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Francisco Valle: La neovanguardia no existe
Ezequiel D’León
Masís
Francisco
Valle (1942) publicó su primer poemario en México a inicios de
la década de 1960, cuando estudiaba la carrera de Letras
Españolas y tenía como maestro de Literatura Hispanoamericana a
Ernesto Mejía Sánchez. Su obra ha desarrollado notablemente el
cultivo del poema en prosa y es quizá la poesía más consistente
entre la producción de los demás miembros de su generación.
Además de “Casi al amanecer” (1964) tiene editado “Laberinto de
espadas” (1974 y reeditado en 1993), “La puerta secreta” (1979),
“Luna entre ramas” (1980), “Sonata para la soledad” (1981) y
“Mañana sin paraíso” (1996). En una conocida universidad de
Managua he convenido encontrarme con él para conversar acerca de
la promoción de poetas que irrumpió en la literatura
nicaragüense en los años 60 y de la cual es miembro.
ELM – ¿Cuál es
su visión sobre la generación literaria de los años 60 en
Nicaragua? ¿representó una ruptura o una contínuidad?
FV – La Generación
del 60 es una continuación de la Vanguardia, no hace ruptura. En
ningún autor del 60 hay ruptura. Casi toda la generación del 60
fue siguiendo los lineamientos de las estéticas vanguardistas
anteriores. La generación fue promovida, guiada y publicada por
Pablo Antonio Cuadra a través de LA PRENSA LITERARIA, en 1961
ahí aparecieron las primeras publicaciones.
Eran dos grandes
grupos, el “Frente Ventana” que era el grupo político luchando
contra el somocismo y donde estaban Sergio Ramírez y Fernando
Gordillo. El otro es la “Generación traicionada” formado por
Edwin Yllescas, Roberto Cuadra, Beltrán Morales y otros. Ellos
hacen rebeldía en contra de las generaciones anteriores, pero
sobre todo en contra del Modernismo y en contra de lo que ellos
consideraban “mala literatura” en sus comunicados que fueron
publicados por P.A.C. La “Generación traicionada” produce el
primer escándalo de rebeldía de la literatura nicaragüense,
quemaron innumerables obras en la Plaza de República, la
Vanguardia había tenido pequeños escándalos, ellos lo heredaron.
ELM –¿En tal caso es una señal de rompimiento o ruptura?
FV – No es una
ruptura total, dentro de esa ruptura hay aceptación de valores,
nombraron a lo bueno y lo malo, y quemaron lo malo. Luego
realizaron presentaciones, recitales y lecturas en los primeros
años de la década. Pero además de los dos grupos está el grupo
de los “independientes”, como les llama Jorge Eduardo Arellano,
y en los que estaríamos Luis Rocha, Fanor Téllez, Pablo Centeno
Gómez, Carlos Perezalonso y yo.
ELM –¿Es válido
utilizar el término “neovanguardia” para referirse a la
Generación del 60 en Nicaragua?
FV – Para mí la
“neovanguardia” no existe. Lo que existe es la Vanguardia, la
continuación y afluencia de la vanguardia que continúa a través
de los años, y a través de los autores. La Vanguardia arranca en
1910 cuando en Europa se gestan los movimientos de ruptura con
la cultura anterior.
ELM –¿Los
críticos ligan la “neovanguardia” a las implicaciones políticas
de una generación?
FV – En ese
sentido la “neovanguardia” sería el grupo “Ventana” porque es el
único que tiene compromisos políticos.
ELM –¿Cuál era
la idea del compromiso social y político?
FV – La dicotomía
política siempre existió a partir del 60, es decir, en la época
de Somoza. Había una tendencia política y otra apolítica. La
“Generación traicionada” se consideró siempre apolítica, luchó
siempre dentro de los conceptos teóricos que expresaron en sus
proclamas. Habría que revisar las proclamas en las cuales ellos
teorizaban sobre arte, sociedad, poesía y vida civil. Mi
relación con ellos fue esporádica, yo estaba en México y vine ya
al país en 1964.
ELM –¿Cuáles
son las influencias y tendencias que incidieron en su
generación?
