Agulha - Revista de Cultura

revista de cultura # 21/22 - fortaleza, são paulo - fevereiro/março de 2002

Agulha - Revista de Cultura






 

En el país de Witold Gombrowicz

Carlos Roberto Morán

¡Perseguidme si queréis! Huyo con mi facha en las manos.
W.G. Ferdydurke

Witold GombrowiczCon su "facha en las manos", defendiéndola contra toda contingencia, vivió el polaco Witold Gombrowicz, el gran escritor heterodoxo que dirigió al mundo su personal discurso literario desde la considerable altura del pedestal que él mismo se encargó de construir y preservar.

Leyenda de sí mismo, mito -a veces genial, a veces caricatura- Gombrowicz eligió siempre a su antojo, a su arbitrio, "consciente" de su grandeza y de la nimiedad y hasta pequeñez de casi todo cuanto lo rodeaba, Borges incluido.

Después de haber escandalizado junto al otro inmortal que fue su amigo, Bruno Schulz, a la Varsovia de entreguerra Gombrowicz "se lanzó" al mar como quien se decide a viajar sin brújula ni destino, con el propósito de participar de un crucero inaugural con destino final Buenos Aires, pero en verdad en búsqueda de su propio, inasible e intransferible territorio.

Porque, en efecto, en el viaje inaugural del buque polaco "Chroby" el escritor llegó en 1939 (cuando tenía 35 años) a la Argentina sin ninguna previsión, hasta el punto de desconocer el idioma castellano. Podría haber sido cualquier territorio, podría haber sido cualquier estrella de la galaxia. Fue la Argentina y justo en el momento en que su país estalla, como toda Europa estalla, al iniciarse la Segunda Guerra Mundial.

Witold, poco o nada enterado de los vaivenes de la política, tira entonces la moneda del caso, cara o ceca, y mientras sus amigos deciden retornar, algunos inclusive para enfrentar al enemigo alemán, resuelve quedarse en el país de habla para él indescifrable, de costumbres diferentes, interesado en alejarse de las convulsiones del mundo para encontrarse como nunca antes "cerca" de sí mismo.

Se queda en Buenos Aires y de inmediato es atendido por el orbe cultural pero, casi podría decirse de manera simultánea, da un verdadero corte de manga a ese conservador mundillo literario y alejándose de la "mesa" de la circunspección y las buenas costumbres busca en Retiro a los jóvenes inmaduros, a la bajeza y el sudor, al erotismo perverso, verdaderos centros de sus preocupaciones.

"¿Cómo eran sus relaciones con los medios literarios argentinos?", le preguntaría años más tarde Dominique de Roux.

"Muy limitadas -admitió el polaco- Al principio hice un esfuerzo para entrar en contacto con ellos, con un fin práctico, para hablar francamente, pero pronto renuncié. En primer lugar porque mis libros, que no estaban traducidos a ninguna lengua, eran para ellos totalmente inaccesibles. Después porque durante los primeros años mi español era detestable. Y finalmente porque para ellos no era lo bastante versado en convencionalismos".

Y agregó, para aclarar más las cosas: "Si logré alcanzar cierto renombre en Argentina no fue tanto en mi calidad de autor como por ser el único escritor extanjero que no había acudido en peregrinación al salón de la señora (Victoria) Ocampo" [1], famosa por sus actitudes autoritarias y su arbitrariedad que tanto le reprocharon Bioy y Borges.

A lo anterior agreguemos un segundo añadido, mucho más explícito, que el propio De Roux recoge en Testamento y que toma de su Diario: "Opté por huir -confiesa Gombrowicz- hacia la juventud dando portazos tras de mí. Siempre me había sentido inclinado a buscar en la juventud -la mía o la de otros- un refugio contra la cultura".

