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Se
puede aseverar, sin lugar a dudas, que el nadaísmo fue el
movimiento literario más importante en el siglo XX colombiano.
Ahora, cuando se cumplen 50 años de su fundación, es preciso
volver a recapacitar en lo que fue este grito de protesta contra
la sociedad colombiana desde la literatura y el pensamiento.
Protesta contra una sociedad que había instaurado la violencia
política y social como forma de acción, la cual favorecía los
intereses de las clases políticas dominantes, ya fuesen
liberales o conservadores. El nadaísmo es así una respuesta
violenta contra la violencia, que en 1948 se había desatado
sobre todo el país. Sin embargo, el hecho de que este movimiento
haya perdurado por todos estos años, y todavía encuentre
miembros activos y simpatizantes, es síntoma de que las causas
que lo originaron todavía están vigentes, y que la endémica
violencia colombiana, que hoy día ve en los secuestros, los
asesinatos, el narcotráfico, las guerrillas y los
paramilitares, una realidad casi tan cruel y violenta como la
que vivió en la décadas pasadas.
Fundación del Nadaísmo
De Andes, un pueblo en lo alto de la montaña antioqueña, Gonzalo
Arango bajaría a los 17 años a Medellín, siguiendo los pasos de
una migración de habitantes del campo que, gracias a la
violencia desatada, irían a engrosar las ciudades.
Había nacido en 1931. Pero Arango no era un campesino, era hijo
de un telegrafista de pueblo que, aunque pobre, se las ingenió
para mandar a su hijo a estudiar en la Universidad de Antioquia,
donde cursará hasta el tercer año de derecho. Es indudable que
el fenómeno de la violencia causó un profundo cambio en la vida
de Gonzalo Arango, especialmente desde el momento en que se
desató con más furia debido al asesinato del líder liberal Jorge
Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948:
9 de abril: la misteriosa madeja del destino.
La muerte de este hombre altera mi vida (…). La belleza de la
revolución se revolcaba en el lodo de la demencia y el crimen:
el aborto era bautizado por el diablo. Esa tarde, la Revolución
se resbaló y cayó en el infierno de la violencia. Después supe
por qué. Aquella tarde no lo comprendí.
Mi padre nos encerró en un cuarto oscuro y nos rezó como
siempre que había tormenta: Aplace Señor Tu ira, Tu justicia y
tu rigor…- Y también: Señor Dios de los Ejércitos, llenos están
los Cielos y la Tierra de la Majestad de vuestra Gloria…-
Para mí esas oraciones eran el fin del mundo, el diluvio y la
guerra.
Yo rezaba y lloraba de espanto al mismo tiempo.
[01]
La conformación social andina colombiana, de donde Arango es
originario, es cerrada, católica y tradicional hasta el fondo.
La violencia, y todo el agrietamiento estructural de la
sociedad que ella significó, conllevó una quiebra en las
instituciones fundamentales, una nueva ordenación de los
valores. La institución política, religiosa, cultural,
familiar, judicial, etc., en que se basaba la sociedad
colombiana de ese entonces hizo crisis, perdió confianza en sí
misma, y frente al fracaso de los partidos políticos,
institucionalizó la violencia que iba a producir un tipo de
conducta criminal que se convertiría en norma. El enemigo
estaba en todas partes porque los grupos en el poder le habían
hecho creer al colombiano que el enemigo era él mismo, que debía
auto-destruirse a fin de encontrar su salvación: no hay códigos
ni leyes que puedan contener el genocidio.
Y este es el comienzo del Nadaísmo, pregunta y respuesta a una
sociedad amordazada, a la cual no se le habían permitido escapes
liberadores, erupciones de la subconciencia, y esto no
solamente al campo raso de la vida de todos los días sino en el
área de la cultura, y en especial de la literatura, donde a
pesar del esfuerzo de unos pocos, todavía los rezagos del
neo-clasicismo, del parnasianismo y de un tradicionalismo
clerical y académico, seguían asustando a los atisbos
vanguardistas que lastimosamente no florecieron a su debido
tiempo.