FV – La generación
del 60 se apoya totalmente en la Vanguardia, se apoya en P.A.C.
y José Coronel Urtecho desde el punto de vista del verso libre y
en Carlos Martínez Rivas, y Ernesto Mejía Sánchez desde el punto
de vista de las formas tradicionales de la lírica española.
Ernesto Cardenal con el exteriorismo ejerció influencia también
en el verso libre, muchos de los poetas del 60 fueron
exterioristas como Iván Uriarte o Yllescas. Después vino una
situación política donde ya no era voluntad del poeta el
adherirse al exteriorismo, sino que había ya una obligación de
ser exteriorista.
ELM –¿Y las
influencias extranjeras?
FV – Para
“Ventana” la gran influencia era el “realismo socialista” que se
estaba haciendo en Rusia, era poesía de protesta y denuncia en
oposición a la dictadura. Los “independientes” no comulgábamos
con esa línea del “realismo socialista” y hacíamos nuestra labor
de acuerdo a nuestra sensibilidad, éramos independientes de la
“Generación traicionada” y de “Ventana”. Ahora, los poetas
“beat” como Allen Ginsberg y Charles Bukowski tuvieron gran
erupción en San Francisco, California, y eso tuvo una
repercusión aquí. Recuerdo aquel poema llamado “Howl” de
Ginsberg que influyó mucho. Los “beat” influyeron con su postura
de vida heterodoxa entre el escándalo y la bohemia. Influyeron a
la “Generación traicionada”, era una literatura distinta de
ruptura social y anti-establishment.
ELM –¿Se podría
situar a los poetas del 60 dentro de rasgos estéticos comunes?
FV – Todos somos
diferentes o yo soy diferente al grupo. Pero desde el punto de
vista estético se puede decir que hay dos corrientes fuertes: la
corriente exteriorista y el subjetivismo que viene de Carlos
Martínez y Ernesto Mejía Sánchez. Beltrán Morales fue
carlosmartinista y además fue uno de los más apasionados por la
literatura, era muy informado, era iconoclasta, tenía
mordacidad. En su “Panorama de la Literatura Nicaragüense” Jorge
Eduardo Arellano habla un poco de los diferentes que
pertenecíamos a la generación, sobre mi poesía se refiere a la
influencia del surrealismo que ya antes la había notado P.A.C.
ELM – A veces
se quiere enlazar a los poetas del 70 con los 60. ¿En qué
aspecto podría haber vínculos?
FV – En términos
generales los miro diferentes, exceptuando a Álvaro Urtecho que
prosigue una línea elitista y culturalista dentro de la
literatura nicaragüense. Él es el que mejor recoge la herencia
cultural, es decir, continúa la generación del 60 con las mismas
savias fructificantes que vienen de Martínez Rivas y Mejía
Sánchez. Álvaro Urtecho es esencialmente culturalista, él no
concibe nada fuera de lo cultural, en las manifestaciones
culturales, digamos, de alta calidad humana.
ELM – En la
tradición literaria, ¿quién es el poeta vivo más importante?
FV – Después de la
muerte de José Coronel Urtecho, Carlos Martínez Rivas y Pablo
Antonio Cuadra, es muy difícil arriesgar un nombre para
establecer cuál es el poeta vivo más importante. No sé, si es
como poeta, quién pueda serlo. La poesía nicaragüense, en cierto
sentido, se está terminando. Los del 60 no hacemos más que un
esfuerzo por continuar un poco la tónica de calidad que había
anteriormente con Coronel, Pablo Antonio y Martínez Rivas.
Determinar si lo hemos logrado o no, es algo que le toca a la
crítica.
ELM –¿Cómo ve
la literatura actual de nuestro país?
FV – Es difícil
tener una opinión válida sobre la literatura contemporánea
nicaragüense joven que se está formando y está en proceso de
publicación. El poeta es un largo proceso de madurez que se va
haciendo con la experiencia y en un joven es difícil encontrar
esa madurez. Claro que se dan casos en Francia como los de
Rimbaud y Lautréamont que mueren jóvenes y con una obra inédita,
pero son casos muy aislados. El tiempo irá dando a cada autor la
cultura que es algo fundamental, aunque Nicaragua sea un país
pobre y el poeta tenga que trabajar en medio de esa pobreza
cultural. Se tiene que invertir más dinero en las artes y abrir
espacios de publicación. |