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J O R N A L   D E   P O E S I A   |   F O R T A L E Z A l C E A R Á l B R A S I L
COORDENAÇÃO EDITORIAL   |   FLORIANO MARTINS
2001 - 2011
 

 

 

ACERVO GERAL | ECUADOR

César Dávila Andrade | (1918-1967)

Cuatro presencias femeninas en César Dávila Andrade

Jorge Dávila Vázquez

Cada uno de los lectores tiene su preferencia y sus derechos.

Frente a la poesía de César Dávila Andrade, concretamente, diga lo que diga cierta crítica, yo me quedo con los grandes poemas: Oda al Arquitecto, Canción a Teresita, Boletín y Elegía de las Mitas y Catedral Salvaje. Es mi elección, son las composiciones que más amo; y, peor aún, pese a que el autor había renegado de su poesía sensorial, la del período primero, hay algunas de sus maravillosas cartas y canciones que me fascinan.

Esto no significa, de ningún modo una opción política ni un deseo de soslayar la gran poesía hermética del autor; es simplemente un asunto de preferencias.

Además, es una forma de ejercicio de mi propia libertad frente a una obra inmensa y multifacética.

He estudiado largamente los desarrollos temáticos de la poesía de Dávila, pero esta noche en que podemos entregar una versión nítida y muy cuidada de su obra lírica completa, gracias al gran esfuerzo de la Casa de la Cultura Matriz, en su empeño por publicar las más importantes colecciones de poesía que se hayan editado en el país, y al establecimiento del textos de Santiago Vizcaíno, solo me referiré a uno de los temas que atraviesan toda la obra poética daviliana: el de la presencia femenina, centrada en cuatro mujeres que tuvieron un grande y diverso influjo en su vida y su carrera.

 

DE MARÍA LUISA A LAURA

En los primeros poemas de Dávila, la presencia de las  muchachas ideales es constante. Esas son las “su amigas”, las “dulces niñas de Francia”, las colegiales, los objetos de platónicos amores de un ser hondamente marcado por la timidez.

Las imágenes que las describe, desde los dos primeros poemas neo-románticos conocidos del autor, que son del año 43 y 44: “Elogio de la gracia iluminada” y “Canción para una muchacha de ojos verdes”, son sencillamente, deslumbrantes: “Incorpórea espiga cristalina;/  mínima estrella sobre una vara de agua”; “ligera como un ala de menta en las falanges”.

Una primera culminación, ya centrada en una figura concreta, la de María Luisa Machado, su prima hermana, a la que amaba de forma ideal y lejana, se da en “Canción a Teresita”. Esa muchacha hermosa y rubia, sangre de su sangre, pero a la que él contemplaba de lejos, quizás sin atreverse a declararle sus sentimientos, muerta tempranamente, se vuelve motivo poético en, por lo menos, tres poemas: la ya aludida gran canción, uno de los primeros momentos de neo-surrealismo de la poesía de Dávila, lleno de visionarias imágenes pobladas de sueño; en “La casa abandonada”, en que solo es un breve destello lírico y en “Carta a la madre”, en que se descubre su identidad, solo velada por el cambio de nombre. Aclaremos que en ninguno de los tres casos la llama por su nombre, pero intuimos que se trata de ella.

La Teresita sufriente de la Canción es idealmente María Luisa, pues Dávila está convencido en el fondo de su alma que los males de la santa de Lisieux y los de la prima idealizada son los mismos. El poema nos habla de la pequeña monja carmelita, pero el tono del poema, la aclaración del epígrafe: “apasionadamente”, nos ponen ante una curiosa mezcla del motivo de la evocación de la santa y la remembranza de la amada platónica. Esa “Colegiala descalza,/ aceite del silencio,/ violeta de la luz”; esa “Teresita, víspera del rocío”, es como la concreción íntima y a la vez objetiva de ese primer gran amor transfigurado por la palaba.

En “La casa abandonada”, hay un grafiti: “El siete de marzo murió María Eugenia”. No corresponde a la fecha real (enero de 1946), pero se acerca, tanto como el nombre.

Y en “Carta a la madre” es María Augusta, su prima, cuya muerte le contado la madre en aquella misiva “escrita con romero y pestañas azules”. Este es el momento más claro de revelación del carácter de Dávila y de su situación frente al mundo de lo femenino. Observemos: “Ahora que estoy lejos, te diré: Yo la amaba”./ Mi timidez de entonces me quebró las palabras.” Y luego de una serie de cálidas recomendaciones, insiste, transformando en presente el imposible amor por la muerta: “Ahora que estoy lejos te diré: ¡Cuánto la amo!”. Retraído, lejos del mundanal ruido, incapaz de aquello que, seguramente para sus compañeros de generación era muy simple, solo puede referirse con precisión al objeto de pasión, cuando éste es ya apenas un recuerdo.

