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J O R N A L   D E   P O E S I A   |   F O R T A L E Z A l C E A R Á l B R A S I L
COORDENAÇÃO EDITORIAL   |   FLORIANO MARTINS
2001 - 2010
 

 

 

ACERVO GERAL | COLOMBIA

Rafael Patiño | (1947)

Rafael Patiño: la metáfora como magma en erupción

 

Omar Castillo

 

Y el mar a lo lejos toca su batería de cráneos.
Cuando termine este lago de beber estrellas
Bajaremos al fondo del amor.

Rafael Patiño

 

I.

El siguiente texto rastrea el itinerario de la poesía escrita por Rafael Patiño y publicada en cada uno de sus libros, procurando encontrar las vetas por las que el poeta consigue las palabras que le permiten elaborar su escritura en imágenes que exploran en la sospecha de que el amor hace posible vislumbrar la escisión estigmatizada que obstruye la capacidad de revelarse en el ser humano, y así iniciar la construcción de un interrogante y el vacío para realizar su búsqueda. Sospecha y opción que dejan la escritura de esta obra en el umbral desde donde allanar otro orden. Acto celebrado con la palabra que instiga y se comporta como un arco tenso en su reto de poder o de sucumbir en las metáforas y las analogías con las cuales enraizar la realidad. Se puede observar que en esta poesía la imaginería que establece sus construcciones en destellos intensos, y en ocasiones arduos, es posible porque quien la hace es un poeta que sabe de cada palabra cuando la obtiene para su escritu­ra. Así, sus libros son ínsulas que conforman la estampa no conclui­da pero inextinguible de la obra de un poeta que no teme al impacto que sus sueños tengan en la realidad o viceversa, son un todo en diáspora de poemas imborrables. Su ritmo es el de quien se desliza por el filo del eco del arma que penetra la otredad y la membrana del fuego hasta la empuñadura, es decir, hasta la aprehensión de la realidad. Detrás de la voz de este poeta está lo irreductible que colma dos infancias: la del hombre que pronuncia y la del origen que agolpado en él busca en la escritura restallarse en lo cotidiano. Cada palabra escarba en ambas infancias, con ellas no sólo nombra, penetra. Palabras, eslabón a la fragua que origina y realiza la imagen: la araña pendiendo de su hilo, el pez petrificado dibujando la roca, el hombre que esculpe en el estampido de su origen.

 

II.

Clavecín erótico, escrito en la década de los setenta. Sus poemas fueron editados en su casi totalidad en revistas y periódicos, revisados y publicados en edición del autor en 2001. En él las palabras son evacuadas a un espejo (que terminará siendo el poema), donde son auscultadas, desarmadas y armadas según el poeta, quien verifica los varios perfiles y propone sus imágenes y la decons­trucción de las mismas, como resulta evidente en el poema “Madama musiquela”:

Madama Musiquela haciolada da-lo tardo

Entro al-mizcla-Do dulz-ay-no!

Carcaj-é voz-queja el Bos-co

Lo-mas-si-mi-ésquina

Albor-ni-zo-bar-ni-zo

Ser-vez-ah! Pu-ed-oh!

Balbuceo donde se posibilita la fusión de instintos vividos, convirtiendo el poema en territorio que absorbe y funda, generando canales de interpretación en el interior del dibujo poético que lo construye o lo deconstruye. Imágenes girando en versos que a su vez giran en la elíptica de la página que les permite hacerse mutables, empero, en escritura desmembrada del ente de la anécdota. Imantando otra realidad y una manera diferente de explayarse en ella.

Clavecín erótico no es, en la poesía de Rafael Patiño, el libro del amor (el amor como exorcismo será el hecho significante en Canto del extravío). Clavecín erótico es el libro de la ruptura, del experimento que interroga la constelación sensual del cuerpo poético fisurado en cortos y largos versos, estancias en sintaxis que evolucionan hasta la quebrazón voluptuosa de los circuitos que fijan las palabras como patrones de conducta. Miremos otro de sus poemas: “Mi dama en pez”:

Pez perisodáctilo

En la bota que dobla y tripla el ijar de la tarde

Pez penúltimo plega llovizna

Pez minuto tangencial insomne

Pez de base ungulada en tú

 

Mi dama y yo levantamos

el primer párpado del pez

y nadamos

 

Mi dama nada por entre el dulce mugre

del muro de la luz

Y yo le digo que baje

De mi aleta caudal

a la glucosa

 

Mi dama y yo por entre el fahrenheit menor

en lentas cámaras eróticas

cuando mi pez nada en la boca de su pez

cuerdas arriba del humo. 

