P R O J E T O   E D I T O R I A L   B A N D A   H I S P Â N I C A

 

 

J O R N A L   D E   P O E S I A   |   F O R T A L E Z A l C E A R Á l B R A S I L
COORDENAÇÃO EDITORIAL   |   FLORIANO MARTINS
2001 - 2010
 

 

 

 

AGULHA HISPÂNICA | REVISTA DE CULTURA | 06

Floriano Martins | Armando Romero

El surrealismo mientras camina por las calles con | Floriano Martins y Armando Romero | Diálogo

FM El tema del surrealismo me parece que todavía contiene un sin-número de perspectivas por explorar. Una de ellas, por ejemplo, es la que toca a la comprensión que artistas e intelectuales tienen con respecto a la realidad cotidiana, las fuerzas que mueven la vida de la gente. Recordemos a Breton que decía en un discurso en 1922 que tanto deseaba –hasta entonces, por lo menos- una revolución sangrienta, como si fuera esta la manera con que la gente podría liberarse de toda forma de opresión. Pero lo que pasa es que el control de la revolución implica una nueva forma de opresión, y mejor lo había comprendido Rene Daumal, al decir que en toda sociedad el pueblo es el que más comprende la dialéctica, porque no la mira desde una perspectiva intelectual, sino que la vive intensamente. No quiero aquí referirme únicamente al error del acercamiento del surrealismo al comunismo, pero antes de tocar un punto que me parece tener un alto grado de equivocación y de permanente renuevo entre los artistas de todas partes –ya no importa que sean surrealistas o no-, el cual es el abismo que muy pocos logran evitar entre la realidad concreta y su idealización de esta misma realidad. El surrealismo, justamente por haber propuesto una subversión en la lectura del tema, seguro podría haber dado un aporte más grande al mismo, lo que acabó no ocurriendo. Que te parece si empezamos nuestro dialogo por aquí, hablando de las cosas cotidianas que entraran en la poesía y la plástica surrealista, pero que no lograran de todo entrar en la dimensión humana, en el carácter de la mayor parte de los artistas y poetas del surrealismo. ¿Hay en todo eso una contradicción, o es natural que así pase entre creadores y vida real?

 

Luisa RichterAR Lo más terrible de esta contradicción es que la observamos hoy mismo entre los intelectuales, ya sean poetas o artistas plásticos, que preconizan una idea de establecimiento de repúblicas socialistas o revolucionarias, donde lo que se esperaría es una amplia libertad, pero donde lo que se consigue es silencio frente al poder y la represión. Ahora bien, si vamos al surrealismo no creo que los problemas surjan de los Manifiestos o de las proposiciones de Breton y sus amigos, sino de la práctica surrealista, donde el liderazgo pasó a ser más importante que el pensamiento. Entonces el problema es la desobediencia, pero no a las leyes caducas de la sociedad como se querría, sino a las ideas de cambiar la vida, cambiar el mundo. Fueron muy pocos los poetas surrealistas que lograron cambiar la vida en el sentido estricto de la palabra, ¿Artaud, Daumal, Desnos…? Aunque creo que no es necesario ir a la locura o a la mística o al sueño hipnótico, para encontrar un cambio en la vida. Ese cambio, esa transformación, también se puede encontrar en la vida de todos los días, con tal de no caer en las mentiras de cualquier tipo de sociedad que no esté basada en el amor, la libertad y la poesía. Y esa es todavía la ilusión de una realidad otra, que no tenemos frente a frente. Por eso, los poetas que queremos substraernos a estas sociedades marcadas por cualquier tipo de poder, ya sea de izquierda o derecha, vivimos el eterno exilio en nuestro mundo interior, donde el sueño se realiza dando vida y carne a nuestros fantasmas, componiendo paisajes donde prima el amor loco, y donde la relación con el mundo se hace a través de vasos comunicantes, al alto nivel de la vida. Creo que frente a las torres de guerra y poder, hay que oponer las torres de marfil, o la catacumba como quería el mismo Breton. La libertad nos queda bien por dentro, ya que por fuera sólo prima la sumisión.

