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revista universidad de antioquia (colombia)
 

70 años de historia y cultura

Desde su fundación, el 8 de mayo de 1935 la Revista Universidad de Antioquia ha sido una de las bases culturales de la Universidad, hasta convertirse en lo que hoy es: la prolongación del Alma Máter en el tiempo y en el espacio.

La presencia de grandes personajes de la ciencia, la literatura y las artes ha contribuido para que la Revista trascienda las puertas de la institución y se haya convertido en uno de los medios de difusión y reflexión más importantes del país. Sus 70 años son la memoria de importantes disertaciones, debates y planteamientos que han trasformado el pensamiento nacional.

La Revista Universidad de Antioquia ha sido la mejor propagandista para el conocimiento de nuestra Universidad en el exterior, porque cuenta y cava hondo en nuestra realidad. Por eso nos envían sus publicaciones, estamos inscritos además en catálogos internacionales, y hemos sido elogiados por nuestra revista en ferias del libros dentro y fuera del país. Esta sola labor de extensión universitaria, real y efectiva, muestra la importancia trascendental de esta iniciativa.

[“Cuestiones universitarias”. Alfonso Mora Naranjo”. En: Revista Progreso. No.8. Segunda época. Medellín: Sociedad de Mejoras Públicas. 1950.]

Actualmente, la Revista Universidad de Antioquia, dirigida por Elkin Restrepo, tiene un tiraje de 2.000 ejemplares por trimestre, cuenta con 500 suscriptores y mantiene canje con 400 revistas, de las que cerca de la mitad son publicaciones extranjeras.

Investigación y textos por: Andrés Felipe Restrepo, Koleia Arvila y Juan Felipe Restrepo (estudiantes de la Universidad de Antioquia).

Agradecimientos a la Biblioteca Pública Piloto, archivo fotográfico.

 

2 Alfonso Mora Naranjo (1898-1964), fundador y director

Don Alfonso, como todos le dicen, trabaja más de doce horas diarias. No da muchas órdenes. Todo el tiempo escribe, lee, habla por teléfono, sale a dar clase. Siempre anda con un libro debajo del brazo, no lo descarga ni para tomar tinto.

[Duque, J. E. “Reportaje a Alfonso Mora”. En: Letras Universitarias. No.10, 1948.]

El 9 de abril de 1948 bastaron las palabras de un hombre para contener a la multitud que pretendía incendiar la Biblioteca de la Universidad de Antioquia. Parado en la puerta de la Biblioteca, Alfonso Mora Naranjo hizo comprender a la turba que los libros atesorados allí eran parte vital del patrimonio cultural de todos los antioqueños.

Este episodio da cuenta del papel que representó Mora Naranjo en la vida cultural y social del Alma Máter. Como reformador de la Biblioteca y fundador-director de la Revista Universidad de Antioquia, creó las directrices que les confirieron identidad y posición. En 1948 la Revista logró la circulación de más de 1.300 ejemplares en el exterior, y en 1950, mediante canje y suscripción, la Biblioteca había catalogado más de 4.000 revistas nacionales y extranjeras.

Mora Naranjo fue además secretario del Ministerio de Educación, vicerrector de la Universidad de Antioquia, rector del Instituto Universitario de Manizales, fundador del Instituto de Salamina, director de educación pública en Caldas y rector de la Normal de Antioquia. Se desempeñó como periodista, académico y embajador en Lima. Recibió el Honoris Causa en Literatura de la Universidad de Antioquia, además de la Cruz de Boyacá, como máximo reconocimiento a su labor en beneficio de la cultura.

Cuando Roberto Vélez me dijo, no hace mucho, que Ud. es un hombre juicioso y de talento, no me dijo nada nuevo. Yo había adivinado en Ud., diez años antes, cuando Ud. era un chiquillo de boca simple y ojos plácidos las prerrogativas que ahora le valen la estimación de los hombres de buena voluntad. Por cierto que de esto deduzco yo una lección amarga: y es que todos los esfuerzos del educador valen bien poco, pues cada hombre nace asistido por ángeles o por demonios. Ud. tuvo la dicha de ser de los primeros. […] Yo celebro con todo mi corazón sus inclinaciones hacia las bellas letras, y, aunque a su edad es difícil haber producido una obra maestra, no dudo de sus especiales aptitudes para lograrla.

