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revista de cultura # 21/22 - fortaleza, são paulo - fevereiro/março de 2002 |
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No llores por mi, Latinoamérica Peter Gardner Hace unos días,
cuando fuimos dejados por COPA en la Ciudad de Guatemala, convirtiéndose así un trámite y un viaje en la
aventura de quedarnos varados en un hotel de primera, de una cadena norteamericana, en el
restaurante, mientras esperábamos comer, empecé a ver el número dominical del diario Siglo
Veintiuno, y me encontré con un artículo por Francisco Pérez de Antón, español
radicado en Guatemala hace muchos años; comerciante afortunadamente casado, co-fundador
de la ya moribunda revista Crónica, y ávido autodidacta que presume de instruir a
los desnudos en el fino arte de vestirse taparrabos de diversos cortes y colores.
El artículo de Pérez de Antón versaba sobre la Argentina; más bien, hablaba sobre la maravillosa amistad que lo une al inefable Carlos Alberto Montaner, exiliado cubano que vive en Madrid, por no querer verse revuelto con los tufos y colores de la comunidad en exilio que adorna con sus labores las costas del sur de la Florida. Pérez de Antón relata que estaba conversando "con mi buen amigo" Montaner, y se consolaban mutuamente acerca de la situación de Latinoamérica, tan asolada por "el atraso cultural" que la afecta, con el inevitable resultado que arrastramos ante los progresos de los Estados Unidos de Norteamérica. Montaner es co-autor de Manual del perfecto idiota latinoamericano, al alimón con Plineo Apuleyo Mendoza, quien fuera compinche y admirador de Gabriel García Márquez, hace muchos lustros en Barranquilla. Mendoza sufrió un exilio más o menos longo, más o menos dorado, en París, y con el fervor del converso renunció a ser comunista. Alvaro Vargas Llosa, apenas una delgada astilla de su papá, participó también de la autoría de tan distinguido título, cuyo mensaje básico es "¿Por qué no somos como los Estados Unidos?" Huelga decir que fue un gran éxito; Montaner ha seguido con otros títulos sugestivos, todos cargados de neoliberalismo y globalización, envueltos en las barras y estrellas; claro, con autoridad moral por ser residente de Madrid y enemigo a tiempo completo de Fidel Castro. Francisco Pérez de Antón, quien se gasta trajes, supongo, y nunca se ha visto en la penosa necesidad de ser indígena en la golpeada Guatemala, es europeo, ya que España se expresa en euros y es miembro de la Comunidad Europea. Hace tiempo que me pregunto cómo estas huestes de aduladores de "América" soportan vivir entre los "nativos" de un atraso cultural tan espantoso. Si no fuese por el hecho de que muchos de ellos, los predicadores afanosos, son nuevos ricos que se engordaron gracias a sus conexiones matrimoniales, o son herederos por escudo familiar de los bienes de la nación que les haya tocado en gracia / desgracia gobernar , o cuando menos usufructuar, posiblemente serían como el resto, muchedumbres perplejas y masacradas, malgobernadas y violentadas, en este continente tan asolado por plagas casi bíblicas. El lector estará comentando, "Um, le estás dando razón a Carlos Alberto y compañía". Mas no, fanáticos del deporte: hay que tomar en cuenta el hecho de que la Conquista de Hispanoamérica fue realizada por la Corona de España y su casi gemela, la Iglesia Católica. Los conquistadores españoles (y de otras muchas latitudes, que se colaron por Casa de Indias con dinero y otras dádivas), no tenían pensado quedarse; venían con el afán de hacerse de riquezas y regresar a sus lugares de origen. Algunos lo hicieron; muchos otros, al decir de Miguel Hernández, estercolaron las tierras donde cayeron o fallecieron a secas. Con el paso del tiempo, la extracción de riquezas minerales y de almas cedió ante las cosechas agrícolas para la subsistencia y la agroexportación. Eduardo Galeano dice que la población indígena de las Américas bajó de aproximadamente 100 millones de almas a alrededor de cinco millones, en el primer siglo de la colonia: por enfermedad, exceso de trabajo, y hasta suicidio.
¡Ah! Seis millones de africanos son importados (cf. Hugh Thomas, La esclavitud), nadie cuestiona nada por un buen tiempo, y se salvan las economías, particularmente la del Brasil. En todas partes, la Iglesia se hace de la vista gorda ante el sincretismo religioso, igual que antes, con los indígenas. Aunque ahora, al amparo de una ola de "pureza espiritual", se las ha emprendido contra la(s) religión(es) afrobrasileñas en Salvador da Bahía, por ejemplo. En breve, cuando sobreviene "la independencia" del continente, España está agotada hace tiempo (el primer caso moderno de colapso económico por inflación, falta de productividad y sobre-extensión en todos los términos), y, por lo general, no opone realmente mayor resistencia. El Brasil se independiza casi con la complicidad de la Corona de Portugal; ciertamente con su beneplácito, por callado que fuera. Los verdaderos ganadores son los criollos acomodados, quienes, al igual que sus similares en los Estados Unidos, devienen beneficiarios de un sistema agrícola basado en el sometimiento de las mayorías a los intereses de unos pocos. En nuestro continente, la dedicación a las guerras civiles y el despilfarro en general, se vuelven regla. Recordemos que México, pese a la expresa prohibición de la Corona española, se ha endeudado con banqueros ingleses aún antes de la independencia. La corrupción administrativa, vicio exportado a los virreinatos directamente de Casa de Indias, sigue en sus reales; cada quien desea desarrollar su feudo propio, con cuota económica y de poder político.