FM Pero la libertad hay que sacarla de adentro, desentrañarla como si fuera lo mejor de cada uno de nosotros, poetas o no, ya no importa, porque el límite entre la libertad y la sumisión no puede ser dado por la creación artística. Un poema no puede garantizar un mundo mejor para nadie, ni siquiera para quien lo escriba. La libertad como “un nacimiento perpetuo del espíritu” como lo quería Paul Eluard, si, pero que se realice como tal, que sea algo mas allá que simple libertad de expresión o exaltación retórica. Lo que ha pasado con el surrealismo, en lo peor, es que ha tocado en muchas heridas, todas ellas fundamentales para el desarrollo de un nuevo hombre, pero no las pudo abrir con la vehemencia necesaria, con un grado más intenso de actuación, haciéndolas sangrar sin restricciones, destrozando incluso sus pudores más cotidianos, que hicieron que muchos no fuesen más allá de una fantasía de la libertad. Es por eso que se debe volver siempre a la importancia de aquellos que trataron de pelearse más febrilmente con los temas de la locura, la hipnosis y la mística, como mencionas arriba. Son categorías fundamentales que fueron tratadas con esa fuerza mágica de fundir vida y obra en casos como los de Gherasim Luca, Georges Bataille, y los que bien recuerdas: Desnos, Daumal, Artaud. Y así en otras categorías, como el humor negro, la histeria, las doctrinas herméticas, el amor loco, lo maravilloso, donde se pueden ubicar tantos poetas y artistas importantes, lo que nos estimula pensar sobre las razones de cierto fracaso del surrealismo en términos de esa misma relación propuesta como punto central del movimiento, la relación no de todo imposible entre vida y obra. El concepto de libertad es la mejor trampa para develar la hipocresía de una sociedad. El mismo surrealismo no ha escapado de esa trampa, sobre todo cuando estaban en juegos los postulados morales del movimiento. Si volvemos a la fuente primigenia, a las tres piedras básicas –poesía, amor y libertad- ya veremos que la última fue, bajo el punto de vista moral, siempre condicional, una teoría con restricciones prácticas de toda orden. Aquí podríamos enumerar casos los más abyectos tratados directamente por Breton con respecto a las opciones sexuales o al comportamiento social. Pero no hay que cuestionar al surrealismo aisladamente por eso, no pasando de mala fe las sospechas o rechazos de sus críticos que le niegan importancia tomando por base tales aspectos. Hay dentro del surrealismo muchos artistas y poetas que no incurrieron en esas fallas, al mismo tiempo que la historia de la creación artística esta rellena de casos los más lastimables de hipocresía. La verdad es que jamás se supo contestar a que función debe atender un poeta en la sociedad que le toca vivir. Cuando abrimos al azar las páginas de un libro lo que nos suena mejor al espíritu son los versos que allí se encuentran, y cambian las preferencias de un lector para otro, siendo el grado de sensibilidad de cada uno lo que determina cual la mejor imagen, el mejor poema. La biografía del autor sigue importando más a la promiscuidad del mercado. Los malos versos amorosos de Paul Eluard siguen exitosos y sin depender de las contradicciones de su carácter, así como los descubrimientos de tantas equivocaciones en las traducciones de los textos bíblicos no afectan la fe de un solo cristiano en todo el mundo. Pero en verdad la sinceridad es un atributo considerable, la gente cree en la sinceridad como la piedra indispensable para que se mueva su vida. Si la religión, la política y el mercado trataron de envenenar su nido sagrado, la sinceridad no podría perder su referencial en el arte, lo que dejaría el mundo sin respuesta, o peor, en manos de sus brújulas falseadas, sus malos profetas. Por eso sigue siendo fundamental volver al tema, recordando la fuerza que le dio el surrealismo, su percepción de que “lo que califica la obra surrealista es el espíritu en el que ha sido concebida”, esa creencia incondicional en la sinceridad del creador, volver siempre al tema como quien busca las pistas para el fracaso de la especie humana. Si, pues no se trata de un fracaso del surrealismo.

Luisa RichterAR Es bien interesante que hemos empezado este nuestro diálogo informal sobre el surrealismo, señalando algunas de las fallas de sus haceres y quehaceres. Como tú lo dices, la fallas están más en la forma cómo algunos de los poetas y pintores interpretaron su libertad creadora y vital, prescindiendo a veces de ciertos dictados que los identificaban como surrealistas. Pero estas fallas, que como vimos, empiezan por la cabeza de Breton, no pueden servir para calificar o descalificar a todo un movimiento, que marcó con su sello mayor a todas las vanguardias en el siglo XX. De ahí su grandeza y perpetuidad.

Ahora bien, si reflexionamos en Dadá, es decir, si es posible reflexionar sobre algo que nos exige la no-reflexión para su comprensión, o aprehensión, vemos que Tzará y sus amigos de Zurich querían tirar la última piedra, y en efecto, la tiraron. Pero la tiraron tan lejos que todavía no podemos saber dónde cayó. Muy por lo contrario, el surrealismo si bien tiraba piedras, las tiraba a objetivos cercanos, que no estaban más lejos que la casa del vecino de Breton, o el Café de Flore, o un bar de Montparnasse. Y es por eso que todavía está con nosotros, no importan sus metamorfosis, de lo cual sería bueno que habláramos después. Porque estas piedras, dirigidas contra una sociedad marcada por los desperdicios de la lógica y la razón, que habían llevado el pensamiento occidental a los despropósitos económicos de la burguesía, o al horror asperjado por la guerra, caen precisamente en el blanco de los ojos de los europeos de comienzos de siglo. Más adelante empezarán a repercutir en nuestras sociedades latinoamericanas, cuando éstas dejan de ser sociedades semi-feudales para empezar con su lento proceso de industrialización. De allí su valor hasta hoy en día.

