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J O R N A L   D E   P O E S I A   |   F O R T A L E Z A l C E A R Á l B R A S I L
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2001 - 2011
 

 

 

 

AGULHA HISPÂNICA | REVISTA DE CULTURA | 07

Manuel Mora Serrano

Una acertada visión haitiana de la realidad | Manuel Mora Serrano | Ensayo

Una cosa muy distinta es que ideológicamente pensemos o proyectemos una utópica unión de dos repúblicas que comparten una misma isla, pero que estén ocupados por dos países que hablan lenguas diferentes y tienen diversos conceptos de la realidad.

Si bien es cierto que según el criterio ario todo el que tiene aunque sea una gota de sangre negra no califica para la “pureza de sangre” como se hacía en la España conquistadora, y es negro absoluto, como consideran al presidente Obama, que es un típico mulato, ya que tiene, por ser blanco de vientre, quizás mayor caudal ario que africano.

El caso Obama no era antes tan frecuente en Estados Unidos por la separación tajante. Aunque es sabido que muchos blancos reniegan de la paternidad de los frutos de los vientres negros, sobre todo cuando se trataba de esclavas.

Milagro HaackSiempre cito una frase genial de un africano que nos visitó en los años setentas después de pasar como una hora observando rostros de transeúntes criollos: “Nunca he visto a África más hermosa que en las calles de Santo Domingo”.

Naturalmente se refería al mosaico de colores que iban del marrón oscuro al moreno pálido, de los pelos ensortijados a los bucles y a las cabelleras distendidas. De hecho, puede haber otros países con mezclas raciales parecidas, pero no hay ninguno donde haya tal plenitud de matices del negro al blanco, con rasgos negroides y blancoides tan evidentes a lo largo y ancho de su geografía nacional.

Entre negros puros y blancos puros hay luchas internas, luchas tribales, por más que la de los blancos no lleven ese nombre. Hay países africanos fragmentados por estas diferencias ancestrales, regularmente por la lengua o por rituales religiosos, pero aunque conviven no se integran. El gran mapa africano dividido en tantas repúblicas y reinos, no se comprendería si todos los negros fueran amigos solidarios. Es imposible una unión panafricana plena. Además, hay problemas raciales. No todos los negros son iguales.

No vamos a hurgar en la historia de nuestros pueblos. La religión católica y los protestantes holandeses, portugueses e ingleses están en el origen de sus existencias. El imperialismo europeo fundado en la superioridad tecnológica y la división del cristianismo con el sisma luterano-calvinista frente al romano papal, dio paso a la ambición francesa y al comercio de esclavos. Los abusos condujeron a la revolución más radical que recuerda el planeta: Los esclavos derrotaron a los amos. Nació Haití como una república orgullosamente negra. Les quedó algo de la lengua madre, y con eso hicieron un idioma: El criollo o creole. Pero no hubo vínculos directos con la madre África porque seguía siendo saqueada por los blancos buscando esclavos y por falta de recursos para intercambios. De modo que terminaron siendo unos afroafrancesados caribeños.

Del otro lado estaba lo que pobló España, la orgullosa Santo Domingo que había sido centro del Nuevo Mundo, mechada ya racialmente, porque los españoles no eran tan escrupulosos como los franceses y los ingleses en sus relaciones sexuales y el mulataje, y el mestizaje con lo que quedó de la raza taína, se cumplió. Hubo (y hay) prejuicios raciales en el país, no lo niego, pero de boca. No de cama. Las uniones libres o legítimas entre negros y blancos existen y existirán siempre entre nosotros. Las mezclas con árabes sobre todo, que son los menos racistas sexuales, con españoles, chinos, etc., han producido el milagro racial que somos.

