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J O R N A L   D E   P O E S I A   |   F O R T A L E Z A l C E A R Á l B R A S I L
COORDENAÇÃO EDITORIAL   |   FLORIANO MARTINS
2001 - 2010
 

 

 

ACERVO GERAL | COLOMBIA

Darío Jaramillo Agudelo | (1947)

Darío Jaramillo Agudelo: ¿corromper el presente en beneficio de la actualidad?

 

Omar Castillo

 

No es suficiente
con la fría pisada de la voz sobre el pasado

Darío Jaramillo Agudelo

 

Argumentar que la poesía salta los linderos de tiempo y espacio —esto en el marco de la concepción cíclica y por capítulos de la historia—, al punto que sus rasgos pueden ser intemporales, o argumentar lo opuesto, permitiría desencadenar un tejido de regímenes teóricos, o acogerse a alguno de los ya establecidos. Al grano: en Colombia se lee solapadamente, al margen dilapidador del instante vivido, esto es, cuando se ha extraviado el ardor vital y sólo resta la exhumación y la consagración. Se practica y promueve un manejo escalofriante del presente y, por inducción “educacional”, la conciencia vivencial del presente es postergada hasta inutilizarla. Patética es nuestra tradición: a José Asunción Silva lo esgrimimos como el ábrete sésamo y su poesía pasó ignorada por más de 50 años, y aún somos incapaces de leer a León de Greiff. Hemos perfeccionado el bisturí que nos permite extirpar el presente e injertar en su lugar un pasado, generalmente no asimilado, y un futuro lleno de remiendos.  

Rastrear el manejo del presente, más allá del estigma inconsútil del tiempo verbal, en la poesía que se escribe en Colombia después de 1950, y la manera como este presente o su ausencia se refleja en dicha poesía, es el objeto de este ensayo. Para su desarrollo se ha tomado la poesía de Darío Jaramillo Agudelo reunida en el libro 77 Poemas, editado en 1987.

En un tono de conversación es presentada la “Biografía imaginaria de Seymour”, texto que inicia el primer apartado de los tres que integran el libro Historias (1968-1973). Escritura o conversación donde se anuncia el tono que, a lo largo de su poesía, será propuesto por el poeta para sus lectores, en periplos cotidianos que procuran mantenerse ajenos a sentimientos patéticos de lo espejeado como profundo e incógnito. Manejando ritmos y cadencias del lenguaje conversacional y combinándolo con lo aprendido en la literatura el poeta consigue un aliento inmediato para la rutina elaborada en el poema. Este primer apartado o “Biografías imaginarias” es el resultado, nos lo dice el poeta con la reiterada alusión que hace de temas y figuras de la literatura, de una formación  literaria que le permite una aproximación a circunstancias propias, inventando y empleando para ello un narrador. Entonces, la narración de estos cuadros, y los asuntos cotidianos en ellos reflejados, conducen al lector por pasadizos y recovecos que le comunican con los intersticios donde sucede un diálogo de íntimas mudanzas que el poeta descarga en el narrador. Desde ahí, el que habla y mantiene la atención del lector (y esto vale para los 77 Poemas) es el narrador, hilo conductor y comunicante, creado personaje que le permite al autor desprenderse y en la trama de sus poemas no ser el eje de la experiencia reflejada. Esta elíptica es encarnada por el narrador, quien, en tanto es entretejida la narración, va adquiriendo una semejanza para cada cuadro o poema presentado por asociaciones que la escritura del poeta evoca en el lector. En algunos pasajes de “Biografías imaginarias” el  narrador  dona  a los  episodios  poemati­zados gajes de leyenda, en decires y modos que perfilan una noción del mundo y sus usos, como en el siguiente episodio de la “Biografía imaginaria de Marcel Schowb”:

no toleraremos el reptil mohoso del recuerdo

ni la rozagante y podrida nostalgia:

tarde o temprano sólo serán el insecto de la culpa.