Es claro que la muerte de Gaitán vino a frustrar el empeño
creador de la masa colombiana y a reordenar la historia del
país:
Si Gaitán no hubiera muerto, yo no sería hoy Gonzalo Arango.
¿quién o qué sería? No lo sé. No juego a la nostalgia ni a la
profecía. Pero sí tengo la certeza de que sí Gaitán viviera, el
Nadaísmo nunca habría existido en Colombia. Entonces, ¿dónde
estaríamos y qué estaríamos haciendo los escritores nuevos?
Es casi seguro que hoy estaríamos al lado de Gaitán, con Gaitán
a la carga, defendiendo sus banderas revolucionarias.
[02]
Una inclinación suya a torcerlo todo, como él mismo diría, lo
lleva a Arango a dejar la carrera de derecho luego del tercer
año y hacerse profesor de literatura, bibliotecario y
colaborador del Suplemento Literario del diario conservador El
Colombiano.
En 1953 se une al “Man”, grupo político fundado por el General
Gustavo Rojas Pinilla como una tercera fuerza en el país que
representaba el binomio pueblo-fuerzas armadas.
Allí permanecerá hasta 1957 cuando luego de ser nombrado
miembro suplente de la Asamblea Nacional Constituyente que se
encargaría de reelegir a Rojas Pinilla, la dictadura cae y él
tiene que refugiarse en Cali mientras una muchedumbre pide su
cabeza en las calles de Medellín.
Ya en Cali, donde pasa su asilo político, sus ideas y opiniones
se radicalizarán profundamente. Allí redacta, en 1958, su primer
Manifiesto Nadaista, que leido una noche en un café de la
Avenida Sexta despierta inquietud y adhesión en un grupo de
muchachos inconformes, hijos y desterrados de la violencia.
Ese mismo año lo editará en Medellín:
El Nadaísmo, en un concepto muy limitado, es una revolución en
la forma y en el contenido del orden espiritual imperante en
Colombia. Para la juventud es un estado
esquizofrénico-consciente contra los estados pasivos del
espíritu y la cultura.
[03]
El escándalo corre velozmente y junto con sus amigos decide
quemar todos los libros de su biblioteca en el parque Berrio de
Medellín, lee un discurso escrito en papel toilette donde ya
predica la nueva oscuridad. Sin embargo, desde un principio se
niega a dar una definición precisa del movimiento, lo cual se
convertirá en caballo de batalla para desconcierto de críticos,
gramáticos y dueños de enciclopedias o diccionarios. “El
Nadaísmo es un estado del espíritu revolucionario, y excede
toda clase de previsiones y posibilidades”, escribe como
introducción al Manifiesto. [04]
Esto posibilitó que la coherencia y cohesión del movimiento
estuviera más allá de las consignas y de los dogmas, y se
afincara en una actitud frente a la vida y a los medios de
expresión, llámense estos literatura o arte, mediante una
actividad subversiva en el plano del espíritu y en relación
directa con la sociedad del momento. Los nombres de Sartre,
Breton, Kierkegaard, Kafka, Gide, Mallarmé, entre otros, vienen
a dar soporte a sus planteamientos, pero no desde el punto de
vista formal de la literatura sino desde los ángulos de fricción
con la vida.
No obstante, y como suele suceder en casi todos los grupos que
aspiran a entrometerse en la vanguardia, es la poesía el arma
predilecta:
Trataré de definir la poesía como toda acción del espíritu
completamente gratuita y desinteresada de presupuestos éticos,
sociales, políticos o racionales que se formulan los hombres
como programas de felicidad y justicia.
Este ejercicio del espíritu creador originado en las potencias
sensibles lo limito al campo de una subjetividad pura, inútil,
al acto solitario del Ser.
