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La poesía dominicana: “el secreto mejor guardado del Caribe”.
Entrevista con Alexis Gómez-Rosa
Pedro
Granados
Alexis
Gómez-Rosa (Santo Domingo, 1950), entre1973 (Oficio de
post-muerte) y 2005 (La guerra de los mamíferos),
lleva ya publicados diez poemarios. A un tiempo local y
cosmopolita, su obra poética se considera notable, por
unanimidad, dentro y fuera de su propia patria. Asimismo, es un
referente imprescindible para hablar sobre poesía, la de aquí y
la de acullá, por su comprobado ejercicio de la crítica disperso
en ensayos, artículos periodísticos y ya numerosas entrevistas;
como por su talento, lo comprobará enseguida el curioso lector,
para jamás dejar de ser entretenido. En el espectro de las
poéticas que en este mismo comienzo de milenio, a manera de
hojaldres, conviven en la República Dominicana (“poesía del
pensamiento”, del espectáculo, del “das Ding” o del
neo-testimonio), quizá lo más apropiado en su caso sería hacerle
corresponder la del espectáculo; aquella capacidad, tan suya, de
apropiarse de todo y de experimentar exitosamente con todo eso (haiku,
“británico modo”, poesía concreta, etc.) que le perdonamos, y no
menos nos encandilamos, incluso a expensas de saber que son los
atributos de un gran actor. [P.G.]
PG - Te sientes un escritor generacional, ¿en qué medida y
sentido?
AG-R - Pertenezco a la Generación del 60 (parte atrás: Promoción
del 65), como se pertenece a una familia de la que soy, en
verdad, un hijo putativo. Tengo en común con los poetas de
post-guerra, el aire marcial, la fuente, y los disparos de
Marcial Lafuente Estefanía.
Si nos acogemos al clásico decálogo de la teoría de las
generaciones (Ortega Gasset, Julián Marías, Pedro Salinas), no
califico para ingresar a muchas casillas. A parte de pertenecer
cronológicamente a la misma época; vivir la experiencia de un
hecho histórico importante y propiciar acciones grupales que
marcaran más bien la diferencia, no creo que tuviera mucho en
común con mis amigos de inicio. Un aspecto significativo como la
construcción de un lenguaje afín a una sensibilidad de tiempo
abierto (década del 60), que conforme y consolide un movimiento
estético, no se produjo entre nosotros. La miopía política, el
instrumentalismo literario de concienciación, la escasez de
lecturas o el desprecio de obras fundacionales por su origen,
impidieron crear un grupo de sólida formación, creativo, y de
aguda visión crítica. César Vallejo, figura paradigmática de la
vanguardia latinoamericana, importa por sus Poemas humanos,
no por Trilce. El rechazo de la preocupación formal fue
la tónica y por tanto al zafacón tantos poemarios. Tener
imágenes surrealistas en un poema levantaba condenas que te
anatematizaban por irracionalista y alienante. Octavio Paz,
Borges y Lezama Lima apestaban por reaccionarios, y enarbolando
la bandera de la Revolución y del hombre nuevo, nos plegamos al
coro de la ortodoxia marxista y al autoritarismo militarista y
antihumano de Cuba. Decidí quitarme el bobo. Ante mis compañeros
condené a Stalin, al Fidel que humilló a Padilla y metió a la
cárcel a Raúl Rivero por un crimen de opinión. ¿A dónde puede ir
una generación que tiene por norte decir: "Entre nosotros no hay
maricones ni reaccionarios"?, como si las preferencias sexuales
y las posturas ideológicas no excedieran al rigor de la
literatura.
De mi generación, de la generación de post-guerra, rescato el
coraje y la dignidad cívica, el sentimiento de solidaridad y el
sacrificio. Rechazo, asimismo, la irresponsabilidad escritural
(mala poesía), la espontaneidad huera de los teóricos, la
actitud persecutoria contra un gusto nuevo en la música, artes
plástica y cine; en fin, rechazo la estridencia y la camisa de
fuerza.
PG - ¿Compartirías la impresión que apuntáramos en un breve
ensayo anterior, respecto a que si pudiéramos ensayar un
paralelo de tu obra con la de alguno de tus coetáneos
latinoamericanos, aunque un poco algo mayor, sería con la del
peruano Antonio Cisneros: “ambos son dos nerudas desencantados,
por astutos y bien informados, pero que ponen a buen recaudo del
poder –tal como Góngora en alguna letrilla- su queso y su vino
privados”?
AG-R - No gusto hacer paralelismo. Mi afinidad con Cisneros
(poeta que respeto y admiro) es la que puedo establecer con
Mirko Lauer y Rodolfo Hinostroza y, fuera del Perú, con los
brasileros Paolo Leminsky y Ferreira Gullar. Antes me acerqué a
Nicanor Parra, Ernesto Cardenal (el de la Oración por Marilyn
Monroe) y al Enrique Lihn de Poesía de paso, Paseo
Ahumada y Escrito en Cuba. Y no te menciono las
grandes voces del universo anglo de donde se desprende este
nuevo acento, esta particular dicción del entramado callejero
doméstico. ¿Por qué estas voces?, ¿Cuál es el cordón que las
une y acredita en un capítulo común de distensión creadora? Las
respuestas a estas preguntas se centran en la poética de Neruda.
