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COORDENAÇÃO EDITORIAL   |   FLORIANO MARTINS
2001 - 2010
 

 

 

ACERVO GERAL | COLOMBIA

 

Tereza Sevillano | (1944)

Tereza Sevillano entre la algarabía y la aprehensión

 

Omar Castillo

 

Tardes aquellas, grises o luminosas quizá,
en que el quehacer innecesario
es la dádiva del tiempo perdido
recuperando una brizna de luz
en el ojo de la vida.

Teresa Sevillano

 

I.

Según el poeta el universo produce un sonido que se sostiene en un ritmo, ¿una oración incógnita en las palabras que aún no pronuncia? O, ¿acaso estas palabras ya fueron pronunciadas y se encuentran ocultas en las prístinas nociones de la existencia? Lo cierto es que desde sus comienzos, ya en la narración poética transmitida de forma oral, o desde el preciso momento en que se inicia la escritura, la palabra es vehículo con el cual el poeta se pronuncia desde las vetas y magmas que obsesionan la fuente y razón de su existir en la vida y para la muerte, también para nombrar todo lo que el ser humano ha pretendido domeñar y hacer utensilio físico o metafísico de su realidad. La tierra, escenario de su mundo, entraña de su incógnito y el espacio del universo que le es posible vislumbrar en la magnitud o brevedad de su misterio, le han servido al poeta como superficie y página donde escribir las palabras que le permitan deshacer o revelar lo incógnito y sus tramas. Entonces, en la voz de los poetas, páginas y páginas se acumulan en las diferentes capas de historia por las que el ser humano ha mudado sus creencias y las formas con las cuales aprehender los signos: desastres y virtudes de su existencia. Realidad u otredad, certeza o misterio, la palabra sigue siendo el origen para la escritura del poema.­

Este inicio para aproximarnos a los poemas que Teresa Sevillano reúne en sus primeros cinco libros: Los sentidos hablantes (1988), Itinerario del asombro (1990), Secuelas de hechizo (1991), La voz oculta (1995) y Ruta de Arquíes (1998), que se abre con una selección de sus anteriores libros y concluye con nuevos poemas agrupados bajo el nombre que da título al libro.

En muchos de los poemas de Los sentidos hablantes las imágenes de sus versos no resuelven el dibujo que los represente y quedan gravitando entre lo inaudito que realice e impacte en el lector el acontecimiento del poema, y lo deleznable de una “buena” intención que procura hacer presencia en la superficie de la realidad, ignorando que ésta, en su laberinto, ha sido impuesta sin consideraciones. El poeta no puede olvidar que la palabra, no sometida a la moraleja de dominio doméstico, es la que hace posible la escritura del poema, y que someterse a los intereses de quienes forcejean en la trama de la moraleja significa ignorar el fenómeno y caer víctima de él. También se encuentran en este libro versos que, cuando consiguen soltarse de lo predecible entendido como canciones hace tiempo memorizadas, aprehenden la realidad en distintas fases del laberinto, logrando la contundencia que los pronuncia en poemas por los que se cuela una voz que se hace al nombrar, no la revuelta revanchista, sino la rebelión de quienes quieren descongelar sus instintos y prenderse a la vida:

Cuando Dios cierre sus alas

y se enferme de asfixia

no existirá el dolor.

Todos esperamos esa hora,

pero sucede que Dios es una metáfora.

¿Entonces de quién es la culpa?

En Los sentidos hablantes se alcanza a escuchar la voz de una poeta que, desde adentro de la veta donde sus palabras escarban, y son escarbadas, persigue pronunciar su realidad y su magia. Sus sentidos se preparan para la escucha y el habla, como lo refleja el poema que da título al libro, en un mundo cuya iconografía es la usura y la ignorancia: “Llora el tacto al roce de la mano impostora, / un sabor a cobre estrangula el silencio de la boca”.