El ejercicio poético carece de función social o moralizadora.
Es un acto que se agota en sí mismo, el más inútil del espíritu
creador. Jean Paul Sartre lo definió como la elección del
fracaso.
La poesía es, en esencia, una aspiración de belleza solitaria.
El más corruptor vicio onanista del espíritu moderno.
[05]
Si la violencia había arrasado con los viejos valores de la
sociedad colombiana no se trataba pues, aquí, de restituirlos,
sino de forjar, a costa de una profunda rebelión, nuevos valores
que opuestos a los anteriores frontalmente abrieran
perspectivas diferentes para encarar la vida.
Sin embargo, Arango era consciente de que este proyecto de
escándalo y desorden no sería fácil de lograr:
La lucha será desigual considerando el poder concentrado de que
disponen nuestros enemigos: la economía del país, las
universidades, la religión, la prensa y demás vehículos de
expresión del pensamiento. Y además, la deprimente ignorancia
del pueblo colombiano y su reverente credulidad a los mitos que
lo sumen en un lastimoso oscurantismo (…).
Ante empresa de tan grandes proporciones, renunciamos a
destruir el orden establecido. Somos impotentes. La aspiración
del Nadaísmo es desacreditar ese orden.
[06]
Es importante señalar aquí que, como lo dejara bien claro
Arango, el Nadaísmo no surge como un movimiento hacia la
victoria sino como una expresión del fracaso de una generación
que hará de ese mismo fracaso su arma de batalla; de allí la
dialéctica quemante del Manifiesto y su fe en una poesía
sembrada en sí misma, inútil como arma redentora.
Al concluir, Gonzalo Arango, El Profeta de la Nueva Oscuridad,
como se autodenominará desde ese entonces, bosqueja el programa
de lucha del movimiento:
En esta sociedad en que la mentira está convertida en orden, no
hay nadie sobre quien triunfar, sino sobre uno mismo. Y luchar
contra los otros significa enseñarles a triunfar sobre ellos
mismos.
La misión es ésta:
No dejar una fe intacta, ni un ídolo en su sitio. Todo lo que
está consagrado como adorable por el orden imperante será
examinado y revisado.
Se conservará solamente aquello que esté orientado hacia la
revolución, y que fundamente por su consistencia indestructible,
los cimientos de la sociedad nueva.
Lo demás será removido y destruido.
¿Hasta dónde llegaremos? El fin no importa desde el punto de
vista de la lucha.
Porque no llegar es también el cumplimiento de un destino.
[07]
En esa contradicción o paradoja se movería el Nadaísmo,
desconcertando y desubicando a sus adherentes y contrincantes.

Geniales, Locos y Peligrosos
En Medellín. y en 1959, se organiza por la curia un Congreso
Nacional de Escritores Católicos, cuyo discurso de inauguración
estaba a cargo de Eduardo Carranza.
Arango redacta un Manifiesto al Congreso de Escribanos
Católicos, el cual es distribuido entre los asistentes y los no
asistentes. El Manifiesto aclaraba por qué los Nadaístas no eran
católicos:
no somos católicos:
porque dios hace quince días que no se afeita
porque el diablo tiene caja de dientes.
porque san juan de la cruz era hermafrodita.
porque santa teresa era una mística lesbiana.
porque la filosofía de santo tomás de aquino está fundada en
dios
y dios no ha existido nunca. porque somos fieles descendientes
de los micos de darwin.
porque en los infiernos no hay fogones “westinghouse” sino
pailas
trogloditas de la edad de piedra remendadas
por lo gitanos. Y a nosotros nos gusta condenarnos
confortablemente al estilo yanki.
no somos católicos por respeto a nosostros mismos.
[08]
Y con el mismo tono irrevente y sacrílego continuaba impugnando
a estos intelectuales que se habían reunido para pedirle al
Señor Todopoderoso salvara a Colombia de los males en que estaba
sumida:
… ustedes fracasaron. ¿Qué nos dejan después de 50 años de
“pensamiento católico”? Esto: un pueblo miserable, ignorante,
hambriento, servil, explotado, fetichista, criminal, bruto.