Muere de tu muerte: no envidies nunca muertes antiguas;

         nunca bajes la guardia:

recuerda siempre que la ternura no es la historia de tus                                    remordimientos;

quema cuidadosamente a los muertos y expande sus cenizas;

         no abraces a los muertos porque ellos ahogan a los vivos,

no golpees nunca con el mismo lado de la mano: recuerda que                                       sólo tienes una mejilla

y no olvides que toda confesión es otra mancha.

Casi una letanía plasmada en una escritura ejercida en versos largos, rayanos con la prosa y elaborados en imágenes inmediatas, que sin comprometer la más usual sintaxis establecen para el lector —aquí casi un oyente— su decir.

El segundo apartado: “Rincón poético”, contiene “Instrucciones para escribir un poema”, “Arte poética una” y “Arte poética otra”. Estos poemas le permiten al poeta espectrar algunos de los malestares que le afligen en la composición de los mismos, al tiempo que le sirven para organizar y programar los asuntos a inmiscuir en la narración del tercer apartado: “Historias” que concluye y da título a este el primer libro (de los tres reunidos en 77 Poemas) publicado por Darío Jaramillo Agudelo.

Quien narra historias de otros, ¿se hace más verosímil en estas que en las suyas propias? La sensación que nos penetra con la lectura de “Historias” es la de encontrarnos frente a vivencias inertes y enrarecidas por la proyección incisiva, ya de imaginarios al trasluz de una permeabilidad literaria, ya por la de seres cuasi-anónimos entrevistos al mirar el álbum de familiares que impregnan de un murmullo surreal el entresueño cotidiano. “Historias” entregadas en tramos por donde se cuela la memoria forjada en las costumbres de los ancestros, pieza clave del ámbito familiarizador en el relato para estos poemas. La imagen es fija, empleada por superposición de tomas que los versos extreman, recogiendo por este tratamiento inmóviles perfiles y objetos que documentan la na­rración:

Asido fatalmente a los objetos,

venerando su inmutable presencia,

el desesperado se mueve entre el frío mirar de las cosas

que el tiempo y un no sé qué de venganza

acumuló alrededor suyo.

La elaboración del poema, así presentado, deja al lector ante un espejo de presunta realidad cotidiana, varada fatalmente en lo inerte, que retiene la reflexión de acceso a las vivencias sucedidas. Surge entonces un interrogante: ¿volver sobre las circunstancias y el decorado de un pasado que insiste en entretejerse con la realidad actual es querer exorcizar la fisura de este pasado que se repite? Nos responde el poeta:

Puede usar la vieja fórmula de redecorar la casa

o la también aconsejada de huir,

pero todo será en vano.

Para el desesperado todas las cosas son un espejo.

Estigma, bisagra que retiene a quien narra el pretérito de un ciclo humano, plural o singular en sus eventos, pero pormenorizado hasta conseguir la pisada precisa sobre la huella de un participante anónimo en “la última guerra Púnica”, o la imagen de “José Vicente Jaramillo, / perseguido por la lluvia”. El narrador agrega sin abandonar, en este tramo, la voz plural:

La historia es una forma noble

de ignorar el pasado.

Empero, ¿el presente “alguien otro” lo encarna en el recuento escrito? O ¿es siempre la imagen escurridiza del pasado la que prende en la existencia? Sigamos.

Tratado de retórica —o la necesidad de la poesía— (1973-1977) es el segundo libro incluido en 77 Poemas, e igual que al anterior a éste lo integran tres apartados que concluyen con un epílogo o cita, en el primero es de Malcolm Lowry, y en este segundo es de John Cage. El primer apartado, llamado “Libro de las mutaciones”, contiene siete textos en los cuales las metáforas merodean atmósferas de presunta surrealidad y cuyo desarrollo y mutabilidad son encabalgados en los versos que las promocionan, imponiendo a su narrador semblanzas y rictus de actor poseso por el espectro de sus personajes. En este limbo, ni el empleo del plural, ni el de la primera persona o su ausencia, le dan al narrador la absolución. La coartada que narra es ambigua, los objetos y la disposición que la murmuración espectra en los ausentes sólo le permiten permanecer para delatarlos, asimilándolos al fósil del fenotipo de la estirpe no absuelta:

flota el potro blanco, brillante el potro blanco húmedo vuela,

ave fénix del viajero: en adelante sólo lo orientará la mano           

         cálida

de una baraja desplegándose: allí verá el viajero

         realizado el sueño

de alguien que soñó que era un ángel, una vez, hace años,

allí el viajero oirá cantar y esto quiere decir que deberá                  

         detenerse

porque el tiempo ha hecho un alto en su camino.

