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Óscar González: pincel de hierba en el vitral del cielo
Mauricio Naranjo
Los
pájaros delirantes de la poesía yacen en la jaula de papel. De
pronto, lanzan llamas y, endemoniados, huyen a la mezquita sin
puertas de la sinrazón. Allí, en ceremonias simples, cantan su
silencio, recobran su vacío, horadan su quietud. Óscar González,
ensayista del lado oscuro, camina ahora como un funámbulo, entre
miniaturas de tinta, con su pincel de hierba como un revólver de
oro. Acostumbrado a trenes de largo recorrido vuela ahora a la
velocidad del anturio. Colibríes derriten jaulas en sus ojos de
misil. Entonces, la sombra de aquellos pájaros enjaulados podrá
elevarse por el desierto como un avión místico. [MN]
MN
¿El título anuncia el espíritu del libro?
OG
No es la intención sino el resultado de la intensidad. Yo nunca
habría querido hacer un libro, eso para mí era un hecho muy
accesorio y no lo principal del hilo de lo que he buscado y de
lo que he hallado. Yo busco y hallo, me hallo a mí mismo.
Entonces el libro, es la evidencia de ello: lo que he sido y lo
que seré, esta dicho ahí. Es mi testamento, entonces por eso lo
llame así y también porque tú te hallabas ahí y lo mencionaste.
O lo nombraste también en ese momento en que lo hacía, en que
era hecho el libro en mí.
El libro me ha hecho a mí. De ese modo, el “Pincel” es el del
artista, que es mi hermano Sergio y la Hierba es con lo que yo
escribo; como decía Mi-Fu: “Escritura de hierba”. Es más o menos
lo que estaba allí en mi inconsciente e hizo eclosión.
Eso comienza en mí, a darse forma y como Tallo, en la medida en
que con los miembros de la revista Punto Seguido, nos
hablábamos y hacíamos ensayos de esa naturaleza y de esa índole.
Y se hicieron libros como “Madame Destino” y “Textos sin
Dirección”; “Conclave” y otros textos, que se hallan por ahí
entre libros y libretas. Eso era maravilloso. Y continúa
siéndolo, porque esa metódica libera y se transformaba en una
aventura muy profunda. Intervenían la voz y el oído, era lo que
la comunidad comunicaba de su visión, del sueño, del ideal y de
la insurrección que hace cada hombre por él mismo. Eso era lo
que más me tentaba y hoy todavía, con el mismo poder y la misma
sed insaciable.
También, incidió que mientras el libro me hacia y se estaba
haciendo, pudimos hacer la lectura en voz alta de los poemas del
japonés Yatsuo Fujitomi, que estaba con nosotros aquí en
Medellín; este hombre me transmitía una maravillosa sensación de
dominio de sí, de una tecné muy de él y de una estética
maravillosa y misteriosa. Él conocía muy a fondo la tradición
del “haikú” y eso era otro factor que me ayudaba a fortificar mi
relación con el “haikú” y con Hokusai, Basho e Issa, por no
mencionarlos sino a ellos y lo que me decían desde su mística
Mirabai y Kabir. Tenía mucho humor y mucha ironía. Y eso es lo
que me poseía mientras hacia el libro, estaba haciendo un
trayecto hacia la “visión comunicable” de la que habla Rosamel
del Valle; pero ya no en el sentido de él, sino en el mío. El
libro es el resultado de un vaciarse y llenarse de todo y de
nada. Es una forma de hacerme invisible, es lo que intuyo.
MN
¿En cada pieza, en cada miniatura, está la percepción del
instante, es decir, en sus poemas hay una concepción del tiempo
capturado?