Ese es el producto de sus enormes sermones sobre moral, de su
metafísica bastarda, de su fe de carboneros, ustedes son los
responsables de esta crisis que nos envilece y nos cubre de
ignominia.
[09]
Y advertía severamente:
En nombre del NADAISMO les impedimos defecarse una vez más en
esta pobre alcantarilla que se llama Colombia.
Y les manifestamos que los delitos que se cometen contra el
espíritu no quedarán impunes.
Irrespetuosamente a los escribanos católicos:
SOMOS GENIALES
LOCOS,
Y PELIGROSOS.
[10]
El escándalo se había instituido. La policía detiene a Arango y
lo manda al tercer patio de la cárcel de La Ladera, entre los
asesinos y criminales más peligrosos.
Experiencia que canonizará en vida al Profeta y que se
reflejará posteriormente en muchos de sus escritos.
Pero había que continuar bombardeando la institución religiosa,
con más saña y furor.
Un domingo por la mañana, y en plena misa mayor en la Basílica
de Medellín, un grupo de nadaístas comulga pero en vez de
tragarse las hostias las tiran al suelo o las meten en libros
que llevan en la mano mientras prenden gloriosos cigarrillos. La
multitud al grito horrorizado de ¡Sacrilegio! los persigue a fin
de lincharlos. Darío Lemos es capturado por la policía quien lo
salva así de una muerte segura.
Sólo será liberado mediante un acto de contricción pública, que
se organiza en el Estadio Atanasio Girardot, en presencia, por
supuesto, de los integrantes del grupo Nadaísta, previo
disfraz.
Los nadaístas de Cali amenazan con repetir el mismo acto
sacrílego en la Catedral de Cali y ésta permanece custodiada
durante meses por el ejército.
Una hoja volante, titulada “El Alacrán”, anónima, pero
realizada por los integrantes del grupo de Cali (Jaime
Jaramillo Escobar, quien firmaba como X-504, Alfredo Sánchez,
Jota Mario, Dukardo Hinestroza, entre otros), circula por
calles y oficinas, regando improperios e impugnaciones contra
las altas autoridades eclesiásticas. La reacción de la prensa y
de las Damas de Acción Católica pide al gobierno que reprima,
con todo el peso de la ley, semejantes desatinos. Sin embargo,
el miedo cunde por todas las parroquias colombianas. El
presbítero Rai-mundo Alvarez, de la iglesia de los Dolores de
Manizales, escribía así al diario El Espectador de Bogotá:
MANIZALES, julio 12.—Estimado Señor: En esta católica ciudad de
Manizales se ha venido rumorando con gran insistencia, un hecho
que ha causado hondo desconcierto y sorpresa por la osadía y
desvergüenza que mora en el espíritu del algunos jóvenes que
dicen llamarse nadaístas. Es el caso que existe una carta
dirigida al Excmo. y Rvdmo. Obispo de la Diócesis de Cali,
Monseñor Francisco Gallego Pérez, que en paz descanse, por los
nadaístas caleños, en términos que riñen con la sana moral y
las buenas costumbres en tono altanero e irrespetuoso con la
autoridad eclesiástica de esa ciudad; dicha carta fue dirigida
en los días en que el Excmo. Señor Obispo guardaba cama por sus
quebrantos de salud; y que a mi parecer motivó el desenlace
fatal en su ilustre persona.
[11]
Y aunque los nadaístas sabían perfectamente que era muy difícil
que ellos fueran los causantes de la muerte de este sacerdote,
nada podía hacerlos más felices que este tipo de sospecha,
porque los revestía de un tinte de maldad que les encantaba,
además de que impulsaba y ponía en movimiento lo que sería su
primer arma de combate: el escándalo, y su consiguiente
propagación por la prensa, lo cual representaba publicidad, y
por lo tanto vida, acción.
