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revista de cultura # 51 |
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Guillermo Sáenz Patterson: "hoy te levantaste con tu
predilecto ojo púrpura" Alfonso Peña
En una reciente nota, apunta el escritor Guillermo Fernández: “Los libros de Guillermo Sáenz, desde hace más de veinticinco años, han rehusado la clasificación ortodoxa. Mucha de su producción apenas ha sido antologada. La academia no lo entiende, o ignora. Con todo esto ha sido el poeta más invisible de Costa Rica, quizá un náufrago que se desgarra entre la vocación real y el mundo ficticio que impone a los artistas esas caretas burocráticas, edificantes y logreras para insertarse desesperadamente en algo, ya que su papel es cada día menos comprensible”. Riguroso en su propuesta estética, Guillermo Sáenz vislumbra, en el trasfondo (¿trastienda?, ¿entorno?), la fascinación de navegar entre las distintas realidades físicas y geográficas, las de la imaginación y las del vidente. Desde el inicio su canto se sitúa en la facción transgresora. Con una voz de claro acento iconoclasta, su creación es persistente; en definitiva, coincide con la de un hombre de su tiempo: fustiga, increpa, invoca: “Palabra, prostituta loca, manoseada./Estás disconforme de la forma y de los diccionarios, /de la trascendencia de la interioridad/ de la locura patente de las flores”. Clama, cuál correo electrónico enviado por el Eremita: “Se frunce tu boca computarizada/ Este es un mundo detestable donde aspiras el smog de la Sirena-televisión”. Por momentos pareciera su lenguaje trabajado por el de un bonzo-orfebre: “Un rayo en la penumbra te ilumina/Tu voz es suave,/y te hablo desde el fondo del Cosmos”. Nuestra conversa, animada por el café, se dio, días después de la aparición de su reciente libro Para Noxia. Nos reunimos en su sosegado apartamento del barrio Escalante, San José. La cinta corre, su voz fluye ágil, tórrida, acompañada de un tubazo del diestro Dizzy Gillespie. [AP] AP Guillermo, tenés alrededor de cuatro décadas de dedicación a la poesía. Has sido un infatigable trabajador del lenguaje; un creador enfrentado con su tiempo. ¿De qué modo se da en vos el alumbramiento poético? GSP Se da en diversas formas. Es una especie de inspiración intelectual, pero a la vez una forma acumulativa de experiencias emocionales e intelectuales de la vida. Te puedo decir, por ejemplo, que para mí la “universidad” ha sido la ciudad de San José, que me ha dado esa revelación, esa especie de alumbramiento con los diversos símbolos que se pueden descubrir en mi poesía.
GSP Yo los trabajé después de que exploré los aforismos de Schopenhauer, Nietzsche y de algunos escritores franceses. Para mí el aforismo no está estructurado en tesis, antítesis y síntesis; más bien es una especie de pensamiento total y absoluto. También es una forma de plantear el lenguaje al desnudo. AP Se puede afirmar que tu poesía está configurada de metáforas deslumbrantes; se advierte un refinamiento en el uso del lenguaje que, poco a poco, se convierte en una marejada intensa y surreal. A la vez, denota una gran preocupación por lo cotidiano, por lo que sucede todos los días. GSP Trato de buscar eficacia y fuerza en mi poesía. “Abrir” el poema en su totalidad, convertido en un arma demoledora que impacte en los sentidos del lector. Es una poesía fuerte, arraigada en la tradición de la poesía simbolista francesa: en la construcción del verso. Intento lograr una poesía muy personal, aunque no intimista, sino abierta al lector. Con una alta dosis de magia de lo cotidiano. Recuerdo que cuando escribí la Oda al Marqués de Sade tenía una fuerte influencia de Antonin Artaud, de quien me capturó su cosmovisión; su explosión en el uso de la palabra. Ese poema lo escribí en medio de una gran crisis existencial, fue casi como un delirio. AP En una conversación reciente que tuve con el escritor Adriano Corrales, él dejó entrever que tu creación, tu personalidad y tu manera de concebir el mundo tiene “semejanzas” con ese mito latinoamericano que es Martínez Rivas. ¿Tus recuerdos? GSP A Carlos lo conocí en un bar que estaba ubicado en los alrededores del Hospital San Juan de Dios, de San José.
