revista de cultura # 60
fortaleza, são paulo - novembro/dezembro de 2007






 

Edmundo Aray: de la vida y aventuras de El Techo de la Ballena
[
entrevista]

Anita Tapias y Félix Suazu

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Edmundo ArayFÉLIX SUAZU Cuándo y cómo surge “El Techo de la Ballena”.

EDMUNDO ARAY El Techo de la Ballena surge impulsado por la ebriedad, nace en Salamanca con Carlos Contramaestre, Caupolicán Ovalles y Alfonso Montilla; el primero estudiaba Medicina y Derecho los otros dos. De la ebriedad pero también de la locura, del espíritu Rimbaudiano, de Lautremont. Carlos amó profundamente la literatura y la pintura españolas y, en general, todas aquellas manifestaciones que tuvieran una carga subversiva. Su asidero mayor: el hecho plástico. Una figura fundamental influyó en su trabajo como pintor: Archimboldo. En el período de su permanencia en Salamanca, surge un movimiento plástico: el informalismo. A Carlos lo impresionan Tapies, Millares, Canogar. Las lecturas de Sade, Lautreamont y Rimbaud forman parte de su acervo como artista. Se trataba fundamentalmente de consumir la vida en el propio acto de la creación. Concepción que luego va a ser parte de El Techo de la Ballena; de consumir la existencia en el hecho poético, en la locura, en el humor, en la provocación, en la ebriedad. En ese magma surge El Techo de la Ballena.

A nosotros nos llega la noticia de los afanes balleneros en España. Caupolicán viaja a Caracas. Luego Contramaestre. En ese entonces nos reuníamos alrededor de Sardio, un grupo que congregaba a narradores, poetas, pintores, críticos de cine, dramaturgos. Grupo que alzaba las propuestas de un nuevo humanismo, al tiempo que insurgía, con “espíritu polémico” contra la literatura tradicional, el “color local” de las manifestaciones artísticas, el costumbrismo, los restos del positivismo, el paisajismo y el realismo socialista. En el TESTIMONIO del Número 1 de la revista Sardio se expresaba: “Vivimos en medio de prejuicios y cofradías. Nos falta meditación, trascendencia. Nuestra escala de valores está regida por la timidez y la complacencia. Pero la cultura es algo más el juego deleitoso de gentes que se rinden mutua pleitesía. Ella es la expresión de la historia, espejo de los júbilos y de las tribulaciones del hombre. El reino inquebrantable de la verdad”. Elegancia y pretensión, espíritu polémico.

Gran parte de los miembros del grupo había tenido formación en Francia, aparte de haber adquirido buen conocimiento de los grandes poetas, plásticos y narradores latinoamericanos, ingleses e italianos.

En el curso del período 1958-1961 con el sello de Sardio se publicaron ocho números de la revista, seis ediciones y varios libros, además de la realización de varias exposiciones. Antes del 58 algunos compañeros sufrieron de la persecución de la dictadura, como el grupo en su conjunto pues trataba de sostener el ejercicio de la inteligencia con afanes libertarios.

En el año 61, cuando comienza a manifestarse el espíritu ballenero, y en medio de la represión del régimen de Rómulo Betancourt y de su policía del interior, Carlos Andrés Pérez, gran parte de la gente de Sardio se encontraba fuera del país: Guillermo Sucre, Adriano González León y Rómulo Aranguibel, en París, Elisa Lerner en New York, Gonzalo Castellanos en Alemania, y algunos otros en el interior. Gonzalo regresa en plena efervescencia ballenera. Es entonces cuando Rodolfo Izaguirre, Salvador Garmendia, Gonzalo y yo decidimos publicar el número ocho de Sardio con un Testimonio sobre Cuba y la inserción de los materiales de la ballena, que ya había iniciado su navegación.

El número 8 de Sardio es un número francotirador de cierta manera, porque en el aparecen los primeros manifiestos de El Techo de la Ballena. Existiendo Sardio, comenzamos a conformar El Techo, a generar un movimiento de agresivo enfrentamiento a la cultura “oficializada”, gozosa de sí, de la que no escapaba Sardio.

Encomendamos a Gonzalo Castellanos - el esteta, el menos politizado - que escribiera el testimonio de ese número 8, un texto sobre la Revolución Cubana que resultó ser un texto incendiario. Gonzalo investigó seriamente las relaciones de Estados Unidos con América Latina, y sobre Cuba, en particular. Ese acto incendiario agitó los ánimos de muchos intelectuales, gente de la cultura nacional, y a los propios integrantes de Sardio en el exterior.

A todas estas, aquí en Caracas, alrededor de la Ballena se alineaban artistas plásticos ya insertos en el movimiento del informalismo o del expresionismo y que rechazaban particularmente la pintura del abstraccionismo geométrico, dígase Daniel González, Ángel Luque, Gabriel Morera, Fernando Irazabal, Juan Calzadilla, Perán Erminy.

FÉLIX SUAZU Usted decía que El Techo de la Ballena surge impulsado por la ebriedad. ¿Cómo se manifestaba esa ebriedad en su sentido vital?