¿Es “el tiempo” el que “ha hecho un alto en su camino” o, “la mano cálida de una baraja desplegándose” la que con su azar le permite al viajero-narrador creer que en su destino el tiempo se ha detenido? ¿Irrumpe el presente o, sólo es el azar ajustando al viajero-narrador a su trazado destino de ángel caído? Ejercer sobre el corpus de este libro una lectura de disección permitiría evidenciar “la memoria viva de una alianza, de un pacto, de un cómplice que sabe la manera” de mantenerse intocado, mientras, la presencia de la que está poseso se “pudre”, se escinde sin registros vívidos de enmienda. Aparece entonces un encono de hermandad. Que conste, este pasado no es abstracto, la nervadura de su intervención es eficiente:

No. Nunca sabrás de dónde vino todo esto.

En el origen todo era caos, dios antes de dios,

punto central —inmóvil—

de la rueda;

todo fue superponiéndose

con la misma promiscua ansia de los días;

[…]

Rugosa, gris pared de cemento ante tus ojos,

oyes tan sólo el exaltado crepitar de Bogotá a las seis de

         la tarde:

¿Dónde el origen?

¿Dónde otra tumba?

¿Cabe decir que asistimos al evento de un “ángel” o ánima que, vuelta su posesión podredumbre o cenizas, asume y se proyecta desde otras? Al final de este apartado nombrado “Libro de las mutaciones” el poeta intenta suspender su escritura “trazando un jeroglífico” que, como si se tratara de “una ave roja”, surca por su blanca página.

El segundo apartado, “Cónclave”, contiene cinco textos de los cuales su poema “Razones del ausente” se hace bisagra y pieza arquetípica que comunica toda la escritura poética de Darío Jaramillo Agudelo:

Si alguien les pregunta por él,

díganle que quizá no vuelva nunca o que si regresa

acaso ya nadie reconozca su rostro; díganle también que               

         no dejó

razones para nadie, que tenía un mensaje secreto, algo                                    importante que decirles

pero que lo ha olvidado.

Díganle que ahora está cayendo, de otro modo y en otra

         parte del mundo, díganle que todavía no es feliz,

[…]

Y tampoco esperará nada de nadie y se ganará la vida                    

         honradamente,

de adivino, leyendo cartas y celebrando

extrañas ceremonias en las que no creerá y díganle que se             

         llevó consigo algunas supersticiones, tres fetiches,

ciertas complicidades mal entendidas y el recuerdo de dos            

         o tres rostros

que siempre vuelven a él en la oscuridad

y nada.

En este pasaje ¿se ausenta quien dicha sarta elabora y comunica? O ¿sólo desfigura sus señas en procura de entorpecer cualquier pesquisa? No importa, sus huellas siguen imprimiéndose en todo cuanto acapara su actualidad cotidiana y, por ellas, sigue acumulando anales que delatan y hacen predecible su pasado. Por ende, vale aclarar que sólo se ausenta quien consigue ser solvente en su historia, auscultándola hasta  desfamiliarizarse de todo cuanto lo posee y aflige. En contraposición, al ausente de este pasaje citado lo visten cortes de pretérito que se despliegan como en un país de abanico que domina el instante por encima de su tenedor, quedando en evidencia que el ausente narrado en este poema permanece prendido al círculo familiarizador que lo entraña y domestica, manteniéndolo escindido y sin enmienda. Lo anterior a pesar de la contradicción implícita al inicio de la “Penúltima biografía imaginaria”: 

Él vivió tan intensamente los dos o tres instantes que

         hacen su vida, la vida,

que la memoria había muerto y no tenía posibilidad de

         recordarlos:

pero un estigma lo ataba a la certeza de que de algún modo

aquellos instantes todavía eran suyos;