[Carta de Porfirio Barba Jacob a Alfonso Mora Naranjo. La Ceiba. 1916. En: Cartas de Porfirio Barba Jacob (recopilación y notas de Fernando Vallejo). Bogotá: Revista Literaria Gradiva. 1992. p.52]

 

3 Número Uno: surgimiento de la Revista

El nacimiento de la Revista en 1935 estuvo ligado a las reformas educativas liberales de Alfonso López Pumarejo, y a las reformas universitarias promovidas por Germán Arciniegas en 1932.

Gracias a la expedición de la Ley 68 de 1935, con modificaciones en la Educación Superior como la libertad de cátedra y la autonomía administrativa, la Universidad, encabezada por el rector Clodomiro Ramírez, desarrolló un programa de extensión cultural fundamentado en el trabajo conjunto de la Biblioteca, la Revista y la Emisora.

• Los primeros propósitos

Después de un largo tiempo de receso, empezamos de nuevo la publicación de los Anales de la Universidad de Antioquia. [1] De hoy en adelante será una revista mensual destinada a promover el espíritu de investigación científica entre los profesores y los alumnos de las aulas universitarias.

Nos proponemos también con la publicación regular de los Anales fomentar el intercambio con publicaciones educativas y culturales de los diversos centros universitarios de los principales países del mundo, especialmente de los indo-americanos.

Aspiramos a que esta publicación mensual sea de los estudiantes y para los estudiantes. De preferencia publicaremos en ella trabajos científicos de los profesores y de los alumnos de las facultades mayores de la Universidad de Antioquia. A todos ellos los invitamos cordialmente a que nos envíen sus trabajos para publicarlos.

Las conferencias culturales, la radio y el libro, son las tres palancas que vamos a mover para tratar de levantar cada día más el nivel cultural de nuestra juventud. Ella ha abierto los ojos atónitos en un momento de la historia en que se derrumban estrepitosamente muchos sistemas que los hombres de las generaciones anteriores teníamos como dogmas científicos perfectamente demostrados. Y esa juventud ante tantos fracasos que amenazan la estabilidad misma de la sociedad humana, se pregunta angustiada si hemos sido incapaces de columbrar en los horizontes oscuros que nos cercan, los nuevos caminos que estamos obligados a señalarle para hacer a los hombres un poco mejores.

No nos alarman esas inquietudes juveniles. En lo fundamental la juventud de nuestros días es tan idealista, tan valerosa y tan leal como la juventud de todos los tiempos. Ella sólo quiere que se le abra el campo para investigar las causas de muchos fracasos, revaluar muchas ideas que resultaron incompletas o falsas y que se le proporcionen los medios para una investigación científica que libre a los hombres de nuevos peligros, en su marcha ascendente hacia el mejor estar.

De una cosa sí estamos seguros: por fundamentales que sean los cambios que ya se vislumbran en la estructura política, económica y social del mundo, ellos abrirán nuevos campos de combate en la lucha contra la injusticia, la ignorancia, las enfermedades, la explotación humana, el despilfarro y la guerra.

Preparar a la juventud para esos combates es apenas un deber elemental de los que de cualquier modo influimos en su educación.

Quedan abiertas estas páginas para todo espíritu reflexivo que se dé cuenta del momento de renovación universal en que vivimos.

[Clodomiro Ramírez. Rector de la Universidad de Antioquia. Medellín, mayo 8 de 1935.]