Sí, Retiro, la terminal de trenes, en el bajo de Buenos Aires: "En Retiro contemplaba a la juventud en sí, liberada del sexo. Hacia abajo, sí, aquello me arrastraba hacia abajo. Aquí la juventud, ya de por sí envilecida, en cuanto juventud, acrecentaba su envilecimiento por el hecho de ser una juventud proletaria. Y yo, Ferdydurke, me limitaba a reanudar la tercera parte de mi novela: la historia de Mientus, en su intento de fraternizar con el palafrenero" [2].

El mundo bajo, inmaduro, de la forma en proceso de gestación contra la Forma concluida. Contra la Institución.

Esa sombra llamada Borges

Códigos demasiado distintos que distanciaron para siempre a Gombrowicz de las clases altas argentinas y que asimismo pusieron definitiva distancia con Borges y sus allegados, hasta el punto de que hasta poco antes de morir Bioy Casares, aunque admitía que Gombrowicz era conocido en Buenos Aires y que tenía sus discípulos, descreía de la calidad de su obra.

Al referirse a Borges, Gombrowicz expresó: "Borges y yo somos opuestos. Él se halla enraizado en la literatura y yo en la vida. Yo soy, a decir verdad, antiliterario. Precisamente a causa de eso pudiera haber sido fructífero un acercamiento con Borges, pero lo impidieron dificultades técnicas. Nos hemos encontrado una vez o dos y eso ha sido todo. Borges tenía ya su capillita, un tanto obsequiosa. El hablaba y ellos escuchaban" [3].

Podría haber sido peor, mucho peor, ese distanciamiento y más aún la condena que Witold sufrió por parte de los sectores cultos de la burguesía argentina, si se hubiera conocido de inmediato su novela Transatlántico, que escribió íntegra en el país adoptivo pero que sólo se editaría en castellano después de muerto su autor (el libro tuvo primera edición en polaco, en París, en 1953).

En efecto, los borgianistas que por entonces rodeaban al joven maestro atacado por las "hordas" peronistas, no hubieran aceptado el vitriólico, insolente retrato del escritor que Gombrowicz pintó en Transatlántico:

Rudy Espinoza"Aquel hombre era de lo más sofisticado y para colmo se sofisticaba cada vez más. Cubierto con un abrigo, oculto tras grandes anteojos Negros, que lo aislaban como una cerca de todo el mundo, llevaba al cuello una bufanda de seda con puntos de color medio perla, en la mano un par de guantes negros de cefir de medios dedos, en la cabeza un sombrero negro de medias alas. Vestido y aislado de esa manera, se llevaba de cuando en cuando a la boca un frasquito pequeño, se enjugaba con un pañuelo negro el sudor de la cara o lo empleaba para abanicarse. Llevaba en los bolsillos una cantidad inconcebible de papeles, de folletos, que perdía a cada momento y debajo del brazo algunos libros. Era de una inteligencia extraordinariamente sutil que destilaba sutileza; todo lo que decía era tan inteligentemente inteligente que provocaba chasquidos de lengua de admiración de parte de las mujeres y los hombres. Bajaba la voz constantemente, pero mientras más Bajo hablaba más resonaba, porque los demás, bajando la voz, lo escuchaban aún más (aunque no lo escuchaban); y así con su Sombrero Negro parecía conducir a su grey hacia el Silencio Eterno. Consultando a cada momento sus libros, sus apuntes, revolcándose en ellos, bañándose en citas raras, condimentaba su pensamiento y Se divertía haciendo las Cabriolas más extrañas, y todo aquello como si sólo a él estuviera destinado, como si fuese un eremita. Debido a las piruetas que hacía con los papeles y a los caprichos de su Pensamiento, se volvía cada vez más inteligentemente inteligente, y su inteligencia, multiplicada por sí misma, a caballo de sí misma, se volvía a tal punto inteligente que... ¡Jesús, María...!" [4]. Aunque determinada crítica sostiene hoy que lo anterior debe verse como una caricatura de Eduardo Mallea, nosotros seguimos considerando que el personaje así retratado remite a Borges.