OG
Yo no quiero hablar aquí más del “haikú”, considero que allí
esta y es lo que he llamado “a la manera del haikú”, pero sin lo
que en esencia y en hermosa estructura él es, dado que yo no soy
budista y que lo que sé del budismo zen es lo que he leído, pero
quiero indicarte que leer aquí es una metódica de iniciación
para mí. Yo por eso odio lo que no pueda provenir de lo
sensorial y de las sensaciones; de la ley de los sentidos y de
la ley del sueño. Esas son mis leyes. Entonces te decía, que yo
no estoy haciendo “haikú”, sino que estoy haciendo también
“rubbaiyats”, “hadits” o “diwan”; por muy pedante que eso pueda
resultarle a los que no han leído esos libros como yo los he
leído. Ese es el drama de hacer un libro, he ahí lo denso, lo
claro y lo oscuro.
Te diré: es el instante lo que yo intento inmovilizar, a lo que
intento darle sentido y llevarlo en mí, como lo que dices. Es lo
simbólico y lo real. Tensión de mí mismo. Entonces el instante
como lo dice Jalaludin Rumi, es lo que nos hace y nos revela. El
instante es lo que nos queda, pero como vacío, no es lo que
queda como prueba, demostración y corroboración de lo que hemos
visto. Todo lo que está nombrado allí, son objetos y cosas que
vivo –y querría continuar viviendo toda mí Única vida-, en las
que estoy. Es lo que sostiene mi mirada, lo que bebe locamente y
la que extrae todo eso. Nada de lo que allí es Escritura no ha
sido hallado por mí.
Yo no hablo del instante, es lo que más me inquieta; lo
construyo con el símbolo, con las sensaciones. Lo cual, no es
pues sino, excúsame de eso, una manera de decir y que en mí, se
da en otro orden y en otra dimensión estética. Las percepciones
son ideales y son aquí lo más elemental y lo más elaborado. Yo
podría hablar de una percepción muy racional, si se quiere. Ese
instante también es para mí, lo que proviene del azar, del “azar
objetivo” como lo dice Breton, eso es lo que me imanta.
Imantación de él, es lo que quiero; entonces le doy mucho poder
en mí a ese azar, lo necesito, lo invoco. Hallar lo insólito, lo
desconocido y hacerlo conocido es una maravilla, y saber que al
momento ya no estará más y que seremos destruidos y derribados
con él. Y lo de Lautréamont, “Bello como”, que yo en mi libro
borro pero que está allí. Yo ensamblo todo eso en mi Escritura,
lo relaciono.
También, el sueño. Ya tú lo has dicho, hay mucho sueño en este
libro y es verdad, yo debo mucho a mis sueños – o nada, no sé si
él lo quiere saber -. Eso que llamamos “Libro de sueños”, para
mí es esencial. Yo llevo uno. Ese sueño es mi verdadera
realidad, ellos me la dan; o sea, que sin el sueño yo no tendría
realidad. Es lo real. Quiero decir, como el libro de W.
Burruouqhs: “Mi educación: un libro de sueños”. Ese sueño es lo
que me intenta y me inventa.
MN
¿Cómo hace presencia la tradición esotérica oriental en el
“Pincel de Hierba”?
OG
Ya te he hablado de eso. No obstante, es esencial para mí
decirte que esa es una relación que he llevado siempre, que ha
sido un poder que me ha llamado hasta allí. Es que yo no soy
lector de libros, aunque eso es lo que se hace evidente. Yo leo
para vaciarme, porque me inclino ante el libro, como el Libro;
me humillo. Yo leo para humillarme. Lo oriental se halla allí,
eso no lo percibe el Lector que el libro ha tenido y tendrá;
pero él no lo ha de decir, pues no se trata de eso y porque de
la misma forma es lo occidental, para mí es lo que llamo la
ilación secreta.
Toda esa estructura sensible y de sueño para mí es lo mismo; me
irrita demasiado que todavía se hable de esa manera. Yo
considero que por medio del hilo del sueño, del hilo del
inconsciente y del hilo de la videncia, la cantidad de ilaciones
que se dan son más reales que aquellas que ponen o quieren poner
en evidencia esa condición. Lo he dicho siempre, recuerdo que en
“Cantidad Hechizada” ya lo sostenía. Nunca de dudado de eso. Por
eso lo “oriental” en mí, es mi sensibilidad, podría decirlo; es
la química que me hace percibir y sentir eso; y sí, me siento
maravillado cuando realizo estas lecturas y cuando puedo excavar
un poco ahí.
