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revista de cultura # 23 - fortaleza, são paulo - abril de 2002 |
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Altagracia Carrasco, escultora dominicana (entrevista) Sophie Maríñez Exquisita.
Fabulosa. Son algunos de los calificativos con los que se puede describir a esta mujer
inusual, larger than life, mayor que la vida misma, viajera, cosmopolita, de un
refinadísimo sentido del buen gusto, y en quien la elegancia, sublimada con sencillez y
delicadeza, se convierte en un concepto de la vida.
Se trata de Altagracia Carrasco, la escultora dominicana residente en México que esculpió el busto en bronce de Pedro Henríquez Ureña, invitada por la embajada dominicana en ese país, con el fin de rendir tributo al ilustre humanista. Altagracia nació en Santo Domingo, y allí vivió hasta los veintitantos años de edad, cuando conoció a quien fuera su futuro esposo. Con él viajó y vivió en numerosos países, entre ellos Bolivia, Perú, México y Colombia. Más de una década después de esa experiencia sudamericana, radicó en Berlín unos cinco años hasta regresar a México donde ha residido en los últimos tres años. Mulata intensa, mujer apasionada, artista devota, Altagracia pertenece a la generación de los sesentas cuando, en sus años adolescentes -una época en la que las muchachas vivían muy restringidas por el código imperante de las buenas maneras-, solía frecuentar las tertulias de la calle El Conde y la Cafetera, medios en los cuales se forjó estrechas amistades con artistas como Elsa Núñez, León Bosch y Angel Haché. Su pasión por el arte se inició al visitar los museos, Bellas Artes y las pocas galerías de arte de la zona colonial. "Algunos de los cuadros de Jaime Colson, la belleza y la fuerza que logra en ellos, me impactaron", nos cuenta Altagracia. "Eran los tiempos de Sartre y había ciertos movimientos en las artes plásticas dominicanas. En las tertulias y en el taller de Elsa Núñez, conocí a Ramírez Conde, Hernández Ortega y Candido Bidó. Era una época en la cual los cuadros no se cotizaban a los precios de hoy. La escultura era otra cosa, pues en el país nunca ha tenido auge. Había raras excepciones, como Prats Ventós, que siempre ha sido de los escultores más relevantes. Pero era poco comparado con la cantidad de pintores que había."
Después de seis años, en 1987, se fue a vivir a México donde realizó varios talleres en el Centro de Artes Plásticas del Instituto Mexicano de Seguro Social. En ese momento, se identifica mucho con el indigenismo mexicano, con el que se inspira para regresar, en su arte, a nuestras raíces africanas, atraída por la sensibilidad y el erotismo de la mujer dominicana. Entonces esculpe mujeres negras, mulatas, donde trata de encontrar elementos espirituales como la serenidad, que es el nombre de una de sus obras. En 1989, siguió su formación en el Centro Escultorio Martines Charry, de Colombia, y, dos años más tarde, en la Escuela de Artes Freie Kuntschule de Alemania. Desde entonces, ha expuesto en distintas galerías de arte, en Berlín, y en algunas colectivas en República Dominicana. A su regreso a México, se dedicó a una exploración más íntima de las posibilidades de la imaginación y de la sensibilidad. Esculpe cuerpos de mujer, la mujer vista en movimiento, con curvas lentas y sensuales, por donde la luz recorre, clara y precisa, las formas del volumen y la belleza.
O simplemente, puede estar en el ímpetu de esta mujer cautivante, su ojo para distinguir los detalles sublimes que otorgan belleza, su fineza para apreciar el milagro de la creación en la naturaleza, en el ser humano, en su cuerpo y en sus pasiones carnales y espirituales. SM - ¿Por qué esculpir mujeres? AC - Me parece que en la mujer todo es hermoso. Al modelar, automáticamente, no sé por qué, me sale una mujer. Siento más su sensualidad y belleza, aunque también las tenga el hombre. Fíjate que los grandes artistas siempre se han inspirado en ella. Me atrae la mujer dominicana, porque me parece que la parte más hermosa de su cuerpo es, precisamente, el torso, el volumen y el movimiento de sus caderas. SM - ¿Por qué hacer algunas de ellas sin extremidades? AC - Muchas veces considero que no es necesario. Cuando se trata de cuerpos tan hermosos, sería adonarlas aún más. El cuerpo humano, comenzando por la cabeza y terminando por los pies, ya se encuentra sumamente elaborado. Tiene curvas, triángulos, tantas formas, que para mí basta con hacer un torso.
AC - Las nalgas y los senos. No por lo redondo, sino porque como quiera que los coloques, cual sea el ángulo en que los veas, siempre son bellos. En cambio, la parte más fea, obviamente que son las orejas. SM - ¿Tu concepto de la estética? AC - Lo más importante es que las líneas sean claras, que las cosas se definan como son, no pretender que sean otra cosa. No querer ser. No me gusta donde las cosas quieren ser y no son. Es preferible amar las cosas como son, y no caer en copiar, hacer reproducciones barrocas, imitar. Es tan relativo cuando se habla de estética, pues tenemos un concepto de belleza impuesto. En el caso de la mujer, por ejemplo, existen patrones sobre cómo debe verse una mujer a determinada edad, con determinado estatus social. Toda mujer en esta tierra tiene su belleza, su encanto. Pero se nos han impuesto colores, cuerpos y medidas modelos. Dicen que no hay mujeres feas sino mal arregladas, y yo digo que no hay casas feas sino gente que no tiene sentido del espacio, no tiene imaginación, o a veces tienen demasiada, que es cuando se cae en el mal gusto, porque tienen demasiada fantasía. |
Sophie Maríñez nació en Francia, de padre dominicano y madre francesa. Es licenciada en traducción y ha realizado estudios de teatro, literatura francesa, relaciones internacionales e historia del arte. Ha vivido en Francia, República Dominicana, Nueva York y México. Actualmente, reside junto a sus dos hijos en la ciudad de Nueva York donde prepara una maestría de estudios interdisciplinarios sobre la experiencia de los domínico-americanos y su reflejo en su literatura. Contato: sophiemarinez@yahoo.com. Página ilustrada com obras da artista Altagracia Carrasco (República Dominicana). |
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