Muchos años después Gombrowicz admitiría ante De Roux su error de perspectiva sobre el gran autor argentino: "Lo que decía (Borges) no me parecía a mí de la mejor calidad, era demasiado estrecho, demasiado literario, paradojas, frases ingeniosas, sutilezas, en una palabra, el género que más aborrezco. Su inteligencia no me deslumbró; sólo más tarde, cuando leí sus obras propiamente artísticas (sus cuentos), no tuve por menos de reconocerle una rara perspicacia de alma y de espíritu" [5].

Hay que comprender el "momento" en que Gombrowicz escribe en la Argentina esta novela paradigmática, "una de las mejores novelas argentinas", como la definió el escritor Ricardo Piglia y sobre cuyo título se ha generado una confusión que las distintas traducciones se han encargado de reiterar [6].

Para situarnos en el "momento argentino" antes referido vale la pena hacer una digresión, especialmente dirigida al lector extranjero:

El por entonces ya llamado "Witoldo" por sus amigos argentinos había sido un joven tan escandaloso como original, tomado en cuenta en la Varsovia "culta" de su juventud. Allí, con mayor o menor aceptación -pero no con indiferencia- ya había publicado su gran juguete metafísico Ferdydurke, sus cuentos incluidos en Memorias de la inmadurez (o del período de la inmadurez) que años más tarde reeditaría con el nombre de Bakakaï (en homenaje a la calle Bacacay, de Buenos Aires -que recuerda a una batalla- en la que vivió largo tiempo), un folletín -Los hechizados- y su insuperable drama Ivonne, Princesa de Borgoña, obra teatral que debería esperar hasta comienzos de los '60 para que el argentino Jorge Lavelli la estrenara en París con notable repercusión.

Iconoclasta, irreverente, heterodoxo, amigo del escándalo, de la pose, proclamándose conde sin serlo, tal el autor que sube al barco que parte al país desconocido donde proyectaba permanecer sólo dos semanas y en el que iba a quedar viviendo por espacio de casi 23 años.

Quien conozca el discurso de Gombrowicz sabrá por qué, desde que puso el pie en el puerto de Buenos Aires hasta que lo abandonó para encontrarse primero con la celebridad y luego -a los pocos años- con la muerte sin haber regresado, como quería, a la Argentina, no podía en ningún momento, bajo ninguna circunstancia, "casarse" con la Institución.

En efecto, la lucha tenaz y central de Witoldo se dio siempre contra la Forma, contra lo instituido, contra la esclerótica del Poder. Y lo que buscó como contrapartida, como alternativa vital, ha sido la forma increada, "lo bajo", aquello marcado por lo marginal, lo erótico, lo perverso.

Nada de esto podría presentarse en la mesa del Poder sin causar conmoción y rechazo. Nada de esto podría entenderse en la "mesa" de -digamos así- Victoria Ocampo. Gombrowicz rechazaba el salón elegante y se zambullía en la perversión del puerto, de los lugares non sanctos de Buenos Aires:

"Lo que yo me propongo en mis obras es quizás sencillamente debilitar todas las construcciones de la moral premeditada, a fin de que nuestro reflejo moral inmediato, el más espontáneo, pueda manifestarse" [7].

Nos parece que es en ese espacio y en tal momento cuando Witold, con su castellano macarrónico, su rechazo a las pautas de comportamiento de una sociedad distinta y aislada del concierto del mundo, decide gestar de manera definitiva su propia Patria.

A Witoldo no le gustaban los bancos

En Buenos Aires vive mal del sueldo que recibe del Banco Polaco en el que permanecerá hasta 1955 casi sin saber qué estaba haciendo allí: "A Witold no le gustaba trabajar en el banco. Tenía períodos de profunda depresión. Nunca hablaba de sus obras. En el Banco... nadie leía sus libros, por lo tanto no hubo ningún comentario sobre Transatlántico que sin embargo había escrito ante nuestra vista" [8].

Concurre a los cafés de la avenida Corrientes donde se juega al ajedrez, entabla algunas amistades, entre ellas la de Alejandro Russovich con quien llegó a compartir habitación en una de las tantas pensiones en las que malvivió, estableciendo rígidas normas de conducta para que no se llegara a pensar que se trataba de una relación homosexual.