 

4 La Revista como pionera de la cultura

[…] Ese descubrimiento fue definitivo para mi futuro literario, para todo mi trabajo poético. En la Revista Universidad de Antioquia, una revista muy local, aparecieron algunas traducciones de textos surrealistas. Recuerdo muy bien de quiénes, te puedo decir exactamente qué cosas: una parte de: “Poisson salubre” de Breton, poesía surrealista belga, un poema de René Char, y la “Unión libre” del mismo Breton […]. Era una revista de tapas verdes que estoy viendo y que perdí. Para mí esos textos fueron un absoluto descubrimiento y me indicaron la vía por la cual había que escribir poesía.

[Álvaro Mutis, Prosa y poesía. Bogotá: Procultura. 1982. pp. 576-577 (Parte de entrevista)]

En el número 61-62 de 1944, en un espacio dedicado a la poesía, Alfonso Mora publicó la traducción, por Jorge Carrera Andrade, de algunos poetas surrealistas, entre ellos Peret, Eluard, Char, Michaux, Rosey, Desnos, y el poema de Breton citado por Mutis. Tales traducciones fueron de las primeras conocidas en el país.

En el número 122, publicado en 1955, apareció una de las primeras reseñas de La Hojarasca de Gabriel García Márquez. Ángel Alonso Restrepo dijo lo siguiente de quien luego sería el más famoso escritor colombiano:

El caso de La Hojarasca […] es único en nuestra novelística que no puede exhibir, antes de esta obra, otra que se le parezca o aproxime en algún aspecto. García Márquez ha abierto nuevos horizontes a la novela escrita en Colombia […]. El estilo del autor, su don creador inimitable, sus recursos técnicos, la magia poderosa para dar atmósfera irreal a lo que escribe, todo ello conocido ya por quienes nos hemos deleitado con sus cuentos insuperables, adquiere mayor brillantez, en forma ya definitivamente consagratoria, en su primera novela, La Hojarasca, a la que seguramente seguirán otras creaciones suyas del mismo género, porque estamos convencidos de que no será García Márquez, el autor de una sola obra.

[…] Saludemos pues en La Hojarasca al nuevo novelista que con tan prósperos augurios se anuncia, puesto que su obra está llamada a iniciar una profunda transformación, mejor diríamos, revolución, de la novelística colombiana.

En este mismo número se publicó también el primer comentario sobre la obra de Fernando Botero, “Consideraciones sobre la pintura y sobre la obra de Fernando Botero”, escrito por Estanislao Zuleta, quien tenía veinte años, mientras que Botero contaba con veintitrés:

Los cuadros de Botero parecen imágenes que hubieran encarnado de pronto. Una preocupación estética muy semejante al amor ha descartado de ellos todo lo que pudiera reforzar la impresión de existencia real. Los colores, repartidos en grandes planos, producen una especie de decoración afectiva; el dibujo se impone ampliamente como en los frescos, destacando el objeto de su existencia ideal, suprimiendo todas las complicaciones de la reflexión.

[…] La pintura de Botero es acto que lo compromete en todos los frentes. Porque apela en nosotros a una sensibilidad inmediata, a una humanidad primera que está más allá de todas las dolorosas y arbitrarias clasificaciones sociales, quiere entablar su diálogo con un hombre más recto y más libre.

Botero es un hombre en marcha. Estos cuadros, que representan para nosotros un resultado, una realidad independientemente comprensible y justificable, son para él un momento en el proyecto general de su vida, signos premonitorios de una pintura siempre incompleta, siempre en busca de sí misma. Esperemos que avance por este camino, que su arte sea la expresión cada vez más profunda y más pura de su existencia.

 

5 Dos épocas, dos directores

• José Ignacio González Director (1954-1962)

Este periodista y abogado asumió durante ocho años la dirección de la Revista. Tuvo como redactores a Gonzalo Arango, Abel García, Enrique Posada, Iván Correa Arango y Gonzalo Cadavid Uribe, quienes luego serían destacados personajes en el ámbito cultural colombiano.

