P R O J E T O   E D I T O R I A L   B A N D A   H I S P Â N I C A

 

 

J O R N A L   D E   P O E S I A   |   F O R T A L E Z A l C E A R Á l B R A S I L
COORDENAÇÃO EDITORIAL   |   FLORIANO MARTINS
2001 - 2010
 

 

 

AGULHA HISPÂNICA | REVISTA DE CULTURA | 02

Arturo Gutiérrez Plaza

Hacer poemas para revelar poesía: acercamiento a la poética de Arturo Gutiérrez Plaza | Manuel Iris | Ensayo

El poema es una cosa que será, declara seminalmente Altazor. Con ello deja claro que el poema no es una realidad terminada, finita y cifrada, sino una una criatura que se abre y cambia, creada con una intencionalidad que su inventor, acaso, desconoce o traiciona.

Siguiendo esta línea, pueden observarse proyectos poéticos coherentes que, a partir de su lectura como corpus entero, proporcionan una clara idea de cómo un autor puede (nunca debe) ser leído e interpretado. Dicho proyecto será, como los poemas mismos, una propuesta personal salida de la interacción del poeta con el mundo extratextual y con su tradición literaria, a los cuales consiente o inconscientemente responde.

El poeta venezolano Arturo Gutiérrez Plaza [1] tiene un proyecto literario coherente que deja ver su poética, es decir: su idea de lo que la poesía es, y de la función de la misma. Este proyecto, por supuesto, también define y aclara la función del poeta como Ser en el mundo. El presente trabajo busca hacer esa lectura interpretativa y dilucidar lo que para Gutiérrez Plaza son la poesía, el poema y el poeta.

Aunque pretendo una visón panorámica de la obra de Gutiérrez Plaza, en este trabajo me refiero principalmente a su libro Principios de contabilidad  (2000), dado que en él, a mi parecer, mejor se expresa su poética de la revelación, que leo como resultado (aunque parcial) de su obsesión por el paso del tiempo, y de la manera en que éste afecta al fenómeno poético. Sin embargo —y para sustentar mi visión de esta poética de la revelación como proyecto o directriz en su obra— voy a referirme a otros poemas o libros suyos cuando lo considere necesario.

La mayor pista para emprender mi lectura ha sido dada por el poeta Eugenio Montejo en un breve texto titulado Cifras de poemas futuros, [2] donde esboza una estilística de Gutiérrez Plaza, a partir de los nexos (antitéticos) que su poesía mantiene con la del maestro venezolano Juan Sánchez Peláez. Tomando su terminología (que yo conservo) de un poema del propio Gutiérrez Plaza, Montejo dice lo siguiente:

Guillermo CenicerosNo obstante, en la observación acerca de la poesía  “objetiva”, incorporada a los versos que dedica a Sánchez Peláez, parece hacer un guiño mediante el cual el autor marca el terreno de su propia estética, más ceñida a cierto objetivismo, es decir, menos proclive a arropar sus palabras  “con el tacto de un animal nocturno”. Tal inclinación objetiva, que encuentra su centro privilegiado en la mirada, propende a registrar en el poema los datos de la existencia cotidiana, ya de forma directa, ya transfigurada en sus versos.

Montejo revela un dato fundamental: el poeta está consciente, y aún declara los principios de su propia estética objetiva, siendo posible equipararla con su retorica objetiva se entiende, según esta lectura, como el acto de registrar en el poema datos cotidianos con un lenguaje directo que se opone a la retórica surrealista, imaginativa, de Sánchez Peláez.  Pero Montejo no se queda aquí, y aun aclara que:

es el ojo el que en sus poemas casi siempre asume el privilegio de ordenar las palabras en la página blanca. Es verdad que no resulta fácil deslindar del todo en una obra de arte lo que reconocemos como subjetivo de aquello que creamos su opuesto. El objetivismo por lo demás, no niega los elementos subjetivos implicados en una escritura artística, sino que los subordina a sus componentes representativos.

La aclaración es perspicaz: lo objetivo y los subjetivo siempre aparecen juntamente en el poema pero, en la retorica de Gutiérrez Plaza, los elementos subjetivos (es decir, subjetivamente expresados) se subordinan a los objetivos (o sea: a las expresiones directas), que son los representativos de su estética. 