Hasta tal punto llegaba su indigencia que alguna vez comentó haberse hecho amigo de un menesteroso con quien concurrió a velorios para poder comer lo reservado para los deudos...

Y en tanto no lograba despertar el interés que su obra merecía, aunque tenía plena conciencia de su originalidad, de la irritabilidad que ella producía, de la renovación que en el campo literario significaban sus juguetes metafísicos.

Adolfo de Obieta, escritor hijo de Macedonio Fernández -suerte de patriarca que mucho influiría en la personalidad y hasta en la propia obra de Borges- le publicó un cuento, Filifor forrado de niño (fragmento de Ferdydurke) en Papeles de Buenos Aires, una revista literaria, en 1944. También Gombrowicz había ofrecido por ese tiempo algunas conferencias, pero nada de eso resultó suficiente como para que el genio fuese reconocido como tal en la tierra del trigo y de las vacas.

Renace Ferdydurke

En un momento dado, Gombrowicz convence a la mecenas Cecilia Benedit de Debenedetti para que le financie la edición castellana de Ferdydurke, pero deberá pasar cierto tiempo antes de que el libro inclasificable se conozca en nuestro idioma. Y para que ello se produzca la circunstancial presencia en Buenos Aires del cubano Virgilio Piñera [9] se volverá fundamental.

Concluyendo la digresión ubiquemos a Witoldo en esos momentos. Y ubiquemos a Buenos Aires en la realidad política cultural de la época.

Hablamos de 1946, cuando los ecos de la Segunda Guerra Mundial aún resuenan en el orbe. En la Argentina ha ganado las elecciones el recientemente ascendido general Juan Domingo Perón quien ha mantenido un fuerte litigio con la cultura "oficial", que lo ha tachado de nazi, así como con el ex embajador norteamericano, Spruille Braden, quien lo combatió de manera pública y sostenida. Las clases media y alta lo aborrecen y en cambio el proletariado comienza a idolatrarlo.

El militar ha tenido en la vereda de enfrente una alianza de los partidos tradicionales, muy poca prensa a favor y la carga de su manifiesto acercamiento al Eje derrotado, todas cuestiones que operan en su contra. Pese a eso, aunque por escaso margen de votos, ha ganado los comicios.

Rudy EspinozaLa Cultura se vuelve entonces un concepto antagónico, cuando no enemigo, del naciente peronismo y no por casualidad al poco tiempo en sus filas se acuñará la terrible consigna "Alpargatas sí, libros no". Y Borges comenzará a ser postergado, hasta que años más tarde Perón lo terminará humillando al nombrarlo inspector municipal de aves y huevos (el escritor venía desempeñándose desde hacía años como oscuro empleado de una biblioteca pública)

La pelea contra Braden, su inclinación pro Eje (Perón terminaría siendo, al finalizar la década del cuarenta, uno de los pocos apoyos internacionales que recibe Franco), aíslan a la Argentina del resto del mundo y en consecuencia las pautas conservadoras prevalecen en todos los campos.

En esa atmósfera de hostilidades y trincheras enfrentadas, poco lugar podía reservarse para los aludidos juguetes metafísicos del polaco. Sólo gente joven e iconoclasta, con "conexión" con los cambios que vive la Europa de la posguerra, puede llegar a interpretarlo y ayudar para que haga pie -literario- en la poco permeable Argentina de la época.

Por eso serán los jóvenes contertulios del bar Rex de la avenida Corrientes, con el recién llegado Piñera como principal animador, los que "resucitarán" a Ferdydurke.

Pero la tarea no resultará nada fácil. Piñera, De Obieta, el también cubano Humberto Rodríguez Tomeu y el poeta y pintor Luis Centurión fueron quienes más posibilitaron que el trabajo alguna vez concluyera. Lo hicieron sorteando no pocas dificultades porque el polaco-escrito de Gombrowicz presentaba de por sí un problema que se multiplicaba ad infinitum al efectuar el propio autor la primera "traducción" a nuestro idioma.

