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J O R N A L   D E   P O E S I A   |   F O R T A L E Z A l C E A R Á l B R A S I L
COORDENAÇÃO EDITORIAL   |   FLORIANO MARTINS
2001 - 2010
 

 

 

ACERVO GERAL | COSTA RICA

Francisco Amighetti | (1907-1998)

Poesía de Francisco Amighetti

Stefan Baciu

El primer encuentro que tuve con la poesía de Francisco Amighetti data de los últimos años de la década del 40, cuando en Río de Janeiro, después de escribir una carta a don Joaquín García Monge (me acuerdo todavía de la dirección postal: Apartado X), recibí un rollo de periódicos que contenían varios números de Repertorio Americano. En nuestras charlas, tan frecuentes en aquella época, el poeta Manuel Bandeira, quien era en el Brasil el más  profundo conocedor de la literatura hispanoamericana, me había hablado varias veces de la importancia de la revista de García Monge, no solo como medio para la divulgación de la literatura hispanoamericana, sino también como fuente de conocimiento para la literatura costarricense, que en aquella época era muy poca conocida en el continente.

De uno de los cuadernos, de aquel primer envío, guardo hasta hoy la imagen de un grabado en madera que representaba unas olas, y a su lado un poema cuya sencillez   y profundidad me tocaron, llamando mi atención puesto que se trataba de un tono totalmente desconocido para el reciente lector de poesía hispanoamericana que yo era en aquel entonces. La ilustración y el poema estaban firmados por Francisco Amighetti.

El grabado quedó realmente grabado en mi memoria. “Así”, me dije, “trabajaría Frans Masereel, si viviera en el trópico”, y el poeta que hablaba de un bar y de un vaso de cerveza, de unas nubes y de una vida solitaria, traíame por vez primera el ambiente que, mucho más tarde, en 1965, iba a encontrar en el café Balcón de Europa, donde tomaba una casi irreal cerveza en compañía de Amighetti. Y como si todo esto no fuera bastante, el farol de la calle iluminaba la pared de enfrente, bajo una lluvia que comenzó a gotear, y los reflejos que caían en la acera hacían unas olas pequeñas y tristes, casi como en el grabado que había mirado en aquel lejano cuaderno del Repertorio Americano.

Solo después de ese encuentro, del cual salí ganando uno de los más preciosos regalos de mi vida: la amistad de Amighetti, he podido conocer su poesía, descubriendo un mundo impresionante en su sencillez y en su profundidad.

La poesía de Amighetti, incluso si a veces se origina de su pintura, no es de ningún  modo lo que suele llamarse “poesía de pintor”, sino más bien la poesía de un modo muy poco conocido en América: aquel mundo costarricense, que Amighetti supo hacer universal, sin sacrificar ninguna palabra, ninguna imagen de su fuerza lírica.

Esta es una poesía en la cual conviven, paralelamente, la confitería La Garza y los grandes restoranes de la Calle Corrientes de Buenos Aires; el agua somnolienta y verde de Mata de Limón y la canción melancólica del Sena; las paredes de la fortaleza-museo de San José y las paredes del Louvre; El Supemercadito de la Paulina y las tiendas de Rué de Rivoli; el mundo provinciano de Alajuela y Escazú y las nieves de los Andes. En otras palabras: como casi ningún otro poeta de su tierra, Amighetti es lo que suele ser llamado un josefino –un parroquiano de San José– y lo que los libros de literatura catalogan como “poeta de América”.

…Pero un poeta de América todavía mal conocido fuera de las fronteras de su país, no solo porque hasta ahora en su obra sólo hay una plaqueta de pocas páginas de poesía, sino porque ni siquiera en Costa Rica, su país de origen, su puerto, su taller, su mundo, el poeta Amighetti no está representado, como se debe, en las antologías que debiera presentar la verdadera faz de la poesía costarricense, aquella que sustituye el mito “tico” de una literatura de arrabal. Cuando hace, algún tiempo, durante el trabajo de investigación en las antologías líricas de Costa Rica (“Parnasos” todavía…)  traté de encontrar lo más reciente, sentí algo como un choque, cuando vi que en aquellas páginas Amighetti estaba presente con sólo dos poemas; pero inmediatamente me tranquilicé, puesto que en la misma antología faltaban los nombres de Eunice Odio, Alfredo Sancho y Alfonso Chase, poetas quienes al lado de Max Jiménez, Isaac Felipe Azofeifa y Alfredo Cardona Peña representan lo que la poesía moderna de Costa Rica tiene hoy día de más importante y duradero. Al hojear el librito, me di cuenta –una vez más– que el oficio del antologista es serio y áspero, ya que en cualquier antologista debe vigilar un profeta y soñar un poeta…