EDMUNDO ARAY Era una ebriedad de la ebriedad, el humor de la ebriedad. Cuento: Una noche, en Salamanca, Carlos Contramaestre fue a verter sus orines cerveceros en el mingitorio, pero equivocó la ruta y fue a parar a la bodega de la tasca. Muy preocupados Caupolicán Ovalles y Alfonso Montilla porque el tiempo pasaba y Carlos no regresaba del mingitorio, decidieron buscarle. No estaba. Por supuesto, pensaron que podía encontrarse en la bodega. Al abrir la puerta escucharon un chapoteo que venía de un gran tonel. Preguntaron: ¿Carlos, Carlos, estás ahí? Exactamente. Carlos respondió: si, si, pásenme una aceitunita.

Fue tal el desenfreno de natación etílica, que a las puertas de todas las tascas de Salamanca se fijo un letrero que decía: “Se prohíbe la entrada a los señoritos Carlos Contramaestre, Caupolicán Ovalles y Alfonso Montilla”. A todas estas los señoritos discutían entre la iguana ebria y el techo de la ballena. Triunfó Jorge Luis Borges y la metáfora de los balleneros: el océano es el techo de la ballena.

La ebriedad oceánica comulgaba la complicidad con Lautreamont, Rimbaud, el mejor Artaud, Archimboldo, Sade, Dadá, Breton. Para colmo, los delirios del Capitán Ahab persiguiendo a la muerte, dígase la ballena blanca, consunción de la existencia.

FÉLIX SUAZU Según entiendo, y por la manera en que surge el grupo, se trata de escritores o personas que por lo menos tienen un sentido poético de la vida. Cómo se expresa ese sentimiento poético en el caso de los artistas plásticos. ¿Esa comunión de disciplinas, ese encuentro de lo literario y lo visual, no generaba algún tipo de tensión?

EDMUNDO ARAY El Techo estaba conformado por un grupo heterogéneo, hoy diríamos multidisciplinario. Narradores: Salvador Garmendia, Adriano González León. Poetas: Caupolicán Ovalles, Francisco Pérez Perdomo, Juan Calzadilla, Efraín Hurtado, Edmundo Aray. Pintores y escultores: Carlos Contramaestre, Alberto Brandt, Ángel Luque, Gabriel Morera, Daniel González, Fernando Irazabal, J.M. Cruxent, Manuel Quintana Castillo, Pedro Briceño, Dámaso Ogaz, Antonio Moya, Hugo Baptista. Balleneros desde París: Roberto Sebastián Matta Echauren y Jorge Camacho (expusieron en la Galería del Techo). Críticos de arte: Juan Calzadilla y Perán Erminy. Críticos de cine y narrador: Rodolfo Izaguirre. Aliados desde USA: Allan Ginsberg. Ferlinguetti, Henry Miller. Amigos y compañeros en Venezuela: Jacobo Borges, Luisa Richter, Régulo Pérez, Maruja Rolando, Elsa Gramcko, Gego, Leufert, y pare de contar.

¿Un cuento sobre Jacobo Borges? Jacobo intentó un acercamiento con  Sardio, en el año 57. Por aquel año hacía una pintura de contenido folklórico. Se presentó en Sardio con dos cuadros cuando se iba a inaugurar la Galería Sardio. Los dos cuadros fueron rechazados. Aquella noche acompañé durante muchas cuadras a Jacobo, desolado por que no le habían aceptado sus pinturas. ¿Cuál era el motivo? Vaya uno a saber. ¿Estampas? ¿Folkorismo? Anos después Jacobo devino en un extraordinario pintor, en un artista de militancia ballenera, ciudadano de firme militancia marxista. Le sentíamos nuestro. En la Galería del Techo se presentó una de sus grandes muestras: Las Jugadoras.   

Distingo la herencia de Sardio en El Techo. Sardio tenía el carácter de un movimiento literario, pero también de un movimiento plástico. En él participaron artistas como Omar Carreño y Mateo Manaure. Geométricos ambos. Figurativos: Marcos Miliani y Manuel Quintana Castillo –cercano entonces a Rufino Tamayo. En aquellos años pinto algunos cuadros magistrales, uno de ellos, “La Tejedora de Nubes” (Premio en el XVII Salón Oficial Anual de Arte Venezolano, 1956). Convivían figurativos, artistas que entonces llamamos del realismo mágico, y geométricos. En el ámbito político: social demócratas y socialistas.

El Techo de la Ballena fue, igualmente, un movimiento literario y plástico, pero de una agresiva militancia política. Un grupo heterogéneo, en la narrativa, en la poesía o en la pintura. Pero en todos estaba planteado la búsqueda, la experimentación, el desenfado, el espíritu subversivo. Con una concepción política de izquierda.

En sus comienzos, ninguna tensión en Sardio ni en El Techo. El triunfo de la Revolución Cubana y luego el fraude de la democracia en los inicios de la IV Republica dio lugar a la discusión política, a los enfrentamientos, a los alineamientos. En el caso de los balleneros las tensiones fueron menores, aunque las deserciones.

Traigo un nombre: Hugo Baptista, compañero de travesías y ebriedades. Muy admirado, muy querido por nosotros. Había realizado un bello trabajo plástico en Europa. Hablo del período de los barcos, seguramente el gran período de Hugo. Compañero de navegación en el modo de vivir, en el modo de existir, en el modo de afrontar el arte, el hecho creador, la poesía y la existencia.