El tercer apartado, “Tratado de retórica”, cumple la función de sutura para canalizar la ambigua zona donde se prolonga indefinidamente la atmósfera de desasosiego que funda al narrador quien, en un tono disuasor, configura sus artes descriptivas que le permiten elaborar un discurso bordado con ínfulas, desde el cual hace evidente la saga inscrita en un talismán donde cada período de la humanidad se diferencia del anterior, en el ejercicio o en las maneras de poner las flores en el jarrón de siempre, y en la elaboración retórica que registra esta disposición, es decir, ese acto de diseño que pareciera perpetuo en las mínimas variantes que confirman la estirpe:

El presente Tratado de Retórica General

al día y actualizado

con los últimos descubrimientos en la materia

—y también en el espíritu—

sirve para salvar el alma

—de los que todavía la tienen,

se entiende—,

para investigar los más hondos secretos

del bien decir, —“embelleciendo la expresión de los

         conceptos”—

del maldecir —que es otra cosa—,

y pura y simplemente del callarse,

que es donde radica la necesidad de la poesía.

La abundancia de escritos de poesía afectiva, entendida como amorosa y en ocasiones erótica, que se publica, es extrema. En español significa uno de los recursos que dan valor a su tradición, en la cual comparte galas con la muerte, y comporta la idealización para los sentimientos de plenitud, ausencia y desgarramientos de quienes son usufructuarios de tal tradición. Por lo cual el tema de amor y el tema erótico debieran ser de ardua factura y proporción cuando de su uso para un poema se trata. Esta parrafada nos es útil para introducirnos a Poemas de amor,  tercer libro de los incluidos por Darío Jaramillo Agudelo en sus 77 Poemas.

Poemas de amor (1976-1984) contiene los apartados: “Poemas de amor”, “Escenas de la vida diaria”, “De la nostalgia” y “Colección de máscaras”. “Poemas de amor” da cuenta de presencias vividas desde la fisura padecida en una integridad, de una vitalidad corrompida por la hostigante presencia de un pasado inserto como actualidad en maneras de tradición: “Ese otro / ... / invasor quizás o exiliado en este cuerpo ajeno o de ambos / … / eco o palabra / … / también te ama”. Maneras de amor narradas e impresas en la página como el recuento de aquello que sólo se sospecha fue pronunciado en una lengua inerte, de la cual se extraña el estampido de su alfabeto, la fuerza transgresora del amor que permite exorcizar la realidad del cuerpo escindido y lo lanza íntegro a la inminencia del presente que lo pronuncie, ahí donde la conciencia inicia, desde el lado oculto del fenotipo, la narración de lo inédito, dando así término al álbum de familia en el que cada foto pareciera un autorretrato de quien lo mira, dando término a la huella delatora conservada en un pétalo fosilizado. Dejemos que sea el poeta quien nos describa el umbral en el que se contiene su poesía, la sustancia que de ella se congela:

Pero primero está la soledad,

y tú estás solo,

tú estás solo con tu pecado original —contigo mismo—.

Acaso una noche, a las nueve,

aparece el amor y todo estalla y algo se ilumina dentro de ti,

y te vuelves otro, menos amargo, más dichoso;

pero no olvides, especialmente entonces,

cuando llegue el amor y te calcine,

que primero y siempre está tu soledad

y luego nada

y después, si ha de llegar, está el amor.

Los apartados “Escenas de la vida diaria” y “De la nostalgia” son el itinerario del narrador peregrino que vuelve una y otra vez al álbum donde permanecen los retratos remendados de su estirpe, de la cual se sabe exhumada imagen expuesta en la galería de facciones familiares que, como en los fragmentos de un rompecabezas regados en el pasado, intentan reintegrarse en la trayectoria de sus reiteraciones:

Ah, los mudos retratos

sin aroma y sin aire,

construidos con el color exacto que fue siempre el color                  

         del pretérito,

agridulce aparición de nombres olvidados,

de fechas ya amarillas,

[…]

Nunca hubo fotos de los instantes claves,

del momento justo del amor,

del preciso paisaje de las obsesiones.

[…]

Ah, los retratos,

construidos con materia de otro tiempo,

documento de un olvido distinto y más certero.

