Antonio Roberval Miketen


Mendes y el Toreo Redondo

Ceder seda por seda, milímetro a milímetro, el tejido de pétalos a las agujas más finas. Tejer, tejer, tejer. Tejer el toro en rosa, sin ceder el terreno exacto al matador. En la lisura de la seda, en un corte de vislumbre, deslizar en la muleta la pureza de la lumbre. Retener en la suerte el toro, dar la vena en los dedos, trayendo el cuero al cuerpo sin el corte del miedo. En la finura de la aguja, aunque la sangre se hiele, retener la rosa oscura en el pétalo de la piel. En el toreo redondo, verterse en sangre y sal, tejiéndose en la rosa de rojo fatal. Milímetro a milímetro, ceder, ceder, ceder. Ceder hasta el límite de sentirse morir.

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