La herida del imposible amor cuencano ya ha empezado a cicatrizarse, mucho antes de la muerte de María Luisa Machado, esto es, posiblemente, hacia fines de 1945,  cuando conoce a la muchacha de “voz blanquísima y los filos dorados”, que se menciona en “Carta a la madre”, fechable en mayo del 46, y que no es otra que Laura, aquella cuyo nombre amado, encontrará en su lengua, al picotear en ella, el gorrión doméstico; Laura, que colma su más hermoso poema sentimental “Canción a la bella distante”, desde la dedicatoria.

El texto se construye mediante estructuras comparativas de carácter netamente metafórico.

La bella distante es “perfecta como un surco abierto por palomas”, “como un hoyo de lirios o como una manzana que se abriera el corpiño”. Son símiles tan magistralmente elaborados, que juegan con las posibilidades de la metáfora, y eso ocurre también con los que siguen: "Clara como la boca del cristal en el agua, tierna como las nubes que atraviesan el trigo por los lados de mayo. Dulce como los ojos dorados de la abeja; nerviosa como el viaje primero de la alondra". Solo un hondo sentido de la lírica, sumado a un oficio literario nada despreciable, pueden generar una serie de expresiones de tanta calidad. En ellas, lo sensorial se alía a lo emotivo y a lo intelectual; lo concreto a lo abstracto, a lo fantasioso y a lo espiritual, muy sutilmente, estructurando esas imágenes davilianas definidas intuitivamente de modo muy preciso por Alejandro Carrión como "instantáneas líricas", en las que se da una "mezcla feliz de lo objetivo y subjetivo”, y que corresponden a lo que se conoce como imagen visionaria,  en la teoría literaria.

Pero en el epígrafe de la “Esquela”, ya sabemos lo que ocurrió con esta muchacha “en cuyos perfectos ojos abril amanecía”: se transformó en la novia bella de su mejor amigo. Y esa desilusión, que, de hecho habrá lastimado la sensibilidad del poeta, fue compensada ampliamente por una amistad que duró toda la vida.

 

DE MARÍA ISABEL A BETTINA

Hacia 1950, Dávila encuentra a María Isabel Córdova, una enérgica mujer, que le llevaba como dieciocho años, que había contraído su primer matrimonio justo al año de nacimiento del poeta, y con la que vivirá por más de quince años, en una relación que alternaba los momentos de tranquilidad con los períodos tempestuosos, causados, sobre todo, por la fuerte tendencia dipsomaníaca del poeta.

Hay una constante mención de Isabel en las dedicatorias de ciertos textos como Catedral Salvaje, en las cartas a su familia y, sobre todo en los Poemas de amor, una breve colección de textos, en los que ya está muy presente el esoterismo de la última época, pero que no dejan de revelarnos un dialéctico amor por esta mujer a la que la literatura ecuatoriana le debe tanto, porque logró disciplinar a un espíritu totalmente anárquico, libre, insometible y consiguió que produjera algunas de sus grandes obras de los quince últimos años de su vida.

Una relación marcada por cierto edipismo unía a Dávila con Isabel. El poema “Madre de la primavera desconocida” contiene oscuras alusiones de ese tono: la esposa es la gran madre cósmica y él es el hijo, cuyo pan le exigió “los pétalos más inverosímiles y tiernos”.

Pero la identificación más desasosegante entre Elisa Andrade, la madre biológica e Isabel, la esposa-madre se da en estos versos del poema “Carta y canción para Isabelita”: “Ahora sé que de noche, antes del cielo,/ en el temblor del alma que arquea tu imagen, / golpeas desde el fondo del universo/ a una débil puerta que comunica/ la canción de mi madre para su hijo/ con los sedosos labios con que besas”. Son líneas cargadas de una extraña sensualidad, que, al mismos tiempo se fusiona con la antigua ternura de la relación madre-hijo, que tampoco es muy transparente en la primera poesía daviliana.

Y, de pronto, en ese panorama del hombre que se siente unido a una relación de amor que no tiene fechas, aniversarios, ni músicas, como afirma en el poema “Pequeña tarjeta  para un ramo que no se marchita”, irrumpe con la violencia de un rayo la imagen de Bethania Uzcátegui, una joven de veinte años, morena, atractiva, de una particular sensibilidad y una intensa vocación para las artes plásticas.