Entre el cuerpo gozado y el cuerpo de la página se ejerce la escritura del poema, y es ahí cuando el poeta inicia la demolición del estigma que lo domestica. Entonces, en tonos de fiebre, Clavecín erótico es un fresco cuarteado donde se entrevé un forcejeo de cuerpos y de elementos comportándose en estancias que elaboran y hacen posible el poema, igual que en un cristal fracturado las escamas engastan, bruñen sin compactar la figura en su movimiento:­

La ira asciende en ebrios gansos por la espuma

pasamanos alambrados tu voz toman

 

III.

El trasego del trasgo o de las nueces astutas del desastre publicado en diciembre de 1980. Libro en embrión, ni abortado ni concluida su gestación, y he ahí la opción que lo caracteriza: ser acopio de sensaciones e instintos, de analogías que perfilan e indagan imágenes para la construcción de un mundo que permita aprehender la realidad y sus sucedáneos. Estos textos son el ensayo instrumental, entendiendo como instrumento la palabra, de estrofas en forma de nubes de ostras explorando, del iracundo que desciende a la membrana del fuego e irradia su contento, del que hace sonar los cráneos que acumula el mar, del pez en mampostería. Cantera disponible a la que el poeta volverá una y otra vez en la búsqueda de materia para la escritura de sus siguientes libros:

Detrás del catalejo

sólo queda la historia;

gruñe el cochino facocero

y su chatarra es un ejército de estupros.

Las náyades,

las majas y sus reverberos

subrepticiamente al polvo vinieron

con sus amores, las redondeces

y los perros de aguas.

El rumor cefalópodo de los recuerdos

acuña la peor moneda:

La añoranza de ser

la boca desdentada de una luna,

la infernal caducidad del hielo.

 

IV.

Libro del colmo de luna publicado en 1989. En este libro asistimos al empleo que el poeta hace, mientras las perfecciona, de las labraduras que el ver ha integrado en su mirada. Labraduras estableciéndose en una escritura que persiste y se realiza con el coraje de quien despierta en la acústica del sol y, de súbito, es asediado por la artera cotidianidad al uso que le increpa con la intención de ensordecerlo, anularlo, adecuarlo con la costumbre como el ojal al botón. Forcejeo desde el que se ejerce la escritura que se lee en los poemas que componen el Libro del colmo de luna, y desde el cual alcanzan los momentos de mayor tensión cuando el poeta consigue robar palabras del asignamiento doméstico que les han impuesto y, con ellas, a través de analogías inauditas, aproxima imágenes de realidad que convocan a la rebelión. Entonces se moviliza con sus palabras, lava en Baladas de arduo linaje y en Danzas al final del tiempo, mientras se precipita el cenit del sol en el mar:

DANZA PARA CONVOCAR LOS BESOS

¡Venid! Todas las magias

Todas las tuercas de todas las máquinas,

Todos los sueños color malva

De mi cabeza reducida en un caldero.

Pirámides, flor cubierta de insectos,

Boca que convoco

Para calmar la urgencia del deseo.

“Agua de cornamusa, voz de arabesco, / óseo árbol colmado de recuerdos, / aquí estaba tu boca, en el remolino de mosaicos / posaba la uva del baile”. En el Libro del colmo de luna el dibujo erótico amoroso se va realizando desde cada uno de sus poemas, como un tejido que se entrecruza con los demás temas involucrados, hasta conformar un coro que con su correlato murmura por la piel y las caricias de quienes buscan la revelación del amor, en una escritura practicada desde el caudal del lenguaje, río que en su movimiento compacta y suelta sus raíces en la superficie de la página que lo proyecta. Este caudal del lenguaje también se hace evidente en la danza, en el cuerpo de quien con sus movimientos la escribe:

DANZA EN LA CASA DE LA AUSENCIA

Visité la casa de la ausencia,

Su carácter desdeñaba las rosas,

Un aunque sentaba su duda

Entre el malvavisco del viento;

 

Entonces

El bailarín que danza en mí

Restó importancia al sistema decimal del ahogado.

