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revista de cultura # 51 |
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artista convidado: raúl vázquez |
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Raúl Vázquez: su mística Pedro Correa Vásquez
Nuestra realidad nativa, en el caso de Panamá, nos ha brindado creadores altamente logrados, mas nunca, a mi modo de ver las cosas, hemos contado con un artista que invoque lo sibilino de manera tan constante. Hablamos de Raúl Vásquez Sáez y de su mundo pictórico. Enamorado de los colores "térreos", el artistas plasma una realidad interna, siempre motivada por móviles que conserva su conciencia mítica.
El camino que ha escogido a Raúl Vásquez para que sea pintor, lo obliga a expresarse con ese distanciamiento que sólo el mito puede lograr: muy distante de nosotros, siempre está presente, por cuanto que el mito subyace en la conciencia folklórica del espectador y cobra la vigencia necesaria en ese momento instantáneo y mágico de la invocación. El fenómeno (también oscuro) mencionado es posible gracias a cierto "ritual ambiguo" (título de un cuadro del pintor) que nos liga, en un mismo plano, cruzando tiempo y espacio, casando la imaginación primigenia con la enajenación actual, el pasado que es vivo recuerdo con el presente que se impone de manera incuestionable. Así, pues, en un mismo lienzo, observamos una bicicleta (que es, según el pintor, un "fetiche de niñez") con caballos heridos por lanzas que suelta un "arquero ancestral". Los caballos nos transportan a la hora de Altamira, cuando quizá el Arte cumplió una función mucho más práctica y logran, con ello, lanzar la diagonal que une al presente mediato (recuerdo de la niñez) con los valores estéticos primarios.
Un dibujo sencillo del artista podría lustrarnos no sólo la yuxtaposición nombrada, sino también la vigencia del elemento cotidiano en la obra de Raúl Vásquez. Un personaje en primer plano del dibujo tiene un solo brazo extendido. Se trata de un arquero. El personaje está suspendido en el espacio y no hay ley gravitacional que lo haga caer. Arriba, muy discreto, un sol se enrolla y es capaz, sin duda, de lanzar la señal del rito esperado.
La Pasión del Hijo de Dios es la muerte, y es, también la vida. De la cópula de los armadillos, el mundo continuará su curso. Lo cotidiano expresado está en el consuetudinario acto de aparearse de los animales. La yuxtaposición temporal surge de la utilización del mito cristiano y de su aplicación de la realidad común. En un cuadro, con elementos anecdóticos tan simples, se logra la complejidad profunda que motiva una fuerza motora que escapa al elemento consciente. Todos los elementos míticos de la obra de Raúl Vásquez proceden, sin duda, de su conciencia infantil. Y los elementos ancestrales obvios que el artista muestra (la tumba de un aborigen americano, por ejemplo) son sólo el pretexto para un texto que propone una realidad polisémica apenas calculable. Raúl Vásquez es un arqueólogo del color. Pero su arqueología va más allá de nuestro pasado ancestral amerindio. El universo mítico de la obra del artista liga el tiempo que nos toca vivir con todos los tiempos y logra que universalicemos nuestra estadía y que superemos los falsos regionalismos.
El valor universal del mito radica, precisamente, en su temporalidad. Cambiarán los nombres de los mitos, cambiarán sus presentaciones sociales, pero, en esencia, siempre es inmutable. No olvidemos que se trata de una máscara que simula otra máscara y detrás de dicha simulación todavía no tendremos la seguridad de encontramos con un rostro verdadero. Hay artistas que superan -porque borran- el peso agobiante del único tiempo. |
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Pedro Correa Vásquez (Panamá, 1955-1995). Poeta, ensayista, crítico literario y promotor cultural. Fue profesor titular de Lengua y Literatura Española en la Universidad de Panamá. Premio Nacional de Literatura, Sección Poesía. Página ilustrada com obras do artista Raúl Vázquez (Panamá). |
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