AP Guillermo, lo curioso es que tuvieron que pasar más de veinte años para que la Oda al Marqués de Sade mereciera una nueva lectura, un redescubrimiento. En los últimos meses fue recuperada por el poeta e investigador brasileño Floriano Martins y, con un pórtico de Adriano Corrales, se puede leer en Banda Hispánica de la revista Agulha, en Internet. También en una plaquette, Manija Nº X se publica un extracto de la Oda, con una muestra gráfica del artista Marco Chía. ¿Qué opinas de ese resurgimiento? GSP La Oda al Marqués de Sade la escribí cuando tenía veintiocho años. Fue increíble; después de escribirla, tuve una crisis terrible. Estuve fuera de circulación por espacio de un mes y medio. En mi convalecencia la revisé y luego quedó guardada en una gaveta. Por un tiempo no volví a pensar en esa Oda. Como sucede algunas veces, de un momento a otro me enfrenté con el texto y le hice los ajustes que necesitaba, en medio de una frialdad aterradora. No puedo olvidar la noche en que me enfrenté al poema. Yo vivía cerca de donde está ahora la Plaza de la Cultura; era una noche fría, como a mí me gustan para escribir o revisar un buen poema. Por eso, quizás, el texto es bastante fuerte en sus metáforas y en la organización poética y estructura. Al poco tiempo, Alfonso Chase, me lo pidió para que lo publicara la Editorial del Ministerio de Cultura, donde salió la primera edición. En realidad, el libro es una selección de poemas, pero por ser la Oda al Marqués el más polémico, se le conoce por ese nombre…
GSP Como decimos popularmente, “el poeta Chase se la jugó” al publicar la Oda, pues en los años ochenta ese estilo “no estaba de moda” y creo que la mía era una poesía que habitualmente no se había escrito en el país. Lo digo con honestidad. Quizá hasta ese momento solo Max Jiménez y Eunice Odio habían escrito una poesía más rotunda e iconoclasta. AP La Oda al Marqués de Sade comienza con un verso de alto contenido surreal: “Hoy te levantaste con tu predilecto ojo púrpura”… Desde un principio el poema fue satanizado y se le impuso la etiqueta de poesía maldita. No solo la poesía, sino tu figura de poeta. Ahora que hacemos una revisión de tu obra, me parece que “las etiquetas” son aplicadas sutilmente para “ningunear” la creación auténtica. Durante años se te “marginó” y fuiste “excluido” pues la “tradición” no acepta las rupturas. ¿Cómo percibiste todo esto? GSP Creo que cuando publiqué El caminante y otros soles, (un libro de poemas cortos, a la manera de los haikus), con un prólogo de Lilia Ramos, se inicia todo este asunto. En ese prólogo Lilia me emparentaba con el demonio; además, decía que el poeta provenía de una vena poética maldita, etc. Recordemos que en esa época el entorno era muy pequeño y aldeano; percibí que desde ahí se me empezó a marginar de una manera “invisible”. Se reafirmó cuando publiqué el libro de aforismos De lluvia y sol. Se aterraron cuando en el libro yo hablaba de un dios economista, dios abogado, dios pequeño burgués… A Dios lo ponían en todas las escalas de valores, y yo decía que ese “no era el verdadero dios”. Entonces entendí que esa “fue mi segunda caída”. Lo mismo sucedió cuando publiqué un pequeño libro de ensayo: Consideraciones sobre la democracia costarricense, un libro llamativo del cual habló con seriedad don Alberto Cañas. A partir de esa publicación, comienza a trabajar la hipocresía costarricense en torno a mi manera de ser. Se me excluyó de toda participación oficial en recitales, festivales de la poesía, publicaciones, etc. No quiero presentar la imagen de víctima: yo asumí una posición real, y mi manera de ser que es la autenticidad, en el sentido poético de la palabra. Nunca he participado en concursos, nunca he escrito libros para concursos, no me interesan los premios, etc. Mi mayor aspiración es tratar de que mi poesía sea libre, transgresora. Al transgredir los límites de mi personalidad, de mi manera de ser, terminó por segregarme de los círculos intelectuales más poderosos del país en ese momento. Incluso hasta ciertas amistades cercanas y algunos familiares estaban indignados con mi manera de ser y mi literatura. No podían entender, mucho menos, aceptar, que mi personalidad iba a la par de mi poesía. AP Guillermo, volvamos atrás, a los años setenta, en el tiempo en que vos escribías el Canto al Marqués de Sade…, consideremos que en esos momentos otros poetas latinoamericanos (no pocos) edificaban una poética semejante a la tuya y que, en este siglo XXI, se mantienen a flote; hablo de los poetas brasileños (solo para citar dos) Roberto Piva y Claudio Willer, por ejemplo. Ese