de la literatura nacional vienen de otros géneros y, salvo Pedro Henríquez Ureña o Juan Bosch, son conocidos apenas en el Caribe. La otra vía, la calidad, es un mito ya que nadie se da cuenta de ella. Se hace necesario romper el cascaron y mostrar el rostro. Para eso falta osadía y bien conocidos son el desinterés y la abulia que nos caracterizan, como proverbial es nuestra haraganería.

CXAT - En el 2001 Ediciones Bangó publicó una edición limitada y de hermosa factura de tu poemario Adagio cornuto (poema en rosa). ¿Podrías hablarnos de la significación de este libro dentro de tu obra poética? Estimo que este libro, de indudable calidad poética, ha pasado casi desapercibido por la crítica del país, ¿a qué crees que se debió tal “descuido”?

AGR - Adagio cornuto es un poema en prosa en 15 cantos. En la edición de Bangó dice como subtítulo: poema en rosa. Es un error, el único error que asumo como propio. Debió decir (ver el poema en la primera parte de Self Service Poems  (Ahora disponible en su versión castellana): poema en prosa. Ese poema, que valoro como texto de importancia en mi obra, pasó sin pena ni gloria como gran parte de mi obra. Para los que llevan anotaciones debo decir que la primera exposición de poesía concreta la monté en Casa de Teatro para 1977; el primer libro de haikus publicado en el país es High quality, Ltd y desde el Laboratorio poético (M)artes de la poesía se introdujeron los textos de la modernidad poética occidental. O sea, ya estoy vacunado contra el egoísmo y la mezquindad.

CXAT - En tu quehacer poético te has caracterizado por ensayar fórmulas poéticas un tanto sui generis, como haces con el epitafio en Lápida circa y otros epitafios de la torre abolida, libro por cierto también bellamente editado en 2004 y prologado por José Mármol. Cuéntanos cómo fue la experiencia de componer estos poemas dedicados a tantos escritores que admiras, muchos de los cuales aún están, por fortuna, entre nosotros?

AGR - Lápida circa y otros epitafios de la torre abolida es un poemario celebratorio de la amistad. Desde el imaginario de una ausencia he querido hacer constar mi admiración, cariño y amistad hacia todos los que integran esa nómina del lirismo.

CXAT - En el 2005 aparece La tregua de los mamíferos, un poema celebratorio del 40 aniversario de la Guerra de Abril, en el que evocas las principales incidencias de esta contienda y trazas tu particular visión y memoria de la misma. Veo en este libro tuyo una especie de homenaje, con tintes de nostalgia, a la llamada Joven Poesía dominicana de los sesenta y setenta. ¿Qué te llevó a cantar esta gesta? ¿Cómo lograste sortear el tema político e ideológico sin incurrir en el cultivo de una poesía panfletaria o supeditada a los imperativos políticos más que a los estéticos?

AGR - He venido haciendo equilibrio sobre el filo de la navaja. Dispuesto a rajarme el pie sin hacer concesiones a la demagogia y a la gratuidad. Ya en Oficio de post-muerte están esas inquietudes que constituyen mi norte como poeta. Ahora, con un texto base como Aullido, ultimo poema de la 2da. edición de Oficio de post-muerte, me sentí llamado a redondear la epopeya. Noté que la zapata del poema permitía modificaciones a la estructura y acometí la empresa de reconstruir aquellos días de infante de 15 años para brindar un ángulo del conflicto bélico desde las coordenadas que imponen 40 años de distancia. Siento que el poema respira con el pulmón de todos.

CXAT -¿Cómo ves y valoras la poesía dominicana contemporánea?

AGR - La poesía dominicana tiene la salud de un niño en el cuerpo de un viejo. En ella hay fuerza pero le faltan medios; tiene atmósfera (magín) pero le falta corazón. Es poesía que no arriega su prestigio, que busca consolidarse en la fortaleza de una tradición de segunda mano. Mientras  poetas importantes del Perú (Antonio Cisneros o Enrique Verástegui) niegan o cuestionan a Vallejo, los poetas jóvenes dominicanos celebran a Mieses Burgos: buen poeta del cual tenemos en América Latina decenas en la misma época de trabajo del poeta dominicano. Desgraciadamente la poesía nuestra es repetitiva, cansona, “prestigiosa”. Busca siempre casarse con la gloria de lo trascendente y ontológico, o con las exquisiteces olímpicas que recorriera la barca de Caronte, y ya te imaginarás donde termina.  

