Clique aqui para conhecer o maior sítio de poesia da WWW! Quase 3000 poetas!

banda

hispânica

Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Hugo Achugar

Collage, Floriano Martins

 

Hugo Achugar: el cuerpo del Bautista

Alfredo Fressia

Este nuevo poemario de Hugo Achugar, El cuerpo del Bautista (Ediciones Trilce, Montevideo, 1996) se inscribe, vía metáfora, en la larga tradición literaria suscitada por el episodio evangélico de Salomé, la bailarina que pide la decapitación de Juan el Bautista (en especial, en Mateo, XIV, y en Marcos, VI). Como "la cabeza del Bautista" constituye el segmento más significante del topos, su aparente exclusión desde el título del libro parece privilegiar el cuerpo y seguramente el erotismo del famoso episodio. Esa es por lo menos la lectura del editor, quien en la contratapa llama a estos diecinueve poemas "fiesta del cuerpo", "canto al propio cuerpo, y alabanza del otro", "canto a la felicidad de los cuerpos".

Sin embargo, y en la antípoda, otra lectura puede afirmar lo contrario: elegía del fin del amor, la melancolía ulterior al orgasmo, la muerte de la sensualidad (o la sensualidad de la muerte), esos sí son los temas del presente poemario. Y es sin duda en este carácter de obra abierta que reside el interés de El cuerpo del Bautista, que el autor organiza en tres partes. La primera, "Puerta cancel", se compone de tres prosas poéticas y constituye con seguridad el mejor momento del libro. El cuerpo, pero también la casa, detrás de esta "cancel", la muerte, la sensualidad, el universo físico, son temas que entretejen estas prosas "porosas" que podrían constituir una unidad autónoma.

En la fina organización con que Achugar (Montevidéo, 1944) dota a su libro, esas prosas introducen a la parte segunda, "De los cantares" (eventual alusión al erotismo del Cantar de los cantares), catorce poemas paradójicos que, abordando el tema del amor físico y el goce del cuerpo, se muestran sin embargo impotentes para convocar al erotismo. Se trata de poemas breves en los que el poeta despliega con demasiada explicitud los procedimientos del armado poético. El lector asiste a paralelismos, simetrías, algunas de estirpe bíblica, menciones ritualísticas cristianas: Hosana, Agnus Dei (que en ningún momento se sienten como sacrílegas por figurar en medio del amor físico, más bien tienden a "santificar" ese amor que no excluye las menciones domésticas, y aun los hijos). La cerebralidad de su arquitectura despierta en el lector la connivencia con la mera estructura otorgada a la voz lírica, y es tal vez por eso que en estos poemas naufraga la emoción del lirismo erótico.

Por otro lado, los tópicos tradicionales del tema amatorio comparecen casi parnasianamente en estos versos. La luna, el agua, el pez (la navegación en general), la plata, los frutos maduros, son imágenes reiteradas pero que no dinamizan la frialdad del discurso: "Hossana en las alturas, en las alturas hossana./ Las cumbres de tus pechos endurecidos cantan/ hossana in excelsis, hossana cantan in excelsis deo/ las uvas maduras de tus pechos y yo las muerdo" (poema V). También algunas menciones fálicas son herederas del erotismo del Antiguo Testamento: "La galaxia toda salta incontenible desde mi pequeño/ diminuto ojo, boca, pez volador, plata y marfil./ Mi enhiesta vela arma el día, la noche,/ el declinar de los astros y las estrellas" (poema IV). A partir del poema IX, el poeta centra el discurso en el tono elegíaco del instante en que el amor "muere": los "Hossana" ahora son "Miserere me": "Ah de los días pasados, ah de las noches de vino/ regado sobre los pechos fragantes, ay de mí" (poema IX).

La tercera parte, "Cuerpo y cabeza", de dos poemas, "El cuerpo del Bautista" y "La cabeza del Bautista", aborda las connotaciones del episodio evangélico y recoge de los poemas precedentes el tono elegíaco del "sexo abierto y sin destino", el que ya conoció el gozo. Y acaso esa cabeza, hoy muerta, pero que ha bailado ("Que mi baile haya causado mi muerte,/ ese es el enigma", dice el equívoco titular del discurso en "La cabeza del Bautista") no sea sino la mencionada en el poema II de la segunda parte: "Fatal, unánime, la noche se instala y me come/ la cabeza,/ la cabeza glande,/ la aguda, vertical/ iridiscente, central piedra del escándalo". En esta tercera parte del libro, y con esa aproximación inesperada, el baile de Salomé y la decapitación de Juan se vuelven metáforas audaces del fin de todo gozo, como el hiperliterario "gozo" que constituía el tema de la segunda parte.

Así, las tres partes del libro dialogan con fluencia, instigando al lector a nuevas relecturas, y es esa estructura especular el verdadero generador del significado en este nuevo poemario de Achugar. Pero tal vez no sea obvio recordar que de un buen libro de poesía se exigen buenos poemas, y es posible que el lector de El cuerpo del Bautista sienta nostalgia de Orfeo en el salón de la memoria (1992), el vasto poemario anterior del autor, donde la unidad poética descansaba en lo que hoy falta: la calidad sostenida de cada uno de los textos.

retorno ao portal da banda hispânica