Volvamos al informalismo. Ya existían manifestaciones dentro del informalismo cuando Carlos Contramaestre regresa a Venezuela. Con él hay una envión, una sacudida, un verdadero coletazo de ballena. El movimiento adquiere mucha fuerza y La Ballena se perfila en ese momento, fundamentalmente, como un movimiento plástico que adquiría, por supuesto, toda una carga agresiva. Recuerden que además hay una tradición en la historia de los movimientos, particularmente del siglo XX, de los movimientos literarios, de los propios movimientos pictóricos, que siempre salían a dar la batalla mediante manifiestos. Pues bien, los balleneros, como los sardianos, acudieron a los manifiestos como testimonios de concepción de vida y del arte.

Tanto en el campo de la literatura como en el campo de las artes plásticas –el futurismo, iniciando el siglo XX, por ejemplo- , los movimientos renovadores surgían a través de manifiestos, con una carga de rechazo al pasado inmediato o mediato.

En el caso de El Techo viene más que por esa tradición, por la influencia de los futuristas, del dadaísmo y de los surrealistas. Ya nosotros habíamos tenido algunos contactos con el propio André Bretón, al través de Jorge Camacho, pintor cubano, el propio Roberto Matta que había vivido todas las angustias y toda la protesta y todo el desenfado del surrealismo.

Las primeras exposiciones de El Techo tienen la impronta del hecho plástico. De allí que hallamos escogido un garaje en El Conde, barrio de Caracas, de ámbito reducido pero de interior volcánico. Un modo de llamar la atención y de enfrentar a las formas oficiales de hacer y de mostrar el arte y de poner en entredicho los ámbitos aséptico de los museos.

JulioEn la busca del azar objetivo, en los preparativos de alguna exposición, le preguntamos a un transeúnte: ¿usted cree que la pintura debe desaparecer? A aquel hombre por poco no le da un infarto. Respondió, sobresaltado: ¡cónchale, la pintura no debe desaparecer. Yo vivo de ella. Le preguntamos: ¿Cómo que vive de ella? Y nos responde: Claro, vivo montado en un andamio.

El desafuero acompañado por el humor. El Techo de la Ballena asumió el humor como un medio de trabajo, el humor negro, escatológicamente anticristiano, pero hoy pienso que con cierto pudor. Después de todo muchos de nosotros éramos padres de familia y no dejábamos de respetarla, a nuestra manera, claro, con toda la carga de Rimbaud. (Perdonen la sonrisa).

¿Tensiones? Ninguna, a no ser las que surgían de las diferencias del proceso creador y de las tempestades etílicas.

FÉLIX SUAZU Usted decía que siempre que hay un movimiento de vanguardia hay manifiesto, y siempre que hay un manifiesto hay un pronunciamiento, y este manifiesto sirve como instrumento de lucha, como programa. ¿Contra quién luchaba El Techo de la Ballena?

EDMUNDO ARAY En el plano de la cultura, el enfrentamiento era fundamentalmente contra la literatura convencional, costumbrista, arribista, de oficio, contra los Salones Oficiales, la figuración blandengue, el abstraccionismo geométrico, las propuestas “colorritmicas” de Alejandro Otero, las primeras manifestaciones cinéticas de Jesús Soto. (Por cierto, cuando Soto regresó de Paris a comienzos de los sesenta declaró que deseaba incorporarse a El Techo de la Ballena. Pero nosotros no teníamos nada que ver con Soto, ni lo queríamos inserto dentro del Techo. Soto fue tan consecuente por las cosas que hacía El Techo, por sus proposiciones plásticas, por el desenfado informalista, que hizo un mural en un patio interior del Museo: acto de complicidad con las propuestas informalistas de los balleneros. Al parecer, lo desaparecieron del muro donde estaba instalado).

FÉLIX SUAZU ¿A qué llama usted figuración blandengue?

EDMUNDO ARAY Te voy a contar una anécdota por respuesta. Es sobre Luis Alfredo López Méndez. Que me perdone en su tumba y que en paz descanse. Un día me llama López Méndez y me dice: ¿Usted es el señor Edmundo Aray? El mismo -le respondo-. Entonces me dice: Yo quisiera conversar con usted y con Juan Calzadilla y, si es posible, con Perán Erminy. Le digo: De acuerdo. Total que nos citó en un bar al final de la avenida Casanova. Allí fuimos. Sin mayores preámbulos nos dice, enormemente angustiado, yo quiero conversar con ustedes por que el señor Calzadilla ha atacado a mi pintura. Quiero confesarles que yo vivo de ella; si ustedes siguen atacando mi pintura voy a perder mis clientes, mis compradores, a la gente que gusta de mi trabajo. Yo se que mi pintura no tiene nada que ver con ustedes y que pueden llamarla como quieran en sus declaraciones, pero les ruego que procuren no mencionarme porque yo vivo de ella. La pintura es mi oficio, mi modo de vivir. Claro que se alargó la noche. Consumimos tragos y anécdotas. El compromiso fue cumplido como correspondía. Nunca más.

¿Blandengue?: el plácido ambiente de la llamada cultura nacional, el arte para la posteridad con su fardo de tradiciones y buen gusto, el arte como escalón o, plataforma para el reconocimiento de la sociedad culta. ¿Blandengue?: los soporiferos de la escolástica literaria y del positivismo y el modernismo trasnochados. Las postales del Ävila y las postales de jarrón.

En las letras los balleneros irrumpían, de alguna manera, contra la literatura galleguiana – hoy, por cierto, reconocida en su plena dimensión por muchos de nosotros -, sobre todo contra los epígonos de segunda y tercera. Nos daba piquita el movimiento Cantaclaro (1950) y, particularmente, los realistas socialistas.

