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banda hispânica |
Teresa Amy |
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Retratos del merodeador y otros poemas
Alfredo Fressia
Es sabido que cualquier texto es polifónico: paréntesis,
asteriscos remisivos, digresiones, interrupciones y reinicios son algunas de las muchas
voces que en él se conjugan. Es sabido también que la poesía, "insensata" por
naturaleza, explora y explota esa polifonía hasta las últimas consecuencias, a veces
imprevisibles, con fines estéticos. El presente poemario de Teresa Amy (Montevideo, 1950)
construye ese entramado de voces con la misma habilidad que ya comparecía en Corazón
de roble, el libro anterior de la autora, de 1995, que también incluía un sabio
juego gráfico sobre el "silencio" de la página en blanco.
Los 26 poemas del presente Retratos del merodeador y otros poemas (Vintén Editor, Montevideo, 1999), sin embargo, tienden a polarizar las voces que lo constituyen siguiendo un detectable juego dialéctico, como si el texto final fuera una síntesis donde el lector reconoce las presiones de la tesis y su antítesis. Por un lado, Amy recurre a una estética de tradición "soberbia", que es también un "coro/ entre hilos dorados", la luz del bordeaux, un posible poema judaico-portugués del s. XVI, el barco donde las mujeres "rozan sus sedas en la borda". Pero esa estética prestigiosa y paralizada queda siempre acosada por el principio de la destrucción, o su inminencia, objeto de un "merodeo" alrededor del fin (y el fin del siglo, y la muerte) que se edifica aquí sobre el reiterado cristal roto, los balcones vertiginosos, esos pretiles que también cercaban el libro anterior de la autora, como una tentación. El poemario se presenta organizado en tres partes, "Aguas abajo", "Los retratos del merodeador" y "Brilla", ésta última una elegía, con su endecha implícita, por la muerte del primo Daniel. Los dos poemas que inauguran los "Retratos..." contienen en sí la dialéctica de esta poética, el juego estremecedor entre el Ángel del primero, "con el torso desnudo/ la cabeza enrulada contra el altísimo/ respaldo del sillón de terciopelo oscuro", y la sombría "niña diabólica", del segundo poema, retratada sin rasgos, contra el chillido de los pájaros. Y la mentira, esa otra tensión entre la realidad y un doble, será el tema de "Foto", o la serie de grupos nominales que componen "Inventario mediterráneo" puede contar una historia, equívoca como el célebre "Le message" de Jacques Prévert, un poema aquí sobreentendido, donde el "día de jazmines" mediterráneos acaba en el "paso en falso que desata la ruina". Finalmente, Amy recurre a otra polifonía, que también comparecía en su libro de 1995: las llamadas "menciones" eruditas, las que tienden a la metaliteratura porque constituyen citas de poetas evocados y releídos. T.S. Eliot, Wallace Stevens, Tamara Kamenszain son autores explícita o implícitamente incorporados al discurso de Amy (y la argentina Kamenszain es sin duda la mayor referencia estética del poemario, incluso por su libro Tango bar). "Con paso de equilibrista/ acostumbrado a caminar sin red", este Merodeador supera los peligros intrínsecos de su aventura estética (por ejemplo, los excesos anafóricos de "Carpe diem", o la violencia expresiva de "En el nombre", de una retórica que podría desentonar en el fino bordado de este discurso). La autora de "Tarde en la ciudad invernal", el espléndido poema que cierra estos "Retratos...", con la piel del zorro entrevista tras la vidriera junto a la muerte, logra una vez más traer noticias del "merodeo" alrededor de un enigma, ese asedio hecho de lenguaje, siempre inconcluso y siempre recomenzado por los poetas. |