Y esta veta aparece en “confidencial”, poema con el que se abre Itinerario del asombro. En su primer verso se lee: “La veta en el párpado enrojece”. Es claro que la veta que resguarda el párpado es el ojo, el ojo que en el instante cuando ve es al mismo tiempo labrado por la realidad que ve. En pocos poemas del libro esta tensión se mantiene, en su casi totalidad se rompe cuando la poeta permite, aledaños al poema, formas propias del discurso que busca imponer o refutar un dogma. Si en su primer libro los sentidos son agitados, sometidos al fuego del laberinto donde quedan hechos ceniza, ahora, como quien busca resurgir, su segundo libro nos ofrece poemas desde la inmediata cotidianidad, es decir, donde las llamas cobran su vigor y acosan a los usuarios y penitentes del laberinto:

Los íconos colgantes

                                                        inconmovibles:

sordos a tu oración,

deleznables a tu mano.

Los íconos que creaste

                                                        frágiles como tú.

 Este Itinerario por el laberinto es un coloquio a diestra y siniestra que no ejerce ninguna coherencia en su tema, deambula y se alza como una espiral que intenta llegar a nada, al tiempo que pareciera solventarse un nicho donde guarecer su asombro, “Naufragio”:

El pequeño lunar que nadie ha visto

                                                                                        sobre tu ojo.

Planeta solitario para mi telescopio;

como la estrella perdida en la galaxia

a siete años luz se eleva.

Al parecer la poeta considera que todo es materia para sus poemas y, como en el primero, en este libro sus poemas no son sometidos a una contención temática que promueva una ruta de sentido que le permita al lector participar de un ámbito y sus diferentes registros. No, sus poemas saltan de un tema a otro, y así pasamos del  poema “Naufragio” al poema “Los tenderos” donde se nos dice que “Un tendero extiende su mano de alacrán / que se encoge. / Algo se ha quedado en su ponzoña”, y de este a “Notoriedad”. Vistos así, los poemas quedan como agrupados de manera ocasional, cuestionando la presumible continuidad temática que el título del libro les brinda. También es posible argumentar que en un mundo fragmentario esa ausencia de continuidad temática es uno de los atributos del libro.

La imprecisión que se evidencia en los poemas de Teresa Sevillano es entrañada y asumida sin restricciones, al punto que parte de su hacer poesía se regodea en lo anecdótico de la trama que sucede en el laberinto:

Ese dios impreciso

que no está en ninguna parte,

puede ser el ojo del águila

apuntándole a una víbora.

[…]

o quizá la indecisión del tiempo

[…]

Pero de todos modos,

ese dios impreciso,

seguirá siendo mi dios

 

II.

En nuestra época no es fácil definir el marco de obligaciones para la escritura del poema, ni en lo ético ni en lo formal. Lo que sí me atrevo a subrayar en ese tema, de tan enconados debates, es que el poema no es un surtido de suposiciones idealizadas, ni el poeta un profeta para la redención o el exterminio, y si en el mundo actual el poeta asumió el ser arrojado a la intemperie es porque desde ahí consigue nombrar el fenómeno que arropa a dicho mundo. El poeta es una alerta y del lector depende asumir su responsabilidad o no. En cuanto lo formal es posible que la analogía, el fragmento y el ritmo sean las herramientas más recurrentes. La analogía reemplaza la noción mítica que del mundo nos procuraba la metáfora con su poder comparativo, y así nos deja ante un universo ya no unitario y total en sus costumbres y creencias, sino ante un universo fragmentario cuya continuidad la proporciona el ritmo con el cual son asidos dichos fragmentos.

Secuelas de hechizo, tercer libro de Teresa Sevillano, rompe con la inconsistente línea de sus dos anteriores y nos pone ante una escritura donde los temas de la poeta por fin toman cuerpo en el poema, entonces asistimos al despliegue de su voz trayendo huellas, ecos, señas, las labraduras que en sus ojos la realidad ha dejado impresas y que ahora nos puede enseñar. En uno de los párrafos que escribe como prólogo para Secuelas de hechizo Teresa Sevillano nos dice:

La poesía no es continua, ni homogénea, ni contemporánea, involucra las tres instancias  del tiempo, al que el hombre hace reversible ligándolo a su historia. Es, además, incontinente, delatora de un estado interior, que en el auténtico poeta no se deja reducir.