El enamoramiento de Dávila es fulminante. No nos quedan más que dos poemas para ella, su Bettina,  pero son lo suficientemente intensos, como para afirmar que la última pasión daviliana fue, quizás, la más intensa de su vida: “te acercas al cariño/ te acercas al deseo/ y dudas de su límite./ Dueña del vago hechizo”, dice en el texto que lleva el nombre del último verso, amorosamente dedicado a Bettina “únicamente”, a esa mujer con la que ha experimentado “un ardor compartido/ un solo cuerpo en donde/ buscamos cuerpo a cuerpo/ un sitio en el abismo, el celeste principio…”

El otro texto es más oscuro “Mujer ahorcada en el estío”, pero revela de modo perceptible la imposibilidad de ese amor: “Yo podía salvarle, / pero el sonido crudo del Ártico en sus uñas/ tejió la cuerda.” Bethania está viva, pero, al mismo tiempo, por el soplo feroz de la implacable Isabel, ha muerto. Claro que él sabrá llevar ese cadáver amado, bamboleándose para siempre en su escritura, en su mente, en su corazón: “Durante todo el humo del Poema/  la mantendré colgada de mis cejas/ -muerta de sed-/ hasta la última gota de la tinta.”

Misterios indescifrables de la vida y de la muerte. Nada sabemos de lo que sienten los demás, pero quizás no sea aventurado pensar que en esa tenebrosa noche de mayo del 67, en Caracas, a solo unos años de su último gran romance ocurrido en Mérida, la postrera imagen que cruzó por la mente del suicida fue la de Bethania Uzcátegui, que guarda hasta el día de hoy, en lo más profundo de su corazón, el recuerdo del amor del gran Dávila Andrade.

 

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El acervo general de la Banda Hispánica fue creado en enero de 2001 para atender a una necesidad de concentrar en un mismo sitio informaciones acerca de la poesía de lengua española. El acervo contiene ensayos, reseñas, declaraciones, entrevistas, datos bibliográficos y poemas, reuniendo autores de distintas generaciones y tendencias, inclusive inéditos en términos de mercado editorial impreso. Aquellos poetas que deseen participar deben remitir a la coordinación general del Proyecto Editorial Banda Hispánica sus datos biobibliográficos, selección de 10 poemas y respuesta al cuestionario abajo:

1. ¿Cuáles son tus afinidades estéticas con otros poetas hispanoamericanos?

2. ¿Cuáles son las contribuciones esenciales que existen en la poesía que se hace en tu país que deberían tener repercusión o reconocimiento internacional?

3. ¿Qué impide una existencia de relaciones más estrechas entre los diversos países que conforman Hispanoamérica?

Todo este material debe ser encaminado en un único archivo en formato word, para el siguiente email: bandahispanica@gmail.com. Agradecemos también el envío de textos críticos y libros de poesía, así como material periodístico sobre el mismo tema. El acervo general de la Banda Hispánica es una fuente de informaciones que refleja, sobre todo, la generosidad amplia de todos aquellos que de ella participan.

Acompañamiento general de traducción y revisión a cargo de Gladys Mendía y Floriano Martins.

Abraxas

Jornal de Poesia (Brasil) La Otra (México) Matérika (Costa Rica) Blanco Móvil (México)
           

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Ficha Técnica

Projeto Editorial Banda Hispânica
Janeiro de 2010 | Fortaleza, Ceará - Brasil
Coordenação geral & concepção gráfica: Floriano Martins.
Direção geral do Jornal de Poesia: Soares Feitosa.
Projetos associados: La Cabra Ediciones (México) | Ediciones Andrómeda (Costa Rica) | Revista Blanco Móvil (México) | Triplov (Portugal).
Cumplicidade expressa: Alfonso Peña, Eduardo Mosches, Gladys Mendía, José Ángel Leyva, Maria Estela Guedes, Maria Luisa Passarge, Soares Feitosa e Socorro Nunes.
Projeto original criado em janeiro de 2001.
Contato: Floriano Martins bandahispanica@gmail.com | floriano.agulha@gmail.com.
As quatro sessões que integram este Projeto Editorial - Banda Hispânica, Coleção de Areia, Agulha Hispânica e Memória Radiante - possuem regras próprias de conformidade com o que está expresso no portal de cada uma delas.
Agradecemos a todos pela presença diversa e ampla difusão.