Porque nacimos a la escritura con él contra él escribimos;
porque su presencia devino en influencia paralizante,
reaccionamos destacando los caminos que escondía su follaje.
En un momento dado sentí la necesidad de sepultar la melopea
nerudiana: su música, su adjetivación, su imaginario. Neruda es
un torrente (voz de océano) que hizo naufragar muchas islas.
Aquí en Santo Domingo, por ejemplo, Pedro Mir remeda su poesía
invalidando la mitad de su producción poética al reproducir sus
procedimientos. Se impuso entonces la búsqueda de una vía que
nos hiciera marcar el deslinde y tras ese propósito coincidí con
otros poetas que arrimaron sus voces para establecer un orden
distinto.
PG - Tu experiencia de vivir en New York como estudiante del
postgrado y profesor, sin lugar a dudas, amplió tu horizonte
vital y cultural. ¿Cuáles crees han sido para tu poesía las
experiencias más decisivas de esa época?
AG-R - Pasar quince años en Nueva York no dará para tener
asegurada una pensión del gobierno por retiro, aunque si es
tiempo suficiente para modificar una visión pazguata, moralista,
provinciana: la visión del inmigrante caribeño. En Nueva York
pude ampliar lo que Santo Domingo sembró: el desasosiego de una
enfermedad de ojos sedientos y peregrinos. En Nueva York, como
Neruda, yo también comí en Hungría; y en su barrio chino inicié
mi colección de curiosidades artesanales. Pocos lugares en el
mundo te brindan la oportunidad de viajar a las antípodas en el
perímetro de unas cuadras. Tanta importancia tienen y repercuten
en mi obra mis andanzas peatonales como mis lecturas,
conciertos, visitas a los museos y al cine. Nueva York es el
compás que gira sobre su eje desplegándote un abanico de
novedades y edades por las que uno pasó de noche. Vivía con
viejas deudas (culturales) regresando siempre a un estado
lastimero con los ojos fijos en mi drama de latinoamericano que
no logra despegar. La situación, penosa: en Nueva York, menos;
en Boston, más, pero el mismo recelo y cualquierizacion. Pasando
un balance pesa lo positivo. Años de estudio y trabajo fabril,
arrastrando (como el hombre del bacalao), el peso de la soledad,
la precariedad económica y la angustia. Todo eso en su conjunto
nutre (nutrió) mi poesía que no termina de engordar. Escucha,
por favor, este par de poemas.
Dominican style
La casa, de invierno a verano,
es algo más que el verano.
Si la miro de frente,
el azul me apabulla en su proximidad
al rojo, puro blanco destila
en el fondo de la imaginación
27 de febrero.
La casa, muy hermosa
para ser realidad.
Ya sea de frente
o de perfil, anuncia
las inclemencias del invierno.
Técnica mixta sobre puente vespertino
El puente que cruza frente a mi casa
une dos muertes.
Un puente majestuoso,
corre ve y dile, de imposible arquitectura.
Un puente: cresta de nubes contra el Ozama
tendido,
que abre ahora su horario
de cangrejos y duendes.
El puente sube a nadar y hasta desaparece,
llevándose los carros de concho
y los perros hambrientos los deseos
de la tercera edad,
sobre las aguas
vidriosas del río de los malos negocios.
(Aunque usted no lo crea, el mismo puente
que atravesara veloz el amor
hacia el banquillo del juicio final.)
Un puente lejano, muy lejano, hecho de adioses
y tinieblas, se levanta frente a mis ojos
bovinos, estragados,
que se chupara(n) esta tierra los huesos.
PG - ¿Cómo percibes la poesía que se escribe ahora mismo en la
República Dominicana? Respecto a la poesía continental última,
Julio Ortega menciona, en un Hueso Húmero reciente, que
habiéndose puesto al margen la política nuestra poesía se ha
banalizado. ¿Crees que esto ocurre también en tu país?
AG-R - Es muy posible que los juicios de Ortega (Julio) tengan
validez con respecto a Latinoamerica. Y en verdad no sé hasta
dónde. Habría que revisar la poesía del período al que alude (el
de ahora, no?), donde se pueden sacar nombres como los de María
Negroni, García Helder, Mercedes Roffé, Miguel Aníbal Perdomo,
Carlos Rodríguez, Eduardo Chirinos, Rocío Silva Santisteban,
María Baranda, Raúl Barrientos, por mencionar algunos nombres
que pueden decir muy bien lo contrario. La poesía de hoy se ha
refugiado en las causas menudas. Cero grandilocuencias
declamatorias; cero monumentalismo en la utopía. Si la política
tendió las redes que ampararon los sueños de redención
americanista, la cultura crea (viene creando) un espacio de
permutaciones y fragmentaciones diversas que el poema encastilla
con misión renacentista. Si en unos poetas la vertiente busca lo
neobarroco (Echevarren, Perlongher, Lamborghini); en otros se
privilegia el camino del minimalismo llevando la expresión a una
austeridad de formas y recursos.