El último apartado: “colección de máscaras” nos comunica de nuevo con el principio que da origen a este itinerario, es decir, con “Biografías imaginarias”, implantando así, a manera de “estilo”, en estos 77 Poemas, a un narrador aferrado al eco de una entraña o, igual, a un círculo que “horada los ojos”, y donde se repite sin fin en la solapada actualidad que le injerta su estirpe, sin decidirse por resolver su instante primordial, cegado para el presente.

En este ensayo, por arbitrario que parezca, se ha querido mantener un distingo entre el empleo y su significado, de presente y actualidad, es decir, entendiendo el presente como la aprehensión de la cosa real y su uso, y la actualidad como la apariencia memoriosa y de gasto familiarizador. Una lengua, una cultura que no logra nombrar, aprehender su presente, es una lengua atrapada a la espera de quien le resuelva sus espectros y sus fardos, o de quien aparezca y explote el limbo en que presume habitar. En este ensayo no se debe confundir presente con porvenir. La obra de un poeta puede servir de alerta que nos permita hacer conciencia vital y responsable para nutrir nuestro presente. También, si la asimilamos de acuerdo con nuestra modorra y callosidad sentimental, puede sernos útil para no desprendernos del fenotipo familiarizador.

La poesía de Darío Jaramillo Agudelo, reunida en su libro 77 Poemas, permite un rastreo de la participación del presente en su escritura y las características que la presencia o la ausencia de este implican en la misma. La manera de su verso, su ritmo y cadencia nos  recuerda las letanías. En este caso las letanías invocan la estirpe familiar del narrador. Y terminan siendo la nutriente que nos permite rastrear el recuerdo y las obsesiones en la escritura que ejerce el poeta.  

[Parte integrante del libro Asedios – Nueve poetas colombianos, de Omar Castillo (Los Lares, Casa Editora, Medellín del Aburrá, 2005).]

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El acervo general de la Banda Hispánica fue creado en enero de 2001 para atender a una necesidad de concentrar en un mismo sitio informaciones acerca de la poesía de lengua española. El acervo contiene ensayos, reseñas, declaraciones, entrevistas, datos bibliográficos y poemas, reuniendo autores de distintas generaciones y tendencias, inclusive inéditos en términos de mercado editorial impreso. Aquellos poetas que deseen participar deben remitir a la coordinación general del Proyecto Editorial Banda Hispánica sus datos biobibliográficos, selección de 10 poemas y respuesta al cuestionario abajo:

1. ¿Cuáles son tus afinidades estéticas con otros poetas hispanoamericanos?

2. ¿Cuáles son las contribuciones esenciales que existen en la poesía que se hace en tu país que deberían tener repercusión o reconocimiento internacional?

3. ¿Qué impide una existencia de relaciones más estrechas entre los diversos países que conforman Hispanoamérica?

Todo este material debe ser encaminado en un único archivo en formato word, para el siguiente email: bandahispanica@gmail.com. Agradecemos también el envío de textos críticos y libros de poesía, así como material periodístico sobre el mismo tema. El acervo general de la Banda Hispánica es una fuente de informaciones que refleja, sobre todo, la generosidad amplia de todos aquellos que de ella participan.

Acompañamiento general de traducción y revisión a cargo de Gladys Mendía y Floriano Martins.

Abraxas

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Direção geral do Jornal de Poesia: Soares Feitosa.
Projetos associados: La Cabra Ediciones (México) | Ediciones Andrómeda (Costa Rica) | Revista Blanco Móvil (México) | Triplov (Portugal).
Cumplicidade expressa: Alfonso Peña, Eduardo Mosches, Gladys Mendía, José Ángel Leyva, Maria Estela Guedes, Maria Luisa Passarge, Soares Feitosa e Socorro Nunes.
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Contato: Floriano Martins bandahispanica@gmail.com | floriano.agulha@gmail.com.
As quatro sessões que integram este Projeto Editorial - Banda Hispânica, Coleção de Areia, Agulha Hispânica e Memória Radiante - possuem regras próprias de conformidade com o que está expresso no portal de cada uma delas.
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