A cortar cabezas
El Nadaísmo reconocía en Fernando González, el filósofo
colombiano de Viaje a pie y El hermafrodita dormido,
a un “gurú” o maestro. González, en uno de sus artículos
laudatorios del movimiento había dicho: “Voy a orar por estos
jóvenes, que se están desnudando “y en uno de sus libros:
“Mucho ojo a esto, jóvenes, que cuando se habla de Nadaísmo se
está hablando de sucediendo o Vida”. También se veía en Vargas
Vila, otro resucitado por el Nadaísmo, una libertad anárquica y
romántica, en Luis Carlos López al destripador de las
almibaradas rosas del Parnaso colombiano, en León de Greiff al
búho peripatético y estático que había cambiado su vida por
cualquier cosa; pero eran pocos, dentro de los poetas e
intelectuales que se salvaban de la crítica devastadora del
Nadaísmo.
La diatriba violenta se lanzó entonces contra todos los que
representaban un mito nacional o defendían una tradición
conservadora y clasista. Y así fueron cayendo cabezas a hachazo
limpio: “Hay más poesía en 50 KPH que en toda la obra completa
de Guillermo Valencia”, maquinaba Jota Mario en una de sus
conferencias.
En un reportaje al diario El Tiempo de Bogotá, a fines de 1959,
el poeta Rafael Maya declaraba, entre otras cosas, que el
Nadaísmo le parecía “algo muy oscuro” y dejaba ver su desdén por
este Movimiento. Nada mejor para que, desde Medellín, se
lanzaran los integrantes del grupo contra quien representaba la
mejor retórica cultural colombiana. En sus apartes la carta
acusatoria decía:
¿Conque le parece “muy oscuro” el Nadaísmo?
Es que usted tiene miopía en el cerebro y canas en el corazón. (
… ) Abreviamos: El Nadaísmo es todo lo que no es usted. En
consecuencia, es una cosa buena. La próxima vez que se lo
pregunten diga: “El Nadaísmo es todo lo que no soy yo”. Y le
habrá dicho a la juventud una verdad, la primera en este
proceso de tergiversaciones sobre la falsedad de que usted es un
maestro de la juventud.
Maya: Deseamos su silencio de todo corazón. No publique más
libros. No contribuya más a la corrupción de los espíritus. Sus
libros han contribuido grandemente al desprestigio de la
literatura y de la decencia colombiana.
[12]
Poco tiempo después, y también redactado por Gonzalo Arango en
colaboración con los nadaístas de Medellín aparecerá el
Mensaje Bisiesto a los Intelectuales Colombianos (1960), una
especie de tarjeta de nuevo año con puntillazos mordaces.
Veamos algunos:
Eduardo Carranza: Usted es un caso perdido: todavía cree en la
poesía y en las mujeres…
¡Oh, Teresa! en cuyo culo el cielo empieza.
Arturo Camacho Ramirez: ¿usted cree que Baudelaire fumaba
marihuana en la televisora?
Fernando Botero: ¿usted se cree el salvador de la pintura
moderna porque tiene barbitas de nazareno? usted es un católico
plástico porque funda los dogmas de la belleza en el misterio.
Andrés Holguín: poeta tortuguez: si sabe tanto de retórica,
díganos cuantos piojos tiene un soneto.
Eduardo Mendoza Vareta: usted le da mucha importancia a los
académicos de paraguas y cajas de dientes. Como se ve, usted no
cree en el nadaísmo ni en la guillotina. Pero le aconsejamos no
sea tan incrédulo.
Luis López de Mesa: viejo sardina: si dios tuviera noticias de
su existencia estaría arrepentido de crear al hombre.