En esta época, la publicación dio mayor importancia a la literatura, la filosofía y las artes. Adquirió gran celebridad nacional y se consolidó como un espacio de diálogo entre destacados pensadores y escritores del país. Fue además escenario de grandes debates y polémicas, como la de Joaquín Vallejo Arbeláez y Cayetano Betancur sobre metafísica. Sobresalieron textos acerca de la filosofía de Spencer, por Juan Saldarriaga; preguntas por la cultura, de Francisco Romero; ensayos sobre literatura y filosofía existencialista, de Juan David García Bacca; y análisis sobre el marxismo, de Eduardo Nieto Arteta, así como trabajos de Finlayson y Julio Enrique Blanco.

En 1960 se celebraron las bodas de plata de la Revista con el número 140, una edición extraordinaria de cerca de 400 páginas, en la que se publicaron ensayos sobre Spengler, Camus, Da Vinci, arte hispanoamericano, psicoanálisis, y democracia, entre otros temas.

• Jorge Montoya Toro Director (1963-1972)

Uno de los grandes logros de esta época fue la edición de los Cuadernillos de poesía, como parte de la Revista, seleccionados y comentados por su director. Entre otros, se publicaron una selección de poemas de Robert Frost, de Sor Juana Inés de la Cruz y de San Juan de la Cruz, así como selecciones de poesía indígena y poesía latinoamericana contemporánea. Además, traducciones de Sófocles, Eurípides, Tagore, Tennysson, Valery, Heidegger y Maurois. Por primera vez se dieron a conocer “Los salmos” de Ernesto Cardenal.

Los editores durante este período fueron Fabio Echavarría y Jaime Mercado Jr. Como redactores participaron Humberto Echeverri, Gonzalo Cadavid y Juan José García Posada.

En 1969 la Revista se separó definitivamente de la Biblioteca y pasó a depender del Departamento de Publicaciones.

 

6 Los disturbios de 1973

El 8 de junio de 1973, después de una asamblea conmemorativa del día clásico del estudiantado, resultó asesinado, en las puertas de la Universidad y por un agente del DAS, el estudiante de economía Fernando Barrientos. Los estudiantes, en medio de la indignación y el dolor por este hecho, recorrieron las instalaciones de la Universidad con el cadáver de su compañero hasta llegar a las oficinas de la rectoría, donde depositaron sobre la mesa de los consejos los despojos del estudiante muerto y lo cubrieron con la bandera de la institución.

[En: Maria Teresa Uribe de Hincapié (Compiladora). Universidad de Antioquia. Historia y presencia. Editorial Universidad de Antioquia. Septiembre, 1998, pág. 580.]

 

La revista como testigo

Los acontecimientos del 8 de junio del año en curso, que afectaron directamente a nuestra Universidad y que dejaron como saldo trágico la muerte absurda de uno de sus alumnos, y la destrucción irracional de archivos básicos y de parte de sus edificaciones, nos obligaron a cambiar los planes que teníamos para la segunda entrega de la revista.

Consideramos que el órgano oficial publicitario de la Universidad debe consignar en sus páginas tan abominables hechos, sin pretender por ello constituirnos en jueces e inclinándonos desde ahora ante el veredicto que la historia imparcial emita sobre ellos.

[En: Ramón Córdoba Palacio. Revista Universidad de Antioquia No.187. Abril, junio de 1973.]

 

7 Los años 70, crisis universitaria y cierre de la Revista

A partir de 1971 el movimiento estudiantil cobra fuerza. Época de intensos debates por el Programa Mínimo de Estudiantes Colombianos que abogaba por la autonomía universitaria y la participación estudiantil en el gobierno de las instituciones de educación superior.

[En: Maria Teresa Uribe de Hincapié. Compiladora. Universidad de Antioquia. Historia y presencia. Editorial Universidad de Antioquia. Septiembre, 1998.]

En este contexto, a partir del número 186, la revista fue dirigida por el médico pediatra Ramón Córdoba Palacio, quien publicó siete números en colaboración con Jaime Mercado Jr. A pesar de la crisis permanente que vivía la Universidad, la Revista se mantuvo desde marzo de 1973 hasta marzo de 1975, cuando se encomendó la dirección a Carlos Castro Saavedra, durante la rectoría de Luis Eduardo Mesa Velásquez.