es el misterio de la poesía, del arte, esa especie de puente creativo entre los artistas de distintas latitudes… GSP Esos dos poetas brasileños son de alto voltaje. Me parecen de altísima calidad. Yo los he leído y me ha sorprendido la semejanza con mi poesía, que se dio por una coincidencia de vibración espectral y gnóstica, o tal vez esotérica. El poeta tiene vasos comunicantes que le permiten percibir ondas a través de la distancia. La poesía es vibración vital; está entre la vida y la muerte. De eso nos hablan los sonetos de Shakespeare, por ejemplo. La vida está a la par de la muerte. AP Demos un salto cuántico, de la Oda al Márques de Sade a Para Noxia, tu libro más reciente. GSP Para Noxia es un libro que responde a una maduración muy prolongada. Lo empecé a escribir hace unos diez años. Por momentos avancé, por momentos lo dejé; volví a retomarlo, hasta que logré concluirlo. Estuvo olvidado, incluso pensé que no lo publicaría. Ahora siento que es un libro que se me ha venido encima. Si uno se pone en el bando del lector, encuentra en ese texto unas imágenes tan inusitadas que realmente se hace difícil leerlo y comprenderlo. Las metáforas exigen una comprensión que va más allá de lo sensible y lo intelectual en el lector. Es una conversación con “la locura”. Tuve la osadía de hablar una noche con la locura. En el último poema de ese libro hablo de una mujer espectral que es sutil como el viento, es como un cortinaje blanco, y a ella dirijo mis poemas. Ese texto es una especie de autoinmolación de todos mis sentidos. Considero que Para Noxia, es un libro de estilo, de estilo literario; lo considero como una síntesis de mi trabajo poético.
GSP Costa Rica es un país pequeño. Lo urbano y la campiña están casi unidos. Es muy complejo hacer poesía urbana sin mencionar los bosques, las florestas, las montañas, el mar… Por ejemplo, en el último canto de Para Noxia se habla de los limoneros, de los limones y de una mujer que se sumerge en el mar. Es cierto lo que decís: Para Noxia, así como se puede leer de muchos modos, también es una celebración de San José. Me propuse celebrarla poéticamente. San José es una ciudad pequeña pero a la vez multiétnica, con miles de emigrantes de todo el planeta. Eso nos da un hálito cosmopolita. Tiene todos los vicios de las grandes urbes. Solo hay que animarse una noche a instalarse en alguno de los “nichos” estratégicos, por ejemplo, en los alrededores del Hotel Del Rey, puedes darte cuenta de todo lo que sucede. Verás desfilar una terrible coloración de hechos nocturnos…Vicios, dólares, violencia, formas, sentimientos, sexo, malabares, corrupción, engaño, narcotráfico, etc. De toda esta parafernalia está conformada Para Noxia. Es una poesía que sintetiza y sugiere. AP Para finalizar, el libro denota un oculto tejido musical. Desde el inicio hasta el final Para Noxia se muestra como un vértigo… En algunos momentos se convierte en la voz de una cantante de ópera con todos sus registros; pareciera que el libro tiene una meditada estructura musical. GSP Es muy atinada tu observación. Podría definirlo de la siguiente manera: la Oda al Márqués de Sade tiene una estructura plástica, mientras que Para Noxia es un libro estructurado musicalmente. Quizá se deba a mi formación musical: además de mi interés por la literatura yo estudié música; piano y composición. Aunque no soy un músico practicante, si soy un amante de la música. Coincido en que Para Noxia está estructurado musicalmente, al igual que una sinfonía de Beethoven, o una sinfonía de Anton Brokner. En el poema, cuando se habla de cajitas de música me refiero a Mozart; cuando hablo de jazz es jazz… El libro respira música por todos los poros. Y no es una música escondida, sino todo lo contrario. Es voluptuosa y sensual en medio de todo ese caos que tiene la ciudad. Curiosamente, volvemos a San José. Cuando escuchamos la Consagración de la Primavera experimentamos el vértigo; cuando yo escucho los poemas de George Trakl experimento un tremendo vértigo. Si Para Noxia logra infundirle al lector el vértigo deseado, en verdad quedo muy satisfecho. |
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Alfonso Peña (Costa Rica, 1950). Narrador, ensayista y editor. Autor de libros como Noches de celofán (1996), La novena generación (1991), y Labios pintados de azul (2004). Actualmente dirige las Ediciones Andrómeda y la revista Matérika (www.materika.com). Entrevista realizada em maio de 2006. Contato: andromeda@amnet.co.cr. Página ilustrada com obras do artista Raúl Vázquez (Panamá). |
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