La poesía dominicana ha crecido (crece) a espaldas (no al margen, digo) de las grandes voces de la modernidad. Mientras Moreno Jimenes aspira a un canto en contra de lo que pide a gritos la retórica, los poetas sorprendidos retornan al ruedo del minotauro, los arcángeles y los serafines. Tanta pureza me enceguece. La poesía reside en las cosas. Misión del poeta: tener ojos para descubrirla. Eso lo he dicho anteriormente. Sí, el poeta debe afinar su visión y con nuevo lenguaje dejar cual relámpago el temblor esencial de la vida. O no es nuevo el lenguaje de Moreno Jimenes cuando nos dice:

 

- ...en nuestros brazos /

  me pareció muchas veces que el instante regateaba siglos.

 

- La sangre aborta (...) el curso ya desarbolado de la égloga.

 

- Tu sombra está más llena de perfumes que la noche.

  Verte es crecer;

  recordarte es comenzar a desandar la vida.

 

- (!Ay Dios! !Qué será de las lilas

  con medio cuerpo bajo el cieno, y medio cuerpo

  sobre la vida!

 

- Un framboyán carmina el azul de violetas

 

- ...del lejano mar surgió una plegaria de nácares

 

- Las cosas de mayor transparencia

  tomarán ante tus ojos la actitud de un largo crepúsculo.

 

- Un rumor de canto desvalido daba a la soledad

  trasunto de incienso.

 

- La hora parpadea en el péndulo de un anochecer polvoriento;

  se inicia una noche invertida en el horizonte de la tarde,

  concluye un amanecer preestablecido en la clarividencia de la noche.

 

- La paz se ha agitado en la hora

  hasta zozobrar en el segundo.

 

Otros poetas, desde perspectivas distintas, están realizando una obra importante que, más temprano que tarde, se irá estableciendo en el gusto colectivo y en la opinión de la crítica. Con el temor siempre de cometer injusticias, déjame mencionar a Miguel Aníbal Perdomo (una revelación de otra época; un nuevo regreso), Cayo Claudio Espinal, León Félix Batista, Carlos Rodríguez Ortiz, Homero Pumarol y Rita Indiana Hernández, hasta cierto punto (o con todos los puntos) quienes sacaron la cabeza más allá del canon.

Durante algunos años estuviste involucrado en la comisión organizadora de la Feria del Libro de Santo Domingo, y en la dirección literaria de la Editora Nacional. Coméntanos brevemente cuál ha sido tu accionar en estas dos instituciones, los logros obtenidos y los problemas con los que te has enfrentado.

En la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo fui un empleado de tercera línea que se propuso favorecer a sus amigos. Amigos, por supuesto, con la calidad literaria para que no se me cuestionara luego. Mis años de residencia en el exterior me permitieron crear un listado fabuloso de escritores y por eso siempre (los organizadores) se auxiliaban conmigo. Por mí vinieron al país Sergio Pitol, Saúl Ibargoyen Islas, Adolfo Castañón, Rafael Ramírez Heredia, Margarito Cuellar, Gonzalo Rojas, Raúl Barrientos, Antonio Cisneros, Miguel Angel Zapata, Yolanda Pantín, Rosario Ferré, Pedro López Adorno, Etnairis Rivera, Mayra Santos Febres Eliseo Alberto Reyna, María Rodríguez y un largo etcétera.

Pasando balance, en la Editora Nacional, muy pocas luces y mucha sombra. Para comenzar, pierdo la amistad de mi compadre Enrique Eusebio -a quien sustituí contra mi voluntad-, porque su gestión fue conflictiva y de muy pocos resultados. Aceptar esa verdad, imposible; hay que buscar un chivo expiatorio y ese fui yo. Y al finalizar, acosado por las nuevas autoridades en las dos orillas del Atlántico. ¡Te imaginas! Así como lo oyes: que si se imprimieron mil libros, que cuántos se entregaron, que cuántos se vendieron y un rosario de dudas. De lo otro, de mi honestidad, tan sólo te voy a decir que tiempo no me faltó para sangrar mi bolsillo.  

CXAT - Finalmente Alexis, ¿en qué proyectos literarios te encuentras inmerso en la actualidad?

AGR - Para la semana entrante debe salir mi pagina web a la cual he dedicado los últimos meses jugando un poco con mi pasado y mis publicaciones. Ha sido una experiencia interesante, ardua, maravillosa y difícil. Ya verás. Por lo demás, vengo conjugando poesía y narrativa, yendo de un género a otro y engordando poco a poco los siguientes libros: Marginal de imperfección (poesía), Ferryboat de una noche invertebrada (poesía), Despierta el cuerpo donde anida y muere la guinea (poesía), Miénteme una eternidad (novela) y Mesa culpable (cuentos).

Por ahí va la cosa. En el curso del presente año quiero publicar el Ferryboat de una noche inesperada: librito que se ha quemado en la prueba de varios concursos. Leer, con la frialdad de la distancia las obras ganadoras, es como para desgarrarse la vestidura.

 
 

 

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