En esta época, decayó la calidad de la publicación y se hizo evidente la incomunicación entre director, editores y profesorado de la Universidad. El último número de los años setenta (200-201) evidenció un distanciamiento frente a los parámetros iniciales de la Revista. En la presentación a este número doble, el jefe de redacción, Jaime Mercado Jr., declaró: “En el plano de los géneros impresos, la revista no es sino la extensión del periódico. Su papel básico no es el de agotar ningún tema. Por eso, hoy sus artículos suelen ser breves, divulgatorios. Es al libro al que compete llenar los vacíos, que por obvias razones dejan el periódico y la revista”.

Finalmente, la Revista despareció en 1977.

 

8 Juan José Hoyos y el proyecto de renovación

En 1985, un grupo de profesores de varias facultades nos reunimos y dijimos: ¡Cómo que la Universidad no tiene una revista! Entonces nos propusimos reabrirla. Ahí estuvimos fundamentalmente Jorge Pérez, Luís Fernando Calderón y yo. El rector de la época, Santiago Peláez, nos dijo: ‘Yo los apoyo. Presenten un proyecto y arranquen’”.

[Entrevista con Juan José Hoyos]

En el proyecto presentado a las directivas de la Universidad se propuso un replanteamiento de la Revista. Se hablaba de rehacer la publicación institucional, con una autonomía que garantizara su perdurabilidad, y una política definida que la mantuviera alejada de las limitaciones económicas y de las crisis. Sería una revista ágil y moderna al servicio de la cultura y la sociedad que, como en sus inicios, fomentara y divulgara la investigación y la creación cultural, la ciencia y el arte, además de ser punto de unión y de referencia del estado actual del pensamiento, la crítica y la imaginación, las controversias y opiniones.

En el período dirigido por Juan José Hoyos, la Revista institucionalizó definitivamente el Comité Editorial y retomó los Cuadernillos de poesía. Como novedad se creó la separata de obras musicales de los más destacados Maestros del país.

 

9 Revista No. 202. Nueva etapa

Una revista universitaria tiene que insinuar otros valores y contribuir así al desarrollo de la cultura, tan urgente hoy en Colombia […]. Se publica esta entrega en el momento en que la Universidad inicia una nueva etapa. Nuestra ambición necesita ser correspondida. Con esta revista estamos contribuyendo también a los esfuerzos que se hacen en otros campos, para devolverle la imagen y el lugar que le corresponde a la Universidad dentro de la vida educativa del país.

[Santiago Peláez (Rector). “La Revista”. En: Revista Universidad de Antioquia No.202, octubre-diciembre de 1985.]

En este resurgimiento, la Revista publicó por primera vez una fotografía a color en la portada, tomada por Guillermo Melo. Apareció el documento inédito de José Manuel Restrepo “La geografía antioqueña”; además de los ensayos “¿Para qué la filosofía?”, de Karen Gloy, “La historia del universo”, de Lorenzo de la Torre, y “La crisis del estado en Colombia”, de Ricardo Sánchez.

Del número 195 se retomó el célebre ensayo de Luis Ospina Vásquez “La estructura de la Universidad”, y se dedicó una sección a las artes plásticas, y una más a la Biblioteca Central en “Vida de la Universidad”. En una separata presentada por el profesor Mario Yepes, la Revista publicó partituras del maestro Rodolfo Pérez basadas en poemas de Meira del Mar.

 

10 Década de los noventa

Héctor Abad Faciolince Director (1993-1997)

La revista de Juan José ya estaba bastante bien organizada. Creo que él, por su formación periodística, la cambió radicalmente, la hizo, en cierto sentido. Puede que yo no estuviera a veces de acuerdo con su gusto en la selección de los textos, pero sí con la organización de la Revista y con ampliar el número de lectores, con no hacer una revista de y para los profesores de la Universidad de Antioquia, sino de abrirla a muchos temas y personas. Tal vez él hacía menos traducciones, y yo intenté hacer más porque me interesaba que la revista se abriera a cosas internacionales. También intenté ponerle más énfasis a la divulgación científica, que es una obsesión para mí.