 

Luego las plagas vinieron

A jactarse de la vida

Y un amor fulminante

Poseyó nuestros cuerpos.

La danza es ruptura, pasaje que comunica con el origen. La danza teje el diálogo entre estrellas, galaxias que pronuncian los más antiguos nombres y actos. La danza convoca a la disertación de los cuerpos que aúnan la pronunciación del mar. Quien danza adorna su piel con la sustancia de sus sueños, hace de su piel la ruta, el abecedario, el paisaje de un tatuaje múltiple que le invade y regocija. Quien danza se aproxima al signo que le descifra. Danzar es resolver la ecuación estéril, la árida faz que atrae y anula, que expulsa y dispersa. Es al descender y ascender las llamas-metáforas-analogías extraer para el poema incesantes imágenes, aun en lo candente de su aparición.

 

V.

Canto del extravío publicado en abril de 1990. Su índice lo divide en tres partes, señalando los tiempos y el ritmo que moviliza el poeta a lo largo del libro. La primera inserta las cifras que vivencia al adentrarse en el “Corazón de lo atroz”. La segunda es su rotunda inconformidad con la realidad que lo entraña y configura. La tercera son las inserciones de quien se interna por el “Recuerdo futuro con nube de ostras”. En Canto del extravío el poeta consigue que el lenguaje de sus imágenes esté surcado de imprevistos que detonan en la escritura-lectura, sorprendiendo y dejando al lector en un vacío en el cual el poeta no le procura el beneficio de la catarsis, todo lo opuesto, es en ese vacío, o hueco no catártico, desde donde el lector debe ejercer su lectura, es decir, el lector debe penetrar su propia lectura e iniciar la construcción de su interrogante y el vacío donde realizar su búsqueda. Iniciemos.

¡Arder! ¡Arder! Alcanzar la abolición,

Relatora del odio, una voz hueca cava

Este gran hoyo de delirios donde soy

Verdugo y constelación de hidrofobia a la deriva.

En este libro el poeta no niega la realidad, la impugna. Y la fuerza con la que moviliza y emplea  cada una de las palabras que aprehende le permite elaborar las imágenes para cada verso que, ya en su encabalgamiento, van tejiendo los derroteros de una búsqueda azogada que estalla en el poema, hasta el punto de convertir al poeta en el malabarista que se desliza por el filo vidrioso de la realidad y al mismo instante en el público que celebra enardecido tal espectáculo, paradoja que caracteriza en nuestra época la razón y existencia del poeta, sea cual sea su estirpe. La solvencia de las asociaciones con que el poeta se permite transgredir el presumible ordenamiento exterior del mundo y las realidades con las cuales éste constriñe y domestica es posible por la manera como allana lo indecible de esta realidad.

Bajé por la escalera de mis sueños ulcerados

[…]

Bajé por la ascensión invertida del agua

Hasta la escala jacobina donde simios gritones

[…]

Se apilaban con esfuerzo

En el espacio reducido del deseo.

En este punto de su libro el poeta nos narra el abyecto, y descendemos al “Corazón de lo atroz” por las hendiduras del miedo que hiere hasta toparnos con figuras malolientes, cuerpos que se descomponen a la intemperie, sólo arropados por las miradas de quienes inventaron la caridad doméstica, mientras continúan levantándose construcciones donde se aloja el odio escarmentado y, a sus pies, brazos como ganzúas se extienden solícitos. Apilada  en los andenes la era civilizada se jacta hierática. La melódica descripción, con la que el poeta nos narra dicho itinerario de abyección, acentúa el índice de mutilaciones y escombros. Y en medio del fragor de la jornada “¿Para qué hablarnos de amor?” pregunta el poeta, justo en el momento de emprender su escalada y descendimiento: 

Ay cuántos sueños monstruosos nos esperan

Junto a los pantanos

De este palacio llamado amor.

De emprender el recorrido por el grito contenido en la escisión dogmática, el escrutinio de las formaciones y malformaciones que informan la faena del amor en dialectos múltiples que pacen en la piel atenta a hacerse inserción con su origen o a quedar engarzada en las aristas de la cotidianidad:

Dáme tus dulces lunas erizadas,

Tribus de estrellas ya se agrupan

Para escuchar el chapoteo incendiado del amor.