En hora certera viene pues este libro, para completar la obra de Amighetti el grabador, el pintor y el prosista, ya que, en cada una de ellas, el poeta estuvo siempre presente de una o de otra manera. Ahora se puede escuchar, como un noble y conmovedor concierto de clarinete, el canto de Francisco Amighetti, poeta.

 

POEMAS DE FRANCISCO AMIGHETTI

 

La muestra que presentamos de los poemas de Francisco Amighetti fue preparada por el poeta Carlos Martínez Rivas, su gran amigo.

 

Autorretrato en el bar

 

Tanta música y solo en el fondo de un Bar,

la mesa siempre la misma igual a todas,

delante el papel para escribir y dibujar

y el vaso de cerveza y las olas.

 

“Esta vida así no puede continuar”

como decían mis mayores con su voz moral,

esta música sólo, este licor sin amigos,

esta ventana llena de mar…

y esa vida no pudo continuar.

 

 

Las voces amigas

 

Cuando yo me vaya me llevaré el rumor de los sapos

el verso de la lluvia en los inviernos largos,

el canto de los grillos y la voz de los niños

caminarán conmigo soñándome en el pecho,

no importa adonde vaya;

en mesas, solitario debajo de las lámparas,

en los trenes que cruzan quejándose en la noche

o, en el exilio cerca de una ventana,

me sonará la música de las voces amigas

que arrullaron mi infancia, mi mocedad, mi vida.

No importa adonde vaya, ni las puertas que cruce,

y si mi viaje es corto o es eterno,

aún en otros mundos recordaré las voces,

las voces amigas.

 

 

El regreso

 

Llegaré tarde a una ventana

con los ojos de plata y gris el corazón,

“Vengo de otros países y tengo muchos años”,

pero ninguno sabrá quién soy.

 

Y mi nombre sonará tan lejano

como una vieja canción,

y no seré más que un fantasma

sin pasaporte ni profesión.

 

 

Inventario

 

¿Qué tengo?, sino una lámpara adorada

en cuya luz dibujo, escribo y sueño,

y en mi mesa una “uncuña” decorada

que en el Perú manos indígenas tejieron.

 

La cabeza güetar de un Dios de piedra,

los cuadros que me miran por los ojos

del “vendedor de santos” y “el barbero”,

y un orgullo de ser lo que yo quiero.

 

 

El vendedor de santos

 

Compañero,  a mi edad no importa la miseria;

firmes están mis ojos, mi corazón y mi cerebro,

pero tu rostro sepia de pena estilizado

como los cristos pálidos que fabricas y vendes,

es digno del respeto que merece el que tiene,

no pelo, sino plata, en el bigote y sienes.

 

Frente a la multitud sorda de los mercados

con tus santos purpúreos en el cajón de pino,

te he dibujado, igual que a un ángel de madera

que me hubiera encontrado0 en medio del camino.

 

compañero, yo conozco la tristeza y dulzura

de ser como tú eres: pobre, obrero y artista.

¿Qué somos sino trágicos y honorables mendigos

buscando compradores para nuestra pintura?

 

 

Soy

 

Soy un animal herido

(en mi corazón

no cabe el odio)

que dibuja escribe y canta.

 

 

Canción del fracasado

 

De fracaso en fracaso por estar echando

barcos de papel,

después de los treinta años hago versos,

y me mezclo con putas y ladrones

para dibujar.

 

 

En un país donde no se cotiza el arte,

debería arrancarme esta quimera ardiente

que llevo en el corazón desde la niñez.

“Dejar de hacer muñecos” como decía

mi maestro,

“y aprender a leer, a multiplicar y a escribir”.

 

Yo te oigo Pierrot en esta noche

sin ladridos de perros,

tocar en la guitarra hipotecada

la cancioncita triste

del que nunca tuvo éxito

 

 

Pierrot y yo

 

¿Quién oirá la canción triste

sino Pierrot?