En este libro, desde su primer poema nos adentramos por las Secuelas que el hechizo del ver ha labrado en la mirada de la poeta. Y nos encontramos con que “El alma habla de su vértigo” dejando su claridad estampada en lo que pareciera una flor fosilizada si no fuera por la palpitación de su vértigo:

Todo está claro:

[…]

En el lugar insomne

todos duermen despiertos

[…]

¿Será este mundo?

Es el aliento de su fantasía,

su cola de pez ciego en el fondo del mar.

Y como mano rugosa del abismo

un arrecife oculta la faz atónita de un cangrejo.

[…]

El alma habla de su vértigo.

A partir de ahí nos lleva por su visión del mundo, por las frágiles vértebras, las aristas que hienden la piel de éste con su realidad que aprisiona y libera como un corazón terrestre que no cesa en sus funciones y, como un estampido, el ser humano: gota de alegría y depredador. La fábula o visión de la naturaleza y desde ella la ilusión de la otredad develada en sombras y en espantos que dejan sus pisadas en la noche y “el viento con mano de duende” abriendo portones con “herida de bisagra oxidada”. También los ensueños “como una tenue sombra de filigrana” que hacen creer que en algún tiempo se habitó el paraíso. Y en medio de todo, la cotidianidad donde sucede la existencia con su desorden, su algarabía, los colores, los olores y los sabores de todo cuanto en ella transcurre una y otra vez:

Las plazas de mercado son de un desorden

que embelesa.

Todos los colores y olores distribuidos

en las frutas

excitan la carne de la boca.

La lengua danza un mórbido deseo

y se escuchan cuchicheos en el estómago.

También en este libro la poeta consigue ensamblar inauditas imágenes con las que ausculta al ser objeto de su atracción. Se lee en “Fénix”:

Tu rostro de ave Fénix.

Esa imposible cara.

                                                 Cara sin rostro.

Rostro enmascarado como el caracol.

                                                                                        Huidizo,

con tentáculos como barbas

que no alcanzaron a salir en el tuyo.

Y esos mínimos poemas restallando en la página en síntesis tajante, no como sentencias que enardecen o ultrajan un dogma, sí como una cápsula que se debe pasar con un gran sorbo de vida: “Sobre el lienzo intemporal del abismo / se dibuja el cruce de alas de las mariposas”. Y este otro: “Los labios del estoico son dos filones pétreos / pero su corazón se ríe a carcajadas”.

Vale detenerse en los versos del final del poema “Claroscuro” para preguntarnos un poco más sobre el significado del ver en la poesía de Teresa Sevillano: “…volver a ver el ojo del mundo, / enrojecido, lacrimoso, como un sucio de / censuras y de quejas / entre nuestro propio ojo”. Dice: “ver”, “censuras” y “quejas”, también “propio ojo”. ¿involucra esto que la poeta tiene una mirada del mundo?, o ¿es el mundo quien se refleja en el ojo de la poeta? En ocasiones el ver enceguece y es cuando nos queda una mirada. Se lee en “Ingravidez”: “Nunca había visto una pequeña mariposa /girar sobre sí misma. / Hoy la vi. / Ese mundo repentino me cegó los ojos”. El ojo al ver percibe, quien mira aprehende, y en Secuelas de hechizo la escritura de Teresa Sevillano consigue el umbral que le permite comunicar las empatías y antipatías que la realidad acoge y dona.

Dejemos este libro recordando, de manera fragmentaria, versos de su antepenúltimo poema: “Todas las guerras son santas”, donde nos es insinuado el delirante mapa del porvenir:

En el horizonte sombrío diviso pájaros heridos.

[…]

los niños empiezan a atormentar su sueño

[…]

que divisa en bronce su victoria.