Pero si retomamos las críticas al surrealismo vemos que seres tan distantes, poética e intelectualmente, como Ezra Pound y Pablo Neruda, coinciden en crear para el surrealismo una atmósfera de cobardía, de poetas acorsetados como señoritas finas, o de escapistas de una realidad que ellos quieren encontrar como fuente ineludible para la poesía. Podemos ver que los problemas de crítica al surrealismo se entrecruzan entre los que defendían una realidad que necesitaba modificarse pero no cambiarse totalmente, verse con ojos lúcidos pero no alucinados, y los que no entendían el forcejeo de las metáforas surrealistas para sacarlos de las gavetas donde los habían metido Descartes y sus amigos de pensamiento lógico y racional. Recuerdo que un amigo poeta, muy dentro de la corriente de la poesía como razón y pensamiento, me dijo un día que le gustaba mucho cómo yo terminaba uno de mis poemitas en prosa, y quería saber cómo había hecho para llegar a ese verso final. Yo le dije que había sido un hacer automático, que la verdad es que no lo había pensado sino que así había salido, sin mucho esfuerzo. Desilusionado, mi amigo poeta me dijo que ahora, al saber su extraño origen, ese verso había perdido todo valor para él.

Luisa RichterFM Hay un tema fundamental que aquí tratas de evocar que es justamente el de las metamorfosis, de tan preciosa riqueza que en algunos casos tales cambios no estuvieron al alcance de la sensibilidad de de Bretón, por ejemplo. Pero no hablo aquí de modo negativo, como una crítica, sino pensando en singularidades que se manifestaran en distintos tonos, saltando de matrices diversas, camino a formas basadas en la mezcla, la relación amorosa de amplia entrega al otro, y el mestizaje. Asimismo con la presencia de la industria y del mercado, el arte de mayor consistencia no se ha dejado abatir, jamás perdió fuerza frente a las trampas del éxito o del prestigio oficial. En la plástica las posibilidades de trabajo y afirmación estética se ampliaran de tal manera que técnicas y estilos supieron crear un ambiente valioso de realizaciones, de que son ejemplos las portadas de discos y la escenografilla cinematográfica. Lo mismo se puede verificar en el art pop, los grafittis y instalaciones. En la literatura la presencia de la prosa poética como que permitió la búsqueda de otros lenguajes, sea la crónica policial, el teatro, los relatos mediúnicos, la ciencia-ficción etc. La simbiosis entre esas variadas piedras-de-toque es lo que pasa a valorar la importancia de un arte otro que naturalmente puede volver a decepcionar por exasperación formal, en muchos casos por la obsesión de representar algo nuevo a cada letra, a cada forma. Ya no importa que sea surrealista o no la base de esa equivocación. El tema es del mismo orden de lo que ha motivado tu amigo poeta a desilusionarse  al descubrir  que no tenías dominio total sobre la creación de un poema. La nota triste, que hace actual y siempre necesario el surrealismo, es la repetida pérdida de confianza del hombre en si mismo, la falta de clarividencia permanente a guiarnos por el interior de nuestros sueños, deseos, recuerdos. La conciencia, lo mismo que la novedad, está en otro sitio. Hay que regresar siempre al territorio de la unidad rítmica, la unidad mágica que nos pone en contacto ulterior con todas las fuerzas de la existencia humana. Y no se puede llegar a ese punto de floración ígnea como si fuera un blanco, o ilusionado de que se puede tener dominio sobre el. El dominio de técnicas no debe ser confundido con el dominio de la creación. Hace casi un siglo el surrealismo repite tales preceptos, renueva el cuidado que debemos tener ante los vicios más precarios del arte. En el caso de nuestro continente, hay particularidades que exigen cuidado mayor al tratar de ellas. Pero lo que importa es que tengamos en cuenta la necesidad de aclarar ciertos puntos en este encuentro, para ir definiendo desde ya algunos tópicos iniciales, que mantengan relación directa con el surrealismo y nuestra experiencia poética. Creo que es necesario ir al principio de todo, empezando por la atracción inicial que ha ejercido sobre nosotros el surrealismo y lo que descubrimos en su cajón de maravillas.