En todo caso se trataba de asumir nuevos modos de expresión, una crítica acerba a una sociedad violenta que generaba una atmósfera de muerte en nombre de la democracia representativa. Empleamos cualquier medio para irrumpir contra ella, contra la sociedad como tal: el absurdo, la arbitrariedad, el arpón magmático, la lujuria de la lava.

Ello significaba que el Techo de la Ballena asumía una actitud política, de burla y acidez contra la democracia representativa. Por supuesto, tenía al frente, una  isla en el Caribe, el movimiento del 26 de julio, un proceso revolucionario. Buena parte de nosotros se inscribe, digamos, dentro del apoyo a la revolución cubana y dentro del apoyo a la subversión política en Venezuela y al propio movimiento guerrillero. A nuestra manera, fuimos guerrilleros. Si, guerrilleros en el mundo del arte, en el mundo de la literatura y también en el mundo de la cultura política.

FÉLIX SUAZU Edmundo pero no todos los miembros del Techo de la Ballena comulgaban con la misma idea.

EDMUNDO ARAY Claro que no, y claro que sí, cada quien a su manera. Muchos de nosotros estuvimos de visita en las cárceles, algunas largas, por cierto. Por ejemplo te doy el caso de Ángel Luque. Él fue hecho preso por ser cómplice en el secuestro del general Smollen. [1] Ángel comete un error, que proviene de la ingenuidad. Acepta esconder al general Smollen en su taller, hombre ducho en el combate contra la subversión. Estuve, aseguró a los siniestros organismos de seguridad, en el taller de un pintor de alto oficio. Ángel Luque fue a parar a Tacarigua, estuvo preso varios meses, y luego lo fueron a Europa. El Ministerio de interior era implacable. En fin, perdimos a Luque, un gran creador

ANITA TAPIAS Alguien nos dijo que él se había ido muy molesto de Venezuela, con un sentir; incluso nos dijeron que aparte de este episodio de haber estado preso por este problema, también dentro del grupo hubo quien lo rechazó porque pensaron que él había delatado a algunos colegas.

EDMUNDO ARAY El resentimiento de Angel fue fundamentalmente con el sector político en el cual militaba. Nosotros estábamos en la subversión y cada quien militaba de manera secreta en la organización que quisiera o en ninguna, pero participaba globalmente en el acto, en el hecho subversivo, en el enfrentamiento a la clase política dominante. De manera que el resentimiento de Ángel fue con su organización. Acaso se sintió desamparado.  Nos era difícil ubicar a Ángel, se ocultaba de los venezolanos, particularmente de los que realizaban algún trabajo político.

FÉLIX SUAZU Edmundo en el año en que se realiza la exposición “Homenaje a la Nicrofilia” (1962), ese mismo año, hay sucesos políticos importantes en el país, como El Porteñazo, El Carupanazo. Generalmente los acontecimientos socio-políticos influyen también en la conducta de los intelectuales, y ya que estaban comprometidos más allá de la pintura o precisamente habían comprometido la pintura, la literatura, todo. ¿Qué sucesos marcaron la toma de posición en El Techo de la Ballena?

EDMUNDO ARAY Los balleneros no podíamos desprendernos de nuestra existencia social, respirábamos una atmósfera de muerte, de violencia brutal.

Dentro de esta atmósfera de muerte, dentro de esta violencia enorme, realmente nos sentíamos perseguidos, o provocábamos la persecución, conciente o inconscientemente.

 ¿Cómo responder a la muerte? Pues bien, desde Jajó –pueblo del estado Trujillo- en una medicatura rural, entre el cielo y la montaña, con el puñal de los acontecimientos y el espíritu de los comedores de serpientes, Contramaestre comienza a darle cuerpo a sus delirios, sus enconos y su rechazo a los sustentadores del poder. Luego, en el matadero de Cabimas, violenta el corpus escatológico de la existencia nacional: un “Homenaje a la Necrofilia”. La materia: vísceras y huesos como medios de trabajo y de expresión. Se convirtió en consecuente visitante del matadero, luego de atender a sus pacientes en un garaje que tenía por consultorio. (Escríbase: Carlos viene del informalismo, en viniendo desde los intestinos de Archimboldo. En el período informalista trabajó con la tierra, como si trabajara con la lava, tal su materia. Explora el mundo magmático, es decir, busca, hurga la tierra, las cenizas, los restos de la muerte). El matadero se convierte en su taller, o, al menos, en su fuente plástica. Pieles, huesos, vísceras son, dice, mi materia prima. Hachas y cuchillos mis instrumentos de trabajo. Había renunciado al creyón, al pastel, a la placa, al óleo, a la brocha y a los pinceles. Quedaban sus manos y estos nuevos medios de trabajo. Las vísceras, afirmaba entonces, es materia en ebullición. En el catálogo de “Homenaje a la Necrofilia”, Carlos aparece retratado en un matadero. Pone como pie de foto: el artista en su taller. Un ciudadano de camisa blanca, impoluta.

JulioDurante varios meses trabajó como un verdadero carnicero, o bien de recolector de desechos. Para los matarifes se trataba de un médico, bondadoso y solidario, por cierto, con sus pacientes, y científico de gran porvenir, lustre de la región, tan sólo lustrada por el petróleo y las compañías petroleras.