Ellos mismos, los traductores (confesadamente sorprendidos por la alta calidad del material que le iba siendo de a poco develado), lo manifestaron al conocerse la primera edición de Ferdydurke en castellano (Editorial Argos, 1947; edición hoy inhallable):

"Transcribimos unas líneas del comienzo de la obra en la que se podrá advertir cómo se operaba con la ² palabra en bruto² , todavía medio polaca y medio española, para llevarla a una decente, honesta propiedad idiomática.

El autor nos presentaba su versión de primera mano:

El martes me desperté a esta hora inanimada y vacía, cuando la noche ya estaba acabando y sin embargo todavía no ha nacido la madrugada.

Entonces con la colaboración del autor y la de 'esos pacientes buscadores del verbo', la cosa quedaba así:

El martes me desperté a esa hora inanimada y nula en que la noche ya está por terminar y sin embargo todavía no ha nacido el alba." [10]

Ferdydurke -"el título mismo constituye una invención más del autor", advertían los traductores- se editó pero sin recibir elogios desmedidos ni despertar las furias y las pasiones que mucho le hubieran gustado a Witoldo. Ernesto Sabato -uno de esos pocos que supieron valorar la rara calidad del texto- en el prólogo escrito en 1964 y que aún conserva la edición argentina, guiaba con sapiencia al sorprendido lector de estas páginas-piruetas anticipatorias del propio existencialismo:

"Se le puede advertir al lector de este libro de choque que trate de ver, en esta novela en apariencia tan descabellada, las ideas básicas que son las típicas del existencialismo: la angustia, la nada, la libertad, la autenticidad, el absurdo. Y sobre todo, o debajo de todo, el problema típico de Gombrowicz, la categoría que es esencial en su concepción del mundo: la Inmadurez; categoría íntimamente vinculada a otra que le es obsesiva: la de la Forma" [11].

Sabato, marcando nuevas diferencias con Bioy, sigue sosteniendo que Gombrowicz fue un verdadero genio literario y acierta al indicar en el mismo prólogo que para el polaco "el combate capital del hombre se libra entre dos tendencias fundamentales: la que busca la Forma y la que rechaza".

Y será, efectivamente, en esta historia circense (que, dicen los traductores, "no tiene género alguno, o los tiene todos") en la que el adulto "Pepe" (tomará otros nombres en distintas ediciones) es obligado a una regresión estereotipada a la infancia mientras arde en deseos eróticos insatisfechos, donde Witold Gombrowicz llega a desplegar sus mayores virtudes entregando su texto paradigmático en el que aparecen condensadas como en ninguna otra parte sus búsquedas, hallazgos y obsesiones.

Pero, como se dijo, el libro se editará en castellano sin pena ni gloria y lo mismo ocurrirá cuando en 1948 se publique, también en la Argentina, su segunda obra teatral, El casamiento o La boda.

Gombrowicz gana su espacio

Sin embargo, a pesar de su carácter irascible, de la pobreza que lo obligaba a vivir en casas de pensión, del desdén de muchos y la admiración de los menos, mientras se dedicaba a conocer a fondo y con amplitud de miras al país que lo tenía como huésped, el gran escritor iba haciéndose su espacio, ganando reconocimiento en el exterior, fundamentalmente en Francia.

Kultura, la revista del exilio polaco que en la década del 50 se publicaba en París, comienza a dar cabida -a partir de 1951- a sus inquietantes textos, "atreviéndose" con las heterodoxias de Transatlántico que además de ser un texto "indecente", como lo calificó el propio autor, de estar saturado de "risas, bobadas, cabriolas, diversión", resulta también una suerte de insulto al patriotismo polaco. Vale como ejemplo esta diatriba contra la Patria dirigida, supuestamente, a quienes retornaban a luchar a Polonia:

"¡Volved a vuestra Demente, a vuestra Loca y Santa y, ay, tal vez Maldita aberración para que con sus saltos y sus locuras os Torture, os Atormente, os inunde de sangre, os ensordezca con sus gritos y rugidos, os martirice con su Suplicio, así como a vuestros Hijos y a vuestras mujeres, hasta la Muerte, hasta la Agonía, y que Ella misma en la agonía de su Demencia os enloquezca, os perturbe" [12].