[13]
Este sería el comienzo de toda una serie de polémicas
canalizadas a través de panfletos, manifiestos o artículos de
prensa, en las cuales se enjuiciaba a los intelectuales
colombianos, sin discriminación de orden, escuela o principio:
Eduardo Caballero Calderón, Jaime Mejía Duque, Manuel Mejía
Vallejo, Eduardo Gómez, Oscar Collazos, Jorge Padilla, Marta
Traba, Jorge Zalamea, Gabriel García Márquez, y por supuesto
muchos escritores de provincia.
Gonzalo Arango, quien conocía bastante bien las artimañas de la
política colombiana, tal vez por ser él mismo un político a su
manera y por haber participado en ella, condujo al Nadaísmo a
una posición de crítica intransigente e irreconciliable con los
patrones establecidos por los partidos tradicionales y más aún
contra disidencias liberales como la de Alfonso López Michelsen
y los partidos de izquierda.
En el Mensaje Bisiesto se lee:
Alfonso López Micheisen.- nosotros somos pasajeros de la
revolución, pero gracias, no viajamos en tercera.
[14]
Pero era fácil arremeter contra los partidos tradicionales, no
así contra la izquierda que, lógicamente, por su carácter
antigubernamental, anticlerical, etc., encontraba simpatías en
los militantes del Nadaísmo.
Es por esto que desde un comienzo el Nadaísmo mostró su adhesión
firme con la revolución cubana y sus principios de cambio. En
mensaje enviado a Fidel Castro y firmado por todos los
integrantes del grupo, decía:
Nosostros nos identificamos con Cuba, respaldamos su pensamiento
político de izquierda y vemos en su Revolución la imagen de
nuestro porvenir.
[15]
Por lo general ésta será la posición política que el Nadaísmo
defenderá frente a la revolución cubana, con los altibajos que
otorgará el suceder político y con las paradojas y
contradicciones que caracterizan al Movimiento.
No obstante, los dirigentes intelectuales de la revolución
cubana siempre fueron muy escépticos con respecto al Nadaísmo, y
en esto debe verse la mano de los escritores y artistas de la
izquierda colombiana que se oponían frontalmente al Movimiento.
Lo que hemos destacado hasta aquí recoge parcialmente el período
de fundación del Movimiento.
Las circunstancias posteriores, que lo convertirán en un
movimiento
literario por encima de otras cosas, marcarían otros rumbos, que
si bien eran controvertidos, ya no tendrían a la violencia como
respuesta directa a la realidad colombiana, sino a la literatura
y al juego de las ideas. Sin embargo, ya para aquel entonces el
Nadaísmo había logrado su cometido. Esta actitud redentora, si
podemos decirlo así, del pensamiento y la vida nacional, sólo
verá sus frutos en las décadas posteriores, cuando los poetas y
escritores jóvenes vuelven sus ojos con inmenso afecto y
solidaridad hacia los logros del movimiento, hacia esa
respuesta violenta a la violencia colombiana.
NOTAS
1. Gonzalo Arango, Obra negra (Buenos Aires: Ediciones Carlos
Lohlé, 1974), p. 59.
2. Gonzalo Arango, Obra negra, p. 61.
3. Gonzalo Arango, Primer manifiesto (Medellín, Tipografía
Amistad, 1958), parte IV.
4. Gonzalo Arango, Primer manifiesto, parte 1.
5. Gonzalo Arango, Primer manifiesto, parte III
6. Gonzalo Arango, Primer manifiesto, parte III.
7. Gonzalo Arango, Primer manifiesto, parte III.
8. Gonzalo Arango, Obra negra, p. 24.
9. Gonzalo Arango, Obra negra, p. 24.
10. Gonzalo Arango, Obra negra, p. 26, 27.
11. El Espectador, Bogotá, 13 de julio, 1959, p. 5.
12. Esquirla, Cali, 8 de noviembre de 1959, I época.
13. Hoja volante. Archivo del autor.
14. Hoja volante, Archivo del autor.
15. Esquirla, Cali, 8 de mayo de 1960, 1 época. |