¿Qué sucede? Pues, conversamos con Carlos. El pintor había armado su exposición. No requerimos de muchos tragos para afirmar que era realmente alucinante. Al amanecer, en un prostíbulo de Cabimas, con mucha cerveza, repetidos improperios contra el régimen, mucho encono y reservas de las amigas y mucho Daniel Santos decidimos hacer la exposición en Caracas y en un garaje.

A los días Carlos se presentó con un camión y unos doce cuadros y varias esculturas. Tuvo suerte con la galería. Concertamos con una señora el alquiler de un garaje. Calle Villaflor, Sabana Grande. La señora amaba las expresiones artísticas. En su familia se cultivaba la pintura y la poesía. Todo un primor. Salimos de aquella visita como de la primera comunión. (Carlos comulgaba con Dios, más no con la hostia, a no ser las que recibió una y otra ocasión en las callejuelas de Salamanca).

Una semana después, se abrió la exposición con los bombos y platillos que corresponde a una galería en un garaje, pero también a un velorio. Vestidos de negro. Las mujeres con trajes para la ocasión. Y, por demás, con el hombre orquesta, quien olfateó el acto y montó su concierto hasta muy altas horas de la noche. Se bailó, cumplido el ritual de la inauguración, pues de velorio las tripas en las paredes.

El catálogo de la exposición pasó desapercibido para muchos, en aquella fiesta necrológica, que no Necrofílica, con flores amarillas, coronas exquisitas, mucho ron y cervezas adquiridos en los bares vecinos. Pero aquel catálogo interesó particularmente a los periodistas de la cadena capriles y a los sabuesos del régimen.

El Homenaje a la Necrofilia irritó no solo al régimen que ya estaba incómodo por las publicaciones nuestras, particularmente por el libro ¿Duerme usted señor Presidente?, y la exposición en Homenaje a la Cursilería. Pero no sólo molestaba al Gobierno sino también a cierta izquierda de escritorio, bufete y mariposa, que no comulgaba con los modos balleneros. Fueron muchas las discusiones -por cierto, en los bares de la calle El Colegio de Sabana Grande- entre los políticos y los balleneros, que nos ponían en evidencia ante el enemigo principal.

El Homenaje a la Necrofilia fue respuesta y testimonio de una existencia concreta: represión, tortura, desaparecidos, complicidad de los medios, violencia policial del régimen, contra violencia.

El Homenaje a la Necrofilia fue motivo de escándalo nacional en el que influyó el hecho circunstancial y el aparato del régimen. También funcionó el azar objetivo, porque los desechos del catálogo fueron encontrados en los talleres gráficos de la Universidad Central de Venezuela. Habíamos impreso el catálogo allí, con el mayor cuidado posible, con el mayor secreto, casi clandestino. Pero esos desechos fueron recogidos por algún oficiante del gobierno y llegaron a las manos de la Cadena Capriles, quien los utilizó para armar un escándalo y atacar a la Universidad, pues se consideraba a esta institucion como uno de los centros fundamentales de subversión política. Aquellos titulares a ocho columnas, aquel tropel de columnistas de la decencia y la moral nos dieron mucho aire para continuar en el empeño demoledor y provocador. El artista, confirmábamos, podía dar respuestas contundentes a la existencia social.

FÉLIX SUAZU ¿Se podría decir que en este período hubo momentos de tolerancia, momentos en que los intelectuales anti oficialistas podían expresar su descontento?

EDMUNDO ARAY La tolerancia propia de quien no quiere buscarse pleitos con los artistas ni usar las armas de la represión para cuidar la imagen de la democracia. El propio Carlos Andrés Pérez –feroz como Ministro de Interior, hombre de cuidado como Presidente- cuenta una anécdota con motivo de la publicación del libro “¿Duerme usted señor Presidente?” de Caupolicán Ovalles. Rómulo Betancourt le exige hacer preso a Caupolicán. Carlos Andrés le dice: si nosotros lo hacemos preso se va a generar un escándalo innecesario. Ese es un panfletito, un libro con un tiraje de unas quinientos o mil ejemplares. Claro, si lo ponen en las librerías, yo mando a recogerlo –léase secuestrarlo-. Aunque Betancourt estaba sumamente disgustado y quería meter en la cárcel a Caupolicán y a la gente del Techo de la Ballena, aceptó el consejo de su implacable Ministro. De haberse procedido conforme a Betancourt hubiera fracasado la gestión policial, porque Caupolicán ya estaba a buen resguardo. Quien no escapo del carcelazo fue Adriano González León, autor del prólogo del libro. Al regreso de París fuimos a buscarlo al aeropuerto. También la Digepol. Entre la Digepol y nosotros tuvo más fuerza la Digepol y se llevaron a Adriano, quien fue a parar a los Chaguaramos, urbanización donde se encontraba la sede de aquella siniestra policía del régimen.

Caupolicán se encontraba en Colombia, primero en Cúcuta y luego en Bogotá. Era un riesgo la permanencia de Caupolicán en el país. Nos reunimos en Barquisimeto y le informé sobre la pronta edición del libro. El me pregunta, atribulado: ¿qué significa eso. Y yo le respondo: Eso significa que tú vas a ser el primer exiliado de Rómulo Betancourt. Por supuesto, él entendió plenamente y se fue a Cúcuta. (Cruzar la frontera era común de la lucha política en este país). La represión se acentuó. Y el tiempo de exilio de Caupolicán se alargó. Ocasión que le permitió conocer a los nadaistas, y a los intelectuales de la revista MITO. Ciertamente, nuestro poeta fue el primer exiliado político del régimen de Betancourt, aunque no fuera por disposición expresa del Presidente, si no ballenera. Caupolicán hizo honor a su exilio. Por cierto, aquel exilio nos proporcionaba elemento para señalar el carácter represivo del régimen. En realidad el Gobierno perseguía a Caupolicán. A fin de cuentas lo estábamos salvando de una paliza, además de una larga estada en prisión. Meses después le publicamos un nuevo texto, edición tubular: “En uso de razón”, motivo, a su vez, para hacerle un Homenaje en una exposición colectiva, desaforada y corrosiva, que mostramos en la Librería Ulises, en Sabana Grande.