Rudy Espinoza

Witoldo admitiría más tarde que se trató de un acto desmedido, que para nada se correspondía con sus miserias económicas, con la necesidad de hacer pie socialmente, en la Argentina y fuera de ella, como él entonces tenía.

Como dijimos la novela en castellano se conocerá sólo luego de su muerte -ocurrida en 1969-, pero los polacos exiliados tuvieron noticias de ella mucho antes aunque, para que el texto resultara tolerable, Kultura debió pedir un prefacio al entonces muy prestigioso autor polonés Jozef Wittlin. Fue sólo así que "se lo tragaron -como le comentara Gombrowicz a De Roux- (porque) era demasiado extravagante para que se lo tomara en serio" [13].

A partir de 1952 Gombrowicz mantiene una relación permanente con Kultura donde inicia la publicación de su Diario o Journal, en el que expresará con franqueza, intensidad y riqueza de matices su "estar-en-el-mundo" [14].

Al año siguiente, con escasísimas repercusiones, Transatlántico y El casamiento se publicaron en París y en polaco mientras Gombrowicz en la Argentina seguía siendo una persona poco permeable que despertaba sospechas y antipatías -cuando no burlas- entre quienes tenían noticias de su existencia y no tanto de sus trabajos literarios.

Se puede decir que la automarginación impuesta le permitió ir gestando ese ámbitopropio, autosuficiente, que le permitía sobrellevar todos los embates y cimentar su obra iconoclasta, corrosiva, "mal" escrita (digamos, a contrapelo del canon, de lo "bien escrita" que está la de Borges)

Hasta tal punto mantiene su decisión de permanecer en los márgenes de lo estatuido que aprovechando una coyuntura de cambio de dueños y a pesar de su extrema pobreza, en 1955 deja el Banco Polaco y a partir de ahí subsiste -es una manera de decir- a base de cursos y conferencias y del escaso dinero remitido por Kultura, mientras viaja por el país adoptivo, experiencias que irá reflejando en el Diario y que también quedarán patentizadas en Peregrinaciones argentinas, libro en el que se recopilaron las disertaciones que ofreciera en Radio Europa Libre, en 1960 [15].

En tanto continúa escribiendo la parte sustancial de su novela La seducción o Pornografía (la concluirá en 1958) y traduce al francés Ferdydurke con la colaboración de Roland Martin, escritor galo residente en Buenos Aires.

En 1957 el primer volumen del Diario se conocerá en París y en Polonia se publicará Ferdydurke, pero éste en verdad resultará un acontecimiento efímero porque en ese momento se viven los días de la distensión que caracterizó a varios regímenes comunistas de la Europa del Este (recordemos, como ejemplo, la Primavera de Praga) Luego la obra de Gombrowicz volverá a ser censurada (!) en su país natal y la medida se mantendrá prácticamente hasta la caída definitiva del comunismo. Hoy en día Witold es considerado como una de las grandes voces de la literatura polonesa. Justicia tardía.

Aquel absurdo polaco se añadirá a la "ceguera" argentina, que quedará patentizada en la pelea de los escritores Peyrou y Calvetti, como se verá más adelante.

Por fin Europa

A comienzos de la década de 1960 Constantin Jelenski será quien le abra finalmente la puerta de Europa a Gombrowicz, posibilitando la edición en francés de Ferdydurke y luego de sus restantes trabajos. El director de teatro argentino Jorge Lavelli, un poco más tarde, comenzará a dirigir sus obras teatrales -que por su concepción del absurdo serán vinculadas con las de Ionesco y Beckett, por entonces muy representadas en los teatros del mundo- y en consecuencia la fama y el reconocimiento terminarán alcanzándolo, aunque ya con sus fuerzas muy debilitadas a causa de un asma crónica.