[…]

las eternas batallas de los negociadores

de la muerte

El ver y el mirar, la cosa y lo aprehendido por la mirada cuando nutren la voz que se establece en la realidad del poema, ha sido asunto para este ensayo. Ahora, al aproximarnos al cuarto libro de Teresa Sevillano: La voz oculta, la inquietud, el interrogante que genera el título, se nos empieza a esclarecer en “Acrobacias”, poema que abre el libro y donde se lee:

y entre las grietas —oscuros ojos del abismo—

contemplarás una flor

que se abrió para tu asombro.

[…]

hay otra vida… como emergiendo de las acrobacias del                                   sueño.

Y, como quien regresa de un sueño ubicuo en la realidad, en el poema que da título al libro nos transmite: “Aún contienes la humedad del aljibe. / La blancura de la flor, que desafió / la oscuridad de la más oscura de las noches”. En estos poemas pareciera que nos encontráramos con quien recuerda. Empero, asistimos al origen cuando la poeta se asía a las palabras con las cuales hoy nombra esa Voz oculta y donde germina “la historia del mundo”, “la queja ante un destino” y “un sol esplendoroso” que “arde en la memoria” y que alcanza su germinación en el poema “Centinela en la bruma”: “es el reflejo lumínico del ojo / que te proyecta y te circunda”. En “Gemidos de tiempo” al nombrar el tiempo allana su ubicuidad única e incesante: “No miro la tarde; / ella me mira”. Y en: “Esa ave que camina por las nubes” cuando la raíz de las palabras se empinan intentando sumarse a las migraciones de aves que surcan las nubes como si fueran letras que se imprimen momentáneas en la página donde se consume el poema: “Esa ave que camina por las nubes / se comió mi poesía”. Y en ese himno “Providencial” donde sin pronunciarla, el agua: “Conteniendo las esencias de proscritos dioses” deja que en ella abreve el trashumante. También el agua que como en una leyenda permite fabular sus contenidos:

De ti salieron todas las cosas

y a ti volverán.

[…]

Mitad de la Eternidad,

dormido pliegue ciego

[…]

¿Mar, es acaso que te sueño?

Empero, en la lectura llegan momentos en los que algunos poemas pasan a ser un correlato de las insistencias sociales que habitan y disputan el laberinto y que, en la poeta, no se restañan, e insistiendo desde sus dos primeros libros persisten en los agravios de la cotidianidad traídos al poema. Lo podemos leer en poemas como: “Faquires del aire”, “Caótica selva fantástica”, “A cierto hombre”, “Entre rejas” y “Agravio en desagravio”. Que, por instantes, hacen del libro algo farragoso, pero que también hacen parte de la “Ambigüedad” que no para en su poesía: “Todo es una brusca conversión, / una nada en el crepúsculo”.

Y llegamos a Ruta de Arquíes, libro cuyo título es tomado de uno de los poemas que componen Secuelas de hechizo. Éste se abre con una selección de poemas, más afectiva que crítica, que la poeta hace de sus primeros cuatro libros, para luego adentrarse en los 39 poemas que propone en su Ruta de Arquíes.

Ruta de Arquíes es un libro propuesto al lector como una leyenda esparcida en los distintos poemas que lo componen: “Ese viejo poema, escrito hace más de 2.000 años, / y que habla de dioses convertidos en pájaros […] habla también de nubes y de árboles”. Su tono es grandilocuente y, en cada uno de sus párrafos, pareciera como si las “Historias del tiempo” se expresaran en la voz de la poeta, haciéndole posible que nos narre el recuerdo de la primera huella en el mundo. La poeta persiste en un eco proveniente de un pasado paraíso, un eco que se impacta con la realidad y sus usos: “El mundo es como una inmensa tortuga que ha entrado totalmente / en su caparazón”. En la elaboración de esta persistencia los recursos comparativos le son útiles para nombrarla, como quien se apodera de aquello que nombra e imparte sus contenidos, en fábulas y alegorías casi siempre desarrolladas en la naturaleza del bosque o de la selva como algo virgen y, de tanto en tanto, el ser humano transfigurado en sus mitos o simple muñón en los corredores del laberinto atosigado por la intriga de la muerte y su acechanza, todo lo anterior en imágenes cuyo vigor es rayano con la ingenuidad, casi bucólico: “la dicha plena de la ingenua razón”. Como constancia de la leyenda que este libro propone al lector copio versos de su poema “Plegaria”:

Pero le rezo a las piedras, golpeándolas, y siento en ellas

el eco de mi oración.