Yo soy vudista: si así como lo escuchas y lo lees. Eso que te
estoy diciendo esta en una de mis libretas o libro de horas. Y
puedo decirte que si lo oriental esta ahí como lo evidente, lo
occidental lo es también desde la hermética de un Pico della
Mirándola o Ficino. He querido siempre conocer eso que hay ahí,
la ilación de sentido.
Lo oriental incide en lo mío, sí como lo leí en H. Zimmer, en
Barthes, o ahora hace un momento en un crítico de arte
neyorquino A. C. Danto; lo invierto y lo cambio de orden. Y no
me dice nada. Quería una Escritura más ascética, más próxima a
una escultura, a esa forma y abstracta. Muy condensada, muy
barroca pero con un sentido que se hiciera en ella en todo
instante. O sea que el sentido no muriera sino que se hallara en
movimiento, que causara inclusive otros sentidos, la causalidad
del sentido. Eso es quizá lo que me llevaba a la tradición
oriental, pero era concreto en ser consciente de que sin
Oriente, Nietzsche no habría podido hacer su Zaratustra.
Todavía se le tiene miedo a lo oriental, a lo que no sea
occidental. Ese es el domino y el poder. En mí no estaba el
deseo de Escribir, a mí eso no me llenaba, nunca me ha llenado y
no la siento como una “necesidad” como lo es para muchos; o
expiación y exorcismo. No, para mí no es necesaria y no es
esencial. Yo no quería sino ser Lector - en eso soy “oriental”-,
nada más que Lector. Yo soy un Lector del Libro y cuando leo el
libro lo estoy haciendo Escritura con mi voz; quería una
Escritura ascética.
MN
¿Lo visual, lo plástico, se proyecta en su escritura. Hay
influencia de la pintura en su obra poética?
OG
Yo miro de esa manera. Y cuando he hecho Escritura la he querido
hacer así: la palabra es el medio; ella me dice lo absoluto.
Deseo lo absoluto; en el libro se hace visible; lo relativo o
esa obsesión por lo relativo me hace irascible. El absoluto y la
totalidad, son mis obsesiones, es el ideal de lo que intento
hacer. De modo que ese absoluto mallarmeano se halla para mí en
el arte y en el teatro. Los textos que he hecho, lo que los
llama es una necesidad de absoluto. De instante y absoluto, y
totalidad teatral. Grabado del Gesto.
En el arte es lo mismo, por eso me interesa el barroco, por eso
me inclino ante los artistas que hicieron esas revoluciones tan
maravillosas y escandalosas en el arte moderno: como el
futurismo, el constructivismo, el dadaísmo y el surrealismo. No,
no son los movimientos los que me interesan en sí mismos, no,
son los artistas, que se adhirieron ó no a ellos, que se
liberaron de ellos o que se condenaron maravillosamente a esas
ortodoxias.
Yo insisto mucho en eso. Lo mismo me ocurre a mí, no soy hombre
de adhesiones, más que nada soy contradictor, quizá excesivo,
pero no con el odio o la intención del extermino, como lo
observarás en la mayoría de nuestros “críticos”. Hablo es de
esas comunidades extraordinarias que se hacen en el teatro y en
el arte, porque ese hacer lo subsana todo. El que tiene una
estética de verdad no odia a nadie. Entonces el arte se halla
muy en mí, es mi ídolo minoano, para decirlo con Lezama Lima.
Y he vivido ahí, como te lo decía inicialmente. Y podría decirlo
hoy, lo viví todo con mi Hermano, porque le observaba mientras
hacia los cuadros, cuando mezclaba las cosas y hacia los “collages”:
cuando leía y miraba las ilustraciones en los libros de arte y
cuando rayaba los libros haciendo observaciones críticas o
irascibles sobre ellos. O los destruía. Había momentos en que me
decía que yo le diera nombre a los cuadros. Y así se quedaban,
él no los cambiaba, consideraba que ese era el nombre que debían
llevar. De allí que el arte sea otra de mis maneras de
relacionarme con el Sí-Mismo; lo que quiero decirte es que
también es lo mismo que con la Escritura, podría no tenerlo, no
siento necesidad de él. Nunca he tenido necesidad de nada, esa
la provocación con que le hablo a mi muerte.