Los Estados Unidos, en su Guerra Civil, 1861-65, opta por industrializarse con un gobierno centralizado, mientras Latinoamérica se debate entre las miserias de siempre. Los desarrollos portuarios y de ferrocarriles, proyectos mineros y de embriones de industria, son inversiones británicas, en gran medida; y los grandes poderes utilizan esos desarrollos, para fomentar la agroexportación. Las materias primas viajan a Inglaterra, principalmente, y regresan las baratijas bastante caras; los gobernantes y comerciantes nuestros, ávidos de ganancias rápidas sin mayor esfuerzo, aceptan la situación; y cuando no se pagan las letras de las construcciones, son bloqueados los puertos, tomadas las aduanas, en abierta contravención de todo principio de ley. El lector sigue perplejo, porque sigue dándosele la razón a los señores Montaner, Pérez de Antón y colaboradores. Mas no: los modelos fueron importados, siguen siéndolo; nos hemos convertido en maquiladoras para las metrópolis nuevas, la población sigue creciendo sin tener condiciones decorosas ni la oportunidad de tener siquiera los servicios básicos de salud y educación, entre otros. Hasta el Brasil ha abierto más de 40 zonas geográficas a la maquila, para abatir el desempleo. Entre comillas. No: no adolecemos de "atraso cultural", sino de la maldita costumbre del paternalismo y la añoranza de la mano fuerte que nos gobierne. David Viñas, escritor argentino, lo ha dicho más de una vez: necesitamos de los hombres de a caballo, los caudillos, los caciques, los obispos mitrados, para que nos digan qué hacer y cómo hacerlo. Esto es herencia, prácticamente es parte de nuestra genética, después de cinco siglos de sangre y esclavitud.
No se trata de un "atraso cultural", amigos y amigas del continente; se trata de la disyuntiva de vivir todavía colonizados por las ideas y la economía ajenas. Si la clase gobernante civil se muestra vacilante y con demasiado interés en el bienestar del pueblo (véase los casos de Arbenz, en Guatemala y Allende, en Chile), las multinacionales están listas para aplastar a cualquiera, con el afán de conservar el status quo, que promete ser eterno. Menem hizo todo lo que le instruyeron. Los poderosos se hicieron de la vista gorda ante los horrores económicos, los asesinatos, el ahogo de las libertades de las que se preciaban los argentinos. El modelo estaba condenado a fracasar; pero le sirvió a la familia Bush; y Bush, Jr. tiene la desfachatez de amonestar al actual gobierno argentino y decir que hay que practicar más austeridad. Los militares han sido la espina dorsal de la continuidad de la colonia, ante el beneplácito de las castas sagradas, la Iglesia, los intereses extranjeros. El actual gobierno de Guatemala es, de hecho, militar; el presidente no ejerce del todo; las fuerzas armadas se acarrearon más de la mitad del ejercicio del presupuesto nacional, durante el 2001, mediante "transferencias de partidas", y, ahora, bajo el manto del antiterrorismo, están comprando más equipos (adivínese desde dónde) y en general gozando de la vida: una corrupción desenfrenada, los narcos felices en su charco, y nadie ve nada. ¿Atraso cultural? No; falta de apertura, falta de democracia, falta de generosidad humana: una culpa compartida, pero no exclusiva de Latinoamérica, ni atribuible a la tragedia de la continua y ancestral frustración de la aspiración de las mayorías a una mejoría en sus condiciones de vida. Hasta en la Argentina, que era el modelo para todos, el país más rico e instruido, condenada a ahogarse en sangre, corrupción, deudas impagables y la inexpugnable estupidez y el egoísmo de unos cuantos. |
Peter Gardner, poeta y articulista, norteamericano, 63 años, 40 de los cuales los ha vivido en Latinoamerica, especialmente en Mexico, Guatemala, Nicaragua, Peru, Colombia y Venezuela, cuando trabajaba como vendedor para una empresa transnacional. Maestria en letras hispanoamericanas por la Northern Arizona University, en Flagstaff. estudios de doctorado en la University of Texas, en Austin, y en la Universidad Autonoma de Mexico. Profesor de literatura en español en la Universidad de Mobile. Actualmente enseña esa disciplina en Avemaria College of the Americas (Norteamericana), en San Marcos, Nicaragua. Ha publicado Retratos de familia (2001), poesía. Vive en Niquinohomo, Nicaragua. Contatos: gardner@ibw.com.ni. Página ilustrada com obras do artista Rudy Espinoza (Costa Rica). |
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