AR Yo no sé a ciencia cierta si uno llega al surrealismo o éste le llega a uno un día cualquiera, cuando menos se lo espera. Yo creo que estaba sentado en mi casa del Barrio Obrero de Cali, ya hace mucho tiempo, cuando de improviso apareció esa luz montada en el cuadro de un poema de Prevert, que hablaba de un desayuno bañado en amor, y que venía como apéndice de mi libro de aprendizaje de francés. Desde ese entonces la poesía surrealista se apoderó de mi casa, se metió por los corredores, sacó el gato de su agujero, espantó a las hormigas, y allá sigue encaramada en el abovedado, gracias a la escalera de un viejo maravilloso a quien llamábamos Don Pacho. Entonces para peor, cuando creí que me salvarían los poemas de amor de Neruda, o los caballos verdes de Lorca, se desencadenó sobre toda la ciudad el torrencial Pellegrini, y ya todo fue inundación. Ya no había perros sino “licántropos”, los peces en la mesa eran “solubles”, los poetas todos eran “poetas negros”, cualquier dolor de muelas era “la capital del dolor”, las navajas eran “las armas milagrosas”, en el cementerio todos los cadáveres eran “exquisitos”, y “tanto soñé contigo” que las potenciales noviecitas salieron corriendo, huyéndole aterrorizadas a la “unión libre”. No había remedio, yo era un poeta surrealista, y por primera vez se justificaba que no me cambiara las medias a menudo.

Luisa RichterFM Lo más probable, en mi caso, es que la puerta del surrealismo fue más que abierta,  rota por el Marqués de Sade, que me ha visitado ya a principios de la adolescencia con sus 120 días de Sodoma, libro que de inmediato se ha convertido en mi caja de Pandora de infinitos pecados, los apenas pensados y también los realizados. Fue con Sade que he dialogado acerca de los conflictos del deseo, la exasperación del sexo, los desbordes eróticos que se podría llamar de criminales tomando por base nuestras sociedades y su fulgor de la hipocresía. Así es que entro en el surrealismo por la ventana del erotismo, un erotismo que se mezcla a mis lecturas de teatro y novela, mucho más que de poesía. Es que en la biblioteca de la casa de mis padres los únicos libros de poesía eran el Paraíso Perdido de Milton y el volumen de los sonetos de Shakespeare. Paul Eluard fue el primer poeta surrealista que he leído, cuando tenía ya como 16 años, luego seguido de El poeta en Nueva York de García Lorca, las residencias nerudianas y el brasileño Murilo Mendes, este último difícilmente considerado surrealista por su declarada búsqueda de una poesía en Cristo. Pero en verdad era una poesía rellena de metamorfosis, de imágenes dotadas de una fuerza de transformación tal que me han apasionado. En principio de los años 80 es que aprendo a leer en español y luego los dioses me regalan la antología del surrealismo en lengua francesa organizada y traducida por Aldo Pellegrini, que ha provocado una verdadera revolución en mi, sobre todo porque allí conocí a poetas como René Daumal, René Char, Malcolm de Chazal, César Moro, Hans Arp (cuya obra plástica ya entonces me encantaba)… Y el estudio introductorio de Pellegrini, con sus luces sobre los aspectos esenciales del surrealismo, fue pieza fundamental a desafiarme a buscar más y más la convivencia con la poesía y una mejor percepción de la plástica. Todo era como una confirmación de mucho que ya había leído o intuido en Sade, de tal manera que un mundo nuevo comenzaba a desvelarse con fuerte presencia en mi vida, lo que luego se ha enriquecido con las novelas y ensayos de Bataille. Era la filosofía entrañable de los postulados del surrealismo lo que yo trataba de descubrir y que me había cambiado toda la manera de mirar las cosas.

***

[Continuará] 

Un día de enero de 2010, bajo el invierno en Ohio, Estados Unidos, caminando por las calles internas de la Universidad de Cincinnati, el colombiano Armando Romero y el brasileño Floriano Martins deciden preparar un libro que sea un recurrido por la creación poética y sus lecturas del surrealismo. Así comienza el diálogo, con esas palabras que acabamos de leer. La foto de los dos poetas la firma Socorro Nunes. El libro continuará. El contacto con ellos es armando_romero@msn.com y floriano.agulha@gmail.com. La página está ilustrada con obras de Luisa Richter (Venezuela).

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El Proyecto Editorial Banda Hispánica crea su propia revista para atender la necesidad de circulación periódica de ideas, reflexiones, propuestas, acompañamiento crítico de aspectos relevantes en lo que se refiere al tema de la cultura en América Hispánica. Agulha Hispânica tratará de temas generales ligados al arte y a la cultura, constituyendo un forum amplio de discusión de asuntos diversos, estableciendo puntos de contacto entre los países hispano-americanos que  posibiliten una mayor articulación entre sus referentes. Revista de circulación bimestral, invitará en cada edición un artista plástico para ilustrar integralmente sus páginas. Las materias a ser publicadas dependerán con exclusividad de la invitación de la coordinación general. Comentarios de lectores y  colaboradores deben ser encaminados a bandahispanica@gmail.com.
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