Es que las piedras son por sí mismas la plegaria del cosmos.

Altas y erguidas, en parajes solitarios, semejan monjes de

abadías destrozadas.

A lo largo de las riberas de los ríos, parecen inclinarse ante

el dios de las aguas.

Percibo el dolor del mundo en las piedras;

son como los desorbitados ojos de la noche eterna

que endureció de llanto.

O como pedradas de un dios que se extinguiera en el fragor

de una estrella.

Las piedras han escuchado el mundo en sus lamentos

hasta convertirse en un silencio petrificado de siglos.

En un mundo precoz e ingenuo los poetas han intentado imprimir sus acentos, la magnitud o la modestia de su mirada penetrada por las realidades de su tiempo en continua eclosión, un mundo cuyos sellos en forma de dogma e ideología mantienen intactas las cerraduras de la conciencia, por lo mismo, del laberinto. Entre la algarabía y la aprehensión sucede la poesía de Teresa Sevillano, lo que la caracteriza y diferencia de voces sofisticadas, empero hueras, que confunden la poesía de nuestro tiempo con una galería de versos muertos y gloriosos. Al suceder de su poesía lo persiguen constantes que la poeta intenta resolver siempre acorde con la voluntad y fortaleza de su centro vital, y estas constantes la obligan, una y otra vez, a desenrollar el nudo de los temas que en el laberinto establecido como mundo la agobian.

[Parte integrante del libro Asedios – Nueve poetas colombianos, de Omar Castillo (Los Lares, Casa Editora, Medellín del Aburrá, 2005).]

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El acervo general de la Banda Hispánica fue creado en enero de 2001 para atender a una necesidad de concentrar en un mismo sitio informaciones acerca de la poesía de lengua española. El acervo contiene ensayos, reseñas, declaraciones, entrevistas, datos bibliográficos y poemas, reuniendo autores de distintas generaciones y tendencias, inclusive inéditos en términos de mercado editorial impreso. Aquellos poetas que deseen participar deben remitir a la coordinación general del Proyecto Editorial Banda Hispánica sus datos biobibliográficos, selección de 10 poemas y respuesta al cuestionario abajo:

1. ¿Cuáles son tus afinidades estéticas con otros poetas hispanoamericanos?

2. ¿Cuáles son las contribuciones esenciales que existen en la poesía que se hace en tu país que deberían tener repercusión o reconocimiento internacional?

3. ¿Qué impide una existencia de relaciones más estrechas entre los diversos países que conforman Hispanoamérica?

Todo este material debe ser encaminado en un único archivo en formato word, para el siguiente email: bandahispanica@gmail.com. Agradecemos también el envío de textos críticos y libros de poesía, así como material periodístico sobre el mismo tema. El acervo general de la Banda Hispánica es una fuente de informaciones que refleja, sobre todo, la generosidad amplia de todos aquellos que de ella participan.

Acompañamiento general de traducción y revisión a cargo de Gladys Mendía y Floriano Martins.

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Direção geral do Jornal de Poesia: Soares Feitosa.
Projetos associados: La Cabra Ediciones (México) | Ediciones Andrómeda (Costa Rica) | Revista Blanco Móvil (México) | Triplov (Portugal).
Cumplicidade expressa: Alfonso Peña, Eduardo Mosches, Gladys Mendía, José Ángel Leyva, Maria Estela Guedes, Maria Luisa Passarge, Soares Feitosa e Socorro Nunes.
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Contato: Floriano Martins bandahispanica@gmail.com | floriano.agulha@gmail.com.
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