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Banda Hispânica (collage, Floriano Martins)

Delfina Tiscornia

Collage, Floriano Martins

 

Mientras la noche avanza

Alfredo Fressia

La poetisa Delfina Tiscornia, nacida en Buenos Aires en 1966, se quitó la vida el 1o. de junio de 1996. Dejó un libro de poesía publicado (Equivocación del paisaje, 1993) y un conjunto disperso de inéditos en prosa y verso, seleccionados y reunidos ahora en Mientras la noche avanza (Emecé. Buenos Aires. 1997). El presente volumen, muy cuidado gráficamente, no evita sin embargo las perplejidades que suelen suscitar las obras póstumas no organizadas por su autor. Si la "voz" autoral ya no comparece para seleccionar y "ordenar" (esto es, generar significado), las obras estructuradas póstumamente desautorizan cualquier ingenuidad frente a la noción de autoría, una noción que este volumen de Emecé tiende más bien a empobrecer, debido al doble trámite elegido por el editor.

En primer lugar, los presentes textos constituyen, según la solapa, "una selección de fragmentos dispersos en prosa y en verso extraídos de su extensa producción". Se trata, efectivamente, de un primer texto en prosa de la autora que abre el libro "A modo de prólogo", seis "Poemas sin fecha", "Dos canciones", dieciséis "Fragmentos" (líricos), veintiocho poemas de "1986-1996" y un texto final en prosa "A modo de epílogo". Pero la edición no aclara qué criterios rigieron esta selección y tampoco identifica a su autor, una escamoteo editorial que termina por dejar al poemario desvalido y al lector desorientado.

Por otro lado, el innominado organizador ordenó los textos elegidos según su evolución cronológica, un criterio que se quiere "documental", pero que peca por ingenuo en un libro que incluye poemas anteriores a 1993, fecha del libro publicado por la autora, obviamente desechados por ella, y cuya temática general aparece premeditadamente centrada en el tema de la muerte.

Con esta naturaleza híbrida de "documento", pero alterado, el libro exhibe una obra breve y desconcertante. Dos textos de la autora previenen al lector. El primero, en "A modo de prólogo": "Por eso elijo escribir sin la participación de lo racional: el borboteo inconsciente, con sus altibajos y sus maravillas, su discurso cortado y a ratos terrible, la crudeza sin leyes de un balbuceo infantil, la estética incontrolable de la palabra suelta, libre de los márgenes que usamos cuando hablamos con otro." El segundo texto-advertencia hace parte de los "Fragmentos": "No hay conflictos en mi escritura, no hay poesía/ objetiva del dolor, por tanto no seré poeta/ sino convaleciente catártica."

Efectivamente, algunos de estos poemas no pasan de catarsis y recuerdan a veces "un balbuceo infantil". Pero Tiscornia es poetisa y sobrevive a esta inopinada "reunión" de su poesía inédita por su relación casi instintiva con el idioma, la que suscita una estética del "discurso entrecortado y a ratos terrible", que va más allá del mero automatismo. Se trata de un universo (editorial y sin duda autoral) donde las menciones de la vida cotidiana, urbana, con sus obsesivos "trenes", coexisten con un vasto bestiario, nunca abstracto, más bien amenazante. Serpientes, dragones, escorpiones, tigres van creando el tejido que aprisiona "el alma/ serpiente herida/ dentro del tronco de las pasiones" ("Desire"), un alma que "está enredada todo el tiempo en los lazos del amor, el odio, el miedo" ("A modo de prólogo"). Ese miedo adquiere también forma animal en una imagen inesperada: "toparme cara a cara con mi miedo y dividirlo/ tomarlo por la cola y sacudir sus imágenes" ("Quiero morir de fuego y sangre"). Y la muerte puede adquirir este aspecto: "Voy a morir como una oruga triste" ("Entrada en la madera").

Al mismo tiempo que el verbo más repetido de este poemario es "querer" ("quiero", "quisiera" y aun "Quisiera no querer"), Tiscornia, o la "Tiscornia" de esta edición, en su aspiración a conocer "la persona" ajena a las pasiones, se revela casi una "zen" rioplatense: "Este es el paraíso,/ un acuerdo sin miedo y sin deseo" ("Los jaguares del pensamiento"), "Qué rara paz;/ este estar abierto y sin deseos" ("Más acá, por favor"). El propio cuerpo puede ser una prisión: "¿Será este cuerpo mío/ que no es mío en la noche/ una jaula de arterias/ una sutil urdimbre imaginaria?" ("El tedio y sus horas"). Y la muerte será el instante del encuentro y la despedida: "y moriré desnudo sin haber dicho nada/ nada de lo que es mío solamente" ("El engaño").

Es lamentable que el lector cierre este libro, que contiene poemas valiosos, frustrado por la total indefinición de límites entre lo autoral y lo editorial, una indefinición que un buen y explícito prefacio hubiera subsanado. La emoción provocada por el fin patético de la poetisa, que no justifica los paralelos con Pizarnik sugeridos en la solapa, tampoco justificaba la presente penumbra editorial.

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