Pero no es esto lo que realmente nos diferencia de Haití. Quizás haya sido evidente para los observadores extranjeros, sobre todo los de las grandes potencias norteñas y europeas que tienen la idea de que es posible fusionar a todos estos negros en un solo país, olvidando las lecciones de África misma y de la propia Europa, donde segmentos de países que hablan otras lenguas mantienen luchas por la separación, que luego del fracaso del imperialismo soviético se ha demostrado, sobre todo en los balcanes, que esas uniones artificiales no funcionan si cada antiguo reino o principado mantiene sus tradiciones, sus costumbres y sus lenguas.

El conocimiento de las flamantes repúblicas negras del continente africano no nos informa claramente del origen haitiano. Aunque hoy tengan una lengua propia derivada del francés antiguo y mechada de africanismos, muy ligada del español compartido en el territorio insular, las ideas sobre las cuales se construyó la nación haitiana fueron las de la revolución francesa, o por lo menos así lo consideraron los ideólogos de los primeros años de su patria.

Milagro HaackLa correlación Haití-África no se podía dar por una serie de razones: la principal era la existencia de la esclavitud y las persecuciones de las grandes potencias coloniales. De modo que en cierta forma, leyendo la constitución haitiana, el articulado está inspirado en las premisas libertarias de sus antiguos amos.

Sin embargo, hay unos documentos que pocas veces se mencionan cuando surge en el constituyente haitiano la conciencia de que la isla es un territorio que únicamente podía defenderse bajo un solo gobierno. Sucedió a principios del siglo XIX cuando la parte occidental tenía los artefactos políticos y jurídicos para asumir la defensa del territorio y su integridad, incluyendo las islas adyacentes. Esa es la base sobre la cual Jean-Pierre Boyer se sustenta para ocupar la parte oriental. Sin embargo, lo importante, ahora que el vecino país pasa por una situación extrema como consecuencia del terremoto de enero y sus secuelas, para que recordemos los consejos que le dieron a Boyer dos personalidades a quienes consultó (aunque a la postre desoyó), con las consecuencias históricas conocidas del 1844 (que en parte contó con simpatías haitianas, porque nacionales del vecino país se dieron cuenta de la realidad y apoyaron a los criollos en sus afanes independentistas, pensando que ya no había peligro para la integridad nacional con un gobierno nuestro ejerciendo sus funciones plenamente).

En un libro de reciente publicación Escritos diversos de Emiliano Tejera (Andrés Blanco Díaz editor, con los auspicios del Archivo General de la Nación y Banreservas, editora Búho, 2010) se recoge una carta dirigida por Guy Joseph Bonnet, General de División del ejército haitiano, ex ayudante de Rigaud, el 27 de diciembre de 1821, incluida en su libro Souvernirs históriques, a Jean Pierre Boyer, que es el motivo de estas reflexiones.

En la obra citada se comenta que uno de los problemas más grandes que heredó Boyer cuando se unifica la nueva república a la muerte de Cristóbal, era la gran cantidad de generales que existían y el poco territorio haitiano para colocarlos. Ocurre que el Art. 40 de la Constitución haitiana había decretado que el territorio de la República era toda la isla, es decir sólo tenía por límites al mar. Es apoyado en esa ley unilateral (aunque afectaba a los ocupantes de la otra parte, ésta no había figurado en los debates, algo que recordará más tarde el Rey de España). Pero no nos adelantemos.

Esa enorme cantidad de generales descontentos por haber perdido su prestigio, se convertía en una amenaza permanente de conspiración (página 92), siendo esa una de las razones de Estado para apropiarse del territorio vecino.

Esa lección de la historia nunca la quisieron escuchar los gobiernos nuestros, y lo que decimos incluye a la gran cantidad de generales de nombre que produjeron las montoneras, que no se resistían a la paz del machete y las sabanas.

Sin embargo, Bonnet, que era un hombre juicioso, le dio unos consejos razonables a su Presidente, que este, por las razones que fueren, se negó a escuchar. Vamos a resumirlos, (la carta está de la página 92 a la 94), que es un documento básico para entender lo que sucedía entonces, lo que ocurre ahora, y lo que puedo suceder en el futuro entre los dos países.