Siguiendo esta dinámica puede decirse que, hasta donde va de su obra publicada, la retorica de Gutiérrez Plaza es mayormente (aunque no exclusivamente) directa, objetiva, conversacional. Podemos agregar que sus motivaciones, sus motivos poéticos, son asuntos u objetos cotidianos: es un poeta circunstancial, exteriorista, que se expresa con la intención de comunicar, no de oscurecer, una verdad poética, entendida ésta como mensaje, y no como código. Con clara intuición Luis Enrique Belmonte dice, en el texto que sirvió de presentación de Pasado en limpio:

Y es que la poesía de Arturo Gutiérrez Plaza parece impulsada por un afán de transmitir mensajes, mensajes que más que funcionar como algo que deba ser descifrado parecen más bien las huellas, los recados, las señales demoradas de alguien que pasa. Señales a su vez que apuntalan historias ínfimas, zonas ocultas de lo cotidiano que nos remiten a algo que está ausente o algo que sobra o que se queda ahí, en los resquicios del tiempo, en los calendarios que amarillean.

Todo está claro, en cuanto al estilo: Gutiérrez Plaza no pretende ser oscuro, sino  hacer poemas que revelen un mensaje, un evento-objeto que es, propiamente, la poesía: su poema ofrece una revelación. Tal es la intención y explicación de su estilo.

 

Poética de la revelación

La mayor parte de los poemas de Gutiérrez Plaza son objetivos porque suponen la existencia de una poesía exterior que necesita ser revelada. Así, la poesía propiamente dicha es el evento extratextual, el acontecimiento cotidiano que ha sido re-creado en el poema. La poesía está allá afuera, por ello el poema mismo no necesita oscurecerse, caer sobre sí mismo sino que señala, precisamente, hacia fuera de él.

Hacer poesía para Gutiérrez Plaza no es una forma de conocimiento sino de aprehensión, por eso mismo no funda el ser a la manera Heideggeriana, sino que lo da por existente, por ya fundado, y lo revela desnudando una realidad, un ángulo del objeto que, antes del poema, pasaba desapercibida.

Es claro que no estamos ahora frente a un poeta adánico que nombra por primera vez las cosas para dejarlas siempre primigenias dentro del poema, sino frente a uno que asumiendo que las cosas tienen nombre desde antes, sabiendo que existen fuera del texto, y que allí, afuera, es donde realmente están, las observa, les cambia el significado y luego construye el poema, que es un camino que sale del hablante hacia la cosa misma, ya percibida diferentemente.  El final de este proceso es lo que yo denomino revelación.

A manera de ejemplo de lo anterior podemos mencionar título de su segundo libro, principios de contabilidad, título en el cual el discurso poético se nos revela como si —en palabras de Eugenio Montejo— [E]l autor aspirase a crear desde el espacio lírico un minucioso registro, un recuento de los hechos del mundo que han acompañado su vida… y esto es precisamente lo que vemos en el libro, poema por poema: un inventario de objetos-evento que se han querido visitar desde un ángulo determinado, para salvarlos del tiempo y del olvido.

Aquí me atrevo a hacer una observación que ilustra la hipótesis de Montejo: el titulo mismo del libro no es fruto de una creación, sino de una re-creación poética, ya que se ha tomado un título común en otros ámbitos, para hacerlo material poético. La misma estrategia será visible cuando se publique su hasta hoy inédito Cuidados intensivos, libro fiel al proyecto poético de Gutiérrez Plaza, aunque contiene cierta diversidad retorica, hasta ahora inédita.

 Para ilustrar cómo esta poética de la revelación trasciende los títulos de los libros y se mantiene consistentemente en los poemas, cito un fragmento del poema Telarañas:

Las telarañas desconocen

su propia geometría.

Una moneda que pasa de mano en mano,

el vaso compartido con la boca anónima e indecisa,

el departamento que custodia celoso

las manías de antiguos inquilinos,

las comunes páginas de los libros,

el poema leído, a una misma hora, en distantes latitudes.

Guillermo CenicerosComo puede verse, los objetos cotidianos son ellos mismos: el poeta ha variado solamente en ángulo con que son percibidos y nos dirige, a partir de esta mirada suya, hacia ellos.

Ahora bien, si la poesía  radica en el evento extratextual, por esto mismo es susceptible al tiempo y al olvido: es el instante. La labor del poema es apresar lo efímero. Congelar el vuelo del insecto —y no al insecto mismo ni a su esencia— en el ámbar verbal, es su función primordial. Explico más claramente: la poesía de Gutiérrez Plaza no busca eternizar la esencia del objeto, sino congelar un solo instante del objeto en uno solo de sus ángulos, que ha seleccionado por el hablante lírico.