Ya después hice Escritura sobre arte, la estoy haciendo todavía,
pero no la inscribo dentro de la Formalización como se quiere
hacer ahora, desde un nuevo totalitarismo crítico. No, no,
intento hallar lo que esta en los intersticios del cuadro mismo
y del teatro mismo. Lo visual es lo que vemos, hay que poseer el
ojo para mirar. Lo que ves en el libro, dice de lo visual, pero
no es lo visual, eso no me inquietaba; lo que me inquieta es lo
que yo pueda hacer mirar al lector, lo que el mira e
inmediatamente se hace sentido con lo que lee. Es, si quieres,
como lo ha sido para mí, una manera de transparentarme y
extasiarme. Es el éxtasis, si lo podemos llamar así.
MN
¿Es la revelación, la iluminación o cuál es la vía que permite
una técnica de creación poética?
OG
Es el éxtasis. Y el éxtasis es lo que queda temblando y lo que
te hace temblar. Eso es para mí, la temperatura de uno mismo y
con ella yo mido lo que es mío, lo que me ha sido dado para
poseerlo. He ahí el arrebato. Mi exceso es la medida, es uno de
mis principios, de mi ortodoxia. Yo soy muy ortodoxo, pero no
ordeno a nadie el serlo como yo y no por eso lo extermino o lo
excluyo. De nuevo los textos: los percibo los llenos de lo
excesivo; los siento excesivos en su contención.
Quisiera saber que es la revelación, pero no puedo porque no
estoy en relación con el conocimiento ideal y no se tiene la
Harmonía di mundi para ello. Todo nexo con la realidad determina
y destruye lo que hay de ideal en uno; siempre te habla de lo
que uno no quiere ser y hacer, entonces se da la vulneración de
lo que uno Es, porque uno ya Es.
Esa es la prueba: saber que ya se Es. De ello se deduce que
cuando no se Es hay que ser, y he ahí que te violentas y uno es
resultado de las violencias que haces contra ti. Yo no quisiera
hacer violencia sobre mí, pero la realidad hace que sí, me
“incita” a hacerlo y uno se dice que esta bien y se siente el
más poderoso de todos, y humillas a los otros; lo que no sabe es
que no es así y que ya las músicas de uno mismo, no serán nunca
más las mismas, porque en esa torsión han quedado destruidos los
hilos más hermosos que componen la vida y la muerte. Lo obsceno
es que hoy queremos es persuadir al otro, la persuasión es el
arte y la verdad; yo no busco persuadir a nadie de nada, hablo y
escribo, es ahí donde me involucro, sin que mi vía sea
contaminada y oxidada. Es la vía la que no cede y la que no hace
concesiones.
La Escritura para mí es eso, una materia que es mezcla de sueño
y “razón” que eclosiona, una voz que habla y nombra, una manera
de lo sublime. Es lo sublime lo que busco y no la revelación o
la iluminación; esto sin Duda. Y eso, lo sublime se me da cuando
deseo, sin inhibición o miedo, la totalidad. Diría que es eso y
me lleva a la Escritura. Yo soy llevado a la Escritura y
escribo.
Te decía, que esa Escritura es pues, lo que tiende no hacia lo
escrito sino que lanza como una palanca la Escritura hacia el
vacío. Ella accede por una hendidura, por una desembocadura y se
va, no sabremos nunca adónde. Es como el destino, que no
conocemos pero que creemos conocer. Lo que destruye la Escritura
es la ilusión de lo escrito. Ese libro se “reveló” como lo que
es ahora y lo que nunca podrá ser. Como yo y usted. Te diré
esto: ya nunca más podré hacer un Libro así. Y estas en el Libro
y en la Escritura, porque eres Escrito en el Libro que adviene. |