Les señala las ventajas que son, entre otras, el hecho de que gobierno haitiano no sólo por razones de seguridad sino para su prosperidad futura encontraría tierras incultas en abundancia, regadas por gran número de ríos considerables, montes inmensos cubiertos de maderas de construcción, una costa guarnecida por bahías magníficas, como la de Samaná y una población de unas cien mil almas de las cuales las nueve décimas tenían su epidermis y por eso merecían una seria consideración.

Milagro HaackSin embargo, el siguiente párrafo es fundamental: “Pero si para obtener todas estas ventajas se necesita la fuerza de las armas, aunque la empresa sea fácil y el éxito seguro, pienso que el resultado será nocivo, y tal vez funesto, a los verdaderos intereses y a la seguridad futura de la República de Haití”.

Pasa entonces a detallar, que la parte Este ocupa el doble de la Occidental, con una población que era entonces la cuarta parte de la suya, y que si se ocupaba sin el consentimiento de la voluntad unánime, lejos de acrecentar su poder, lo debilitaría necesariamente, por los sacrificios que tendrían que hacer, entre ellos el agotamiento del tesoro público, la detención del progreso de la agricultura y el retardo de la propagación de las luces. En otras palabras, al no concentrarse plenamente en lo suyo, en superar las deficiencias y sobre todo la cultura, serían funestos los resultados.

Se pregunta, si acaso Santo Domingo no le había costado a la corona, como a todas las metrópolis, más de lo que había producido.

La parte Este, para Bonnet: “No produce sino muy pocos géneros exportables, no puede alimentar sino un comercio muy mediocre”. Y que los gastos, siendo insuficientes las entradas, pesarían completamente sobre la República haitiana. Él llama al pueblo del oriente, indolente y poco industrioso, que sólo cultiva lo que necesita sin ir más allá. Y por eso, al ejército de ocupación habría que habilitarle almacenes y una caja militar.

Luego habla de la disciplina de su ejército para mantener el orden y evitar que se cometieran abusos en los campos, produciendo, al poco tiempo los enemigos que se pretendían defender.

Sobre nuestra independencia, tiene un criterio claro:

Cualesquiera que sean las medidas que adopten definitivamente los haitianos del Este, la vecindad de su gobierno naciente ofrecerá siempre menos peligro a nuestra seguridad que la del rey de España. Además, los habitantes del Ese tienen más necesidad de nuestra ayuda que nosotros de la de ellos. Estará, pues, en su política, llevarse bien con nosotros, y en su prudencia no separarse de nuestra causa.

Lo que va a ocurrir indefectiblemente 23 años después, lo había avizorado Bonnet:

Habría sido de desear, sin duda, que el pueblo de esa parte hubiera tratado desde el principio la resolución de aliarse a nosotros, o que hubiera formado un gobierno enteramente independiente, con el cuál hubiéramos podido hacer un tratado secreto de mutua defensa. Mas si él no juzgó conveniente hacerlo, nosotros debemos tratar de traerlo ahí por negociaciones continuas, haciéndole presentir que no podríamos prestarle ayuda en caso de necesidad, sino con esas condiciones. Si como lo observa V. E. muy juiciosamente, opinión de que yo participo, la masa del pueblo desea esa reunión, todos tenemos motivo para creer que ella se realizará; nada debe inducirnos a precipitar esa medida. Dejemos marchar los acontecimientos y preparémonos para aprovecharnos de ellos.

Naturalmente, Bonnet es un soldado y al final le dice al Presidente que acatará lo que él resuelva. Sin embargo, luego del éxito de la campaña, se unieron en San Carlos y, naturalmente, ahí quedó sellado nuestro destino por 22 largos años.