En la Republica Dominicana los nuevos poetas (Homero Pumarol,
Rita Indiana Hernández, Frank Báez), se desarrollan en un marco
de operaciones cargado de señales ciberespaciales y electricidad
de ritmos y velocidades cromáticas. Llamar a esto banalidad?
-Pásame los resultados.
Yo diría que hay una fuerza de instancias
convergentes conjugando recursos que la tecnología pone a
circular y que ha relanzado a la poesía concreta en estos
momentos con la inauguración de múltiples exposiciones. Creo que
la banalización esta en la formula; cuando conviertes el proceso
de la escritura en un camino ausente de sorpresas.
PG - ¿Cuál es el poema que aún no se ha escrito en la República
Dominicana?
AG-R - Aquel dotado de la intemporalidad que haga trascender el
carácter y los valores espirituales de los dominicanos, o algún
aspecto emblemático del ser nacional: esa isla de naufragios
navegantes. (Esto me sonó a cartilla de moral y cívica, pero así
es).
PG - ¿Cómo andan las relaciones de la poesía dominicana con sus
pares del mundo hispano, incluida España por supuesto, en este
periodo de globalización?
AG-R - La poesía dominicana ha crecido en la mayor orfandad.
Distanciada de lo que ocurre en otras partes del ámbito
hispánico (aún con los medios que aporta este mundo globalizado)
la poesía que hoy se hace en la isla tiene de contemporaneidad
lo que arrastra el viento al desplazarse, lo que respiran e
intuyen los poetas en su accionar cotidiano. El poeta
dominicano (salvo contadas excepciones) desconoce lo que hacen
sus pares en América Latina, Norteamérica y Europa. Nos hemos
mantenido como el secreto mejor guardado del Caribe (es una
frase que gusto repetir), incontaminados, en singular estado de
pureza. Es proverbial la actitud del dominicano de trabajarlo
todo en ese páramo ideal del mañana; y así responder mañana la
correspondencia, mañana dejar que la imaginación nos ilumine y
hacer la canción. No hemos hecho valer nunca la frase de Oscar
Wilde que dice: “genio es un 5% de inspiración y 95% de
trabajo”. Ha sido más fácil invertir las cosas y dejar que la
obra se produzca por generación espontánea y al ritmo que
impongan las circunstancias. Solo de esta manera se explica
tener tantos autores de un solo poema.
PG - Estás por lanzar tu página electrónica. ¿por qué y cuándo?
AG-R - Esta es la segunda página Web que preparo y me la he
gozado verdaderamente. Tener “a ley de un comando” del
ordenador el grueso de mi producción literaria me parece algo
fabuloso. Trabajando en la construcción de esta página me sentí
un arquitecto que abre puertas y ventanas que acceden a la
historia de mis libros. En ella se establecen vasos
comunicantes que nos llevan (Escritorio ajeno) al portal de
autores cómplices en la interpretación de mi obra. Pensar y
elaborar la página ha sido poner en perspectiva cuanto he
realizado, con los textos de quienes analizaron y valoraron su
dimensión histórica e importancia en la literatura nacional.
Pienso que la página habrá de salir para la próxima Feria
Internacional del Libro, a inaugurarse el 24 de abril del
presente año.
PG - ¿Tienes alguna imagen recurrente que te asalta en el
camino? ¿Alguna arcadia hecha utopía? ¿Un inconmovible cuadro
pesadillezco?
AG-R - Los surrealistas quisieron hacer del poema un acorazado
sublime de bolsillo. Yo he ambicionado convertir el poema en
una casa de resonancia haciendo eco de las palabras de la
tribu. Si la narrativa ha creado un tejido verbal por el cual
la sociedad y un tiempo determinado se expresan; el poema ¿por
qué no habría de reunir historia y pasión en un comprimido
excitante? Noto que de un tiempo a esta parte la página se ha
llenado de gente.
PG - ¿Cómo asumes cotidianeidad y poesía?
AG-R - Despertar: afeitarme, tomar un baño y desayunar, es parte
de mi acontecer cotidiano. La poesía es harina de otro costal;
brota en la línea horaria de mi reloj biológico sin la
puntualidad que impone la costumbre. Escribo en la guagua, en
el parque, en la casa, girando con la mesita portátil que me
hace ir del muelle y malecón capitalinos, a una quimérica
estación capitaneada por Ray Bradbury.
PG - ¿Cuál es tu próximo poemario?
AG-R - A publicar? –Marginal de imperfección. A
trabajar? –Despierta el cuerpo donde anida y muere la guinea.
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