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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Jorge Meretta

Collage, Floriano Martins

 

Jorge Meretta: el casco y la espada

Alfredo Fressia

Signado por la binariedad desde el mismo título, El casco y la espada (Ediciones de la Crítica. Montevideo. 1998), este nuevo libro de Jorge Meretta (Montevideo, 1940) se organiza sobre dos circuitos de poemas: los 23 de la parte I, en verso, y los 13 poemas en prosa, un "salón de los espejos", que constituye la parte II. El itinerario poético de Meretta se había iniciado en 1965 con La isla. Más de 30 años y una veintena de libros y plaquettes después, el título de aquella primera publicación adquiere una significación emblemática. Efectivamente, el poeta viene construyendo una obra cuya escenografía es reiteradamente Montevideo y su mar, pero cuyo verdadero locus es la soledad, como si la voz poética fuera ajena a los avatares existenciales del hombre, el ciudadano (y por cierto, el cirujano dentista) Meretta. En esa "isla", el cuerpo físico es un motivo recurrente, lugar del dolor y de una imposible y buscada plenitud. El amor y el erotismo decididamente no rescatan, en esta obra, al cuerpo de su soledad ("No sé qué hacer con tus pechos/ no sé qué hacen tus pechos contigo", "No sé", de El casco y la espada). Más bien, los últimos libros avizoraban una salida en el reencuentro con los ancestros y su memoria (Todo el adiós, 1992, Laberinto clave 1993, Escrito en casa, 1995).

Si, con el presente El casco…, el locus solitario no sucumbió al silencio (una amenaza siempre temida y siempre denegada en esta obra radical), es porque se interna en otro modo del ser: el del doble. "Soy mi doble" ("Doy regreso"), afirma el poeta, como para completar el poema "Soy": "Soy solo./ No estoy solo.// Tal la certeza del uno". El autor abre el libro "brindándose" ("descorcho el día/ y me sirvo de mí", "Brindis") y aspira a "Ser de sí mismo el no ser/ que nos repite/ sacándonos la lengua en las palabras" ("Señal del otro").

Graves, los poemas en prosa introducen la noción de tiempo como para penetrar mejor en el espacio (o "antiespacio", o "antimateria") dejado por los objetos y los seres: "Por fuera del lugar de todas las cosas siempre hay algo que ocupa su futuro vacío: el menguante de una uña, medias de mujer, una carta" ("Algo del sitio"). En un "Plato con frutas" pueden coexistir los tiempos: "En un plato con frutas, en el círculo de un cero, juegan los dados del árbol, el otoño y el gusano". Y la "re-ligación" ("Navidades", "Horóscopos", "Discordia en la torre") fracasa como esa Torre que también menciona al estremecido Arcano XVI del Tarot.

Poeta de la prosa prístina y el endecasílabo clásico, del rigor formal que suscita la emoción sin que jamás el lenguaje se desborde, Meretta exhibe hoy una obra en que cada opus puede ser visto como un detalle dentro de un vasto mural. El poema "Todos nadas" se inicia con esta mención: "Entre un libro y otro/ esa frontera que nace/ entre dos todos". Y Meretta enseña que es en el reconocimiento de esas "fronteras", de diacronía rebelde y siempre interrogadas por el silencio, donde se inscribe el verdadero espacio poético.

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