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Alfredo Fressia |
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Identidad móvil: sobre Alfredo Fressia
Luis Bravo
En 1976 Alfredo Fressia
(Montevideo, 1949) partía hacia Brasil dejando un rastro delgado y transido con su primer
libro Un esqueleto azul y otra agonía (1973). Sus tres libros siguientes (Clave Final,
1982; Noticias extranjeras, 1984; Cuarenta poemas, 1989) dieron cuenta de los tópicos que
le caracterizan: la otredad del yo, el cuerpo como referente, el ser ante la temporalidad,
el amor homosexual, la palabra entre el silencio y la inútil belleza.
Siempre que puede Fressia regresa y se instala unos días en el Sorocabana para tomar café, fumar y hablar entre fieles amigos. Atravesar la frontera tupí-chaná (como él gusta decir) es parte de su identidad móvil. Mora en la paulista Rua Aurora, que diera origen a su prosa en portugués con Destino: Rua Aurora (San Pablo, 1986). Una aparente crónica en la que el poeta finge relatar lo cotidiano, pero donde los hechos y personajes son el espejo de la otredad para reflejar obsesiones y fantasmas. Quien se mira en ellos es "infinito, es hoy, es indecible, obsceno, no es nada". El retrato que hace Mercedes Ramírez del autor, en contratapa del recién editado Frontera Móvil *, lo muestra así: "poeta de las soledades, los desencuentros encontrados, víctima de la bella tristeza de vivir y de comprender". Esta nueva versión de su prosa (ampliada y traducida por él mismo al castellano) incluye cinco nuevos poemas que la complementan. El itinerario que comienza en Brasil atraviesa "Aeropuertos" y "Homenaje a Pitágoras", llega a "Montevideo La Coquette" y finaliza en una coda con "Solís o la flecha" y "Tres mesas del Sorocabana" ; el conjunto tiene sin embargo un algo distinto al de su obra anterior. Es acaso un matiz de fina ironía, de tono menos dramático y más sabio de espíritu. Algo va y viene en sus palabras como si la carga de lo mundano no pesara tanto en sus valijas. Quien escribe se sitúa en la distancia del narrador, se recluye en el margen del cansancio y se confirma uno más entre otros; su destino es ser, finalmente, pasajero de sí mismo. Elige escribir desde espacios de tránsito que dan cuenta de la fragilidad, o la ilusión, de una concepción absoluta de la identidad: aeropuertos y calles (Av paulista, Ipiranga, Gral. Flores) y cafés citadinos. Esa transitoriedad del yo es abordada con humor borgeano en el texto que comienza "Un día Dios recibió una carta que contenía severísimos reproches y que era Una y Trina". El despojamiento de las máscaras llega incluso a la propia ajenidad: "en Fortaleza, Ceará, yo, uruguayo, residente en San Pablo, me desperté una madrugada -hace muchos años- sin saber quien era. Quién era, ¿quién? ¿Yo? Pero, yo, ¿quién? El cuerpo que reconocía desde siempre transpiraba las sábanas (...) Atrás de la ventana abierta sólo había el mar, de nadie." Quien desde el cuerpo toca su propia nada y convierte el paisaje de la ventana en sueño de nadie, nos lleva a estos versos de Alvaro de Campos en Tabacaria: "Ventanas de mi cuarto,/de mi cuarto de uno de los millones de gente que nadie sabe quién es/ (y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?/(...) el Destino conduciendo el carro de todo por la carretera de la nada". La cercanía de Fressia con Fernando Pessoa proviene de un calibrar la mirada a partir de la incesante factoría de una soledad poblada por esos otros que han sido, y ya no son, uno mismo. También sus personajes adoptan identidades migratorias. Así el caso del famoso corista y cantante de boleros, Olegario, quien travestido fue Olga, hasta que el alias artístico lo transformó en Olga del Córdoba. Fue vedette, grabó discos, viajó, actuó en películas y en t.v, siempre cantando Alma en pena. Su última mutación, tras un romance con un pastor pentecostal, lo llevó a ingresar a la vida religiosa: "hoy Frey Oliverio canta las Epístolas, las noches de Misa de Gallo (...) y en vez de los aplausos, oye con regocijo los ´Amén, amén´ que los feligreses suspiran extasiados". De ese ser no siendo, o siendo otro, están hechos los personajes de Rua Aurora: José que parece existir pero no existe; Henrique Montes, tan como los otros que se convierte en lo que los otros no son. Apunta en igual sentido la inclusión del filoso poema O Uruguai , del brasileño Murilo Mendes, que dice: "O Uruguai é um belo país da América do Sul limitado ao norte por Lautréamont, ao sul por Laforgue, a leste por Supervielle. O país nao tem oeste". Múltiples, entonces, las fronteras desde donde Fressia expone la precaria unicidad del yo: entre la prosa y el verso, el castellano y el portugués, el ser Uno y Trino (tanto en Dios como en el travesti); o sea, una escritura a caballo entre el destierro de la nada y la utopía de ser. |
Aymara producciones (Junio,1997) presentado en el Ciclo de poesía de Alemdalenda, 8/7//97.Columna: La piedra y el espejo, de L.B. Publicada en Brecha, 17/7/1997. |