¿Quién tendrá en su bolsillo

unos versos, una carta de amor,

unos centavos de cobre perdidos?

Quién sino Pierrot y yo.

¿Quién amará después de la luna

la ventanita de oro donde vive su sombra?

¿Quién  pasará su mano de fantasma

sobre los perros desgraciados?

¿Quién hablará con el policía

Como una sombra blanca?

Quién sino Pierrot y yo.

 

 

Buscan la noche

 

Los pobres, los artistas, los comerciantes, el hombre

buscan la noche, la pequeña muerte

preludio y símil de la otra.

Sumergirse en la oscuridad y su nepente

ser en el no ser de lo que duerme,

y resucitar con la luz que despierta,

la luz de San Agustín, la de Plotino,

la de Turner,

la que nos purifican en la ablución cotidiana.

en cada pecho se despereza un ave

que trémula bate sus alas en la sangre.

 

 

El poema

 

El poema es una línea

que rige las montañas, desdibuja las manos

y se hace río.

Es una bandera que el viento ha devorado

sobre el mar,

o lleva un niño en una fiesta patria.

El poema es una fruta,

se aspira como flor y se ve como  cuadro.

Es la geometría metiéndose en el tallo

y organizando la dirección de las hojas

en proporciones áureas.

Y el poema es también

la noche de la ventana

en donde el ruiseñor de una constelación canta.

 

Si la poesía está fuera hecha paisaje

o hecha mujer

es porque la llevamos en la sangre.

 

El poema es un hilo de seda

que sale del corazón a sujetar las cosas,

y retenerlas en el instante

en que cruzan de la luz a la sombra.

 

PARA VOLVER AL ACERVO GENERAL

El acervo general de la Banda Hispánica fue creado en enero de 2001 para atender a una necesidad de concentrar en un mismo sitio informaciones acerca de la poesía de lengua española. El acervo contiene ensayos, reseñas, declaraciones, entrevistas, datos bibliográficos y poemas, reuniendo autores de distintas generaciones y tendencias, inclusive inéditos en términos de mercado editorial impreso. Aquellos poetas que deseen participar deben remitir a la coordinación general del Proyecto Editorial Banda Hispánica sus datos biobibliográficos, selección de 10 poemas y respuesta al cuestionario abajo:

1. ¿Cuáles son tus afinidades estéticas con otros poetas hispanoamericanos?

2. ¿Cuáles son las contribuciones esenciales que existen en la poesía que se hace en tu país que deberían tener repercusión o reconocimiento internacional?

3. ¿Qué impide una existencia de relaciones más estrechas entre los diversos países que conforman Hispanoamérica?

Todo este material debe ser encaminado en un único archivo en formato word, para el siguiente email: bandahispanica@gmail.com. Agradecemos también el envío de textos críticos y libros de poesía, así como material periodístico sobre el mismo tema. El acervo general de la Banda Hispánica es una fuente de informaciones que refleja, sobre todo, la generosidad amplia de todos aquellos que de ella participan.

Acompañamiento general de traducción y revisión a cargo de Gladys Mendía y Floriano Martins.

Abraxas

Jornal de Poesia (Brasil) La Otra (México) Matérika (Costa Rica) Blanco Móvil (México)
           

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Ficha Técnica

Projeto Editorial Banda Hispânica
Janeiro de 2010 | Fortaleza, Ceará - Brasil
Coordenação geral & concepção gráfica: Floriano Martins.
Direção geral do Jornal de Poesia: Soares Feitosa.
Projetos associados: La Cabra Ediciones (México) | Ediciones Andrómeda (Costa Rica) | Revista Blanco Móvil (México) | Triplov (Portugal).
Cumplicidade expressa: Alfonso Peña, Eduardo Mosches, Gladys Mendía, José Ángel Leyva, Maria Estela Guedes, Maria Luisa Passarge, Soares Feitosa e Socorro Nunes.
Projeto original criado em janeiro de 2001.
Contato: Floriano Martins bandahispanica@gmail.com | floriano.agulha@gmail.com.
As quatro sessões que integram este Projeto Editorial - Banda Hispânica, Coleção de Areia, Agulha Hispânica e Memória Radiante - possuem regras próprias de conformidade com o que está expresso no portal de cada uma delas.
Agradecemos a todos pela presença diversa e ampla difusão.