“Tribus de estrellas” observando la danza, las ilustraciones que ésta esparce en el confín y con las cuales imantar, de ser posible, otro principio. En Canto del extravío sus poemas indagan en la fisura del amor, y su insistencia transgrede el orden que lo clasifica y familiariza. Y desde allí llama a la desfamiliarización del amor y de los nexos con los que manipulan las palabras que lo nombran y clasifican. ¿El cuerpo, centro, lugar arqueológico de cuanto hallazgo sea posible? El poeta excava en el interior de la caverna arquetípica. Sabe que a mansalva la piedad ha sido establecida como límite que controla el deseo y fragua la sumisión a un destino, donde la palabra no tiene poder revelador. Iniciar el amor, la plenitud de su deseo, es iniciar la revelación.

Cabe agregar que la poesía de Rafael Patiño se caracteriza por las palabras que emplea en su elaboración y lo inaudito de cómo las hace sustancia con la cual potenciar la eficacia de sus imágenes. Estas palabras-imágenes hacen posible para el poeta aprehender en el poema el magma de la realidad. Y en un ritmo impetuoso, más que la sensualidad que los arropa, en sus versos opera una transgresión que le permite dislocar los cánones del lenguaje y así allanar la materia para su poética, desde la cual, en una “tradición” repentista y emocional como la que se usa en Colombia, la exégesis de la escritura de Rafael Patiño resulta de una coherencia y disciplina escasas. Y si son perceptibles tendencias que de lo poético hicieron escuela en el siglo XX, estas están suficientemente asimiladas por el poeta, al punto que le permiten amplificar su ser creador y  hacen abarcable, en su escritura, el magma inagotable e impredecible de la realidad, lo que le da la fuerza necesaria a sus poemas para poner a sus lectores frente a la eclosión que se realiza en la realidad que nombran.   

[Parte integrante del libro Asedios – Nueve poetas colombianos, de Omar Castillo (Los Lares, Casa Editora, Medellín del Aburrá, 2005).]

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El acervo general de la Banda Hispánica fue creado en enero de 2001 para atender a una necesidad de concentrar en un mismo sitio informaciones acerca de la poesía de lengua española. El acervo contiene ensayos, reseñas, declaraciones, entrevistas, datos bibliográficos y poemas, reuniendo autores de distintas generaciones y tendencias, inclusive inéditos en términos de mercado editorial impreso. Aquellos poetas que deseen participar deben remitir a la coordinación general del Proyecto Editorial Banda Hispánica sus datos biobibliográficos, selección de 10 poemas y respuesta al cuestionario abajo:

1. ¿Cuáles son tus afinidades estéticas con otros poetas hispanoamericanos?

2. ¿Cuáles son las contribuciones esenciales que existen en la poesía que se hace en tu país que deberían tener repercusión o reconocimiento internacional?

3. ¿Qué impide una existencia de relaciones más estrechas entre los diversos países que conforman Hispanoamérica?

Todo este material debe ser encaminado en un único archivo en formato word, para el siguiente email: bandahispanica@gmail.com. Agradecemos también el envío de textos críticos y libros de poesía, así como material periodístico sobre el mismo tema. El acervo general de la Banda Hispánica es una fuente de informaciones que refleja, sobre todo, la generosidad amplia de todos aquellos que de ella participan.

Acompañamiento general de traducción y revisión a cargo de Gladys Mendía y Floriano Martins.

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Ficha Técnica

Projeto Editorial Banda Hispânica
Janeiro de 2010 | Fortaleza, Ceará - Brasil
Coordenação geral & concepção gráfica: Floriano Martins.
Direção geral do Jornal de Poesia: Soares Feitosa.
Projetos associados: La Cabra Ediciones (México) | Ediciones Andrómeda (Costa Rica) | Revista Blanco Móvil (México) | Triplov (Portugal).
Cumplicidade expressa: Alfonso Peña, Eduardo Mosches, Gladys Mendía, José Ángel Leyva, Maria Estela Guedes, Maria Luisa Passarge, Soares Feitosa e Socorro Nunes.
Projeto original criado em janeiro de 2001.
Contato: Floriano Martins bandahispanica@gmail.com | floriano.agulha@gmail.com.
As quatro sessões que integram este Projeto Editorial - Banda Hispânica, Coleção de Areia, Agulha Hispânica e Memória Radiante - possuem regras próprias de conformidade com o que está expresso no portal de cada uma delas.
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