JulioFÉLIX SUAZU Cuéntenos un poco más acerca del caso de Adriano.

EDMUNDO ARAY Adriano fue encarcelado por haber escrito el prólogo al libro ¿Duerme usted, señor presidente? Permaneció detenido durante varios días. Poco tiempo, pues resultaron efectivas las gestiones de intelectuales del régimen: Juan Liscano y Simón Alberto Consalvi.

Posteriormente Adriano escribió la introducción del catálogo Homenaje a la Necrofilia. Ambos textos son fundamentales pues conforman parte del cuerpo teórico de los balleneros, tanto en lo que respecta a la sociedad, al régimen de muerte, como a nuestra existencia como artistas. Esos dos trabajos tienen mucho más firmeza, basamento, fundamento teórico que los propios manifiestos balleneros.

FÉLIX SUAZU Ya que estamos hablando de fundamentos teóricos: ¿qué clase de literatura teórica y filosófica consultaban ustedes en la época?

EDMUNDO ARAY Nosotros teníamos, en su mayoría, una formación marxista, aunque poco rigurosa. Posteriormente, fuimos consecuentes lectores del existencialismo y de los marxistas revisionistas. Ya para los comienzos de los años sesenta las propuestas de Sardio no satisfacían nuestras exigencias. Asumimos actos más subversivos en el ejercicio político y artístico. Hicimos propios a Lautremont, Sade, Dadá, Breton, Artaud, en general a los movimientos futurista, surrealista, informalista. Convertimos a Moby Dick en especie de libro sagrado. Miramos con mayor entusiasmo la obra de los latinoamericanos: Oliverio Girondo, Enrique Molina, el chino La Torre, Vicente Huidobro, Aldo Pellegrini.

FÉLIX SUAZU El grupo permaneció unido unos cuantos años y luego se va diluyendo: ¿esto es por consentimiento colectivo o sencillamente ya pasaban a otras formas por decisión individual?

EDMUNDO ARAY Desde el punto de vista político aquello que se llamó guerra civil no fue tal. Ya para el año 67 el momento subversivo estaba completamente destrozado; la represión había golpeado seriamente a la izquierda extrema. Naufragaba el movimiento revolucionario. La social democracia se afirmaba apuntalada por la represión. Los partidos políticos de izquierda se acogen a la “paz democrática”.

Al mismo tiempo se da un hecho que divide a los balleneros: el premio Seix Barral para Adriano González León, que lo obtiene con “País portátil” (1968). Para celebrar el acontecimiento nos reunimos sardianos y balleneros en el Bar Restaurant Iruña, situado cerca del Teatro Municipal. (El Iruña había sido lugar de encuentro de los sardianos por los años 56, 57 y 58, en el período de la dictadura). Se trataba de un homenaje a Adriano González León, oportunidad para invitar a la gente de Sardio que no se había incorporado al Techo de la Ballena. El festejo devino en una escisión, con todo y llanto, porque Adriano planteó que había llegado el momento en que cada quien debía hacer su propio destino personal y renunciar al destino colectivo ballenero. Nos dividimos, ciertamente. La ballena había sido seriamente arponada. Aún así mantuvo su navegación durante algunos años más, pero con el chorro a media asta, en desmedro la locura de Ahab.

La desaparición del movimiento como tal la marca esa reunión en el Bar Restaurante Iruña y el premio Seix Barral. Sin embargo, algunos de nosotros fuimos voluntaristas y decidimos mantener el movimiento ballenero. Continuamos con las publicaciones, y una que otra exposición. Por esos años se incorpora Dámaso Ogaz, pintor, dibujante y poeta chileno. Con Dámaso, Caupolicán Ovalles, Juan Calzadilla, y el propio Carlos Contramaestre logramos mantener a El Techo de la Ballena por unos años. Finalmente muere de mengua porque Carlos se va a Mérida y los delirios de Ahab dan paso al desencanto.

Comenzamos a sentir un enorme vacío en la mitad del corazón. Algunos balleneros se incorporaron a las huestes felicitadoras de la social democracia. El discurso incendiario de Adriano sobre el celestinaje intelectual adquirió representatividad en el propio Adriano y unos cuantos ex-balleneros.

Ante el naufragio la aventura del caminante de La Mancha, con su adarga, sin renunciar al arpón ballenero. Creamos Rocinante. En aquel momento palabra solitaria de la despedazada y encarcelada izquierda política, que abrió camino a la discusión ideológica. Edmundo Aray, Héctor Malavé Mata, Ramón Palomares y Efraín Hurtado conformamos su primer Consejo de redacción.

FÉLIX SUAZU Podría puntualizar más en torno al pintor Alberto Brandt, una personalidad vinculada al Techo de la Ballena.