El exilio también llegará a su fin: Invitado por la Fundación Ford Gombrowicz parte con destino a Berlín -y a la gloria definitiva- en otro barco, el 8 de abril de 1963.

Deja atrás a viejos amigos, como Russovich, y a nuevos, como Miguel Grinberg o los llamados "jóvenes de Tandil" (Mariano Betelú, Jorge Di Paola, Néstor Tirri) quienes descubrieron -felices de ellos- a Ferdydurke apenas salidos de la adolescencia, llegando a conocer al propio Gombrowicz por casualidad al poco tiempo de haber leído la novela, cuando el polaco visitó Tandil, pequeña ciudad ubicada en la provincia de Buenos Aires.

Algunos escritores reconocidos, como el poeta y periodista Jorge Calvetti, también advertirán la calidad infrecuente de los textos de Witoldo, pero serán los menos.

Una anécdota que el escritor polaco cuenta a De Roux permite tomar conciencia plena de lo que la Argentina -más estrechamente el Buenos Aires cultural "oficial" de la época- sentía respecto de Gombrowicz, contradicciones vivas que, pese a su aparente indiferencia, no dejarían de golpear en su ánimo.

Un lamentable episodio

La anécdota a que hicimos antes referencia señala que, poco antes de dejar definitivamente la Argentina, Gombrowicz encontró a Calvetti cerca del periódico en el que éste trabajaba, el por entonces muy leído La Prensa. El polaco estaba alcanzando el reconocimiento que tanto se le había denegado y que tendría su punto conclusivo en 1967, al recibir el Premio Formentor de Literatura [16].

Witoldo le habló a Calvetti sobre sus éxitos, la difusión de su obra en diversos idiomas (eran los años en que Ferdydurke estaba siendo traducido casi simultáneamente en la mayor parte de los países occidentales) y le anticipaba su inminente regreso a Europa. Al tener tales noticias, su amigo dio cuenta de ellas en una nota a dos columnas, lo que le significó soportar un desagradable enfrentamiento con Manuel Peyrou, escritor amigo de Borges y también periodista de La Prensa.

Peyrou criticó con dureza a Calvetti "por hacerle caso a ese loco". Fue tal la discusión que ésta llegó a la máxima jerarquía del diario. Allí se resolvió que -para salir definitivamente de dudas- se consultara al crítico ruso Wladimir Wleidé, quien se encontraba de paso por Buenos Aires. Calvetti pudo sentirse reconfortado porque el visitante confirmó todo cuanto contara de Gombrowicz. Vaya a saberse qué pasó con Peyrou.

Más allá de las ulterioridades que tuvo el enfrentamiento, el episodio sirve para demostrar con total claridad la opinión "oficial" que la Argentina tenía sobre Gombrowicz al que nunca le concedió el reconocimiento integral y que aún hoy se le debe pese a haber escrito en este país la mayor parte de su obra de adultez -vg. su capital Cosmos, por la que obtuvo el Formentor y a la que definiera como "una novela negra en la que investigo los orígenes de la realidad".

Hubo intentos, como distintas notas periodísticas o como el homenaje fílmico que le ofreciera en 1985 el desaparecido director cinematográfico argentino Alberto Fischerman -mezcla de documento y ficción en el que son protagonistas los amigos que el polaco dejó en la Argentina; Betelú, Di Paola, Russovich y otros-, pero han resultado escasos y borrados por el tiempo.

Los textos centrales de Gombrowicz han sido editados en su casi totalidad en España y en verdad no es un autor a quien hoy se lo recuerde y valorice en el país que lo mantuvo "adoptado" durante casi 24 años.

Sin duda es una pena y más aún, una injusticia. Porque aunque comportándose de manera caprichosa, cuando no pedante, sin duda desagradable, Gombrowicz amó a la Argentina y ansiaba volver a ella (la llamaba "la Patria") mientras el asma lo retenía en Francia, donde iba a morir en 1969, a los 65 años de edad.

