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Receituario amazónico,
de Nicomedes Suárez Araúz
Marjorie Agosín
El
muy extraordinario poeta amazónico Nicomedes Suárez Araúz ha
creado una colección muy única en la poesía de América Latina.
El lector que se adentre a estos textos encontrará imágenes
desbordantes, sabores deleitosos y, más que nada, un sendero de
fauna, flores y símbolos que invitan a la posibilidad del gozo
que es la verdadera poesía. Estos textos son sugerentes,
exquisitos, e invitan a los sentidos y al paladar. La
imaginación y la poesía se alían en las potencialidades de un
lenguaje inquietante, ágil y misterioso. La lectura de este
poemario se acerca a la magia y al dominio de los sueños.
Las recetas son a veces simples, complejas; son posibles e
imposibles. Son para aquellos lectores cocineros que manejan con
habilidad el arte de la magia y de la ilusión. Por ejemplo, las
Orquídeas Amazónicas “se pueden hacer del tamaño/ que se desee/
con sólo variar/ el molde cortador de masa.” También estas
flores amazónicas son parte de la historia que invadió en forma
feroz a estas tierras: “La forma normal de estas flores/ es de
tres sépalos y tres pétalos/ sin contar el primero/ que cayó en
1542/ cuando Francisco de Orellana y sus huestes/ irrumpieron en
mi río.”
El paisaje amazónico, el río del poeta, es un manantial de una
imaginación devoradora que configura el espacio lírico de estos
poemas sensuales: manjares auditivos y fragrantes. Nicomedes
Suárez Araúz ha logrado crear un recetario de imágenes geniales
y apasionadas. En el poema “Papaya cristalizada,” se cocina
mezclando la fruta con sol: “Se corta una papya bien madura/ y
se le quita sus semillas negras,/ dientes cariados del trópico./
Se pela la papaya/
y se pesa./ Se aumenta igual peso/ de sol.” Y en el poema “Pan
de mentira,” la receta se entibia y se acompaña con “algunas
leyendas de riquezas.” Además el poeta da instrucciones para la
forma de ingerir los alimentos: “Se come un poquito cada día/
con el chocolate espeso de la noche.”
En “Pepitas de almendras,” vuelve Suárez Araúz a instruirnos en
las alianzas entre la cocina y la historia: “Luego se le agrega
canela molida/ y las armaduras enmohecidas/ de Lope de Aguirre y
sus soldados/ para darle color de pepa.”
En la historia de la poesía americana y a las instancias más
famosas de poesía culinaria, como el célebre recetario
Comiendo en Hungría de Pablo Neruda y Miguel Angel Asturias,
o las odas nerudianas que celebran la asombrosa posibilidad de
la vida y la naturaleza, debemos incluir a estos poemas
memorables por su belleza exquisita, por su complejidad y
misterio. Pero más que nada por la capacidad creadora de Suárez
Araúz que nos invita a compartir su amada Amazonia, con sus
fábulas e historias reales e imaginadas. El poeta cocinero es a
la vez mesurado y exagerado en sus ingredientes. Es hábil en
mezclar ciertas palabras y olvidar otras, pero más que nada es
genial al compartir la belleza de lo que ama y describe con
ternura, con picardía, con fabulación, como por ejemplo en el
poema “Árbol”: “Tiene que llevar formas/
irregulares con sobresalientes,/ así como Iquitos, Leticia,
Riberalta,/ Manaus o Belém/ se elevan en la selva/ sobre el
nivel de las aguas.
Recetario Amazónico
[Edible Amazonia] es una celebración del paladar y los sentidos/
fiesta del lenguaje y visión de la historia, una orquídea para
saborear y comprender la vida en los “verdes llanos de la
amnesia” de la Amazonia.
ORQUIDEAS
AMAZÓNICAS
Se agarra un pedazo de luz del alba
y se dobla la punta
dándole forma de bastoncito.
Se le agrega goma
para que prenda la bolita de masa
preparada de antemano.
Con ésta se hará el pistilo.
Se agarra un poquito más de masa
y se le pone tinta verde bajita.
De este pedazo se forma el receptáculo
que se coloca en la parte inferior
de la orquídea.
Una vez cortados los pétalos
se adelgazan los extremos de la masa
con los dedos y se pegan alrededor
del pistilo. Se pintan con colores bajitos,
blanco, rosa, celeste, violeta, agregándole
como gracia unos lunarcitos y bordes oscuros.
Las flores y los moradores del río
siempre se ponen a secar parados
ya sea contra un pedazo de cielo o de masa verde.
Se pueden hacer del tamaño
que se desee con sólo variar
el molde cortador de masa.
La forma normal de estas flores
es de tres sépalos y tres pétalos
sin contar el primero
que cayó en 1542
cuando Francisco de Orellana y sus huestes
irrumpieron en mi río.
PIERNA SILVESTRE
La pierna se lava y se raspa
el exceso de gordura que hubiera.
Se pone en una asadera al horno.
Una vez que larga un poco la gordura,
se cuece hasta secarse y se cubre
en azúcar y caldo de piña.
Se deja en horno fuerte
cociendo unos veinte minutos.
Al retirar del horno
se corta la pierna de indio formando rombos
colocando un clavo de olor
en cada uno.
Los rombos se comen
con yuca hervida
y una tajada de silencio.
SALSA DE AJI
Se añaden sal y pimienta
a una cucharada de ají amarillo molido
con una cucharada rasa de pesares.
Se pone sobre el sueño
como se pone mantequilla al pan.
Después de sacar del sartén
a las fragatas invasoras
se pone caldo o agua.
Se hace dar un hervor
y se vacía como un grito
entre los vivos y los muertos.
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