EDMUNDO ARAY Alberto Brandt fue un artista de ruptura total, un provocador a dedicación exclusiva. Para nosotros, paradigmático. Participo en la militancia ballenera. Cultivo particular amistad con Juan Calzadilla y Perán Erminy.

En el Rayado sobre el Techo nº 2 hay una nota referente a Alberto Brandt escrita por Juan, traviesa, lúdica.

Brandt participaba plenamente en nuestros ejercicios falsarios. Muchas de nuestros textos o manifestaciones pictóricas acreditados a alguien, tenían otra autoría. En una oportunidad organizamos una exposición en una librería, pero requeríamos de un cuadro de Alberto Brandt. En aquella circunstancia, fuimos a un mercado de víveres, compramos un kilo de lechuga, unas salchichas alemanas y una bacinilla. La instalación acreditada a Alberto fue deleite del público. Tal acto tenía que ver con nuestra propuesta de que la pintura se consumía en el propio acto de creación. El arte es perecedero.

Sólo tres pinturas y una cantidad similar de esculturas de la exposición “Homenaje a la necrofilia” escaparon del aseo urbano. Cuento una anécdota:  En esa época mi hija María Julieta tenía tres años. Vivíamos en Bello Monte. En la sala del apartamento tenía dos esculturas del Homenaje a la Necrofilia, que había escogido por considerarla menos perecederas que los cuadros, fuente inagotable de gusanos desde la medianoche misma de la exposición. En atención a la verdad, Carlos no había manejado con propiedad sus instrumentos de trabajo, huesos y vísceras. No los incineró debidamente. Días después de haber instalado las esculturas oigo un grito de terror: era de Zonia Azparren, la madre de María Julieta. Pregunto: ¿qué pasa? ¿por qué ese escándalo?. Zonia responde: ¡bota esa vaina!, ¡esto es de horror! Por los huesos de la escultura se movía a sus anchas un gusano que parecía una culebra. En medio de la histeria aquella las esculturas encontraron en un basurero su destino último.

Permítanme, finalmente, una anécdota sobre Fernando Irazabal y su exposición sobre los occisos, en la Galería Mendoza. Se trataba de una exposición que sobrecogía por la manera de tratar el tema de los occisos: el humor negro y el tratamiento plástico de “sus” occisos. Figuras que prácticamente se salían de la celda del formato para agredir al espectador. Entre las piezas, Fernando hizo una que tenía la forma de “cake”, de gran pastel con excitante olor. Rodolfo Izaguirre y Fernando se las ingeniaron para actuar en el momento de mayor concurrencia. Ambos iniciaron una discusión sobre la forma y contenido de aquella escultura pastel que culminó con este diálogo: ¿Qué es lo que tú quieres? – le preguntó Fernando. – Pues degustar tu obra, que no es sino lo que es – respondió Rodolfo. Y con la misma echó mano a la escultura, la partió con malos modales y se comió buena parte de ella en medio del inicial estupor y posterior avidez del público. También el arte puede dar lugar a una indigestión.

Estas dos anécdotas sirvan de homenaje a Alberto Brandt.

FÉLIX SUAZU Háblanos de la relación que establecieron los balleneros con otros movimientos, con otras personas afines, tanto artistas plásticos como escritores.

EDMUNDO ARAY El Techo de la Ballena influyó en el desarrollo de la literatura, de la pintura y en la formación de grupos plásticos, de grupos literarios. Uno de ellos fue el Círculo de El Pez Dorado, que estimulaba Jacobo Borges, Josefina Jordán y Régulo Pérez. (El local de El Pez Dorado estaba ubicado en el segundo piso de un edificio destartalado en la avenida Casanova). Mantuvo relaciones de complicidad con ellos, y participo en varias de sus actividades.

Así mismo, con grupos o movimientos del exterior. El Techo se liga al movimiento Beat, a Ferlinguetti, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, Gregory Corso. Atrajo la atención de Henry Millar, quien nos remitió un texto para su publicación en el número 4 de la Revista, numero que no llego a editarse.

Mantuvo relación con los surrealistas. Bretón se entusiasmó con la gesta ballenera, al punto de decir que los auténticos epígonos del surrealismo eran los balleneros. Roberto Sebastián Matta y Jorge Camacho se consideraban de las huestes de El Techo. Ambos expusieron en la Galería del Techo. Por esos años vino Matta, invitado por la ballena. Roberto trajo su muestra en un tubo enorme envuelto sin mayores precauciones, alrededor de unos veinte cuadros. (Uno de esos cuadros está en el IVIC, en Pipe, adquirido por la institución al través de Marcel Roche, su Director en ese entonces). Posteriormente llevamos la exposición (La llave de los campos) a Valencia, y tal era el grado de irresponsabilidad nuestra, que para su traslado montamos aquellos cuadros en un camión, cubiertos por una lona. Imagínense la sorpresa de los directivos del Ateneo de Valencia cuando llega el camión, se quita la lona y se empiezan a bajar los cuadros como si fueran trastos.

Las relaciones fueron verdaderamente estrechas con todos los movimientos, particularmente con los poetas de Tabla Redonda. Por supuesto que en Tabla Redonda había interés por parte de su dirigente mayor, Jesús Sanoja Hernández, militante del partido comunista, de establecer una marcada diferencia entre Tabla Redonda y el Techo de la Ballena. Pero la mayor parte de sus escritores se sentían ciertamente balleneros. Compartíamos la existencia.

JulioANITA TAPIAS Una vez desintegrado el grupo ballenero, cada cual agarra por su vida, se pierde su espíritu iconoclasta. Es lo que se observa en muchos de ellos.