Esta concepción del poema como  “ámbar verbal “ surge porque el poeta está consciente de que todos los fenómenos son contingentes y de que el poema, al hablar de ellos, se refiere solamente a alguna de sus manifestaciones, a uno sólo de sus ángulos, porque no puede hacer otra cosa. El breve poema Las cuatro esquinas del horizonte es un ejemplo claro de esta intención de atrapar el instante. Lo cito entero:

A saber, son cuatro los puntos cardinales:

el espejo de enfrente,

el grabado de Picasso —Los amantes,

reflejados en él—,

los libros apilados a la derecha de esta cama

y tú, recostada a mi lado

anunciando el amanecer.

En su primer libro, Al margen de las hojas, un Arturo Gutiérrez Plaza que ya sentaba las bases de su proyecto poético, expresaba de este modo su preocupación por el paso del tiempo:

 

Recuento

 

El hecho es que estoy vivo

en este instante y no en otro,

que ahora miro a la luna en cuarto menguante,

presidiendo la ciudad a través de mi ventana.

 

Que hace tan sólo cinco minutos,

sin saber porqué, dejé sobre mi cama

 un libro en la página 39.

 

el hecho es que la nevera no estaba vacía

ni los zapatos en su lugar

y que ahora escribo en vez de mirar al cielo 

y sonrío y me miro en el espejo,

contando de nuevo cada minuto

como si la vida fuera un gran libro

y cada página una cifra más.

Guillermo CenicerosPodemos leer que los objetos-eventos, como hemos dicho antes, no han sido transformados en su esencia. Aquí puede rastrearse algo de la tradición literaria de Gutiérrez Plaza: su creencia (legible en su poesía) de que todos los fenómenos, objetos en el mundo, tienden a una realidad inmediata y primigenia, irreductible, que los ata a la naturaleza misma, y la certeza de que esta realidad es por sí misma poética, está presente en Eugenio Montejo, poeta conocido, admirado y estudiado por Gutiérrez Plaza, que hermosamente llama terredad a esta naturaleza primaria y última, terrena, de las cosas.

Sin llamarle terredad, el poeta que aquí analizo busca también referirse a esa primera naturaleza de las cosas. Lo hace sin embargo, con conciencia de que solamente puede apresarse el instante, lo efímero, en el poema.  Asistamos a dos fragmentos del poema Las piedras:

De las piedras se habla con envidia,

quizás, porque ellas no hablan.

No fruncen el seño

y aparentan desatender

lo que a su alrededor acontece.

 

Obviamente, todo esto es mentira.

(…)

Si se agrupan lo hacen

como gesto fraterno, pues odian la soledad.

 

De ellas se escribe siempre

para hablar de otra cosa.

 

Su aparente mudez

es tan sólo una licencia que Dios les da,

pues así nos interroga.                 

 

Pasar en limpio: las reescrituras

Hablando de los objetos, no puede olvidarse que poema es también un objeto en el mundo, y como cualquier objeto es susceptible al tiempo y al olvido. Ahora bien, como cualquier objeto, de nuevo, puede ser visto y resignificando por el poeta. Esta es la explicación que propongo a la costumbre, casi obsesión, que tiene Gutiérrez plaza de regresar a sus poemas ya publicados e incluirlos en otros libros: inquieto por la idea de que su poesía y los objetos-eventos que ella contienen sucumban ante el tiempo, regresa doblemente al texto (que ya es un objeto) y al objeto-evento al que el texto apunta, y los varía. Por ello su obra poética parece estar compuesta por varios libros que semejan ser capítulos de un libro mayor. Sus poemas y aún sus libros completos son, para utilizar la frase de Eugenio Montejo, cifras de poemas futuros.

Por ejemplo su último libro, antología en la que incluye textos de sus dos libros anteriores, junto con otros nuevos, ya desde el título, Pasado en limpio, hace alusión tanto al tiempo pasado, como al acto de  “pasar en limpio “ un borrador o idea: todo poema es un borrador que puede ser corregido, del mismo modo que el tiempo pasado es un texto que puede ser alterado. En conclusión, no hay textos ni objetos definitivos y el poema es, en este sentido, una forma de memoria. Incluso los epígrafes [3] de este libro dejan clara la obsesión de rescate/corrección que hace Gutiérrez Plaza de sus propios textos, ya como objetos en el mundo.