Se trataba de que fuera una revista universitaria pero en el sentido de universal, que se ocupara de varios campos del saber de una manera muy legible, sin hacer periodismo breve del otro tipo de revistas, sino que fuera un poco más extenso sin convertirse en un ladrillo. Yo quería hacer una especie de Cartel de Medellín, pero Cartel como acrónimo: C, por ciencia; Arte; y L por Literatura. Faltaría tal vez alguna palabra de política o de sociología, pero era un Cartel alternativo que trataba de hacer eso. Que se supiera que en Medellín se podían producir otras cosas, fuera de cocaína.

Luis Fernando Macías Director (1997-1998)

Recibí una revista con una estructura muy clara, la que le habían dado Juan José y Héctor. A mí me tocó mantenerla y caminar hacia un diseño más moderno y más ágil, buscar el equilibrio de las páginas, la tipografía y las ilustraciones. En cierta medida hubo un cambio radical porque antes se diseñaban primero las páginas de texto y se dejaban los espacios para las ilustraciones. Nosotros diseñamos de una vez la ilustración en relación con el texto, como un todo, integrando el texto y la ilustración para hacer una sola imagen.

En cuanto al contenido de la revista había unas secciones muy definidas que se mantuvieron. Claro que yo traté de darle un carácter más académico del que tenía con Héctor. Aunque él le dio una presencia internacional muy buena que había que mantener, era necesario publicar artículos de más peso académico.

Las primeras tres o cuatro revistas que hice estaban muy en relación con lo que Héctor había hecho, incluso hay una revista que es “La canción ebria”, referente al tabaco y las drogas, que fue pensada por él; a mí simplemente me tocó realizarla. Hay otra sobre las religiones que él tenía prácticamente hecha y yo sólo la distribuí.

En un lapso tan corto de tiempo, el cambio que se puede hacer es realmente muy poco, porque hay que respetar el trabajo que viene desarrollando e ir introduciendo cambios muy pequeños.

Elkin Restrepo Director (1999 al presente)

Esta es una publicación que conozco y quiero desde siempre. Desde que era un imberbe, corría a la antigua biblioteca situada en la calle Ayacucho para comprarla. Mis primeras noticias sobre el existencialismo y las diferencias filosóficas entre Sartre y Camus, por ejemplo, las encontré allí. Digamos entonces que, cuando por todo tipo de razones tiré el catecismo del padre Astete, mi chaleco salvavidas lo constituyó la Revista Universidad de Antioquia.

Además, no hay que olvidar que ésta es una publicación con una tradición muy grande y que, por lo general, la han dirigido destacadísimos intelectuales y escritores, que han sabido darle el valor y el lugar que le corresponde.

Cuando llegué a ella, lo mío, por lo pronto, fue aprovechar los recursos técnicos y de edición que el computador y los nuevos programas facilitaban. Un diseño acorde con los nuevos tiempos, la calidad en la impresión, un papel fino, el color, las ilustraciones de calidad y la vinculación a ella (siguiendo la constante de siempre) de escritores y colaboradores nacionales y extranjeros de primerísimo categoría, estas fueron las principales inquietudes en un comienzo. Lo demás se ha ido dando con el tiempo.

 

NOTA

1.  “Los Anales servían como medio de comunicación de la rectoría con los alumnos y la comunidad en general. Allí se informaba sobre los distintos aspectos de la vida universitaria. […] Así mismo, se publicaban las tesis de grado que por su interés y calidad académica merecían ser dados a conocer al público, lo cual constituyó el mayor aporte cultural y científico de los Anales”. Santiago Londoño. “La Revista Universidad Antioquia”. En: Boletín Cultural y Bibliográfico. Bogotá: Banco de la República. Vol. XXVI. No.18. 1989. p.43

      

 


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