Es cierto que las resistencias que generaba también fueron el resultado de sus poses irreverentes, inconformistas, cuando no agresivas, que dificultaban el diálogo. Es factible que, como algunos suponen, haya sido un gran tímido que en la agresión encontraba la única forma de expresarse. Y también de defenderse.

De defenderse en cafetines y pensiones malolientes, entre los jóvenes que lo admiraban y que él -por la edad, por su libertad- no dejaba de envidiar, para mantener intacto su propio territorio, el mundo personal, único e intransferible donde la 'facha' podía ser exhibida sin tapujos, en forma definitiva y sin ser cubierta por ninguna máscara.

Santa Fe, República Argentina, 12 de diciembre de 2001

NOTAS
Al momento de revisar estas líneas la editorial Seix Barral de España ha comenzado a reeditar la obra total de Gombrowicz que tendrá un total de doce volúmenes, a partir de una nueva versión de "Ferdydurke" que conserva la traducción efectuada por el grupo del café Rex. Es, de verdad, una gran noticia.
1. Testamento, Anagrama, Barcelona, 1991, p.96 (traducción de Rosa Alapont).
2. Testamento, Anagrama, p.238 y 239; en Diario I, Alianza, Madrid, 1988, p.239 (traducción de Bozena Zoboklicka y Francesc Miravitlles), Mientus es llamado Polilla y el palafrenero se transforma en peón, al igual que en la edición argentina de Ferdidurke.
3. Lo humano..., p.99.
4. Transatlántico, Barral, Barcelona, 1971, pp. 44 y 45 (traducción de Sergio Pitol).
5. Lo humano..., p.99.
6. "Mi Trans-Atlántico no es un barco, sino algo como 'a través del Atlántico', una novela que mira a Polonia desde la tierra argentina" Lo humano..., p. 114.
7. Lo humano..., p. 87.
8. Gombrowicz íntimo, por Rita Gombrowicz, Biblioteca del Dragón, Madrid, 1987, declaraciones de Helena Zawadzka- Ryttel, pp.109 y 110 (traducción de Mariano Antolín Rato y Alina Dlugovorska).
9. Gran escritor cubano (1912-1979), autor de Dos viejos pánicos, El que vino a salvarme y La carne de René, entre otros, que en su país sufrió persecusión y aislamiento por su homosexualidad (v "Antes que anochezca", de Reynaldo Arenas, Tusquets Editores, 1992).
10. Gombrowicz íntimo, pp.91 y 92.
11. Ferdydurke, Sudamericana, Buenos Aires, 1964, p.9 (en esa edición no se consignan los nombres de los varios traductores de la novela).
12. Transatlántico, p. 15.
13. Lo humano..., p. 120.
14. El Journal se editará en libro, en polaco, en cuatro tomos y en francés en tres. En castellano Alianza publicó sólo los dos primeros: el volumen I, que corresponde a los años 1953-1956 y el II, período 1957-1961 (1988 y 1989, respectivamente; traducciones de Bozena Zoboklicka y Francesc Miravitlles) A su vez Sudamericana publicó una selección de ambos volúmenes con el título de Diario Argentino (primera edición en 1968, traducción de Sergio Pitol) Termina de ser reeditado en Buenos Aires por el sello Adriana Hidalgo Editora.
15. Peregrinaciones argentinas, Alianza, Madrid, 1987 (traducción de Bozena Zoboklicka y Francesc Miravitlles).
16. Operatoria (¿opereta?) de casualidades: Se trata del mismo galardón que ganara Borges seis años antes y que también le serviría para cobrar renombre universal.

Carlos Roberto Morán (Argentina, 1942). Es escritor y periodista y ha publicado los libros Territorio posible (México, 1980), Noticias desde el sur (México, 1986) y Noticias de Sergio Oberti (Argentina, 1990). Ha recibido distintos premios y distinciones, tanto en su país como en el exterior. Contato: cmoran@arnet.com.ar. Página ilustrada com obras do artista Rudy Espinoza (Costa Rica).

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Collage, Floriano Martins

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