No es tiempo de reabrir heridas. Hoy, leído el documento de Bonnet, nos damos cuenta de que en estos precisos momentos, y desde hace muchos años, la situación se ha invertido, y quien depende del otro es Haití, y no nosotros. Claro está, por las razones que fueren, jamás hemos tenido aspiraciones imperialistas y en el libro de Emiliano Tejera que comentamos, encontramos muchas veces la verticalidad del autor, pero me parece que debemos sopesar estas expresiones de Bonnet

Ahora quien tiene exceso de generales es la parte Este y para hacer un “chapeo” digno, tendría que decretarse que activos sólo debería haber equis cantidad, frustrando a los que aspiran al rango y creando nuevos focos de resentimientos. Y nosotros no tenemos, como Boyer, adónde enviar a nuestros militares ofendidos u ofendibles en su prestigio.

Lo segundo, es que como nunca hemos pensado adueñarnos de la parte Oeste por lo oneroso que resultaría, tampoco podríamos desdeñar la mano de obra abundante en el vecino país, y regular de la manera más decente y adecuada las relaciones de trabajo, reaccionando a tiempo y con presteza para defender al defendible y evitar abusos y malos tratos fundamentados en prejuicios raciales o nacionales.

Milagro HaackHaití nos necesita, y nosotros necesitamos a Haití. Es nuestro vecino, pero como bien decía Bonnet, somos pueblos diferentes que no toleramos la intromisión de uno en el otro por la fuerza, y nuestros militares hoy, son exactamente los mismos que los de Boyer entonces, hombres con pocas o ninguna ilustración, primarios, que desde que tienen una oportunidad actúan sin pensar en las consecuencias, como pasó en Jimaní con las armas en manos de los médicos en momentos que exigían un comportamiento de mayor sobriedad.

Es fácil hablar por hablar, exponer resentimientos históricos. Ahora mismo, cuando Haití se ha desangrado, no sólo físicamente con los temblores de tierra y la gran destrucción, y más recientemente con el cólera, sino antes, con la emigración de la fuerza de trabajo de los jóvenes, que en masa marcharon a la parte Este, donde a pesar de los trabajos y los discutibles malos tratos denunciados internacionalmente, han aprendido aquí a trabajar la tierra con métodos modernos que allá no existen todavía; en la construcción, sobre todo de edificios seguros; en la elaboración de cosas para el consumo, están preparados para regresar también en masa aprovechando la oportunidad que la reconstrucción de su patria exige, retornando así esa juventud aventurera.

Sin embargo, sabemos por experiencia propia, que cuando se está bien en otra tierra, aunque se ame la propia, se piensa tres o cuatro veces antes de regresar, sobre todo cuando hablamos de cosas tan primarias como las necesidades vitales: el agua, el alimento, un techo, un empleo seguro, sobre todo ahora con el brote de cólera, que es un peligro evidente y un nuevo motivo para no volver.

Ahora bien, lo que hay que examinar cuando se habla de las relaciones laborales, es si acaso los dominicanos con sus propios nacionales actúan de manera diferente, y si acaso a los criollos nuestros, cuando laboran en la parte Oeste se les trata de otra forma, aunque sea minoritaria la presencia. Eso es lo justo y lo decente. Además, está el asunto de la legalidad, de la legitimidad de quien penetra al territorio ajeno. Esos son detalles y puntos que se deben esclarecer. Pero un Haití fuerte, rico, desarrollado, es, sin duda alguna una aspiración de ellos y de nosotros, y, por los medios a nuestro alcance debemos hacer por ellos lo que Bonnet aconsejaba a Boyer, que de haberse cumplido entonces, hubiera evitado, a unos y otros, tantos odios estériles y tantas vidas valiosas tronchadas en plena juventud.

Manuel Mora Serrano (República Dominicana, 1933). Es narrador, poeta y ensayista, autor de una Historia de Literatura Dominicana y Americana. Trabajó en 2008 en el Ministerio de Cultura como  conferencista y compareció a eventos  a diversos lugares del país y del exterior, como Puerto Rico y Miami. Actualmente mantiene un contrato con ese ministerio para la conclusión de investigaciones, dentro de ellas una Historia de los movimientos de vanguardia. Contacto: luisero2004@yahoo.com. Página ilustrada con obras de Milagro Haack (Venezuela).

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