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revista de cultura # 21/22 - fortaleza, são paulo - fevereiro/março de 2002 |
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¿Cuál es la esencia del arte? Mónica Saldías En su título The
Role of Theory in Aesthetics (1956) Morris Weitz cuestiona todas las teorías que
hasta entonces habían intentado definir la naturaleza y la esencia del arte. Constata que
la carencia de todas ellas es el resultado de una mala interpretación del arte, que
ninguna teoría sobre el arte en realidad es posible, y que el esfuerzo por alcanzar una
definición de arte debe ser abandonada como lógicamente posible, ya que el arte en todas
sus manifestaciones no muestra ninguna propiedad individual en común que pueda definirlo.
En lugar de preguntarse por la naturaleza y la esencia del arte, propone Weitz, es
necesario preguntarse qué tipo de concepto representa el arte y qué función tiene.
Weitz intenta demostrar así que la insuficiencia de las teorías no son el resultado de dificultades de la propia creación de teorías, sino que lo que realmente sucede es que las teorías son erróneas porque es absolutamente imposible e inútil intentar definir la última naturaleza del arte como algo que habita su esencia. En el espíritu de Wittgenstein, y bajo su indudable influencia, se sirve Weitz de términos como "juego" y "familia de semejanzas". "¿Qué es juego?", se pregunta Wittgenstein. Según el filósofo austríaco sería erróneo afirmar que seguramente todos los juegos tienen algo en común porque de lo contrario no se llamarían juego; de lo que se trata -dice Wittgenstein- es de considerar, de ver y de encontrar semejanzas entre ellos.
Ninguno de los criterios de reconocimiento en sí mismos serían ni necesarios ni suficientes como criterios de definición porque raras veces -agrega Weitz- podemos afirmar que algo, de facto, es una obra de arte. Sin embargo, el propio Weitz constata que muchos de los criterios de definición se cumplen, pero que las complicadas redes de semejanzas y familiaridades a las que diferentes obras de arte nos refieren son, en realidad, los únicos modelos relevantes. Su argumento implica no solamente que el arte carece de propiedades comunes, sino más bien que la lógica del concepto no le permite al arte necesariamente poseer dichas propiedades en común. Según Weitz todas las teorías estéticas serían inadecuadas ya que intentan atribuir propiedades suficientes y necesarias a algo que en realidad no posee ni la una ni la otra. Y si de todos modos intentamos atribuirle al arte estas propiedades -dice Weitz- corremos el riesgo de que el concepto de arte acabe constituyendo un concepto cerrado; y si entendemos el arte como un concepto cerrado excluimos entonces las posibilidades creativas del mismo. Wittgenstein afirmaba que la claridad que la filosofía busca no es posible alcanzar a través de tesis o teorías dado que estas siempre pueden cuestionarse, siempre están abiertas a discusión. El arte es en sí mismo un concepto abierto y cambiante, dice Weitz, un campo que se jacta de originalidad e innovación. Y aunque fuera posible descubrir una manera de definir condiciones que incluyan todas las posibles obras de arte no habría garantía de que el arte del futuro no hiciera todo lo posible para hacerlas volar por los aires. Lo que convierte un concepto en abierto es que las condiciones para su aplicación puedan cambiar y corregirse, concluye Weitz.
Para Weitz lo más importante es reconocer y encontrar analogías, describir y explicar. Pero si bien Weitz entiende que es imposible definir la propia naturaleza del arte, en su "teoría" sobre el rol de las teorías en la estética intenta él mismo de todos modos sentar las bases para hacer exactamente lo mismo a través de enfatizar reconocimiento y semejanzas. Pero ¿cuál es la diferencia -otra que en grados- entre reconocimiento y definición de propiedades, es decir, exactitud a través de delimitación? Parece ser que Weitz más bien quiere decir que una definición de una propiedad o un concepto de necesidad es o debe ser algo superior a un acuerdo o convención de carácter conceptual. Por supuesto que es posible definir lo que es un "juego": la teoría matemática del juego es justamente lo que hace. Y la definición es entonces nada más ni nada menos que una convención, una convención de carácter conceptual. Desde esta perspectiva y desde esta convención puede por supuesto desarrollarse luego un sistema lógico.
Morris Weitz parece también señalar que en la propiedad de necesidad se da una contradicción entre dinámica y definición. Que dada la creatividad y la mutabilidad del arte sería no solo difícil sino carente de sentido el buscar definir, precisar y crear teorías sobre el arte. Queriendolo o no Morris Weitz termina afirmando que solamente sería posible la aplicación de teorías en sistemas y relaciones estáticas, y por añadidura negando la posibilidad de que sistemas teóricos se ocupen de procesos creativos, dinámicos y de cambio. Un camino por demás peligroso. |
Mónica Saldías (Uruguay, 1960). Poeta. Publicou livros como Obsesión de Pájaros (1986) e En algún lugar de la tierra (1991). Desde 1992 reside en Suecia, donde también se ha desempeñado en el periodismo cultural (Mora Tidning, Falu-Kuriren, Dala Demokraten) y colaborado con el suplemento La República de las Mujeres (diario La República, de Uruguay) y El País Cultural (diario El País, de Uruguay). Es editora de la revista digital de poesía El Artefacto Literario. Contato: monica.saldias@telia.com. Página ilustrada com obras do artista Rudy Espinoza (Costa Rica).. |
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