Guillermo CenicerosDicho lo anterior, nos falta solamente esclarecer lo que, en la poesía de Gutiérrez Plaza, es la función del poeta. He dicho ya que en ella la labor de poeta no es fundar al ser ni descubrir su esencia, sino revelarlo en alguna de sus efímeras facetas. Por lo anterior, el poeta queda  establecido como un observador que, en su labor contemplativa, resignifica el objeto para más tarde construir el poema que sirve al lector como camino al nuevo mismo objeto (o sea, a la poesía) a través de la lectura-mirada del hablante. En Gutiérrez Plaza el poeta es quien puede observar y ofrece, por medio del poema, una revelación inédita de las cosas cotidianas.

Arturo Gutiérrez Plaza es un poeta que responde coherente y consistentemente con su propio proyecto estético, que según mi lectura  puede ser explicado dentro de una poética de la revelación en la cual el poema es una forma de memoria.

 En esta poética, la poesía propiamente dicha es la realidad extratextual, el evento-objeto visto en uno sólo de sus ángulos posibles, al cual el lector es dirigido mediante el poema, que es una suerte de medio, un camino construido por el poeta quien es, en esta dinámica, el revelador de los objetos en el mundo.  Tales son las definiciones de cada una de las partes de este sistema poético. Ahora, a partir del entendimiento cabal de esta estética puede explicarse el porqué  de su tono coloquial, objetivo, y su temática circunstancial, exteriorista, sin hacer solamente una descripción de estilo.

Debo decir, sin embargo, que en varios momentos de la poesía de Gutiérrez Plaza, mi propuesta es rebasada, pues el poeta varia su retorica guiado por intenciones distintas. Hablo solamente de los rasgos generales de su obra, que es, por ser poesía,  una cosa que será. No queda más que estar pendiente del rumbo que más tarde tome la coherente, verdadera y clara poesía de Arturo Gutiérrez Plaza.

 

NOTAS

1. Arturo Gutiérrez Plaza. Caracas, 1962. Poeta, ensayista y profesor universitario. Doctor en Lenguas Romances por la Universidad de Cincinnati. Autor de Al margen de las hojas (Monte Ávila, 1991), Principios de Contabilidad (México: CONACULTA 2000), y Pasado en limpio (Equinoccio-Universidad Simon Bolivar 2006).  Finalista en el Premio Fundarte 1990, y en el premio Internacional de Poesía Juan Antonio Pérez Bonalde 1993, Premio Mariano Picón Salas 1995, y Premio Hispanoamericano de poesía Sor Juana Inés de la Cruz 1999. Fue becario del Programa Internacional de Escritores de la Universidad de Iowa, Estados Unidos, en 1997. Entre 1995 y 2000 se desempeñó como director general del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg). Ha colaborado en diversas revistas venezolanas y de otros países, poemas suyos se han incluido en diversas antologías venezolanas e hispanoamericanas y han sido traducidos a diversos idiomas.

2. En realidad, el corpus de análisis sobre Gutiérrez Plaza es bastante breve, siendo casi todos comentarios o meras notas contextuales sobre su estilo o temática, que coinciden en la importancia de lo cotidiano para el autor. Este texto de Montejo es el único que, a mi parecer, abre la posibilidad de estudiar una estética de su creación. El presente trabajo es, hasta donde tengo noticia, el primero y más extenso sobre la obra de Gutiérrez Plaza.

3. Los epígrafes son los siguientes: no es lo mismo borrar, que hacer borrones; los versos bien borrados salen sin borrador, y los versos sin borrador son todos borrones, de Hernando Dominguez Camargo; [F]or us there is only the trying. The rest is not of our Business, de T. S. Elliot, y [E]l concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio, de Jorge Luis Borges.

Manuel Iris (México 1983). Poeta y ensayista. Licenciado en Literatura Latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán, con maestría en literatura hispanoamericana por la Universidad Estatal de Nuevo México (EEUU). Autor de Versos robados y otros juegos (2004 y 2006), y Cuaderno de los sueños (2009). Segundo lugar en el Premio Nacional de Poesía  “Rosario Castellanos “ (2003). Premio Nacional de Poesia  “Merida “ (2009). Becario del programa CONACULTA-PACMYC (2002-2003), y de la fundación Charles Phelps Taft  en el 2009. Actualmente estudia el doctorado en lenguas romances en la Universidad de Cincinnati (EEUU).  Contacto: manueliris65@gmail.com. Página ilustrada con obras del artista Guillermo Ceniceros (México).

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