EDMUNDO ARAY Ciertamente, se perdió.  En la reunión de Bailadores, celebrada en noviembre de 1997, el balance no fue lisonjero, no podía serlo. Gran parte de la gente de la Ballena se insertó, o nos insertamos, dentro de los parámetros convencionales de la sociedad democrática, sus modos de comportamiento. Muchos han disfrutado el reconocimiento y las lisonjas del poder. Otros han permanecido fieles a sus propuestas irreverentes y libertarias.

La reunión de Bailadores saldaba una deuda con Carlos Contramaestre, porque desde el año de 1995 habíamos acariciado la idea de reunir a los balleneros, dejar un testimonio desde nuestros días, de lo que fuimos, de nuestro presente como creadores y del modo de afrontar el resto de llanto o de humor que nos queda.

En Bailadores registramos nuestro trabajo, revisamos la bitácora de la navegación ballenera, volvimos a leer los textos de ayer, nos encontramos, nos abrazamos, nos besamos y nos embriagamos como debe de ser. Nos dimos cuenta de que aquellos textos están tan vigentes, como lo fueron entonces, y, en segundo lugar, que como creadores no habíamos renunciado a la esencia ballenera, a su magma, a esa carga interior, de ruptura oceánica que es la Ballena. Claro que la respiración ballenera perdió fuerza. Su turbulencia se desvaneció en el océano de una existencia social mediatizada.

FÉLIX SUAZU ¿Cómo fue el encuentro con Jacobo Borges en torno a la exposición “Las Jugadoras”?

EDMUNDO ARAY A parte de las diferencias políticas, lo cierto es que Jacobo estuvo identificado con el Techo de la Ballena. Aún más: en la Galería de El Techo, su varadero último, en Sabana Grande, presentamos una exposición de Jacobo: Las Jugadoras. Jacobo vivía en Chacao, en la azotea de un edificio. Estaba en una situación económica difícil. Fui a visitarlo. Surgió la idea de presentar una exposición de su obra reciente. Por motivo de las dificultades económicas, de él como del grupo, se decidió escoger un mismo y pequeño formato. (40 x 40 cm.) Tambores, en los que la tela era sustituida por cartón comprimido. Algunos pocos cuadros de gran formato completaron aquella extraordinaria muestra.

FÉLIX SUAZU Me llama la atención, la inclinación que tenían las luminarias del Techo de la Ballena hacia lo informal para entonces aunque habían pasado por algunos momentos de figuración como fue el caso de Jacobo.

EDMUNDO ARAY El informalismo fue un tránsito, un período de busca, de experimentación, de investigación. Muchos de los pintores balleneros habían bebido en las fuentes del informalismo español y norteamericano. En el caso de Carlos Contramaestre correspondió a un período de tres años, pero no llegó a abandonar su peripecia expresionista, que le permitía ser más agresivo y directo, y con una propuesta no solo plástica sino política. El informalismo no fue la única propuesta de la pintura ballenera. Muchos de la gente del Techo asumieron el expresionismo, ensamblaron propuestas informalistas con el expresionismo.

ANITA TAPIAS Cómo era la relación de los balleneros con lo que significaba para el momento la oficialidad: el Museo de Bellas Artes, para ese momento con Miguel Arroyo como Director, el Ateneo, la actividad de todas esas instituciones que de alguna manera representan la oficialidad?

EDMUNDO ARAY Es cierto que los balleneros irrumpen contra la oficialidad, pero muchos de los intelectuales o artistas con responsabilidades al frente de instituciones de la cultura, entre ellas el Museo de Bellas Artes, estaban ligados afectivamente a nosotros. Miguel Arroyo no sólo fue un excelente y notable conductor del Museo de Bellas Artes, sino también un cómplice nuestro. Miguel compartía muchos de los planteamientos de El Techo de la Ballena. Disfrutaba el humor ballenero, su espíritu corrosivo.

En la Sala Mendoza, con Lourdes Blanco, se hicieron algunas exposiciones de vanguardia, como la de los informalistas españoles. Allí por primera vez, disfrutamos obras de Millares, Tapies y Canogar.

No fuimos mezquinos con el elogio, ni gratuitos con la crítica. Aparte de que nadie aceptaba ser confundido con el arte oficial, por mas convencional que fuera su obra.

FÉLIX SUAZU La verdad es que siento que nuestras expectativas con esta entrevista han sido colmadas.

 

NOTA

1. Se refiere al Teniente-Coronel Michael Smolen, Segundo Jefe de la Misión Militar estadounidense en Venezuela. Cfr. Beatriz Sogbe. ¿Dónde Está Angel Luque?. En, “Angel Luque. Imágenes primarias: 1957-1965. Colección Museo Arturo Michelena. Caracas, Diciembre 2001-Febrero 2002 p. 3. 

Edmundo Aray (Venezuela, 1936). Poeta e narrador. Um dos fundadores do grupo El techo de la Ballena (1963-1968) e criador da revista Rocinante (1969-1978). Obra poética composta por livros como Cambio de Soles (1969), Lilí, siempre Lilí (1988), e Heredades (2001). Entrevista realizada em dois momentos, 1999 (Caracas) e 2007 (Mérida), pelos críticos e curadores de arte Anita Tapias y Félix Suazu. Contato: earay@cantv.net. Página ilustrada com obras do artista Julio (Portugal).

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